domingo, 21 de junio de 2009

GOMBROWICZIDAS: WITOLD GOMBROWICZ Y WLADZIMIERZ TAWORSKI


JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ Y WLADZIMIERZ TAWORSKI

“Escuchadme, hipopótamos: yo no me quejo de que vuestra estupidez profesional o articulista haya difamado sin cesar mi trabajo literario, que como se ha comprobado hoy, tiene algún valor. Hicisteis lo que pudisteis por fastidiarme la vida y en parte lo conseguisteis. Si no fuera por vuestra mezquindad, vuestra superficialidad, vuestra mediocridad, tal vez no hubiera pasado hambre durante años en la Argentina, y también otras humillaciones me hubieran sido ahorradas (...)”
Os interpusisteis entre yo y el mundo, banda de infalibles maestros de escuela y periodistas, deformando, tergiversando, falseando los valores y las proporciones. Bien, al diablo con vosotros, ¡os perdono! Y no espero que ninguno balbucee hoy algo parecido a una tímida disculpa, sé demasiado bien qué es lo que se puede esperar de unos pillos como vosotros (...)”

“Pero ¿cómo perdonaros el que hayáis logrado vencerme en mi victoria final sobre vosotros? Sí. Alegraos. Habéis ganado en vuestra derrota. Porque habéis hecho que mi éxito haya llegado demasiado tarde..., diez, veinte años más tarde..., cuando ya estoy demasiado cerca de la muerte y ella contamina de derrota hasta mis triunfos...; ¿sabéis?, ya no soy lo suficientemente vigoroso para poder disfrutar de mi desquite. ¿Triunfo? ¿Megalómano? ¿Presumido? Pero si hasta de esto me habéis privado, no puedo gozar ni de mi ascensión ni de vuestra derrota, ¿cómo voy a perdonarlo?”
Entre los recuerdos de sus miserias argentinas, incluidos los días que pasó entre rejas, el que permanecía en Gombrowicz como un símbolo misterioso era el de Morón. A Morón lo convirtió también en un enigma en las noches del Rex con una oración que recitaba en forma maniática: –Existe un cura en la Argentina que nunca ha estado en Morón. Nosotros no sabíamos a qué atenernos.

“Me dirijo a la plaza de Morón. Cada vez que vuelvo aquí, voy en peregrinación a la plaza para echar una mirada a mi pasado del año mil novecientos cuarenta y dos. Pero ya no existe la pizzería donde solía tener conversaciones con los contertulios, ni el café donde jugué una memorable partida de ajedrez bailando boogie-woogie con el campeón de Morón; los dos bailábamos y bailando nos acercábamos al tablero de ajedrez para cada nuevo movimiento”
Gombrowicz fue a parar a Morón cuando el dueño del hotel de la calle Tacuarí donde vivía lo empezó a zamarrear para que le pagase los seis meses de alquiler que le debía. Una noche, mientras su vecino le pasaba las valijas por la ventana, se largó sigilosamente.

Eran tantas las penurias que pasó Gombrowicz en la Argentina que no tuvo más remedio que volverse genio.
“Por otro lado, hay un valor literario muy evidente: aunque privadas, y privadísimas, las cartas que Gombrowicz le escribió a Gómez son cartas de un escritor genial, que no podía escribir otra cosa que no fuera literatura porque la máquina que había inventado para sobrevivir lo obligaba. Siempre he pensado que Gombrowicz era un hombre con tan graves dificultades para vivir, que al hacer de la literatura su recurso de supervivencia, tuvo que ser un gran genio porque con menos no le habría alcanzado”
Ya en un café, después de la huida del hotel y con las valijas a cuestas, meditaba en su triste destino: –¿Usted aquí?

En forma providencial se le acercó Taworski, un periodista polaco: –Mire, ahora tengo unos socios capitalistas, y hemos alquilado un chalet en los alrededores de Buenos Aires, en Morón, para montar un taller de tejidos. Puede usted vivir allí.
El chalet era lindo pero estaba casi vacío, Gombrowicz dormía en el suelo acostado sobre un montón de diarios, además, de noche recibían la visita de unos borrachos ex socios de Taworski con los que tenía algunas deudas importantes, que se robaban las pocas cosas que quedaban en la casa.
“Y aquellas visitas nocturnas, crueles y alcohólicas, así como nuestra impotencia para defendernos, tomaron para mí, una vez más, el aspecto de un símbolo tan patético como misterioso”

Gombrowicz pasaba miserias a lo grande, como si estuviera de vacaciones en un balneario de moda, siempre por encima de las circunstancias y poniéndole buena cara al mal tiempo.
“En Morón gocé de gran popularidad, tanto en la pizzería de la plaza como en el café, donde se podía jugar al billar y al ajedrez. Me bebía un litro de leche diario y me comía mi pan sentado en el suelo, sobre el pasto del chalet, mientras contemplaba la calle. En la pizzería, un mozo al que le caía simpático, me daba un sandwich por veinte centavos, pero con una feta de jamón cuatro veces más gruesa de lo normal, casi como un bistec. Y, en eso, he aquí que el en suplemento literario de ‘La Nación’, un periódico muy popular, aparece en primera plana un artículo mío. Desde ese momento mi posición social en Morón quedó liquidada. La gente empezó a darme muestras de consideración”

Gombrowicz escribe que era su propia catástrofe la que lo sostenía, así como la catástrofe de Polonia y la catástrofe de Europa, pero había algo más, él era capaz de reírse a pesar de todas las desgracias, tirando de las barbas de Dios y tocándole la cola al diablo. Cuando al final de su vida le preguntan si la holgura europea no le había llegado un poco tarde, Gombrowicz se acuerda de los hipopótamos y de nosotros.
“Evidentemente, para mí es un poco triste porque no sólo la edad, sino también la enfermedad, me impiden gozar de todas estas cosas. Pero yo he tenido siempre la sensación de que el arte no puede dar dividendos. Un artista que se siente, ante todo, creador de una forma profunda o personal, no puede pretender además unos ingresos; por algo así más bien hay que pagar (...)”

