lunes, 19 de octubre de 2009

WITOLD GOMBROWICZ Y MARIE SKLODOWSKA CURIE


JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ Y MARIE SKLODOWSKA CURIE

“Un día tuve ocasión de participar en una de esas reuniones de polacos dedicadas a darse ánimos mutuamente..., donde, tras haber cantado la Rota y bailado un krakowiak, todo el mundo se puso a escuchar a un orador que exaltaba a nuestro pueblo porque había dado al mundo a Chopin, porque teníamos a Curie-Sklodowska y a Mickiewicz, y además porque fuimos el último baluarte del cristianismo y porque la constitución del 3 de mayo había sido muy progresista (...)”
“Explicaba a sí mismo y a todos los asistentes que éramos una gran nación, lo cual tal vez ya no despertaba el entusiasmo en los oyentes (conocían ese ritual y participaban en él como en un acto religioso del que no se debían esperar sorpresas), que, sin embargo, lo recibían con cierta satisfacción por haber cumplido con un deber patriótico (...)”

“Pero yo veía esa ceremonia como venida directamente del infierno; esa misa nacional se me antojaba un espectáculo diabólicamente sarcástico y malignamente grotesco. Porque ellos al exaltar a Curie-Sklodowska y a Mickiewicz se humillaban a sí mismos, y cuando glorificaban a Chopin demostraban que no eran dignos de él, y, deleitándose con su propia cultura, dejaban al descubierto su barbarie”
Madame Curie había actualizado para los polacos con la radioactividad, con el Radio y con el Polonio, la gloria que había alcanzado Copérnico con su heliocentrismo. Marja Skłodowska, química y física polaca, pionera en el campo de la radiactividad, fue la primera persona en recibir dos premios Nobel, el de Física y el de Química, y la primera mujer en ser profesora en la Universidad de París. Fundó el Instituto Curie en París y en Varsovia.

Estuvo casada con el físico Pierre Curie que murió en un accidente al ser atropellado por un coche de caballos en una calle de París cuando se dirigía a su laboratorio. Tiempo después de la muerte de su marido, inició una relación de pareja con el físico Paul Langevin, quien estaba casado, lo que generó un escándalo periodístico con tintes xenófobos pues la atacaron por su condición de polaca judía.
Después de quedarse ciega, murió de anemia aplásica, a consecuencia de las radiaciones a la que estuvo expuesta en sus trabajos. Esta diminuta física polaca vivió la mayor parte de su vida en París. Una de las científicas más famosas de la historia, no sólo fue una mujer pionera en un mundo dominado por los varones, también fue la primera persona en recibir dos premios Nobel.

Einstein y Curie no tuvieron una relación extremadamente estrecha, pero su fama simultánea aseguró que se encontrasen a menudo. Curie escribió una recomendación profesional para Einstein, quedó deslumbrada por ese joven talentoso en un congreso que reunió a los físicos más famosos.
“He admirado mucho los trabajos publicados por Monsieur Einstein en cuestiones concernientes a la física teórica moderna en Bruselas, donde asistí a una conferencia en la que Monsieur Einstein participó. Pude apreciar la claridad de su mente, la amplitud de su documentación y la profundidad de su conocimiento. Si se considera que Monsieur Einstein es aún muy joven, se tiene todo el derecho para depositar las mayores esperanzas en él y verle como uno de los teóricos importantes del futuro”

Einstein fue una de las muchas figuras prominentes que acudieron en ayuda de Curie cuando fue atacada en la prensa por una aventura que tuvo con Paul Langevin, alumno de Pierre Curie, más joven que ella y casado. Aunque la historia demostró que el affaire había existido, Curie siempre lo negó. Einstein le creyó a Curie y afirmó que los rumores eran estupideces: “Ella no es lo suficientemente atractiva como para llegar a ser peligrosa para nadie”.
Esta afirmación resulta muy curiosa viniendo de un hombre que solía tener problemas con las mujeres y que más de una vez sucumbió a esos asuntos peligrosos. El que Curie fuese una mujer no llegó a entrar nunca en la cabeza de Einstein. Un año después de la muerte de Curie, Einstein escribió un elogioso homenaje para recordarla en un acto celebrado en el Museo Roerich de Nueva York.

