miércoles, 14 de abril de 2010

WITOLD GOMBROWICZ Y LOS PARENTESCOS

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JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS


WITOLD GOMBROWICZ Y LOS PARENTESCOS


“Aunque estoy totalmente de acuerdo con Jelenski en que existe un cierto parentesco entre yo y Pirandello en cuanto al problema de la deformación, de hecho hubiera preferido que no tuviera mucho en común con mis opiniones. Pero de Pirandello me gustaría separarme por otros motivos de naturaleza social y mundana. En las especiales condiciones de nuestra convivencia polaca, suele ocurrir algo con demasiada frecuencia.

Alguien, sirviéndose de estos nombres famosos, trata de menospreciarme e, hinchándose de Pirandello, dice con displicencia: Gombrowicz. Y eso es lo que yo no puedo aceptar en este diario, que es un diario privado, donde se trata siempre y únicamente de mis asuntos personales, donde lo que pretendo es defender a mi persona y conseguirle un lugar entre los hombres. ¡Ah, amigo Jelenski! (...)”

“En opinión de todos estos despistados expertos polacos, lo que me pierde es precisamente el hecho de que existe cierto patentesco entre yo y el modo de pensar de Pirandello. Se considera, por tanto, que yo quiero decir lo mismo que él, que echo abajo puertas abiertas, y que si a pesar de todo digo algo diferente sólo es porque soy más torpe, menos serio y también más confuso (...)”

“Les parece, por ejemplo, que mi percepción de la forma, con todas sus consecuencias prácticas, no es nada nuevo, y creen que mi crítica al arte no es más que extravagancia frívola, malicia y capricho. Me puedo defender de ello sólo y únicamente definiéndome a mí mismo, definiéndome constantemente y sin cesar. Tendré que seguir definiéndome constantemente hasta que por fin el más lerdo de los expertos se fije en mi presencia (...)”

“Mi método consiste en lo siguiente: poner en evidencia mi lucha con los hombres por mi propia personalidad y aprovechar todos los conflictos personales que surgen entre yo y ellos para definir cada vez más claramente mi propio yo. ¿Seréis de verdad tan cortos de vista, mis queridos especialistas, para que os lo tenga que poner todo delante de las narices? ¿No sois capaces de entender nada? (...)”

“Cuando estoy entre estos sabios, juraría que me encuentro en un gallinero. ¡Dejad de darme picotazos! ¡Dejad de pellizcarme! ¡Dejad de cloquear y graznar! Dejad de rezongar con el orgullo propio de un pavo de que esta idea es ya conocida, de que aquello ya se ha dicho. Yo no he firmado ningún contrato para suministrar ideas jamás oídas. Algunas ideas que flotan en el aire que todos respiramos se han unido a mí en especial e irrepetible sentido gombrowicziano, y yo soy ese sentido”

Como el parentesco que Jelenski le encuentra con Pirandello es el de las ideas, Gombrowicz se ve en la necesidad de desacreditar las ideas. “¿Qué es una idea? E incluso, ¿qué es una visión del mundo en el arte? Por sí mismas no son nada, pueden tener importancia sólo en razón del modo en que han sido percibidas y espiritualmente explotadas (...)”

“Pueden destacarse en consideración a la altura a la que han sido elevadas y al resplandor que desde esta altura emanan. Una obra de arte no es cuestión de una sola idea ni de un solo descubrimiento. Es el resultado de miles de pequeñas inspiraciones, el producto de un hombre que se ha instalado en su propia mina y extrae de ella material siempre nuevo”. Había caído en las manos de Gombrowicz, “¿Qué es el hombre?”, de Martín Buber.

Descubre, leyendo el libro, que el filósofo utilizaba el concepto del “entre” en el mismo sentido que lo usaba él, entonces se anima y le manda “El casamiento”. Buber le escribió una carta muy cordial en la que le dice que era un experimento audaz y, como tal, más importante que las curiosidades de Pirandello. Pero también le dice que la tragedia sólo es posible si hay por lo menos dos personas.