“Hay un arte por el cual se es pagado, y otro por el cual hay que pagar. Y se paga con la salud, con las comodidades... Naturalmente, no sé si soy un artista importante o no, pero de todas formas, en ese sentido, mi vida ha sido más bien ascética”
Pasó seis meses en ese chalet que gradualmente era desvalijado pues Taworski, con una sentencia de prisión en suspenso, no se atrevía a protestar. Cuidaba a Gombrowicz como si fuera un hijo.
Vivían casi exclusivamente a base de carne ahumada y de choclo, una comida que cocinaba Taworski una vez por semana. La vida de Gombrowicz en ese época no era nada fácil, pero al mismo tiempo que en las fronteras de la miseria también actuaba en otro plano, en un nivel más elevado.

“¡Pobre pelele! Cerca de los cuarenta años llevaba la existencia de un joven de veinte, y a esa edad la revivía justamente frente a la catástrofe mundial, lo cual basta para demostrar hasta qué punto era temeraria mi empresa. No sé... El imperialismo de nuestro ‘yo’ es indomable, y su poder tiene tal alcance que, a veces, me sentía inclinado a creer que el desbarajuste del mundo no tenía otro objeto que depositarme en la Argentina y sumergirme de nuevo en la juventud de mi vida, que en su momento no había podido experimentar ni aprovechar. Era por eso por lo que existía la guerra, y la Argentina, y Buenos Aires”


"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.


sábado, 20 de junio de 2009

GOMBROWICZIDAS: WITOLD GOMBROWICZ Y HERBERT GEORGE WELLS


JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ Y HERBERT GEORGE WELLS

Herbert George Wells se encuentra en la línea de novelistas que exponen una visión realista de la vida y mantienen una enérgica creencia en la capacidad del hombre para servirse de la técnica como medio para mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Fue toda su vida un izquierdista convencido. De hecho, su primera novela, “La máquina del tiempo”, trataba fundamentalmente la lucha de clases.
Los hermosos Eloi eran descendiente de los antiguos capitalistas, y los Morlocks de los proletarios, enterrados junto con las máquinas y la industria y que, en la novela, acaban por dominar a sus antiguos opresores. Criticó la hipocresía y la rigidez de la época victoriana, así como el imperialismo británico, y se adelantó a lo que serían los movimientos de liberación femeninos. Wells estaba convencido de que la especie humana podría ser mejorada gracias a la ciencia y a la educación.

Gombrowicz perteneció a una época que sucedía a otra anterior en la que había triunfado el intelecto con una violenta ofensiva en todos los campos, parecía entonces que la ignorancia podía ser erradicada por el esfuerzo tenaz de la razón. Este impulso intelectual creció hasta alcanzar su apogeo después de la segunda guerra mundial, cuando el marxismo y el existencialismo se desparramaron por toda Europa.
Estas ideas ampliaron explosivamente los horizontes de los hombres dedicados al pensamiento en toda Europa. Gombrowicz empieza a darse cuenta de que, si bien la vieja ignorancia estaba desapareciendo poco a poco, aparecía una nueva ignorancia engendrada, justamente por el intelecto, y por una nueva estupidez desgraciadamente intelectual.

La vieja visión del mundo que descansaba en la autoridad, sobre todo la de la Iglesia, estaba siendo remplazada por otra, en la que cada uno tenía que pensar el mundo y la vida por cuenta propia, porque ya no existía la vieja autoridad. El mundo del pensamiento empezó a caracterizarse por una extraordinaria ingenuidad, a la que animaba una juventud sorprendente, los intelectuales exhortaban a los hombres a que pensaran por ellos mismos, con su propia cabeza, algo parecido a lo que había hecho Lutero con su protestantismo, un giro del pensamiento al que Nietzsche calificó de revolución provinciana. Las ideas podían tener un salvoconducto si se las comprendía personalmente, y no sólo eso, había que experimentarlas en la propia vida, había que tomarlas en serio y alimentarlas con la propia sangre.

El aumento de este exceso de responsabilidad tuvo consecuencias paradójicas: el conocimiento y la verdad dejaron de ser la preocupación principal del intelectual, una preocupación que fue remplazada por otra, por la preocupación de que descubrieran su ignorancia.
El intelectual, atiborrado de conocimientos y de ideas que no termina de asimilar, anda con rodeos para no dejarse pescar en su ignorancia, entonces empieza a tomar algunas medidas de precaución bastante ingeniosas: enmascara la formulación de los pensamientos, utiliza nociones pero no las desarrolla, dando por sentado que son perfectamente conocidas por todo el mundo, y todo esto lo hace para ocultar su ignorancia. Los resultados no fueron buenos, la función social del escritor se hizo irresistible y el pensamiento se degradó.

“La guerra de los mundos” es una novela en la que Wells relata una invasión de alienígenas de Marte. Los marcianos inician la conquista de la Tierra incinerando a los humanos con un rayo de calor invisible y también se sirven de ellos para alimentarse con transfusiones de sangre. Estos seres extraterrestres finalmente son derrotados por bacterias patógenas que los despachan al otro mundo. La guerra entre los mundos de Gombrowicz y del Asiriobabilónico Metafísico tiene una cierta analogía con la novela de Wells, pero ninguno de esos mundos logra imponerse al otro.
Gombrowicz hace unas reflexiones en los diarios en las que el Asiriobabilónico Metafísico podría representar el talante de Wells y Gombrowicz el de un bárbaro oriental.

“Así pues, si la generación polaca que entraba en la liza justo después de la primera guerra mundial se bañaba en la gran revolución de las costumbres engendrada por la guerra, la generación siguiente sentía ya el soplo de un nuevo cataclismo. De este modo en el tiempo de entreguerras la juventud se iba alejando progresivamente de las ideas acerca del matrimonio, la familia y el trabajo profesional inclinándose cada vez más hacia la vida romántica y peligrosa (...)”
“La diferencia entre nosotros y Europa occidental, en cuanto se refiere a ese proceso de liberación creciente de las costumbres, consistía probablemente en que en aquellos países que proporcionaban un sentido de mayor seguridad, se procedía de forma más racional, más reflexiva, mientras en Polonia era todo mucho más oscuro, intuitivo, dramático (...)”