“Fue para mí una fortuna estar unido a Madame Curie durante veinte años de sublime y perfecta amistad. Llegué a admirar su grandeza humana sin límite. Su fuerza, su pureza de voluntad, su austeridad consigo misma, su objetividad, su juicio incorruptible, todas estas son virtudes que raramente se encuentran en un sólo individuo.”
En el mismo año en que moría Marja Sklodowska Gombrowicz estaba escribiendo el Filifor y el Filimor forrados de niño e “Ivona, princesa de Borgoña”. Gombrowicz necesitaba víctimas, no podía pues manifestarle admiración a la Curie, si bien era una gloria polaca, era también una mujer científica, una combinación que le resultaba explosiva.
“Necesitaba víctimas... Me sentía feliz cuando caía en mis manos un interlocutor cándido y apasionado con quien podía jugar como el gato con el ratón (...)”

“A veces ocurría que las víctimas se convertían en adeptos o incluso en amigos (...) En ocasiones se producían cortocircuitos, la medida se colmaba y uno u otro de los presentes se ponía violentamente de pie y se marchaba ofendido. Pero generalmente había más risas que ofensas”
Son comentarios que hace Gombrowicz sobre la bohemia de su juventud en los cafés de Varsovia, un talante burlón y sarcástico que debió ir atemperando con los años, pero no ocurrió así. Gombrowicz, como el alacrán, no pudo con el genio, y no sé si tan feliz como cuando era veintiañero, pero aquí, en los cafés de Buenos Aires, siguió haciendo lo mismo con nosotros, eran como ejercicios en técnicas de guerra. Los que nos hacíamos sus adeptos y sus amigos le testimoniábamos de entrada nuestra simpatía.

Su tendencia innata a llevar siempre la contraria le acentuaba todas las características que lo diferenciaban de nosotros, ésa era su política. Teníamos debilidad por ese noble polaco venido a menos, nos divertía y nos hacía reír, delante de él sentíamos que nuestra vida tenía más colorido y era más interesante.
Cuando lo conocí en el café Rex en 1956 hacía ya algunos años que escribía sus diarios y que había roto las relaciones con la gente de Polonia y con todo lo que creaban. Sus colegas tenían necesidad de asimilar una fe, fuera la que fuese, una postura ideológica o estética, porque los ayudaba a organizarse apoyándose en ella, con la esperanza de que se convertirían en escritores auténticos, pero sólo les servía para sumergirse en una orgía de irrealidad.

“Me bastaba pues, con que de este lado me llegara un soplo de vida auténtica. Avanzaba en esta dirección a ciegas, simplemente porque cada paso en este sentido hacía mi palabra más fuerte y mi arte más auténtico. Lo demás no me preocupaba demasiado. Lo demás, tarde o temprano, llegaría por sí solo”
Pero Polonia no era tan cándida como lo éramos nosotros, no podía jugar con ella como el gato con el ratón, en consecuencia se produjeron cortocircuitos y entonces se puso a escribir los diarios.
“Había pues que evitar dar al ‘Diario’ un carácter de confesión; debía presentarme en él en acción, en mi intención de imponerme al lector de una determinada manera, en mi voluntad de crearme a la vista y conocimiento de todos como lo que quería ser para ellos, y no como lo que era”

En los diarios manifiesta también esa tendencia que se le había despertado desde joven que lo inclinaba inexorablemente a la búsqueda de víctimas, y empieza a componer en ellos una obra maestra. Este género literario era pariente cercano de su otra obra maestra: las conversaciones que mantenía con nosotros en los cafés. En el “Diario” se pone de relieve a sí mismo, se explica, provoca la indignación de los lectores, comenta su obra y le declara la guerra a la crítica.
Libra batallas con la literatura y el arte, y lleva ataques sostenidos contra la poesía, la pintura y París. Abre frentes contra el existencialismo, el catolicismo, el marxismo y el estructuralismo, y también contra las culturas secundarias. Ve al hombre como una criatura y un creador de la forma, como a un ser insuficiente e inmaduro.

