lunes, 8 de junio de 2009

GOMBROWICZIDAS: WITOLD GOMBROWICZ Y NICOLÁS ESPIRO

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JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ Y NICOLÁS ESPIRO

Gombrowicz mantenía una relación ambigua con el psicoanálisis. En el año 1935, cuando se publica en Polonia la traducción de “Introducción al psicoanálisis” de Sigmund Freud, Gombrowicz le consagra una crónica muy elogiosa. A pesar de este temprano entusiasmo no pudo mantener su confianza en el psicoanálisis habiendo dejado huellas de ese desencanto en algunos pasajes de los diarios.
Sin embargo, el mundo de los sueños y del inconsciente ejerció una gran atracción en Gombrowicz, una fuerza que se pone de manifiesto en toda su obra pero especialmente en los cuentos y en “Pornografía”. La Polonia católica de la juventud de Gombrowicz le había cerrado las puertas a Freud, los polacos tenían un pensamiento extraño sobre el creador del psicoanálisis.

Era bastante parecido al de ese estudiante de Santiago del Estero que le había dicho a Gombrowicz que Freud no le servía a los argentinos porque el psicoanálisis era una ciencia europea, sólo que en el caso de los polacos no le servía porque Freud era un ateo que practicaba la pornografía. La popularidad de las indagaciones de Sastre sobre la mirada y de Freud sobre la participación de la sexualidad en la conducta humana facilitaron la comprensión de la obra de Gombrowicz un tanto hermética, a pesar de la desconfianza que le tenía a ambos.
“Mordería la mano del psiquiatra que pretendiera destriparme privándome de mi vida interior; no se trata aquí de que el hombre no tenga complejos, sino de que sepa transformar el complejo en un valor cultural”

No era lector de Freud, pero ésta es justamente la definición que hace el austríaco sobre la sublimación. Gombrowicz, igual que Freud, le daba una gran importancia a la sexualidad y a los sueños.
Recurrió a una estrategia premeditada para trasponer la voluntad humana y el determinismo psíquico al automatismo y a las partes del cuerpo, un modelo creativo que perfeccionó en “Ferdydurke”, su primera novela.
La cara y sus habitantes: los ojos, la boca, la nariz y la orejas; el culo y sus proximidades: las manos, los dedos, los muslos y las espaldas, se convirtieron desde entonces en los representantes plenipotenciarios de la forma y de la inmadurez en el desarrollo de su obra.

En esta novela desmonta la mistificación de los ideales recurriendo a un duelo de muecas entre estudiantes que termina en una violación que se hacen por las orejas, y desmorona a la modernidad en un amasijo de cuerpos en el que un profesor trata de mantener su dignidad utilizando los orificios de su nariz mientras los juventones, la colegiala y el colegial se dan bofetadas, se agarran de los mentones y de las rodillas, se muerden las costillas y enloquecen en un montón hormigueante.
Si bien “Ferdydurke” contiene todos los cánones a los que recurre Gombrowicz para reemplazar los sentimientos, no hay obra anterior ni posterior que en mayor o en menor medida no los contenga. Como esos líquidos que están en el mismo recipiente pero que no se mezclan, las diferentes naturalezas de Gombrowicz se hallaban juntas en su conciencia.

Convivían en Gombrowicz su clase social y una conciencia penetrante y agnóstica que buscó muy pronto conocer los estilos fundamentales del pensamiento universal, la independencia, la libertad y la sinceridad. Y en el mismo recipiente se arremolinaban también las aguas turbias de sus anormalidades psíquicas y eróticas. Ninguna de esas realidades tenía predominio sobre las otras, Gombrowicz se encontraba entre ellas y tenía que fingir para no ser descubierto.
Gombrowicz intenta cancelar su deuda moral, quiere que la obra lo absuelva. Dentro de él existían elementos anormales y abominables, pero si él podía utilizarlos como componentes de la forma, entonces, a través de este procedimiento, se convertía en su dueño y señor.

El ser confuso, indolente e inseguro que era quería ser de otra manera en el papel, un ser brillante, original, triunfador y purificado. No estaba en condiciones, pues, de hacer otra cosa más que la parodia de la realidad y del arte. La sensación de irrealidad lo ponía entre las cosas y no dentro de ellas, pero Gombrowicz buscaba la realidad y sabía que se la podía encontrar tanto en lo que es normal y sano como en la enfermedad y en la demencia.
Conozco a tres psicoanalistas gombrowiczidas que escribieron sobre Gombrowicz en forma interesante. El Gnomo Pimentón, uno de los epígonos más fervientes y miembro celebérrimo del club de gombrowiczidas, se ocupó de estudiar especialmente cuánto protagonismo tiene Gombrowicz y cuánto la familia en el desarrollo de sus obras.

Si bien es cierto que el Gnomo Pimentón es el único escritor y psicoanalista argentino que había escrito un libro sobre Gombrowicz antes de que yo apareciera en el firmamento gombrowiczida, no pudo determinar el peso de cada una de estas participaciones a pesar de que aplicó a su estudio toda su ciencia infusa de origen lacaniano, un dilema ciertamente interesante.
El Gnomo Pimentón, uno de nuestros gombrowiczidas más señalados, ha despachado desde el diván a muchos pacientes con suerte diversa. Director de una organización de orates a la que dio en llamar “Fundación Descartes”, es un destripador de psiques que ha enloquecido a una gran cantidad de personas siendo uno de los casos más notables el de Cara de Ángel.