“Los jóvenes ingleses leían a Wells, criticaban los conceptos antiguos en nombre de una nueva visión del mundo, científica, atea, que reconocía el derecho de las mujeres y el amor libre. En Polonia la transformación se producía por sí misma, ya que hasta los mocosos captaban de alguna manera , fuera de la retórica oficial, los indicios secretos de la tragedia que se avecinaba”
Herbert George Wells representaba todos los valores que se habían puesto en funcionamiento entre la primera y la segunda guerra mundial y que Gombrowicz ataca desde la inmadurez en “Ferdydurke”. Kowalski, el protagonista de la primera novela de Gombrowicz, se propone descubrir el talón de Aquiles de los Juventones y entonces también decide espiarlos.

“Agucé los sentidos. ¡Bestializado espiritualmente, era como un salvaje animal civilizado en el Kulturkampf! Cantó el gallo. Primero apareció Juventona en una robe de chambre a medio peinar”
Entró al closet-water y salió de allí más orgullosa que al entrar. De este templo sacaban su poder las modernas esposas de los ingenieros y los abogados. Salían de ese lugar más perfectas y culturales, llevando en alto la bandera del progreso, de ahí provenían la inteligencia y la naturalidad con las que la Juventona atormentaba a Kowalski.
Enseguida apareció el Juventón trotando en pijama, carraspeando y escupiendo ruidosamente. Al ver la puerta del closet-water risoteó y entró jugueteando. Salió desmoralizado, con una cara lujuriosa y vil, parecía un tonto.

A Kowalski le extrañó que mientras el clost-water ejercía una influencia constructiva sobre la esposa, sobre el esposo actuaba destructivamente. Mientras tanto la doctora se había bañado, se secaba y hacía ejercicios. Hizo doce cuclillas hasta que los senos sonaron, a Kowalski le empezaron a bailar las piernas en un bailoteo infernal y cultural. La intranquilidad de los perseguidos aumentaba porque se sentían mirados.
Los Juventones trataban de organizar a ciegas una defensa y toda la tarde se dedicaron a la lectura de Herbert George Wells. No conseguían ubicar su desasosiego, no podían permanecer sentados pero tampoco podían permanecer de pie, el Juventón buscaba la complicidad de Kowalski guiñándole un ojo. Se acercaba la noche y con ella la hora decisiva.

Los Juventones entraron al dormitorio y Kowalski corrió para escuchar detrás de la puerta y mirar por el ojo de la cerradura. El ingeniero en calzoncillos y sumamente risueño le contaba a la doctora anécdotas del cabaret: –¡Basta, cállate!; –Espera, chinita, enseguida terminaré; –No soy ninguna chinita, me llamo Juana, sácate los calzoncillos o ponte los pantalones; –¡Calzoncillitos!; –¡Cállate!; –Enciende la luz, vieja; –No soy ninguna vieja.
Juana se preguntaba qué les estaría pasando, le pedía al esposo que volviera en sí, que juntos iban hacia los tiempos nuevos como luchadores y constructores del mañana. Pero el ingeniero estaba en otra cosa: –Así es, una gorda, gorda langosta conmigo se acuesta. A pesar de su gordura es muy soñadura. Pero a él no se le antoja porque ya está muy floja.

La doctora lo convoca a que piense en la abolición de la pena de muerte, en la época, en la cultura, en el progreso: –Victorcito trotando pega brincos; –¡Víctor! ¿Qué dices? ¿Qué te picó? ¡Hay algo malo! ¡Algo fatal en el aire! La traición; –La traicioncita; –¡Víctor! ¡No uses diminutivos!; –La traicionzuelita.
Empezaron a manotearse, uno prendía y otro apagaba la luz, la Juventona jadeaba y el ingeniero jadeaba y chillaba de risa: –¡Espera que te dé una palmadita en el cuellito!; –¡Jamás, suelta o morderé! Víctor echó de sí todos los diminutivos amorosos de alcoba. El infernal diminutivo que tan decisivamente había pesado en el destino del protagonista ahora le hacía sentir sus garras a los Juventones. El paso de Kowalski para descalabrar a la modernidad estaba dado, había preparado todo para el derrumbe final.


"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.



