jueves, 28 de abril de 2011

WITOLD GOMBROWICZ Y EL CULO DE LAS HORMIGAS

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JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS



WITOLD GOMBROWICZ Y EL CULO DE LAS HORMIGAS



Hace unos días me puse a contar y las cuentas me salieron mal. Escribí sobre los cuatro sitios en la web que tiene Gombrowicz y me olvidé del quinto, Letras Uruguay, cuyo curador oficial es Poncio Pilatos. Gombrowicz tenía con el Uruguay una relación ambivalente. “No saben que soy en cierto modo un especialista en su mayor problema, la inmadurez (...)”
“Resulta paradójico que en América del Sur, Borges, abstracto y exótico, desligado de sus problemas, esté en el pináculo de la gloria, mientras que yo sólo tenga un puñado de lectores. A bordo del barco General Artigas camino de Montevideo. Noche. Tempestad. Un cura lee el periódico. Un niño llora. Unos camareros charlan en un rincón. El barco cruje. El viento arremete en los toldos de cubierta. Lasitud (...)”

“Llegamos a Montevideo, una ciudad limpia, con balcones estrafalarios y gente apacible, aquí todavía reina la antigua decencia erradicada ya de muchas otras regiones de América del Sur. Me inquieta un poco la falta total del ‘escalofrío metafísico' en la capital uruguaya. Montevideo es una ciudad donde ningún perro ha mordido jamás a nadie. No para de llover y el viento sopla en todas direcciones (...)”
“Yo americano, yo, argentino, caminando en las playas de Montevideo por la orilla del Océano Atlántico. Todavía soy polaco..., sí, ..., pero ya solamente por mi juventud, por la infancia, por esas fuerzas terribles que en aquel entonces me estaban formando, grávidas ya de todo lo que el futuro iba a traer. Allí, detrás de las playas de Montevideo, aparecen unas orgullosas elevaciones del terreno (...)”

“Son unas elevaciones surgidas por la magia del sol poniente, como la más noble filosofía y la más espléndida poesía. Con qué irrevocabilidad el hombre tiene que precipitarse desde las cumbres, ensuciar su nobleza, violar su verdad, destruir su dignidad, para que el espíritu individual experimente una vez más la esclavitud, se someta al rebaño, a la especie...”
Gombrowicz se había convertido ya en una función de las tierras americanas, la idea formada alrededor del Gombrowicz polaco se fue quedando en Polonia. “Allá, en Uruguay, se veía a un ricachón que se arrellanaba en un Cadillac mientras un obrero conducía una bicicleta, pero lo que había desaparecido era cierta pesadilla que me asaltaba en Polonia. (...)”

“Las campesinas descalzas, los muchachos de los suburbios tocados con sus eternas gorras de visera, los judíos con levitas y demás exotismos por el estilo”. Mis relaciones con Uruguay son más o menos tranquilas, sólo tuve un traspié con Poncio Pilatos por unos episodios de discriminación. Es muy difícil analizar a un hombre cuando se lo recorta de la totalidad de su humanidad.
Es por eso que el pensamiento se resbala con facilidad cuando hace indagaciones sobre una persona en términos de homosexual o de negro o de judío, abriéndole las puertas, la mayor parte de las veces, a los prejuicios y a la arbitrariedad, siendo la homosexualidad un virus que puede afectar tanto a los negros como a las judíos. La discriminación es una actitud que tiene alcances diferentes.

Los españoles, verbi gratia, se han especializado a través de los siglos en discriminar especialmente a los vascos, el mundo entero discrimina con fruición a los judíos y a los negros, y una región indeterminada del planeta discrimina cada vez con más culpa a los homosexuales. Yo mismo, hijo, nieto, bisnieto, tataranieto... de españoles hago discriminaciones con los vascos.
Sin embargo, a raíz de la aparición de “Witold Gombrowicz y Damián Ríos” y “Witold Gombrowicz, Washington Cucurto y Pablo Urbanyi” en Letras Uruguay, recibí acusaciones a través de esa revista de que también hago discriminaciones con los negros y con los boludos. El contratiempo que tuve con el Contrahecho fue posterior y más duro todavía.