Un lacaniano de primera cepa como lo es el Gnomo Pimentón, repasando la obra de Gombrowicz descubrió que ni en sus narraciones ni en sus piezas teatrales hay consumaciones sexuales, afirmación que caracteriza con claridad uno de los vicios de su profesión. Otro colega del Gnomo Pimentón que se ocupa de Gombrowicz es Luis Gusmán, y como buen psicoanalista no deja de destilar veneno.
“Gombrowicz parecía soñar con cierto fantasma de la libertad, con lo cual ciertas posiciones que adoptaba respecto a ciertos temas, colocaban inexorablemente al interlocutor en el lugar del moralista. Lo cierto es que como cualquier humano construyó su propia máscara, pero también como cualquier humano no pudo escapar a las leyes de la forma de la conciencia que él mismo describió (...)”

“Con los años, suele ocurrir que la obra y la mitología de todo gran escritor se superpone y a veces entra en franca contradicción. En el caso de Witold Gombrowicz la mixtificación del personaje se confunde y se desplaza a su literatura. Es posible que este delicado equilibrio termine sobrevalorando injustamente alguno de ambos términos”
El tercer psicoanalista de este grupo destacado de gombrowiczidas que elegí es Nicolás Espiro, el único de los tres que conoció a Gombrowicz y el único al que no se le notan los vicios de la profesión. Médico, psicoanalista y poeta, formó parte de la dirección de una revista de poesía: Poesía Buenos Aires. Su padre, médico dentista, cuidó la dentadura de Gombrowicz durante un cuarto de siglo.

“Averigüe, Goma, si en Buenos Aires hay médicos que curan el asma y otras enfermedades con el método chino, es decir apretando los nervios con clavitos. Llame al doctor Espiro, mi dentista, y pida que pregunte a su hijo medico. Escriba enseguida”
Las únicas referencias que hace Espiro a Gombrowicz se refieren a su snobismo, son muy ilustrativas las anécdotas que cuenta sobre los empleados del Banco Polaco y sobre Gustaw Kotkowski.
Es evidente que los asuntos concernientes al nobiliario no se habían apagado en la conciencia de Gombrowicz; a pesar de las guerras, de la destrucción de Polonia y de su familia, de la muerte de millones de personas, se seguía encantando con la mitología de los blasones.

“No existe monstruosidad alrededor de la cual no pudiese enredarse esta hiedra (...) Las jerarquías, los mitos, las celebridades surgidas en vuestro antiguo mundillo de pacotilla y hoy ya muertos pues el fragmento de la existencia del que habían nacido ya ha perecido, siguen ofuscándonos la existencia ya que a escondidas ofrecemos a estas deidades caducas nuestros ridículos sacrificios”
Pero había algo más: el sueño de la aristocracia, de ser hasta tal punto agradable que le resultara posible ser inútil, andaba de acuerdo con el talante de Gombrowicz.
“Bien, por lo que a mi se refiere, afirmo y anoto como uno de los cánones de mi conocimiento de los hombres que el que desee agradar a los hombres alcanzará con más facilidad la humanidad que el que desea sólo ser un siervo útil”

Una de las víctimas predilectas de Gombrowicz era su primo Gustaw Kotkowski. Cuenta Espiro que lo visitaba en el Rex una vez por mes para charlar y llevarle un paquete con ropa. El primo Kotkowski era una persona muy amable y cuando se retiraban siempre abría la puerta del ascensor. Gombrowicz entraba primero con el paquete debajo del brazo sin decir una palabra, mucho menos la palabra gracias, era algo que llamaba la atención.
“(...) ‘Vea, Tito, sucede que eso está preestablecido; nuestras familias son casi iguales, pero la mía es levemente superior a le de él...’. Claro que esto adquiere todo su significado si pensamos que Witold pasaba penurias económicas y, además, que le hablaba en ese momento a un intelectual de izquierda”

“Witold creaba personajes literarios en la vida real y gozaba con eso como si fuera un juego. Una vez, en una de nuestras charlas, se refirió a los empleados de alto rango del Banco Polaco, nos contó que cojeaban al caminar porque de ese modo parecían más respetables. Días después fui a verlo al Banco y tuve que esperar un momento en una sala del primer piso, donde estaban las oficinas y algunas secretarias trabajando (...)”
“Vi abrirse una puerta y salir a un señor con aspecto de alto funcionario que cojeaba levemente de una pierna. Minutos después, atraviesa la sala otro personaje que también cojeaba. Finalmente, veo aparecer a Witold que atraviesa la sala sin mirarme, pero viéndome, con unas carpetas bajo el brazo y cojeando de ambas piernas en forma pronunciada (...)”

“Yo sabía que más tarde debería preguntarle por qué cojeaba. El que se lo preguntara era parte esencial de la construcción de la anécdota: ‘Vea, Tito, el director y el subdirector cojeaban de una pierna en tanto que personas distinguidas, pero yo cojeaba de las dos pues soy más distinguido que ellos”


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