viernes, 19 de junio de 2009

Actualización de: LA IDENTIFICACIÓN DE LOS APODOS Y DE LA ACTIVIDAD


LA IDENTIFICACIÓN DE LOS APODOS Y DE LA ACTIVIDAD


ABANDERADO; Eduardo Belgrano Rawson; escritor
ABEJA REINA; María Esther Vázquez; editora de la Fundación Victoria Ocampo
ACTRIZ; Fernanda García Lao; escritora y actriz
ALEMÁN; Enrique Wendt; amigo de Gombrowicz
ALEMANA PSICOPÁTICA; Karin Ranitzsch; psicóloga
ACEITOSO; Marcelo Damiani; escritor
ALFAJOR; Juan Forn; escritor
ALTER EGO; Carlos Mastronardi; escritor
ASEADO; Enrique Lynch; escritor
ASIRIOBABILÓNICO METAFÍSICO; Jorge Luis Borges; escritor
AVECHUCHO; Omar Ospina García; editor de Búho
ASNO; Jorge Di Paola; escritor
BEDUINO; Leopoldo Allub Mansur; sociólogo
BENEVOLENTE; Noé Jitrik; escritor
BESTIA CATALANA; Beatriz de Moura; editora de Touquest
BIBLIOTECARIO; Michal Jagiello; bibliotecario
BOXEADOR AMATEUR; Abelardo Castillo; escritor
BOXITRACIO; Juan Terranova; periodista
BUCANERO; José Tono Martínez; tutti frutti
BUEN SAMARITANO; Daniel Gigena; tutti frutti
BUEY CORNETA; Alan Pauls; escritor
BUHONERO MERCACHIFLE; Miguel Grinberg; periodista
BURÓCRATA; Tomasz Pindel; director del Instituto del Libro de Polonia
BURRO; Pablo Gasparini; escritor
CACATÚA; Héctor Manjarrez; escritor
CAGAMÁRMOLES; Francesco Cataluccio; escritor
CAMALEÓN; Eugeniusz Noworyta; embajador de Polonia
CARA DE ÁNGEL; Pablo Chacón; escritor
CASANOVA; Daniel Guebel; escritor
CASTOR; Araceli Otamendi; escritora
CEBOLLITA; Rafael Cippolini; editor de Ramona
CIENTÍFICO FASCISTA; Zdzislaw Jan Ryn; embajador de Polonia
COCOT; Beatriz Sarlo; escritora
COLIFATA; Beata Fabjanska; diplomática
CONDESA; Cecilia Benedit de Debenedetti; editora musical
CONSIGLIERE; Ana Quiroga; la seductora del MALBA
CONTRAHECHO; Pablo Urbanyi; escritor
CORIFEA; Klementyna Czernicka; escritora
CORIFEO; Louis Soler; tutti frutti
CORNELIO; Guillermo Saavedra; editor de Losada
CORTESANA; Justyna Myszkowska; bibliotecaria
CRUCIFICADA; Mirta Bogdasarián; actriz
CUADRUMANO; Santiago Vega (Washington Cucurto); escritor
CUENTAMUSAS; Nicolás Hochman; editor de Prometheus
CULPABLE; Czeslaw Straszewicz; escritor
DALÍ SELVÁTICO; Carlos Yusti; escritor y pintor
DANDY; Adolfo Bioy Casares; escritor
DOLCE; Gabriella D’Ina; editora de Giangiacomo Feltrinelli
DON NADIE: Pablo Miravent: bloggero
DRAMATURRO; Humberto Riva; dramaturgo
ENCANTADORA PRINCESITA; Ada Lubomirska; amiga
ESPERPENTO; Alejandro Rússovich; discípulo de Gombrowicz
ESQUIZOIDE; Rodolfo Rabanal; escritor
FARSANTE AMBULATORIO; Juan Pablo Correa; periodista editor de Negra
FILÓLOGA; Silvana Mandolessi; filóloga
FILÓSOFO PAYADOR; Juan José Saer; escritor
FINADA: Alicia Giangrande; pintora
FLAUTA TRAVERSA; Juana Emilia Molina; escritora
FLOR DE QUILOMBO; Mariano Betelú; pintor y amigo de gombrowicz
FRANCOTIRADORA; Laura Estrin; escritora
GALLEGA MICIFUZA; Agata Podemska; filóloga
GANSO; Gabriel Báñez; escritor
GATH Y CHAVES; Milton Eugenio Rodríguez; escritor
GEMELOS PIMENTONES; Lech y Jaroslaw Kaczynski; presidente y primer ministro de Polonia
GNOMO PIMENTÓN; Germán García; tutti frutti
GOMA; Juan Carlos Gómez; escritor
GRAN ORTIBA; Horacio Sacco; tutti frutti
GUITARRÓN; Luis Chitarroni; escritor y editor de Sudamericana
HÁBIL DECLARANTE; Christopher Domínguez Michael; escritor
HASÍDICO; Dominique de Roux; editor y escritor
HERRERO; Jorge Herralde; editor de Anagrama
HIERÁTICA; Mercedes Güiraldes; editora de Emecé
HIJA DEL DUEÑO; Soledad Costantini; directora de “El hilo de Ariadna”
HOMBRE QUE CAZABA MARIPOSAS; Bohdan Zadura; editor de Tworczosc
HOMBRE UNIDIMENSIONAL; Rodolfo Fogwill; escritor
HOMÚNCULO; Alejandro Vaccaro; empresario
HORMIGUITA VIAJERA; Gabriela Franco; editora de Norma
IDIOTA; Víctor Coral; escritor
INDIECITO; Roberto Santucho; jefe del ERP
INGENIERO FIREIRE; Juan Carlos Ferreyra; ingeniero
INICIÁTICO: Sergio Chejfec; escritor
LADRÓN DE GALLINAS; Álvaro Mata Guillé; tutti frutti
LARGUIRUCHO; Grzegorz Pacek; cineasta
LECHUGUINO; Juan Carlos Vidal; director del Instituto Cervantes
LENTEJA; Piotr Sommer; editor de Literatura na swiecie
LICENCIADO VIDRIERA; Enrique Butti; escritor y periodista
MADAME DU PLASTIQUE; María Swieczewska; química
MAESTRO CIRUELA; Carlos Roberto Morán; escritor y periodista
MAFIOSO; Cristián Costantini; sociólogo
MALQUERIDO; Guillermo Matínez; escritor
MALTRATADO; Rafael Toriz; escritor
MANCO; Guillermo Saccomanno; escritor
MARIPOSÓN; Nestor Tirri; periodista
MEDUSA; María Elena Lorenzin; escritora
MEJILLONA; Guadalupe Salomón; tutti frutti
MENTECATO; Hugo Savino; escritor
MONO RELOJERO; Patricio Burbano; escritor y cineasta
MORO; Manuel Ramos Montes; escritor
MUDA; Malgorzata Nycz; editora de Wydawnictwo literackie
MUDO; Jorge Panesi; crítico literario
NEGROIDE PIQUETERO; Damián Ríos; escritor y editor de Interzona
NÉMESIS; Ewa Zaleska; traductora
NIÑO RUSO; Sergio Pitol; escritor
ODALISCA; Anieszka Babicz; filóloga
ORATE BLAGUER; Enrique Vila-Matas; escritor
OSO; Jerzy Lisowski; editor de Tworczosc
PACIENTE; Eduardo González Lanuza; escritor
PADRE; Rodolfo Alonso; poeta
PADRINO; Eduardo Costantini; capo de tutti capi del Malba
PATO CRIOLLO; César Aira; escritor
PATRIARCA DE LOS PÁJAROS; Osvaldo Bayer; escritor
PAVO; Ricardo Nirenberg; escritor
PEGAJOSO; Franco de Peña; cineasta
PEQUEÑO K; Rajmund Kalicki; traductor, escritor y editor de Tworczosc
PERDULARIA; Izabela Kaluta; tutti frutti
PEROGRULLO; Carlos Brück; psicoanalista
PERVERSO; Edgardo Russo; editor de El cuenco de plata
PERRO UNO; Daniel Rojas Pachas; escritor
PERRO DOS; Conrado Arranz; escritor
PIADOSO; Czeslaw Milosz; escritor
PÍCARO; Marcelo Cohen; escritor
PITECÁNTROPO; Stanislaw Stefan Paszczyk; embajador polaco
PITOLINA; Adriana Astutti; editora de Viterbo
POETISA PIQUETERA IMPENITENTE; Tamara Kamenszain; escritora
PONCIO PILATOS; Carlos Echinope; editor de Letras Uruguay
PORCUS HUNGARICUS; Mihály Dés; editor de Lateral
PRETEXTO; Manuel Borrás; editor de Pre-textos
PRIMA; Krystyna Rodowska; escritora
PRIMER CÓMPLICE; Jeremi Stempowski; tutti frutti
PRÍNCIPE BASTARDO; Konstanty Jelenski; tutti frutti
PROHOMBRE; Hugo Beccacece; periodista
PROTOSERES; los editores
PTERODÁCTILO; Ernesto Sabato; escritor
PULGÓN; Santiago Alonso; lector
RÉGISSEUR FANFARRÓN; Jorge Lavelli; régisseur
REINA DE LA ONOMATOPEYA; Muriel Bellini; tutti frutti
REVÓLVER A LA ORDEN; Tomás Abraham; escritor
ROSADO; Nicolás Rosa; escritor semiótico
SECRETARIO; Arnol Kremer; escritor
SEDUCTORA IMPENITENTE; Adriana Fernández; editora de Emecé
SOCIALISTA; Alberto Díaz; editor de Planeta
TERRORISTA; Adrzej Czub; cónsul de Polonia
TIMBRE; Zdzislaw Jan Ryn; embajador de Polonia
VACA; Jerzy Jarzebski; tutti frutti
VACA SAGRADA; Rita Gombrowicz; viuda
VASCA; Sylvia Iparraguirre; escritora
VATE MARXISTA; Ricardo Piglia; escritor
VIEJO VATE; Henryk Bereza; crítico poeta
ZORRA; Laura Isola; periodista
ZORRO; Slawomir Ratajski; embajador de Polonia