El Negroide Piquetero se sintió aludido por su color y el Contrahecho se sintió aludido por ser imbécil. Pero volvamos a Uruguay. Gombrowicz me comentó que muchos de los numeritos que habíamos armado en Uruguay ejemplificaban adecuadamente el triunfo de la función sobre la idea. La relaciones entre la función y la idea son las riendas con las que sujeta al desbocado “Filifor forrado de niño”.
Este cuento muestra el talento que tiene Gombrowicz para componer estructuras lógicas con elementos absurdos. El aparato formal que había puesto en movimiento era, en buena parte, de su propia cosecha. Cuando le preguntaron qué significaba “Filifor forrado de niño” respondió que era una historia que convocaba a la lucha a dos partes antitéticas alrededor de un eje central, en la que triunfaba la función sobre la idea.

El príncipe de los sintéticos, el señor Filifor, doctor en sintesiología, era un hombre corpulento, de barba hirsuta y anteojos gruesos. Un fenómeno espiritual de tanta magnitud debía suscitar en la naturaleza, en acuerdo con el principio de acción y reacción, un fenómeno de igual magnitud y de sentido contrario: anti-Filifor, un eminente analista, doctor en análisis superior.
Era un hombre menudo y hosco cuya única misión era perseguir y humillar al magnífico Filifor. Se especializaba en la descomposición del individuo reduciéndolo a partes por medio de cálculos y papirotazos. Accediendo al llamado de su vocación obtuvo el título nobiliario de anti-Filifor del que estaba muy orgulloso. Cuando Filifor se enteró de que anti-Filifor lo estaba persiguiendo comenzó él también a perseguirlo.

Durante algún tiempo se persiguieron en vano pues el orgullo no les permitía admitir que eran perseguidos. El choque de ambos sabios se produjo por casualidad en el Hotel Bristol de Varsovia. Se encontraron en el restaurante del hotel en el que estaban también presentes la profesora Filifor, Flora Gente de Mesina, y dos doctores que procedieron a tomar notas por escrito.
Como un duelo preliminar de miradas no resultó favorable a ninguno de los dos contendientes, el profesor analítico le espetó al sintético la palabra ñoquis por considerarla esencialmente analítica, a lo que el sintesiólogo le respondió: –ñoqui. Ñoquis era analítico pues resultaba de una combinación de harina, huevos y agua, mientras que ñoqui era sintético porque representaba la unidad del ñoqui supremo.

La profesora Filifor muy entrada en carnes estaba sentada sin pronunciar palabra, de repente, el profesor anti-Filifor se planta ante ella murmurando en voz baja la palabra oreja, mientras estalla en una risa sarcástica. Filifor le ordena a su esposa que se cubra las orejas con el sombrero. Anti-Filifor, entonces, murmura para sí: –los dos orificios de la nariz.
Con este procedimiento desnuda los dos orificios de la nariz de la profesora en forma analítica e impúdica. Filifor amenaza con llamar a la policía pues la balanza se estaba inclinando de manera pronunciada en favor del profesor de análisis que acentuó su celebración. Anti-Filifor sigue murmurando: –los dedos de la mano, los cinco dedos de la mano.

La robustez de la profesora le impedía ocultar el hecho de los cinco dedos de la mano, los dedos estaban allí. Cuando se disponía a ponerse los guantes anti-Filifor le hace un análisis de orina ambulatorio y exclama victorioso: –un poco de leucocitos y albúmina, y acto seguido se retira rápidamente con su amante. El profesor Filifor con la ayuda de los dos doctores lleva a la profesora al hospital.
La descomposición de la señora Filifor era incontenible y perdía aceleradamente toda su contextura. Gemía: –pierna, yo oreja, pierna, mi oreja, cabeza... despidiéndose de aquellas partes del cuerpo que se comportaban de manera autónoma, era una personalidad en estado de agonía. Buscando intensamente medios para la salvación de su esposa Filifor pronunció inesperadamente la palabra bofetada.

Era una acción que le podía devolver el honor a la esposa y sintetizar los elementos dispersos. Sin embargo, la bofetada no llegó a su destino, anti-Filifor había previsto la maniobra y se había tatuado en las mejillas una viñeta con palomitas, la bofetada resultó ser algo así como un golpe dado contra el papel pintado. Los testigos le hacen ver al ofendido que no existe ofensa porque el analítico no tiene honor.
Filifor les responde que no tomará en cuenta entonces la ofensa pero que su esposa se está muriendo, así que no tiene más remedio que proceder sobre la cortesana. Si anti-Filifor analiza a su esposa él va a sintetizar a su amante. Decide actuar directamente sobre Flora Gente. La invita con una copa de Cinzano y de repente le espeta: –alma–, la mujer no le contesta; –yo; –¿usted?, son cinco zlotys.