Hay tragedia si existe un antagonismo real entre dos personas diferentes, ajenas una a la otra que, por esa diferencia, se pueden destruir mutuamente. Pero si lo que ocurre, ocurre entre una persona y un mundo cuya existencia está tan solo en el poder de su imaginación, el resultado puede ser irónico o paradójico, satírico o burlesco, todo menos dramático, pues no existe drama donde la resistencia del otro no es real.

Buber piensa que el psicodrama no es un drama porque la otra persona que se encuentra en el fondo del alma, como espejismo o imagen, no es y no puede ser una persona. Los argumentos de Buber no le resultaron convincentes a Gombrowicz, según su manera de ver las cosas si una persona padece una enfermedad incurable, el drama se realiza entre el enfermo y la enfermedad.

El sueño de “El casamiento” no es el mismo que el de Pirandello, es un sueño sobre la realidad, y los miedos que enfrenta el protagonista provienen de un contacto real con la vida, aunque sea un contacto con personas creadas por su imaginación. Los hombres independientes no existen, y nuestras ideas y sentimientos no vienen de nosotros mismos, se forman entre los hombres, en una esfera peligrosa y poco conocida.

Las obras más sorprendentes de Pirandello, son las teatrales, cuyos protagonistas, profesores, propietarios de pensiones y curas suelen pertenecer a la clase media baja. En estas obras se reflejan las ideas filosóficas del autor, como la existencia de un arraigado conflicto entre los instintos y la razón, que empuja a las personas a una vida llena de grotescas incoherencias.

Igualmente considera que las acciones concretas no son ni buenas ni malas en sí mismas, sino que lo son según el modo en que se las mira. Cree que un individuo no posee una personalidad definida, sino muchas, dependiendo de cómo es juzgado por los que entran en contacto con él. Sin fe en ninguno de los sistemas morales, políticos o religiosos establecidos, los personajes de este autor encuentran la realidad sólo por sí mismos.

Descubren que ellos mismos son fenómenos inestables e inexplicables. Pirandello expresó su profundo pesimismo y su pesar por la condición confusa y sufriente de la humanidad a través del humor, un humor macabro y desconcertante. La sonrisa que despierta Pirandello procede de lo embarazoso y de lo amargo que resulta reconocer los aspectos absurdos de la existencia.

“Seis personajes en busca de autor” lo consagra como uno de los mejores escritores y gracias a esta pieza de teatro es galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Su obra marcó una forma diferente de hacer teatro, respecto a los convencionalismos tradicionales. Pirandello le abrió las puertas a muchos otros autores que siguieron la línea existencialista como Anouilh, Sartre, Ionesco o Beckett.

En “Seis personajes en busca de autor”, el público es confrontado con la llegada inesperada de seis personajes durante los ensayos de una obra teatral que insisten en ser provistos de vida. Estos personajes piden que se les permita contar su propia historia. Pirandello describe cómo este concepto de contar la propia historia se le ocurrió en el prefacio de “El juego de los Roles”.

Es un intento inútil del que desistió después de darse cuenta que “ya he afligido a mis lectores con cientos y cientos de historias. ¿Por qué los debo afligir ahora narrando las tristes aventuras de estos seis infortunados?”. Los personajes, sin embargo, ya existentes en su mente, eran “criaturas de mi espíritu, estos seis estaban ya viviendo una vida que era de ellos y ya no mía, una vida que no estaba en mi poder negárselas”.

En el mundo de Gombrowicz, que tiene un parentesco innegable con el de Pirandello, recorremos el camino entre el pensamiento y la existencia de diferente manera. El abismo que existe entre la idea y la vida es el hueco que Gombrowicz utiliza para construir su visión del mundo. El conflicto más importante del hombre se produce dentro de nosotros mismos, entre dos aspiraciones fundamentales.