Hay páginas de carácter exclusivamente artístico llenas de humor y de lirismo, otras dedicadas a las excentricidades, a las mentiras, a las bromas y a los engaños, todo igual que en los cafés de Varsovia y de Buenos Aires, pero en forma más organizada. La agresividad que aparece en los diarios no tiene como única causa su tendencia natural a llevar la contraria.
En esta obra lleva adelante con audacia, despreocupación y encarnizamiento una crítica abierta a toda la cultura moderna. Lo puede hacer porque no tiene nada que perder, podía escribir todo lo que le pasara por la cabeza pues a los demás los tenía sin cuidado. Y si bien era un artista no era un escritor introducido en el mundo literario, alguien con cierta mundología propia de ese medio y formado en una escuela determinada.

Su inclinación natural a llevar una vida estrictamente personal, su situación social y el exilio argentino es lo que se hallaba en la raíz de esta agresión. No era nada, por lo tanto podía permitírselo todo. En el ámbito de la cultura las cosas van más o menos bien si todo permanece como debe ser, respetable y digno de consideración. Si se transgreden las reglas la cosa se pone fea.
“Mi ‘Diario’ no se propone profundizar nuestra cultura, enriquecerla, se propone comprobar si está construida a nuestra medida humana y si permanece en el suelo con nosotros. No es la cultura la que me interesa, sino nuestras relaciones con ella. Mi punto de partida es pérfidamente simplista: todos jugamos a ser más sabios y más maduros de lo que somos”

La sabiduría y la guerra son vapores en medio de los cuales se mueve a menudo Gombrowicz, como si de la mano de Minerva –la diosa de la sabiduría, de las artes y de las técnicas de la guerra– quisiera dar cuenta de buena parte del mundo.
“Y si a Sócrates se le hubiera aparecido Casandra con la siguiente profecía: –¡Oh, mortales! ¡Oh, estirpe humana! Mas os valdría no alcanzar a ver el lejano futuro que será diligente, escrupuloso, laborioso, liso, llano, miserable... Ojalá las mujeres dejasen de parir, pues todo lo que nazca nacerá al revés: la grandeza engendrará la pequeñez, la fuerza la debilidad, y de vuestra razón procederá vuestra estupidez. ¡Oh, ojalá las mujeres diesen muerte a sus recién nacidos...!, porque tendréis funcionarios por jefes y héroes, y los buenazos serán vuestros titanes. Se os privará de belleza, de pasión y de placer (...)”

“Os esperan tiempos fríos, tediosos y secos. Y todo eso será obra de vuestra propia Sabiduría, que se despegará de vosotros y se volverá incomprensible y feroz. ¡Y ni siquiera podréis llorar, puesto que vuestra desgracia estará ocurriendo fuera de vosotros! ¿Será esto una blasfemia contra nuestro Supremo Hacedor? ¿Nuestro Creador de hoy? (Naturalmente me estoy refiriendo a la ciencia) ¡Quién se atrevería! También yo me postro ante la más joven de las Fuerzas Creativas, también yo me prosterno, hosanna, pues esta profecía canta precisamente al triunfo de la omnipotente Minerva sobre su enemigo, el hombre”
La sabiduría que menos soportaba Gombrowicz era la de la ciencia, con la ciencia nos estamos encaminando poco a poco a una raza de pigmeos de cabezas hinchadas y de delantales blancos.

Los científicos son unos especialistas que manipulan nuestros genes, se inmiscuyen en nuestros sueños, modifican el cosmos y manosean nuestros órganos íntimos. La ciencia tiene un carácter abominable, es como un cuerpo extraño introducido en la razón, que la razón lleva como una carga con el sudor de su frente. Es como un veneno, y cuanto más débil es la razón tantos menos antídotos encuentra y tanto más fácilmente sucumbe. El crecimiento del cientificismo terminó por estimularle su naturaleza profética y blasfema.

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