martes, 7 de diciembre de 2010

WITOLD GOMBROWICZ Y FILIDOR O FILIFOR FORRADO DE NIÑO

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JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS



WITOLD GOMBROWICZ Y FILIDOR O FILIFOR FORRADO DE NIÑO



“Después escribí los dos ‘Filifor’, ‘La rata’ y ‘El banquete’, más logrados desde el punto de vista técnico, pero que no diferían esencialmente de los cuentos anteriores. Por entonces me daba mucha vergüenza escribir, me escondía, ocultaba mis papeles cuando alguien entraba a mi habitación, y todavía hoy la desfachatez de los escritores noveles con su yo soy poeta, me fastidia (...)”
“Me fastidia tanto como el ostentoso despliegue de sus colas de pavo real al que se entregan los poetas consagrados y glorificados”. Gombrowicz escribe los Filifor en 1934, un año en el que ya había establecido su batalla en el café Ziemianska contra los skamandritas. “El café Ziemianska era una especie de edificio espiritual compuesto de varios pisos, donde no resultaba fácil pasar de un piso más bajo a otro superior (...)”

“La planta baja estaba ocupada por unos jóvenes variopintos, debutantes aún desconocidos, generalmente sin derecho a voz. También la ocupaban otros admiradores provenientes sobre todo del medio de la pequeña intelligentsia, a quienes su falta de educación y de carácter mundano impedía participar activamente en los simposios, estaban de antemano condenados a un silencio que provenía de su situación social (...)”
“Una especie de coro griego, pero mudo, importante por su misma presencia. Cuando unos cuantos de esos catadores silenciosos se acercaba a uno de los grupos y se sentaba a su mesa sin decir nada, eso significaba que allí iban a ocurrir cosas dignas de atención, ya que eran unos expertos a quienes no se les escapaba ningún valor cotizado en esa bolsa literaria”.

Poco a poco, en el café Ziemianska, Gombrowicz fue encontrando su lugar en el mundo. Escribiendo y frecuentado ese café Gombrowicz consiguió un prestigio considerable. Su mesa, a la que concurría un gran número de admiradores, era testigo de sus bromas, sus gestos, sus dichos, su dialéctica, sus elevaciones líricas, sus razonamientos filosóficos y psicológicos.
Con sus declaraciones artísticas, sus ataques arrolladores y sus provocaciones taimadas electrizaban a sus oyentes. “Cuando se dieron cuenta que mi mesa tenía una tendencia marcada a prosperar, gente con cara de sentarse en la primera fila del teatro empezó enseguida a acercarle sus sillas; noche tras noche se repetía la misma escena en un silencio absoluto interrumpido sólo a veces por una tos o una risotada (...)”

“En el primer piso se encontraban sobre todo los poetas del proletariado. Esta denominación abarcaba no solamente a los cantores de la clase obrera, sino aquellos que, descendientes de clases sociales inferiores, se convirtieron en adoradores de surrealismos, dadaísmos y otros ultramodernismos por el estilo, que servían para disimular sus primitivismos y oscurantismos más esenciales (...)”
“Estos poetas del proletariado tomaban parte en las discusiones pero no sin grandes dificultades. Generalmente no tenían más que un solo caballo para montar, por ejemplo el marxismo, o la estética poética, o bien el psicoanálisis, mientras todos los demás caballos de la humanidad eran para ellos totalmente desconocidos, o conocidos muy a la ligera (...)”

“Es necesario reconocer, además, que en esa misma situación poco confortable se hallaba la mayoría de los que frecuentaban el café Ziemianska. La ignorancia de esos intelectuales era algo increíble: de un lío de lecturas y conceptos, de unos párrafos y fragmentos asimilados a tontas y a locas, nacía un saber fantástico y proteiforme como la nube de Falstaff (...)”
“En el piso superior estaban ya los ‘grandes nombres’, autores y artistas cuyas acciones se cotizaban en la bolsa literaria, aunque todavía no podían pretender la gloria. Y arriba de todo, incluso en el sentido físico de la palabra, puesto que era un piso que se hallaba en un entresuelo, elevado por encima de la muchedumbre, irradiaba su esplendor la musa de los skamandritas”.