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jueves, 18 de junio de 2009

Artículo de GOMBROWICZIDAS Juan Carlos Gómez en la revista Cinosargo número XII


ESTRENAMOS EL NÚMERO XII DE REVISTA CINOSARGO (TRECE EN VERDAD, SI CONTAMOS EL NÚMERO CERO)

SE TRATA DE NUESTRO PRIMER NÚMERO CORRESPONDIENTE A NUESTRO SEGUNDO AÑO DE VIDA COMO REVISTA.
LAS PALABRAS SOBRAN.


Cinosargo tiene la palabra!!!!!!!!!


Daniel Rojas Pachas
Director de Revista Cinosargo.
17/06/09


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SUMARIO


LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID Y LOS PALADINES DE LA IMPRENTA POR DANIEL ROJAS P.

POR ENCIMA DEL HOMRBO
POR MILAGRO HAACK

ADOLFO COUVE, A SU VERBA
POR PABLO DELGADO

RIESGO DE CONTAGIO
POR VÍCTOR SAMPAYO

PEDRO LEÓN GALLO - POETA Y REVOLUCIONARIO
POR ARTURO VOLANTINES

PARALELISMO ENTRE EL QUIJOTE Y HAMLET
POR IGNACIO CARDENAL

GOMBROWICZIDAS
HORACIO SACCO, DANIEL ROJAS PACHAS Y CARLOS ECHINOPE
POR JUAN CARLOS GÓMEZ

NEBLINA
POR GUILLERMO FERNÁNDEZ

GRIPE PORCINA Y NARCOS
RODRIGO RAMOS BAÑADOS

NIETO DE MARIÁTEGUI Y EL FASCISMO
POR JOSÉ MARTÍNEZ FERNÁNDEZ

EL SISIMICO
POR JUAN ABURTO

GRACIAS POR EL FUEGO DE LA POESÍA Y DE LA VIDA, MARIO
POR ROLANDO GABRIELLI

A PROPÓSITO DEL ARQUEO DE LA POESÍA CONTEMPORÁNEA
POR FERNANDO MORAGA


NÚMEROS ANTERIORES.


NÚMEROS ANTERIORES

CINOSARGO EDICIÓN DE MARZO DEL 2009 NÚMEROX LEER O DESCARGAR.

CINOSARGO EDICIÓN DE FEBRERO DEL 2009 NÚMERO IX LEER O DESCARGAR

CINOSARGO EDICIÓN DE ENERO DEL 2009 NÚMERO VIII LEER o DESCARGAR

CINOSARGO EDICIÓN DE DICIEMBRE DEL 2008 NÚMERO VII LEER o DESCARGAR.

CINOSARGO EDICIÓN DE NOVIEMBRE DEL 2008 NÚMERO VI LEER O DESCARGAR

CINOSARGO EDICIÓN DE OCTUBRE DEL 2008 NÚMERO V. LEER O DESCARGAR

CINOSARGO EDICIÓN DE SEPTIEMBRE DEL 2008 NÚMERO IV. LEER O DESCARGAR

CINOSARGO EDICIÓN DE AGOSTO DEL 2008 NÚMERO III. LEER O DESCARGAR

CINOSARGO EDICIÓN DE JUNIO 2008 NÚMERO II. LEER O DESCARGAR

CINOSARGO EDICIÓN DE JUNIO 2008 NÚMERO I. LEER O DESCARGAR

CINOSARGO EDICIÓN MAYO 2008 NÚMERO 0. LEER O DESCARGAR.

ESPECIALES DE POESÍA.

