domingo, 26 de julio de 2009

GOMBROWICZIDAS: WITOLD GOMBROWICZ Y JOSEPH CONRAD


JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ Y JOSEPH CONRAD


“¿De quién se está hablando? ¿A quién debemos comprender bajo la definición de escritor en el exilio? Adam Mickiewicz escribía libros y también los escribe el señor X, cómo no, un señor que escribe textos absolutamente correctos y hasta bastante leídos, ambos son escritores y escritores en el exilio... pero aquí acaba el parentesco entre ellos. ¿Rimbaud? ¿Norwid? ¿Kafka? ¿Slowacki?... hay distintos tipos de exilio (...)”
“Supongo que ninguno de ellos se horrorizaría demasiado con la visión de esta clase de infierno. Es desagradable no tener lectores, muy desagradable no poder editar las propias obras, no es nada divertido ser desconocido, resulta fastidioso verse privado de la ayuda de ese mecanismo que empuja hacia arriba, hace propaganda y organiza la fama..., pero el arte está cargado de soledad y autosuficiencia, encuentra su satisfacción y su razón de ser en sí mismo (...)”

“¿La Patria? Pero si cada uno de los hombres célebres, precisamente a causa de su celebridad, ha sido extranjero hasta en su propia casa. ¿Los lectores? Pero si ellos jamás han escrito para los lectores, sino siempre contra los lectores. Homenajes, éxito, renombre, fama: pero si precisamente se hicieron famosos porque se valoraban más a sí mismos que a su éxito (...)”
“Y todo lo que en cada uno de los literatos, incluso los de menor calibre, hay de Kafka, de Conrad o de Mickiewicz, lo que es verdadero talento y verdadera superioridad o madurez, de ninguna manera cabrá en los sótanos del exilio”
Joseph Conrad, novelista británico de origen polaco, es uno de los grandes escritores modernos en lengua inglesa, cuya obra explora la vulnerabilidad y la inestabilidad moral del ser humano.

Abandonó la Polonia ocupada por los rusos y se trasladó a Marsella. Desde ese puerto partió en navegaciones de barcos mercantes franceses, luchó en España en las guerras carlistas y vivió una historia de amor que lo llevó al borde del suicidio. Posteriormente se puso al servicio de la Marina mercante inglesa y obtuvo la nacionalidad británica. Además del esfuerzo de escribir, sobrellevó el sufrimiento que le producía la gota, así como la parálisis de su mujer y los exiguos ingresos que obtenía de su trabajo.
La vida en el mar y en puertos extranjeros constituye el telón de fondo de casi todos sus relatos, pero su obsesión fundamental fue la condición humana y la lucha del individuo entre el bien y el mal. Una de las novelas más conocidas de Conrad es “Lord Jim”, en la que explora el concepto del honor a través de las acciones y sentimientos de un hombre que se pasa la vida intentando expiar su cobardía durante un naufragio ocurrido en su juventud.

“¡El horror! ¡El horror”, la última exclamación de Kurtz en “El corazón de las tinieblas”, es un descenso a los infiernos en el viaje de Marlow, pero también una crítica despiadada al imperialismo occidental y una investigación acerca de la locura. Su obra explora la vulnerabilidad y la inestabilidad moral del ser humano, y sus personajes son hombres con categoría de héroes que se enfrentan a su condición y límites humanos, desafiando el mal o la corrupción, en su búsqueda de ideales supremos.
Joseph Conrad constituye uno de los casos extremos del exilio polaco, no sólo se exilió de Polonia sino también del idioma polaco. Gombrowicz lo distingue como a un escritor excepcional que enfrenta penurias extremas. El Asiriobabilónico Metafísico hizo declaraciones desdeñosas sobre Gombrowicz y Conrad.

“Cuando fui a París los periodistas me preguntaban si conocía a Gombrowicz, yo les respondía, 'debo reconocer mi ignorancia, no lo he leído'. Empecé a leer 'Ferdydurke', pero al cabo de diez minutos de lectura me sentí con ganas de leer otros libros. Quizás lo mejor de la literatura moderna sea eso que –por virtud o por carencia– nos lleva a querer leer a los clásicos: les debo a algunos libros modernos el haber leído tantas veces a Virgilio (...)”
“!Qué raro es el caso de Polonia!, ¿no? Ha dado escritores famosos a otros países, como Conrad a la literatura inglesa. Conrad en realidad era polaco. Debe ser que los polacos desconfían del destino de su lengua. Ahora, esto es peligroso, ¿no? Si recordamos, por ejemplo, el caso de Bacon que por desconfiar del destino del inglés –él solía decir 'nuestras lenguas son perecederas'– escribió toda su obra en latín”

Los escritos del Vate Marxista sobre Gombrowicz y Conrad son más constructivos que los del Asiriobabilónico metafísico.
“¿Y qué hubiera pasado si Gombrowicz hubiera escrito ‘Transatlántico’ en español? Quiero decir ¿qué hubiera pasado si Gombrowicz se hubiera hecho el Conrad? (un polaco que, como todos sabemos, cambió de lengua y ayudó a definir el inglés literario moderno) (...)”
“Podemos sospechar los efectos del español de Gombrowicz en la literatura argentina. Uno piensa inmediatamente en Roberto Arlt. Alguien que quiso denigrarlo dijo que Arlt hablaba el lunfardo con acento extranjero. Esa es una excelente definición del efecto que produce su estilo (...)”