El deseo de la forma y la definición, y el rechazo de la forma. La humanidad siempre tiene que estar definiéndose y, al mismo tiempo, escabulléndose de sus propias definiciones. La realidad no puede ser abarcada tan sólo por la forma pues la forma no está acorde con la esencia de la vida. Pero el intento por definir la insuficiencia de la forma es un pensamiento que se convierte en forma y sólo confirma nuestra inclinación por ella.

Toda nuestra dialéctica se desarrolla sobre el fondo de un infinito que podemos denominar forma incompleta, una forma que no es ni oscuridad ni claridad, sino precisamente una mezcla de todo, fermento, desorden, impureza y azar. La costumbre de encontrarle parecidos a los productos que resultan de la actividad de escribir está muy difundida, agrupar a los hombres de letras en familias y en especies es el procedimiento científico por excelencia.

La ciencia trata de reducir la diversidad de los fenómenos a la mínima cantidad de elementos encontrándoles algún parecido: los átomos, el genoma... Algo muy distinto ocurre en el arte, cada creador quiere ser diferente, los hombres de letras se enfurruñan y se ponen a cacarear como gallinas cuando les encuentran algún parecido a sus creaciones o a sus personalidades.

La obra de Gombrowicz contiene, aunque de una manera traspuesta, su visión del mundo y del hombre, pero no sirve exclusivamente a estas dos deidades, si hubiera tenido que servirlas sólo a ellas habría escrito su obra de otra manera. “En mí, escribir supone sobre todo juego, no pongo en ello intención, ni plan ni objeto. He ahí por qué no resulta nada fácil extraer de mis obras un esquema ideológico (...)”

“Es un esquema, lo subrayo una vez más, a posteriori”. Gombrowicz se ocupa especialmente de destruir en sus obras el carácter, para él no existe el carácter, sólo para otra persona aparecemos como un carácter, como una sustancia psíquica. Pero Gombrowicz rechaza las sustancia en cualquiera de sus formas: el carácter, el temperamento o la naturaleza humana.

La herencia, la educación, el ambiente y la constitución fisiológica no son más que los grandes ídolos explicativos de nuestra época porque corresponden a una interpretación sustancialista del hombre. Gombrowicz no le tiene apego a las sustancias. Liquida la sustancia de los caracteres utilizando la forma y las palabras especialmente en “El casamiento”.

“Las palabras se alían traicioneramente a espaldas nuestras. Y no somos nosotros quienes decimos las palabras, son las palabras las que nos dicen a nosotros, y traicionan nuestro pensamiento que, a su vez, traiciona. Las palabras liberan en nosotros ciertos estados psíquicos, nos moldean... crean los vínculos reales entre nosotros”. Por este carácter traidor que tienen las palabras se filtran unos parentescos que Gombrowicz rechaza.

“Aún hoy en día sigo sin saber gran cosa de Ionesco y de Beckett porque confieso, tanto sin vanidad como sin rubor, que soy un autor de teatro que no asiste a representaciones desde hace veinticinco años y que, salvo de Shakespeare, no leo teatro. Me gustaría saber hasta cuándo esos dos nombres malditos devorarán toda la sustancia de las críticas dedicadas al teatro que escribo (...)”

“Hasta cuando han de servir de pantalla a mi modesto teatro de aficionado. Que no es teatro del absurdo, sino teatro de ideas, con sus medios propios, sus propios objetivos, su clima particular y un mundo personal. No sitúo mis obras en relación con el teatro de Ionesco, son los críticos quienes las sitúan. Cuando se estrenaron en París ‘Ivona’ y ‘El casamiento’ se pudo leer que se trataba de ‘teatro del absurdo’ en la línea de Ionesco (...)”

“Pero ‘Ivona’ es de 1936 y ‘El casamiento’ de 1946, cuando nadie había hablado todavía de Ionesco. Además, mi teatro no es absurdo”. Un gombrowiczida muy connotado que pasa buena parte de su tiempo buscando parentescos entre los escritores es el Orate Blaguer. En “Bartleby y compañía” ejercitó esta habilidad que en sus manos se convierte en una verdadera maestría.