Gombrowicz no se sentaba a la mesa los skamandritas en el café Ziemianska, él actuaba casi únicamente en la planta baja de los cafés, mientras las plantas más altas prácticamente las ignoraba. “No aceptaba en mi mesa a ninguno de los skamandritas. Efectivamente, no los admitía, yo era profeta, charlatán y payaso. Sin embargo sólo lo era entre seres iguales a mí, aún no del todo formados, sin pulir, inferiores (...)”
“A los otros, a los honorables, a los pretenciosos, a los skamandritas con quienes no me podía permitir una broma, una mofa, una provocación, una tontería, a quienes no podía imponerle mi estilo, prefería no tratarlos; ellos me aburrían a mí y sabía que yo también los aburría a ellos. Los poetas de Skamander eran conscientes de su lugar sólo hasta cierto punto (...)”

“Conocían su lugar en el arte, pero no sabían cuál era el lugar del arte en la vida. Conocían su lugar en Polonia, pero ignoraban el lugar de Polonia en el mundo, ninguno de ellos se elevó tan alto como para ver la situación de su propia casa”. El “Filidor forrado de niño”, antes que “Ferdydurke” ya le estaba abriendo a Gombrowicz las puertas de la juventud polaca.
“La Polonia de entreguerras era para mí un país que transformaba poco a poco su cultura erótica femenina en masculina. Tuve oportunidad de constatarlo cuando, poco antes de la guerra, unas colegialas me invitaron a una pequeña fiesta. La invitación se debía a que acababan de poner en escena, con su propio esfuerzo, mi cuento ‘Filidor forrado de niño’, después de haberlo adaptado para el teatro (...)”

“Alguna vez había tenido ocasión de participar en fiestas raras y atrevidas, pero una cosa así, tanto ímpetu encaminado a la diversión, el vodka y la locura, no lo había visto jamás. Recepciones como ésta demostraban una militarización bastante importante de las costumbres de las jovenzuelas, lo defino así porque era el estilo de los jóvenes de las academias militares, el estilo de vida militar (...)”
“Este desenfreno social que se había apoderado de los menores, que tanto escandalizaba a los adultos, recobraba entonces, al menos en los últimos años de entreguerras, un sentido dramático: la guerra. Su sombra se sobreponía a todo, su aciaga proximidad daba a entender que había que precipitarse a disfrutar de la vida antes que se mezclase demasiado con la muerte (...)”

“Esas chicas poseían ya algo de ese desprecio por lo convencional que unos años después caracterizó a los jóvenes que lucharon en las calles de Varsovia. ‘Vivimos como si fuéramos a morir’. Ese grito me lo había pegado al oído en el curso de una borrachera Swiatopelk Karpinski, completamente bebido, y esta constatación reflejaba muy bien un ambiente que pesaba sobre Polonia más aún que sobre el resto de Europa”
“Filidor forrado de niño” es un relato corto que Gombrowicz incluye en “Ferdydurke”. Escrito, como Filimor, en 1934 es presentado en el libro con un prefacio, uno de cuyos pasajes se convirtió con el tiempo en el manifiesto ferdydurkysta. “Dejad de identificaros con lo que os define. Tratad de esquivar toda expresión vuestra. Desconfiad de vuestra opiniones (...)”

“Tened cuidado de vuestras fes y defendeos de vuestros sentimientos. Retiraos de lo que parecéis ser desde afuera y huid ante toda exteriorización como huye el pájaro de la serpiente. El vate repudiará su canto. El jefe temblará ante su orden. El sacerdote temerá al altar más que le teme ahora, la madre enseñará al hijo no sólo principios, sino también cómo manejarlos y defenderse de ellos para que no le hagan daño (...)”
“Y, por encima de todo, lo humano se encontrará un día con lo humano”. Esta novela corta es una muestra del talento que tiene Gombrowicz para componer estructuras lógicas con elementos absurdos. En algunas ocasiones cuando los críticos, o los escritores puestos en actitud de críticos, discutían sobre el significado de una obra les recomendaba que le preguntaran al autor, quién mejor que el autor podía conocerlo.

