viernes, 15 de mayo de 2009

GOMBROWICZIDAS: WITOLD MALCUZYNSKI

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GOMBROWICZIDAS

WITOLD MALCUZYNSKI
por Juan Carlos Gómez

Tanto a los polacos como a los argentinos nos resultaba difícil entender el porqué de las manías de Gombrowicz que lo privaban de naturalidad en el comportamiento, no era comprensible cómo coexistían en él una cultura sobresaliente y una falta total de mundología. Estas dificultades se le manifestaban especialmente en las relaciones con los miembros de su clase social y con sus colegas escritores. Por su manera de ser se le presentaban grandes inconvenientes cuando trataba a personas de un rango social más elevado, se sentía cómodo sólo con aquellos a quienes conseguía imponer su forma. La aristocracia tenía su propio estilo, definido, banal e impersonal, y como no podía modificarlo tenía que someterse.
En los cafés de Varsovia no se sentaba a la mesa de los grandes apellidos de los hombres de letras.

Se comportaba como un profeta y como un payaso, pero sólo con seres iguales a él. A los honorables no le podía imponer su estilo, entonces prefería no tratarlos, él se aburría con ellos y ellos se aburrían con él.
En fin, tanto en los asuntos de su clase social como en los del mundo literario las dificultades de Gombrowicz tenía mucho que ver con el que a ver quién es el que domina a quién. Sin embargo, Gombrowicz metía la nariz en la flor y nata de la sociedad a la cual pertenecía, y en la crema de los artistas.
Hay que decir también que las tradiciones de la generación de literatos gentleman anterior a Gombrowicz estaban muy arraigadas en él. Señores bien educados y de aspecto refinado, por lo tanto contemplaba sin admiración a los hombres de letras calzados con zapatos gastados y sin modales. Esta actitud la fue cambiando con el tiempo.

Como expresión del hombre le reservó siempre un lugar especial a la música y a los sueños. La música rehumaniza la descomposición formal con mayor fuerza que la literatura y por eso su efecto es más poderoso que el del resto de las artes. Su crítica a la música se refiere más bien a sus manifestaciones sociales, a la mistificación y a la falsedad que rodean a las representaciones en los teatros de ópera y de conciertos, al valor derivado e inauténtico de los ejecutantes y de los directores, y no a la música misma.
Después de su ocupación habitual que era la literatura, las pasiones predominantes de Gombrowicz eran la filosofía y la música. Poco después de despacharlo a Milosz en las primeras páginas del "Diario" se ocupa de un concierto en el Teatro Colón, es el primer escenario de la Argentina que aparece en los diarios.

Un pianista alemán galopaba acompañado por la orquesta, termina de galopar, lo aplauden y el jinete baja del caballo, hace reverencias secándose la frente con un pañuelo.
"A la vista de tantos solícitos homenajes podía parecer que no habría una mayor diferencia entre su fama y la de Brahms, su nombre también estaba en los labios de todos y era un artista igual que él... Y sin embargo... sin embargo... ¿era famoso como Beethoven o como las hojitas de afeitar de Gillet? ¡Qué diferente es la fama por la que se paga de la fama con la que se gana! Pero él era demasiado débil para oponerse al mecanismo que lo ensalzaba, no había que esperar resistencia de su parte. Bailaba al son que le tocaban. Y tocaba para el baile de quienes bailaban a su alrededor"

Las características sociales de la música tienen representaciones que se manifiestan en grandes cantidades: orquestas, salas, virtuosos, viajes, academias, festivales, concursos, técnicos, teóricos, ingenieros, creadores y críticos, se cuentan de a miles."¡Qué ridículo! ¡Qué vergüenza tan grande! ¡Mujer! Si supieras qué monstruosidades provocas reproduciéndote, ¡serías más prudente en la cama!"
El escándalo causado por la cantidad no sólo alcanza a los virtuosos y a las orquestas sino también a los creadores.
"No te has limitado, mujer, a engendrar oyentes. ¡Has engendrado creadores!"
En la variedad de temas que Gombrowicz aborda en los diarios está incluida su sabiduría filosófico musical, pero su obra artística no la incluye, por lo menos a primera vista.

Hay que decir no obstante que las estructuras musicales y el pensamiento fundamental están presentes en el momento de la creación, pero Gombrowicz se ocupa de cubrir su presencia con el lenguaje.
A veces utiliza el sistema de la grilla que se aplica sobre un texto legible para hacer surgir un código, otras el método del pintor que primero hace un cuadro realista y después oculta su legibilidad, y también el procedimiento que utilizan los animales para ocultar sus excrementos.
En la música que escuchaba Gombrowicz no parece razonable investigar cuál era la referencia al mundo de esas melodías y armonías, como lo es en la pintura y la literatura.

Todos los acontecimientos posibles de la vida se realizan en ella, sin embargo, no puede encontrase parecido entre la música y las cosas que pasan por nuestra mente cuando la escuchamos, es expresiva y elocuente pero no describe nada al margen de ella misma. El hombre encuentra en la música su más auténtica y completa expresión artística, su lado íntimo y del mundo en general. El verdadero carácter de la melodía refleja la naturaleza eterna de la vida humana, que desea, se satisface, y desea otra vez.
Teníamos absolutamente prohibido tararear, canturrear o silbar mientras escuchábamos música junto a Gombrowicz. Él, en cambio, se permitía algunas cosas: hacía unas muecas espantosas con la boca, levantaba los codos con los brazos flexionados y las manos crispadas, siguiendo los compases de la música, aleteando como un pájaro herido que no puede levantar vuelo.

A veces dejaba escapar unos chirridos muy desagradable entre los dientes. Había muchas protestas: –Vean, yo sigo la línea fundamental, como los grandes directores, los detalles no me preocupan.
Aunque Gombrowicz no era alcohólico participaba de algunas borracheras artísticas, no le quedaba más remedio, a los polacos les gusta mucho el trago. Tomando vodka calman sus contratiempos históricos y personales, además de combatir las inclemencias del tiempo. Se ha llegado a decir de los escritores polacos que es más fácil imaginárselos sin pluma que sin una copa en la mano. Era muy amigo de Witold Malcuzynski, el último de los pianistas románticos, con el que tomaba copas después de los conciertos. Malcuzynski bebía mucho después de sus interpretaciones, le temía al público y de esta manera se relajaba.

En una oportunidad se le fue la mano y le echó tanto vodka al cuerpo que se puso blanco como un papel, se fue tambaleando al baño mientras Colette y Gombrowicz con malos presentimientos corrían detrás de él. Cuando la novia de Malcuzynski entró al baño de hombres estaba repleto de gente. Cundió el pánico, la aparición de un león no hubiera provocado un sálvese quien pueda tan general, todo el mundo huía abrochándose lo que tenía que abrocharse.
El estilo de Witod Malcuzynski, lleno de virtuosismo y fuerza pero a la vez de vitalidad y romanticismo, fascinó al mundo entero y le hizo ser calificado como el último romántico del piano.
En el año 1937 Malcuzynski ganó el premio de la "Chopin International Piano Competition" que se celebraba en Varsovia., obteniendo además una gratificación inesperada: entre los participantes conoció a una joven pianista francesa que se llamaba Colette Gaveau, ambos se enamoraron casi a primera vista, contrajeron matrimonio al año siguiente y se radicaron en París.




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