Unidad superior, igualdad en la unidad. Cuando le leyó dos cantos del Dante, le pidió dos zlotys. Y así siguió estimulándola con recursos sintéticos, pero cuando quiso estimular su dignidad le pidió cincuenta zlotys: –las extravagancias hay que pagarlas viejito. Uno de los doctores le sugirió al profesor de la síntesis que quizá podría sintetizarla con el dinero.
Pero el dinero forma siempre una suma que nada tiene que ver con la unidad propiamente dicha. Filifor le da vueltas a la idea, no había caso, sólo el céntimo es indivisible, y un céntimo no puede impresionar a nadie. ¿Pero una suma inmensamente grande no la atolondraría? El filósofo de la síntesis completamente seguro de lo que hacía los invitó al restaurante Alcázar donde realizaría el experimento decisivo.

Filifor colocó un zloty sobre la mesa, nada. Recién después de haber colocado noventa y siete zlotys le aparecieron síntomas de extrañeza a Flora Gente, y a los ciento quince su mirada se empezó a sintetizar alrededor del dinero. A los cien mil zlotys Filifor jadeaba pesadamente, anti-Filifor empezaba a inquietarse y la cortesana alcanzaba cierta concentración.
La suma iba dejando de ser suma y se convertía en algo inabarcable haciendo estallar el cerebro por su enormidad. Cuando el sacerdote de la ciencia de sintetizar desembolsó todo lo que tenía y selló el montón, Flora Gente se levantó y en medio del llanto y la risa dijo: –señores, yo. Filifor profirió un tremendo grito de triunfo y anti-Filifor le pegó en la cara.

El golpe actuó como un rayo sintético arrancado de las entrañas analíticas. Los testigos se abocaron a preparar el duelo. Filifor no tenía ninguna duda, cualquiera fuera el que cayese muerto la síntesis saldría triunfadora porque la índole de la muerte es sintética, tendría una victoria más allá de la tumba. Debido a su exaltación invitó a ambas señoras al duelo en carácter de simples espectadoras.
Sin embargo, los doctores estaban inquietos, le temían a la simetría de la situación pues a cada movimiento de Filifor, que tenía la iniciativa, le correspondería un movimiento análogo de anti-Filifor. ¿Pero qué sucedería si anti-Filifor se apartara de esta simetría? Filifor apuntó al corazón, tiró y no dio en el blanco. Y ya en este primer movimiento anti-Filifor se aparta del eje que unía a los contendientes.

En vez de apuntar al corazón de Filifor apunta al dedo meñique de la profesora Filifor. El dedo meñique cayó cortado y los testigos profirieron un grito de admiración. Filifor, fascinado por el tiro del adversario apunta él también al dedo meñique de Flora Gente, que cae cortado. El tiroteo continuó en forma incesante, a su turno cayeron, después de los dedos, las orejas, las narices, los dientes...
Con el último tiro el maestro del análisis perfora la parte superior del pulmón derecho de la profesora Filifor, y con la réplica del maestro de la síntesis queda perforada la misma parte del pulmón de Flora Gente. Los testigos estallan y gritan con admiración, luego reinó el silencio. Ambos troncos murieron, cayeron al suelo, y ambos tiradores se miraron.

El análisis había vencido, pero de esta victoria no resultó nada, y si hubiera vencido la síntesis tampoco hubiera resultado nada. Los sabios abandonaron sus posiciones y tomaron distintos caminos ejercitando su puntería con piedras y escupitajos que arrojaban contra gorriones, árboles, gallinas, conejos, faroles, ventanas, sombreros, velas..., y así recorrieron el mundo.
Cuando alguien del mundo científico le recordaba a Filifor el pasado glorioso de aquellas luchas del espíritu contestaba con ensoñación que sí, que en el duelo se había disparado muy bien, y si alguno de los testigos le reprochaba que estaba hablando como un niño le respondía: “Todo está forrado de niñadas”. A decir verdad Gombrowicz se sentía amenazado por la desmesura polaca.