Así como nuestro Cortázar inventó lo cronopios, un término que llegó a convertirse en una especie de tratamiento honorífico, el Orate Blaguer inventó los bartlebys, vocablo con el que designa a los escritores malogrados que sea por la razón que fuere renuncian a seguir escribiendo. Hay quienes han encontrado parecidos entre Gombrowicz y el creador de la inmortal “Moby Dick”.

Esta narración es una alegoría sobre la naturaleza de dos males en pugna, el de una ballena que ataca y destruye todo lo que se le pone en el camino, y la maldad absurda y obstinada del capitán Ahab, que sostiene una venganza personal y arrastra a una muerte inútil a muchos inocentes. Sin embargo, el parecido más fuerte de Gombrowicz con Melville se lo encuentran en “Bartleby, el escribiente”.

Esta obra es uno de los más célebres relatos breves de la literatura universal. Ha sido considerado un relato precursor del existencialismo y de la literatura del absurdo. Bartleby anticipa algunos temas comunes en obras de Kafka, como “El proceso” o “Un artista del hambre”, aunque es improbable que el autor de “La metamorfosis” conociera el relato de Melville.

El Asiriobabilónico Metafísico, tan poco propenso a admirar a los hombres de letras, adoraba a este relato breve, porque según su idea Melville parece querer dar a entender aquí que si un solo hombre es irracional, es suficiente para que el universo completo sea también irracional. Gombrowicz y Melville son unos navegantes aventureros que recorren el mundo para encontrarse a sí mismos.

Pero mientras el polaco sólo emprende aventuras interiores a bordo de embarcaciones en “Aventuras” y “Acerca de lo que ocurrió a bordo de la goleta Banbury”, el americano las emprende a bordo de buques reales que lo llevan hasta los Mares del Sur y a vivir durante un tiempo entre caníbales. Gombrowicz rechaza el parecido que le encuentran con el teatro Ionesco pero le hubiese gustado que se lo encontraran con el teatro de Shakespeare.

Eugene Ionesco fue uno de los autores teatrales más emblemáticos del siglo XX, mordaz y sobre todo dotado de un gran sentido del humor, sus obras reflejan su punto de vista pesimista respecto a la condición humana, nuestra incapacidad para entendernos unos a otros y lo ridículo de la existencia. Principal exponente del teatro del absurdo, creó situaciones escénicas sin lógica.

En estas escenas utilizaba un lenguaje sin sentido alguno con el fin de resaltar el aislamiento y la extrañeza que sienten los seres humanos. Su éxito se basa en haber extendido sus técnicas dramáticas surrealistas a un público, el teatral, habituado al realismo. Su primera obra de teatro, “La cantante calva”, causó un tremendo escándalo, pero su inteligencia, novedad y ruptura con la lógica lo llevan a la fama, fama que no lo abandonaría en sus posteriores obras.

Fue, junto al irlandés Samuel Beckett, el padre del teatro del absurdo, mediante el cual, según el mismo lo dice, hace “de un texto burlesco, un juego dramático; y de un texto dramático un juego burlesco”, una técnica que en parte utiliza Gombrowicz en “El casamiento”. Sus obras teatrales describen la ridícula y fútil existencia humana en un universo totalmente impredecible.

En este universo, debido a sus innatas limitaciones, las personas son incapaces de comunicarse unas con otras. Su pesimismo forma parte de la base del teatro del absurdo, un movimiento teatral que se lamenta de la falta de sentido de la condición humana. A pesar de las serias intenciones de Ionesco, sus obras rezuman humor y son ricas en situaciones verdaderamente cómicas.

“La cantante calva” es una sátira que exagera algunos aspectos de la vida cotidiana con el fin de demostrar la falta de sentido del personaje. Los protagonistas forman un gran galimatías al hablar y se muestran incapaces de comunicarse unos con otros. En “El rinoceronte”, la obra más conocida de Ionesco, los habitantes de una pequeña ciudad se transforman en rinocerontes.