25-4-2009 9.4.59 2.jpg

Cuarta edición especial de poesía de Revista Cinosargo Marzo del 2009 Año I leer o descargar

17-3-2009 20.3.56 1.jpg

Tercera edición especial de poesía de Revista Cinosargo Febrero del 2009 Año I Leer o descargar

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Segunda edición especial de poesía de Revista Cinosargo Enero del 2009 Año I Leer o descargar

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Ediciones especiales de Revista Cinosargo, Poesía publicada en Diciembre del 2008

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miércoles, 17 de junio de 2009

WITOLD GOMBROWICZ Y JULIUSZ SLOWACKI


JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ Y JULIUSZ SLOWACKI

Para investigar el parecido que tiene Gombrowicz con sus escritos analicé con algún detenimiento el pasaje de “Ferdydurke” en el que el profesor llamado Enteco, a causa de su cara algo consumida, le explica a los alumnos por qué el gran poeta Slowaski despierta el amor, la admiración y el goce. Como no puede explicarle ni aclararle nada, el Enteco saca una fotografía de su mujer y de su hijo para tratar de conmoverlos. A primera vista se podría pensar que este relato es el producto de la imaginación afiebrada de Gombrowicz, nada más alejado de la verdad.
“A medida que iba creciendo me volvía cada vez más peligroso. Mis composiciones de polaco eran las mejores y eso me salvaba, en otras materias era ignorante y holgazán. Un día, nuestro profesor de polaco Cieplinski, nos mandó escribir una redacción sobre Slowacki (...)”

“Harto ya de tanto incienso dedicado al poeta profeta, decidí para variar, fastidiarlo un poco (...) El profesor Cieplinski me puso un cero y me amenazó con enviar el trabajo al ministerio. Yo le pregunté por qué obligaba a los alumnos a ser hipócritas (...) En ‘Ferdydurke’ encontraréis una descripción de las clases de polaco y de latín, así como de el cuerpo de profesores, esas escenas delirantes nacían entonces en mi cerebro, en el séptimo grado, mientras naufragaba en las conferencias dulcemente conmovedoras del profesor Cieplinski –por lo demás una buena persona– sobre nuestros poetas profetas o cuando contemplaba con horror la figura maltrecha y grotesca de nuestro profesor de latín”

¿Y por qué nos dice Gombrowicz que a medida que iba creciendo se volvía cada vez más peligroso? Porque ya había tenido un altercado con el profesor de dibujo cuando después de una exposición a la que fue para ver sus cuadros le manifestó que no le habían gustado nada, y que eran una verdadera vergüenza. Pero ese pintor tenía en aquel entonces una ventaja sobre los pintores que conoció después. Lo agarró de una oreja y lo condujo a la secretaría del colegio en la que tuvo que tragarse las lágrimas de humillación.
Adam Mickiewicz, Juliusz Slowacki y Zygmunt Krasinski son los tres poetas profetas de Polonia, y a partir de estos guías espirituales de la nación Gombrowicz empieza a recorrer un largo camino que culmina cuando pronuncia su conferencia “Contra los Poetas”, una de las piezas literarias más analizadas por los hombres de letras hispanohablantes.

Los polacos estaban hasta la coronilla con sus tres poetas profetas cuyo estudio les ocupaba casi todo el tiempo y les impedía dedicar sus cabezas al pensamiento y al arte universales. A Gombrowicz no solamente lo aburría Slowacki. “Contra los poetas” es un ensayo belicoso que le nació a Gombrowicz de la irritación que le habían producido los poetas de Varsovia, su poeticidad convencional lo tenía harto, pero la rabia lo obligó a ventilar todo el problema de escribir versos.
Su razonamiento antipoético merecía un análisis bien hecho, no se lo podía despachar en cinco minutos con cuatro garabatos, su idea era nueva y estaba basada en un sentimiento auténtico. Juliusz Slowacki es uno de los más grandes poetas románticos polacos, con destacado papel en la conservación del ideal patriótico durante la ocupación extranjera, consecuencia del reparto de Polonia.

Herido por unas alusiones despectivas de Mickiewicz, se marcha a Ginebra, donde escribe el gran drama autobiográfico “Kordian”, historia romántica de un joven que se siente incapaz de asesinar al Zar. Inspirado en Bayron, Shakespeare y Calderón a quien admira, Slowacki expresa en sus escritos la idea del progreso permanente mediante el perfeccionamiento individual.
Romántico imaginativo y aislado de su medio ambiente, Slowacki alcanza la gloria sólo cuando ya no existe. Ha sido comentado, admirado y declarado por el movimiento “Joven Polonia” como el principal poeta polaco.
Es casi seguro que el movimiento “Joven Polonia” no debe estar muy de acuerdo con la forma en que Gombrowicz trata en “Ferdydurke” al gran poeta Juliusz Slowacki.

“Y no se sabe cuándo apareció el profesor sobre la tarima. El maestro se ubicó en la silla , abrió la libreta, se limpió el chaleco, cerró los labios, arregló las mangas para que no se le gastaran los codos, sofocó algo en sus adentros y cruzó las piernas. Entonces exhaló un suspiro y trató de pronunciar algo (...)”
“La batahola estalló con doble fuerza, gritaban todos, con excepción a lo mejor de Sifón quien adoptó una actitud positiva. ¡Basta! ¡Tranquilidad! ¡La lección empieza! Entonces la clase entera, con la única excepción de Sifón, como un solo hombre expresó la necesidad impostergable de ir al baño. ¡Basta! ¿Quieren ir al baño? ¿Y por qué yo no puedo ir al baño? ¿Quédense, no doy permiso a nadie! ¿Qué tareas para hoy? ¿Ajá! (....)”

“Explicar y aclarar a los alumnos por qué el gran poeta Slowacki despierta en nosotros el amor, la admiración y el goce. El Enteco abrió discretamente el manual y empezó la recitación... ¿Por qué? Pues, porque, señores, Slowacki es un gran poeta. Los alumnos cortaban los bancos con sus cortaplumas y hacían bolitas de papel para echarlas dentro del tintero (...)”
“Amamos a Juliusz Slowacki y nos encantan sus poesías porque era un gran poeta y porque en sus poemas vive una belleza inmortal que despierta nuestra más grande admiración; –¡Pero si a mí no me encanta! ¡No me interesa! No puedo leer más que dos estrofas y aún eso me aburre; –¡Cállese, por Dios!, ¿quiere perderme? ¡Le pongo un uno a Kotecki!; –¡Pero palabra de honor que a nadie le encanta! ¡Cómo puede encantar si nadie lee poesía fuera de los que están en edad escolar y eso porque se les obliga a viva fuerza!; –Kotecki, yo tengo mujer y niño. ¿Tenga piedad por lo menos del niño! (...)”