“En nuestro país la inteligencia, la sutileza, la razón, el talento, están indefensos ante toda clase de inferioridad proveniente de los bajos fondos de la sociedad, la miseria, las extravagancias, el salvajismo, las desviaciones y desenfrenos, el embrutecimiento y la brutalidad; por eso a quien llamamos intelectual ha estado siempre y sigue estando algo atemorizado... Lo único que quizás haya cambiado es que hoy en día esa violencia del inferior sobre el superior está mejor organizada...”
Yo no sé si será por estas palabras que Gombrowicz escribió hace casi medio siglo, o por alguna otra razón, la cosa es que cuando pienso en Polonia tengo un poco de miedo aunque, lo reconozco, no esté amenazado por sus bajos fondos ni por ninguna otra cosa de la que tenga conciencia, salvo por algún leve episodio de discriminación o ciertos intentos de espionaje.

Krystyna Rodowska, prima del marido de la Madame du Plastique, es una poetisa polaca ilustre y eximia traductora, publicó en “Literatura na swiecie”, “El jueguito continúa”, una nota que no está nada mal en la que hace reflexiones sobre “Cartas a un amigo argentino”, el libro editado por “Emecé”. En un momento determinado del escrito se pregunta sobre mis verdaderas intenciones.
“¿Qué es lo que se esconde detrás de esa determinación y de esa obsesión con la que ahora Gómez se está esforzando por conseguir la gloria, no solamente la del querido ‘Maestro’, sino también la suya?”. En ese tiempo la Prima mantenía un conflicto amargo con la Corifea y con la Vaca a causa justamente del desempeño que tenía la joven gombrowiczida en “Literatura na swiecie”.

Cuando la Corifea vino a Buenos Aires y trajo en su cartera “El drama del ego en el drama de la historia”, una nota escrita por la Vaca, pensé que era una de esas jóvenes adoratrices de las que él me hablaba en sus cartas. Como a la oportunidad la pintan calva decidí aprovechar esta ocasión para desacreditar la actividad de la Corifea en Buenos Aires y para darle celos a la Vaca.
Con este propósito le escribí a la Vaca una carta uno de cuyos pasajes dio la vuelta al mundo. “La Corifea se vino con tu ‘El drama del ego en el drama de la historia’ debajo del brazo; nos comportamos como dos actores consumados, mientras ella destacaba tu actividad sobresaliente de investigador gombrowiczida yo le deslizaba sobre la mesa el ‘Goma’ de Henryk Bereza.

“Con apuro y muy poco interés cada uno leía, o fingía que leía, yo tu texto, y la Corifea el del Viejo Vate. Ahora bien, ¿de dónde sacaste que la Corifea no me gusta?, me gustó y muchísimo, el que parece que no le gustó a ella fui yo. Date cuenta, la vi una sola vez durante siete horas seguidas al cabo de las cuales yo tenía, por la parte baja, unas diez ginebras encima (...)”
“Al principio me pareció una espía tuya, una ayudante de la facultad, una especie de Vaca pero de un nivel más bajo, sin embargo, a medida que pasaban las horas y las ginebras, me empezó a deslumbrar su encanto, en parte espontáneo pero en mucho mayor medida, premeditado. Cuando sacó una banana del bolso y se la comió ya era para mí una diosa de la juventud (...)”

“No recuerdo ni media palabra de la conversación, lo que sí recuerdo es que pasadas más o menos dos horas empecé a tener ensueños eróticos con la joven, me imaginaba que se iba desnudando poco a poco, que empezaba a jadear, le recorría el pubis y los senos con los ojos de la imaginación, yo no participaba con mi presencia en ese sueño, era sólo para la Corifea (...)”
“No la iba a atormentar a la pobre con mi aparición ni siquiera en sueños, y ella seguía revolviéndose los cabellos, cerrando los ojos... No me volvió a llamar, y yo, después de ese encantamiento que ella, por lo menos en parte, debió percibir, no podía insistir. Aunque sé muy poco de lo que hizo por acá es seguro que su paso despertó sentimientos variopintos y enamoramientos ocasionales (...)”

