lunes, 13 de julio de 2009

WITOLD GOMBROWICZ Y ALAIN ROBBE-GRILLET


JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ Y ALAIN ROBBE-GRILLET

“Cuando me pongo a contar cosas en mis libros, busco los efectos más elementales, cuento sin preocuparme de si estoy en el estructuralismo o en el nouveau roman, o donde quiera que sea, pero explico las cosas casi en una entera libertad interior. Y esa libertad interior es, para mí, lo más importante”
Algunos de los hombres de letras de este club de gombrowiczidas han sido o son maestros o alumnos de los talleres de literatura. En cierta ocasión lo invitaron a Gombrowicz a dar una charla en Berlín en unos de estos talleres, que en Alemania llevan un nombre más rimbombante, Literarische Colloquium. Los jóvenes escritores estudiaban allí la técnica de la composición, la expresión artística, los métodos de descripción y algunas cosas más.

Gombrowicz empezó la disertación diciéndoles que si querían ser escritores debían huir de allí rápidamente por las puertas y las ventanas, y que no se dejaran seducir por Robbe-Grillet y por Butor (otro de los invitados de la Fundación Ford) con las maravillas del nouveau roman français o con cualquier otra teoría. Los estudiantes recibieron esos consejos con gran satisfacción y alegría. Estaban metidos hasta las cejas en disciplinas que hasta ese momento habían estado reservadas a la libertad humana, pero Gombrowicz sentía en su risa liberadora que eran sus aliados. Gombrowicz se siente un poco por debajo de Alain Robbe-Grillet en el año 1962.
“Madariaga, Silone, Weidlé, Dos Passos, Spencer, Butor, Robbe-Grillet..., todos ellos han venido a Buenos Aires invitados por el Pen Club local”

A pesar de que Gombrowicz ya había sido reconocido por París, Roma, Berlín y Londres, el cuadrilátero de la cultura, y Europa empezaba a considerarlo como uno de los fenómenos más singulares e importantes de la literatura moderna, el Pen Club local no lo invitó al congreso de literatura que se celebraba en Buenos Aires.
Pasan cinco años y otra vez Gombrowicz se compara con Robbe-Grillet, pero en el año 1967 se siente por encima.
“Aquí llegan el duque Hamilton Douglas, Kot Jelenski, Dominique de Roux para hacer consejo de guerra”
Este juego de aliados le ayudaba a presentarle batalla a Sarraute, Leduc, Sartre, Grillet, Guimaraes Rosa, Fuentes, Carpentier y Cortázar, los otros candidatos al Premio Internacional de la Literatura. El triunfo fue para Gombrowicz, le premiaran el “Cosmos”.

Alain Robbe-Grillet fue el principal teórico y animador del movimiento literario llamado nouveau roman; el nouveau roman se caracteriza por un grado de objetividad llevado al punto en el que el autor no interviene con las situaciones o los personajes y muchas veces los personajes son solo espectadores de un mundo de objetos que parecen cobrar el principal valor de las obras.
“Los objetos no están en la nouveau roman para describir al sujeto, ya no son de propiedad humana. Están en sí, privados de significación. Son extraños, no por raros sino por ajenos, y shockean al lector (...) En mi arte no hay un mundo hecho y coherente, externo, referido por la historia, sino una historia que está dentro del libro, y sólo adentro (...)”

“Marienbad comparte eso. Es una construcción pura, un objeto sin referencias a ningún dato del exterior. La vida de los personajes simplemente empieza con el film, para terminar 93 minutos más tarde (...) Estábamos de moda en los diarios y revistas, donde se explicaba que no se nos podía leer, que éramos ilegibles. Fuimos verdaderamente célebres sin tener ningún lector (...) Si quieren estar tranquilos y con las cosas claras, lean a Balzac”
Gombrowicz no se ocupa directamente de Robbe-Grillet, se ocupa de un modo más general de los puntos de vista del objetivismo y del subjetivismo. El hecho de hacernos el centro del mundo choca de manera evidente con el objetivismo que reconoce mundos y puntos de vista ajenos.

La contradicción entre el subjetivismo y el objetivismo es fundamental. La relación entre el sujeto y objeto, es decir, entre la conciencia y el objeto de la conciencia, es el punto de partida del pensamiento filosófico moderno. A juicio de Gombrowicz, Platón y Aristóteles debutan con el pensamiento subjetivo y objetivo. El pensamiento objetivo llega hasta nuestros días en la forma de marxismo y de catolicismo.
Es Sartre el que se pregunta si existen los otros aparte de uno mismo. Es una cuestión realmente insólita porque la existencia de los otros es la más evidente y la más tangible de las realidades. Pero para Sartre la existencia del otro es inaceptable, y en esto poco importa su marxismo, pues el hombre es una conciencia pura; si admitiera que el otro es también una conciencia, esa conciencia lo convertiría en objeto.