“El sudor bañó la frente del maestro. Sacó de la cartera las fotografías de su mujer y del niño y trataba de conmover a Kotecki con ellas. Comprendí que debía huir. Pimko, el Enteco, el poeta Slowacki, la escuela, los camaradas, en fin todas mis aventuras de esa mañana, de repente giraban en mi cabeza. Pero en vez de huir empecé a mover un dedo dentro del zapato lo que imposibilitaba cualquier huida pues no es posible huir moviendo el dedo de un pie”
En “Ferdydurke” Gombrowicz relata los sinsabores de un joven que ronda los treinta años y es sometido a las ordalías de tres colapsos: el de la escuela, el del amor y el de la familia, pero el clima de la narración es siempre jovial, sarcástico y de un humor penetrante.

Es también la obra de Gombrowicz en la que aparece con más claridad su pertenencia a los dos mundos, el del rango social y el de la intelligentsia, mientras a la inmadurez le encarga el trabajo más difícil, mantener la frescura del relato sin que se vuelva infantil, y actuar como mensajera entre los dos mundos.
Jano, con sus dos caras, veía el pasado y el porvenir, Gombrowicz en “Ferdydurke” ve en el pasado, la extinción de su familia y de su clase social, y en el porvenir, el desarrollo de una forma que nos conducirá al paraíso o al infierno según cuánto sea lo que se humanice. “Ferdydurke” tuvo desde el comienzo el doble aire de la irresponsabilidad y la provocación de una comedia y el aspecto de la profundidad y el dolor de una tragedia a la que Schulz le presta la mayor atención.

“Gombrowicz no ha llegado a ello por la fácil vía de una especulación intelectual, sino por la camino de la patología, de su propia patología (…) los tormentos de los hombres en un lecho de Procusto: el de la forma”
Se propuso escribir una sátira que le permitiera sobresalir por el humor, pero la obra se le inclinó hacia lo grotesco y le empezó a nacer un estilo que iba a absorber sus sufrimientos y sus rebeliones más esenciales. A pesar de este llamado a la profundidad que aparece en los prefacios de “Ferdydurke”, en los diarios y en “Testamento” la obra mantiene un curso ligero que a duras penas puede ocultar la actividad de esa conciencia agudísima que malogra el desempeño social y psicológico de sus personajes cuyas acciones desembocan en comportamientos hilarantes la mayor parte de las veces.

No es un libro en el que Gombrowicz se proponga destruir los valores existentes, es más bien un intento de ponerlos entre paréntesis, no nos está proponiendo una moral nueva, le está dando una buena paliza a la que ya tenemos para que se eche a andar, para divertirse con él mismo y para que nosotros nos divirtamos con él.
Si bien no andaba muy bien que digamos con Dante por la ruindad de su idea de una castigo eterno bajo el resplandor de un amor divino e ilimitado, pone al comienzo de “Ferdydurke” algunas palabras de la “Divina Comedia”: “En la mitad del camino de mi vida me encontré en una selva oscura”. Es difícil encontrar una persona que se parezca tanto a su obra, o una obra que se parezca tanto a su autor, como en el caso de Gombrowicz.

La narración en la que se nota más este parecido es “Ferdydurke”, y esto es así porque en esta novela traspone literariamente, aunque no tanto, las torturas que había sufrido en el colegio a un lenguaje artístico.
El que tenga aunque sea un recuerdo vago del “Atrapamiento y consiguiente malaxamiento” de “Ferdydurke” comprenderá enseguida en qué estaba pensando Gombrowicz cuando lo escribía.


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martes, 16 de junio de 2009

GOMBROWICZIDAS: WITOLD GOMBROWICZ Y KRYSTYNA SKARBEK


JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ Y KRYSTYNA SKARBEK


Mientras Polonia fue para Gombrowicz un surtidor de formas rígidas, la Argentina lo regresó a ese tiempo de la vida en que las formas son más blandas. Las convulsiones europeas tenían una réplica en América, pero débil, alcanzaban a un conjunto reducido de personas, mientras Europa estaba completamente movilizada y las formas polacas tenían un grado aún mayor de esclerosis que las esclerosis de Occidente.
Los judíos desempeñaron un papel muy importante en el desarrollo polaco de la época de Gombrowicz. Él se sentía atraído desde su juventud por las inquietudes intelectuales de los judíos, por su racionalismo y porque, al mismo tiempo, le proporcionaban una gran variedad de elementos cómicos que tenían mucho que ver con sus debilidades y ridiculeces.

En su familia el antisemitismo estaba considerado como una prueba de estrechez mental y nadie sentía hostilidad hacia ellos, aunque sí conservaba prejuicios de carácter social. Gombrowicz tenía por costumbre poner en evidencia lo grotesco de la actitud de la nobleza hacia los judíos.
“El antisemitismo de la nobleza no era peligroso, condenaba el papel destructivo de los judíos, pero cada noble tenía a su israelita con quien pasaba horas enteras conversando en el porche de cosas misteriosas, prueba evidente de una convivencia establecida desde siglos”
Fue en la universidad donde se aproximó verdaderamente al medio semita y descubrió muy pronto que con ellos podía moverse más libremente que con los demás, en todo lo que la libertad tenía de locura y de descontrol.

En el café lo llamaban “el rey de los judíos” porque a su mesa concurría una gran cantidad de semitas, eran sus oyentes más fieles. Pero no era solamente la libertad y la audacia el atractivo que tenían los judíos para él, tardó algún tiempo en descubrirlo pero, finalmente, se dio cuenta que tenía con ellos algo más en común: la actitud frente a la forma.
No era de extrañar que ese pueblo trágico, sufriendo a través de los siglos enormes deformaciones, tuviera una forma grotesca: barbudos, con levitas, poetas en éxtasis concurriendo a los cafés, millonarios en la bolsa, eran realmente unos personajes increíbles. Los judíos sienten en su propia carne la vergüenza de este ridículo, pero no saben liberarse de la deformación que los oprime, por tal razón se perciben a sí mismos como una caricatura, como una broma extraña del Creador.