“Y sirve también para imaginar lo que pudo haber sido el español de Gombrowicz: esa mezcla rara de formas populares y acento eslavo. Vivir en otra lengua, se ha dicho, es la experiencia de la novela moderna: Conrad, claro, o Jerzy Kosinski, pero también Nabokov, Beckett o Isak Dinesen. El polaco era una lengua que Gombrowicz usaba casi exclusivamente en la escritura, como si fuera un idiolecto, una lengua privada. Por eso ‘Transatlántico’, primera novela que escribe en el exilio, quince años después de Ferdydurke, establece un pacto extremo con la lengua perdida”
Al final de la historia argentina se produce el segundo destierro de Gombrowicz, en 1939 se había desterrado de Polonia a bordo del Chrobry y en 1963, veinticuatro años después, se estaba desterrando de la Argentina otra vez a bordo del Federico Costa.

Se fue a Berlín invitado por la Fundación Ford a pasar un año en esa ciudad endemoniada donde se pergeñó buena parte de su ruina. ¿En qué pensó cuando le ofrecieron la beca?, es difícil responder esta pregunta pero más que pensamientos debieron ser impulsos obscuros los que lo pusieron en movimiento. No tuvo oportunidades de regresar a Polonia después de su viaje providencial a la Argentina, primero los alemanes y después los comunistas le cortaron el paso.
El arte en general, y no sólo el del exilio, está en estrecha relación con la descomposición y la enfermedad a las que transforma en salud. Un artista en el exilio es un ambicioso, un derrotado agresivo y asimismo un conquistador, pero eso también lo son los artistas que se quedan en casa.

El arte es un cementerio, de cada mil personas apenas una o dos consigue existir de verdad, el resto no logra realizarse y se queda en la esfera de la dolorosa insuficiencia. La suciedad que proviene de estas ambiciones insatisfechas no tiene tanto que ver entonces con el destierro sino más bien con la naturaleza misma del arte.
Son elementos característicos de cualquier café literario, y en realidad es indiferente en qué lugar del mundo se atormentan los escritores que no son bastante escritores para ser escritores de verdad. Quizá sea más sano que estos escritores se vean privados de los mimos y de las contemplaciones que les hacían en el propio país. No hay nada de extraño en que unas criaturas de invernadero tan cuidadas en el seno de la nación se marchiten fuere de ese seno.

El escritor que se muere separado de su sociedad jamás ha existido verdaderamente, es un embrión de escritor. En muchos momentos de la historia ocurre que lo mejor de un país es expulsado al extranjero. Gombrowicz piensa que la ventaja consiste en que se abre una posibilidad de pensar el país desde el lado de afuera. En el caos general de la nueva tierra se relajan las formas reinantes en la conciencia y se puede encarar el futuro de un modo más libre.
Pero este exceso de libertad es, paradójicamente, lo que más ata al escritor. Se siente amenazado por la inmensidad del mundo y el carácter definitivo de sus problemas, entonces se agarra al pasado, es decir, a sí mismo, porque tiene terror a que todo se le desarme, y finalmente se toma de la única esperanza que le queda, la de recuperar la patria.

Para recuperar la patria debe resignar su propio yo, no sabe ser escritor sin patria, pero al resignar su propio yo para recuperar la patria deja de ser escritor, escritor en serio. El artista en el exilio no sólo vive fuera de la nación, también vive fuera de su elite, tiene que enfrentar personalmente la presión de un vida brutal e inmadura. Algunos son empujados por esta razón a una trivialidad democrática, otros a un vulgar realismo, y otros más al aislamiento.
El escritor debe encontrar una forma de sentirse otra vez superior para recuperar su valor. No es extraño que en estas condicione el escritor esté paralizado por la inmensidad y por su propia debilidad, que esconda la cabeza y fabrique una parodia del pasado, que huya del mundo para ir a parar a su pequeño mundillo.

“Y, sin embargo, tarde o temprano nuestro pensamiento tiene que labrarse las vías de salida del impasse. Nuestros problemas darán con la gente adecuada. En este momento no se trata de la creación misma, sino de la recuperación de la capacidad de crear. Debemos crear esa porción de libertad, valor y decisión, y hasta diría irresponsabilidad, sin la cual la creación es imposible. Debemos simplemente familiarizarnos con la nueva escala de nuestra existencia. Tendremos que tratar con sangre fría y sin miramientos nuestros sentimientos más queridos para llegar a unos valores nuevos. En el momento en que nos pongamos a formar el mundo desde el lugar en el que nos encontramos y con los medios de que dispongamos, la inmensidad menguará, la infinitud tomará una forma y comenzarán a bajar las turbulentas aguas del caos”


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