El personaje principal, prototipo del hombre normal al comienzo de la obra, va siendo apartado de la vida de la pequeña sociedad de su ciudad a medida que lucha contra el conformismo de sus habitantes. Si bien lo “de un texto burlesco, un juego dramático, y de un texto dramático un juego burlesco” de Ionesco tiene alguna semejanza con la forma en que Gombrowicz utiliza las palabras en “El casamiento”, es evidente que Gombrowicz quería estar cerca de Shakespeare y no de Ionesco.

El inglés dramatizó como ningún otro el desarrollo de los sentimientos y de las pasiones humanas y no deja de ser una paradoja que Gombrowicz lo haya tomado como ejemplo. Para Shakespeare los sentimientos eran la materia prima de todo lo que existe en el mundo y para Gombrowicz los sentimientos eran una afección que había que evitar en el arte y también en la vida.

Gombrowicz trató a los sentimientos como costumbres agonizantes y esclerosadas de las que se habían escapado sus contenidos vivos quedándose nada más que con la rigidez de las formas puras. Empezó “El casamiento” en medio de la guerra con el propósito de escribir la parodia de un drama genial al estilo de Shakespeare. Se propuso mostrar a la humanidad en su paso de la iglesia de Dios a la iglesia de los hombres.

Sin embargo esta idea no le apareció al comienzo de la obra, en la mitad del segundo acto Gombrowicz todavía no sabía bien qué es lo que quería. “El casamiento” representa la teatralidad de la existencia, una realidad creada a través de la forma que se vuelve contra Henryk y lo destruye. En esta obra Gombrowicz le abre la puerta a sus percepciones proféticas.

Es el sueño sobre una ceremonia religiosa y metafísica que se celebra en un futuro trágico en el que el hombre advierte con horror que se está formando a sí mismo de un modo imprevisible como un acorde disonante entre el individuo y la forma. Los parentescos que le encontraban con otros autores le ponían la piel de gallina, al punto que Gombrowicz se ve obligado a ajustar las cuentas en “Transatlántico”.

La primera consecuencia de su presentación en la embajada fue que lo invitaron a una recepción en la casa de un pintor a la que iban a asistir los escritores y artistas locales. Tenía una gran seguridad en su maestría y sabía que como maestro lograría superar y dominar a todos los demás. Cuando llegó sus compatriotas lo glorificaron, el consejero lo presentaba y ensalzaba como el gran maestro y genio polaco Gombrowicz.

Pero nadie le llevaba el apunte, entonces lo empezó a tratar de comemierda y le exigió que hiciera algo para no avergonzarlos. Entró un hombre vestido de negro, una persona muy importante, un gran escritor, un maestro. Llevaba en los bolsillos una cantidad inconcebible de papeles que perdía a cada momento, y debajo del brazo algunos libros, se volvía a cada rato inteligentemente inteligente.

Los compatriotas de Gombrowicz lo empezaron a azuzar para que mordiera al hombre de negro, que si no lo hacía lo iban a tratar de comemierda y a morder. Entonces Gombrowicz le dijo a la persona más cercana en voz bastante alta. “No me gusta la mantequilla demasiado mantecosa, ni los fideos demasiado fideosos, ni la sémola demasiado semolosa, ni los cereales demasiado cerealientos”.

El hombre de negro le respondió que la idea era interesante pero no nueva, que ya Sartorio la había expresado en sus “Eglogas”, y cuando Gombrowicz le manifestó que no le importaba un comino lo que decía Sartorio sino lo que decía él, el que hablaba, el gran escritor le contestó que la idea no era mala pero que existía un problema, ya había dicho algo parecido Madame de Lespinnase en sus “Cartas”.

Gombrowicz perdió el aliento, aquel canalla lo había dejado sin palabras, entonces empezó a caminar y a caminar, y cada vez caminaba con más furia, sus compatriotas estaban rojos de vergüenza y los demás de ira.



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