Gombrowicz tiene la costumbre de liquidar las relaciones de Sartre con el marxismo de una manera rápida, pero en cuanto a la subjetividad y a la objetividad se refiere el asunto no es tan sencillo. “Crítica de la razón dialéctica” es una obra abstracta y difícil de leer, es un intento de clarificación de las relaciones entre el existencialismo y el marxismo, y yo quería que Gombrowicz me ayudara a pensar en este asunto porque las idas y vueltas de Sartre con el comunismo no tenían fin.
La cuestión es que en este libro Sartre designa al marxismo como la filosofía insuperable de nuestro tiempo, y que lo seguirá siendo hasta que la situación histórica y económica que expresa haya sido superada. Pero si el marxismo es la filosofía insuperable de nuestro tiempo, ¿cuál es, entonces, la razón de ser del existencialismo de Sartre?

Para los filósofos comunistas el existencialismo traduce la decadencia burguesa en un escape de lo real, en el aislamiento del individuo, en la afirmación de la autonomía absoluta del ego y de su superioridad al mundo. Sartre, en cambio, está convencido de que el marxismo ofrece la única interpretación válida de la historia, pero que su existencialismo es el único camino que conduce a la realidad concreta. Sobre esta base le hace al comunismo la acusación de que hay dos maneras de caer en el idealismo: una consiste en disolver lo real en la subjetividad; la otra, en negar toda subjetividad real en beneficio de la objetividad. Ambos se acusan de idealismo, pero Sartre acepta sin restricciones el materialismo histórico, es decir, que el modo de producción de la vida material domina, en general, el desarrollo de la vida social, política e intelectual.

El salto del reino de la necesidad a un reino de la libertad, que Marx y Engels anunciaron como un ideal futuro, marcará, según Sartre, el fin del marxismo y el principio de una filosofía de la libertad. Pero este futuro está lejano y, mientras tanto, el marxismo, para no degenerar en una antropología inhumana, debe ser complementado por el existencialismo sartriano, que le proporciona su fundamento subjetivo, humano y existencial.
“A los ignorantes, para quienes la filosofía es un cúmulo de desatinos, porque no entienden nada, me permito llamar su atención diciéndoles que es sobre una contradicción análoga que los físicos se rompen la cabeza (teoría ondulatoria y corpuscular de la luz, concepción dual del electrón, continuum de Einstein y teoría de Planck)”

Gombrowicz tiene la costumbre de volver dramáticas las contradicciones entre los corpúsculos y las ondas, pero el asunto no es tan trágico como le parece a él, todo depende del aparato con el que se observe el fenómeno. Tampoco es cierta la creencia de que la física es tan solo un conocimiento objetivo, si bien es cierto que sus objetos son muy distintos de aquellos de los que se ocupan Gombrowicz y Sartre..
Sir Arthur Eddington, el inglés que tuvo la ocurrencia de contar el número de partículas que tiene el universo, piensa que una cosa es, para la mente humana, obtener, estudiando los fenómenos naturales, las leyes que la mente misma ha colocado ahí, y puede ser otra cosa mucho más difícil encontrar leyes sobre las que no se tiene ningún control, y hasta es posible que las leyes que no tiene su origen en la mente sean irracionales, y puede ser que no podamos nunca llegar a formularlas.

Y llevado por las alas del subjetivismo Gombrowicz se refiere seguidamente a la intencionalidad de la conciencia, pues la conciencia es siempre conciencia de algo, y entre la conciencia y ese algo hay siempre una contradicción que nos impide aprehender la esencia de lo humano.
“Así se presenta a grandes rasgos el problema del subjetivismo, que para muchas cabezas huecas no es más que una contemplación egoísta del propio ombligo y un conjunto de turbiedades”
La batalla contra el marxismo es la batalla entre el subjetivismo y el objetivismo, puesto que el marxismo quiere ser una ciencia. Pero ni la ciencia es tan objetiva, ni el marxismo es tan científico.

Después de Kant el objetivismo recibió una paliza terrible, y todavía no ha logrado recuperarse. Una cosa en la que sí están de acuerdo Gombrowicz y Sartre es en que ambos desprecian a la ciencia, aunque Sartre la desprecia un poco más. Quien sí se ocupa directamente de Robbe-Grillet es el Pterodáctilo, al que atribuye un papel bastante modesto.
“El auténtico arte de la rebelión contra esta cultura moribunda no puede ser ninguna clase de objetivismo sino un arte integralista que permita describir la totalidad sujeto-objeto, la profunda e inextrincable relación que existe entre el yo y el mundo, entre la conciencia y el universo de las cosas y de los hombres. Desde esta perspectiva, la novela preconizada por Robbe-Grillet no representa el porvenir, como ingenuamente supone su inventor, sino la reducción al absurdo de una mentalidad en liquidación, aunque luche por liberarse reaccionando contra una de sus manifestaciones más precarias: el análisis psicológico. Sólo en esa medida y en ese sentido puede considerarse como copartícipe del vasto movimiento que ha de superar el fetichismo científico. Participación bastante modesta, por cierto”



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