Esta actitud tensa de los judíos hacia la forma que les impide ser del todo judíos, como son del todo campesinos o nobles, los campesinos y nobles con una forma heredada a través de las generaciones, lo fascinaba a Gombrowicz, era eso precisamente lo que destacaba en sus creaciones: la pugna del hombre con la forma para descubrir su tiranía y para luchar contra su violencia.
“Eran entonces problemas casi inconcebibles para la gente de mi medio, que se movía, pensaba y sentía según un modo establecido de una vez por todas, heredado de sus antepasados. Sólo cuando la guerra y la revolución vinieron a romper este ritual y se pusieron a modelar a la gente como si fueran muñecos de cera, cuando todo lo que parecía eterno resultó ser frágil y huidizo, entonces mis ideas adquirieron peso (...)”

“Pero yo ya me había dado cuenta antes de cómo, justamente respecto a los judíos, esas maneras soberanas y altivas de la gente de mi esfera se derrumbaban penosamente. Los judíos parecían ser un elemento comprometedor ante el cual uno no podía comportarse adecuadamente”
Gombrowicz tenía con los judíos una unión espiritual nada superficial, fueron siempre y en todas partes los primeros en comprender y valorar su trabajo de escritor, sin embargo, sus relaciones intelectuales con ellos no se extendieron nunca al terreno de la amistad personal. No era tanto su frialdad intelectual lo que le chocaba, sino la ingenuidad con la que se dejaban impresionar por el intelecto, una admiración confiada e infantil por la razón científica, las teorías y la cultura en general.

“Esos terribles destructores, esos revolucionarios eran en su mayoría benévolos como niños, bastaba rascar un poquito para descubrir su tendencia soñadora, impregnada de una fe casi mística, su mordacidad se unía en forma extraña a la blandura (...) Yo torturaba cuanto podía su ingenuidad, toda mi táctica se centraba en invertir los papeles a fin de que ellos y no yo se convirtieran en románticos”
Gombrowicz ha manifestado en más de una oportunidad que le debía mucho a los judíos, era un filosemita que consideraba al antisemitismo polaco como bonachón. Sin embargo, no todos los judíos pensaban así. Una tarde, jugando al ajedrez, le transmití a Miguel Najdorf la invitación a la Embajada de Polonia que le estaba haciendo el embajador, me había manifestado que tenía muchos deseos de conocerlo: –Vea, Gómez, voy a aceptar porque soy polaco y porque no quiero hacerlo quedar mal a usted pero, me cuesta, los polacos no nos quieren, odian a los judíos.

Algunos miembros de la nobleza polaca se unían a los judíos para darle un poco de aire financiero a sus blasones, eran unas uniones desgraciadas pues sus hijos no llegaban nunca a ser reconocidos en los salones. Los integrantes de la clase alta se comportaban como si nada se supiera, la buena educación los obligaba a evitar en presencia de esas familias la más ligera alusión a los judíos.
Krystyna Skarbek, una hermosa joven polaca que tuvo un desempeño heroico durante la segunda guerra mundial, pertenecía precisamente a esa categoría de desgraciados mestizos. Nacida de padre conde, su madre Goldferer era judía. La trataban según los cánones de comportamiento que ya mencionamos, pero un día ocurrió una catástrofe. Krystyna se hallaba sentada en la terraza de un hotel en compañía de personas con título.

De repente se detuvo delante del hotel una señora entrada en años, gorda y vestida de una manera llamativa: -¡Krysia, Krysia! Todos se quedaron de una pieza, la joven, en lugar de contestar, hizo como si no se tratara de ella: –¡Krysia Skarbek, Krysia Skarbek!
En ese grupito de gente tan mundana sólo había miradas clavadas en el suelo y caras tensas, como si hubieran sufrido un ataque de parálisis.
“Que bendición si alguien hubiera dicho simplemente: Krysia, ¿no oyes?, una de tus tías te está llamando. Pero nadie fue capaz de pronunciar esas sencillas palabras (...) En la actitud de esos nobles no había nada de menosprecio ni de odio, solamente había un falta terrible de sentido práctico, una incapacidad para superar lo convencional y adoptar un estilo más moderno”

En el contraste con los judíos se le revelaba la torpeza de la formas ancestrales polacas, su falta de adaptación a la vida. El modo judío incorporado al modo polaco era un elemento explosivo que debía dar la oportunidad de elaborar un nuevo tipo de polaco capaz de encarar el presente. Los judíos eran para los polacos un trazo de enlace con los problemas más profundos y complejos del universo.
La polaca Krystyna Skarbek fue una de las mejores agentes enviadas por los ingleses contra los nazis y una mujer excepcional que sobrevivió a los mayores peligros de la guerra para morir, paradójicamente, acuchillada por un hombre que la acosaba. Valiente, vivaz y encantadora, confiaba en sus dotes de persuasión y en las granadas de mano.

Fue para muchos la mejor agente de los servicios secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los personajes más arrebatadoramente románticos de la época. Capturada en 1941 por la Gestapo, la resuelta Krytyna logró que la dejaran libre tras provocarse una hemorragia mordiéndose la lengua para hacer creer a sus captores que padecía tuberculosis.
Saltaba sin temor en paracaídas, atravesó los montes Tatra esquiando para infiltrarse en Polonia, combatió codo a codo con la Resistencia francesa y burló varias veces a la terrible Gestapo, arrebatando de las mismísimas fauces de la muerte en una de ellas a dos importantes camaradas. En Digne, al sur de Francia, dos de los grandes jefes operativos fueron detenidos en un control cuando viajaban camuflados en un vehículo de la Cruz Roja.

Estaban condenados a morir fusilados. Ante la imposibilidad de montar un ataque de la Resistencia para liberarlos, Krystyna logró una cita con un oficial de la Gestapo y, haciéndose pasar nada menos que por sobrina del general Montgomery, lo convenció de que la llegada de los Aliados era inminente y de que más le convenía al torturador granjearse su amistad con un gesto de buena voluntad. Fue tan persuasiva con el oficial alemán, que durante toda la cita la estuvo apuntando nervioso con una pistola a la cabeza, que accedió y liberó a los camaradas presos.


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