“Pero, che, ¿qué hay detrás de la Corifea? Supe recientemente que en “Literatura na swiecie” no tienen una buena opinión de ella, dicen que detrás de esa carita inocente y bella (sí, sí, hermosa como Isabella Rossellini) se esconde una arpía terrible, una farsante desvergonzada, una arribista ignorante, gente de Polonia le está pidiendo a la Madame du Plastique, desconsolada, que le corte el paso en Buenos Aires (...)”
“Le ruegan que no le dé apoyo, y la pobre Madame no sabe qué hacer porque la admira, es decir, la admiraba. Resulta que la Corifea hizo su segunda aparición rutilante por la Argentina, ahora como ponente en un congreso de literatura, esto me lo cuenta la Madame du Plastique que no es muy buena relatora que digamos: le interesa muchísimo el reino mineral, también el vegetal, el animal menos, las personas casi nada”

“El día de la ponencia la pobre Madame du Plastique se vino a las corridas desde San Isidro con la esperanza luminosa de participar en la consagración de la Corifea, pero... La conferencia que dio la Corifea sobre las relaciones de la literatura polaca con la literatura cubana (Witold Gombrowicz vs Virgilio Piñera) no despertó lo que se dice un gran entusiasmo (...)”
“Sus cuatro oyentes, entre los que se encontraba la Madame du Plastique con su marido, que igualaban en cantidad a los expositores, escuchaban atónitos la voz de la Corifea casi inaudible que pronunciaba palabras ininteligibles a una gran velocidad, y eso fue todo. María estaba muy contrariada porque le había prometido una copia del texto de la ponencia, y no se lo había dado (...)”

“¿Un pubis farsante?, ¿unos senos ignorantes?, ¿los cabellos y los ojos de la Medusa?”. Los investigadores de los pasos que han dado los hombres de letras en el transcurso de sus vidas son unos obsesos que persiguen los detalles. Gombrowicz carga sobre sus espaldas unos cuantos de estos especialistas, algunos de ellos forman parte del club de gombrowiczidas.
La Corifea, verbigracia, está juntando papeles de Gombrowicz y sobre Gombrowicz casi desde el nacimiento y los cataloga con un cariño maternal, con el mismo que tienen los entomólogos cuando clasifican los insectos. El riesgo que uno corre al ponerse en contacto con estos investigadores especialistas es que, por la fuerza de la costumbre, nos conviertan también a nosotros en un papel.

Gombrowicz estaba harto de estos expertos come papeles y de los que le cuentan el culo a las hormigas. “¿Qué impresión experimentáis al leer mi diario? ¿No la de un campesino de la región de Sandomierz que se ha encontrado en una fábrica agitada por unas tremendas sacudidas y vibraciones y se pasea por ella como si anduviera en su propia huerta? (...)”
“Aquí tenemos el horno incandescente, en el cual se fabrican los existencialismos, aquí Sartre prepara con plomo licuado su libertad responsable. Allá, el taller de la poesía, donde mil obreros, sudando a mares y en medio de una carrera alucinante de cadenas de montaje y engranajes, trabajan materiales cada vez más duros con un cuchillo superelectromagnético cada vez más afilado (...)”

“Allí, unas calderas sin fondo en las que bullen distintas ideologías, visiones del mundo y diversas fes. Aquí tenemos la vorágine del catolicismo. Allá, más lejos, los altos hornos del marxismo; aquí, el martillo del psicoanálisis, los pozos artesianos de Hegel y las fresas fenomenológicas; después, las pilas galvánicas e hidráulicas del surrealismo o del pragmatismo (...)”
“La fábrica, gimiendo y precipitándose entre estrépitos y torbellinos, va produciendo instrumentos progresivamente más perfectos que a su vez sirven para perfeccionar y acelerar la producción, de tal modo que todo se vuelve cada vez más poderoso, más violento y más preciso. Pero yo me paseo entre estas máquinas y sus productos con gesto ensimismado y por lo demás sin demasiado interés (...)”

“Camino igual que si me paseara por mi huerta, allá en el campo. Y de vez en cuando, al probar este o aquel producto (como si fuera una pera o una ciruela), me digo: –Hm, hm..., era un poco duro para mí. O bien: –Al diablo con esto, es incómodo, demasiado rígido. O también: – ¡No estaría mal si no estuviera tan caliente! Los obreros me lanzan miradas hostiles. ¡Acaba de aparecer un consumidor entre los productores!”



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