Y si el autor no estaba presente les ofrecía el número de teléfono para que lo consultaran. Ahora bien, ¿cuál es el significado de “Filidor forrado de niño”? En el año 1934 Gombrowicz ignoraba la existencia de Joyce y de Kafka, conocía muy poco del surrealismo y tenía unas nociones vagas sobre Freud, captaba lo que estaba en el aire, en las conversaciones y hasta en los chistes.
El aparato formal que había puesto en movimiento era pues, en buena parte, de su propia cosecha. Cuando le preguntaron qué significaba "Filifor forrado de niño" respondió que era una historia que convocaba a la lucha a dos partes antitéticas alrededor de un eje central, en la que triunfaba la función sobre la idea. Roma locuta, causa finita.

Las relaciones entre la función y la idea son entonces las riendas con las que sujeta al desbocado “Filidor forrado de niño”. El aparato formal que había puesto en movimiento era, en buena parte, de su propia cosecha. El príncipe de los sintéticos, el señor Filifor, doctor en sintesiología, era un hombre corpulento, de barba hirsuta y anteojos gruesos, un fenómeno espiritual de gran magnitud.
Este fenómeno debía suscitar, en acuerdo con el principio de acción y reacción, un fenómeno de igual magnitud y de sentido contrario. Anti-Filifor, un eminente analista, doctor en análisis superior, hombre menudo y hosco cuya única misión era perseguir y humillar al magnífico Filifor se especializaba en la descomposición del individuo reduciéndolo a partes por medio de cálculos y papirotazos.

Accediendo al llamado de su vocación obtuvo el título nobiliario de anti-Filifor del que estaba muy orgulloso. Cuando Filifor se enteró de que anti-Filifor lo estaba persiguiendo comenzó él también a perseguirlo, pero durante algún tiempo se persiguieron en vano pues el orgullo no les permitía admitir que eran perseguidos. El choque de ambos sabios se produjo por casualidad en el Hotel Bristol de Varsovia.
Se encontraron en el restaurante del hotel en el que estaban también presentes la profesora Filifor, Flora Gente de Mesina, y dos doctores que procedieron a tomar notas por escrito. Como un duelo preliminar de miradas no resultó favorable a ninguno de los dos contendientes, el profesor analítico le espetó al sintético la palabra ñoquis por considerarla esencialmente analítica, a lo que el sintesiólogo le respondió: –ñoqui.

Ñoquis era analítico pues resultaba de una combinación de harina, huevos y agua, mientras que ñoqui era sintético porque representaba la unidad del ñoqui supremo. La profesora Filifor muy entrada en carnes estaba sentada sin pronunciar palabra, de repente, el profesor anti-Filifor se planta ante ella murmurando en voz baja la palabra oreja, mientras estalla en una risa sarcástica.
Filifor le ordena a su esposa que se cubra las orejas con el sombrero. Anti-Filifor, entonces, murmura para sí: –los dos orificios de la nariz, desnudando con este procedimiento los dos orificios de la nariz de la profesora en forma analítica e impúdica. Filifor amenaza con llamar a la policía pues la balanza se estaba inclinando de manera pronunciada en favor del profesor de análisis que acentuó su celebración.

Anti-Filifor sigue murmurando: –los dedos de la mano, los cinco dedos de la mano. La robustez de la profesora le impedía ocultar el hecho de los cinco dedos de la mano, los dedos estaban allí. Cuando se disponía a ponerse los guantes anti-Filifor le hace un análisis de orina ambulatorio y exclama victorioso: –un poco de leucocitos y albúmina, y acto seguido se retira rápidamente con su amante.
El profesor Filifor con la ayuda de los dos doctores lleva a la profesora al hospital. La descomposición de la señora Filifor era incontenible y perdía aceleradamente toda su contextura. Gemía: –pierna, yo oreja, pierna, mi oreja, cabeza... despidiéndose de aquellas partes del cuerpo que se comportaban de manera autónoma, era una personalidad en estado de agonía.

Buscando intensamente medios para la salvación de su esposa Filifor pronunció inesperadamente la palabra bofetada, era una acción que le podía devolver el honor a la esposa y sintetizar los elementos dispersos. Sin embargo, la bofetada no llegó a su destino, anti-Filifor había previsto la maniobra y se había tatuado en las mejillas una viñeta con palomitas, la bofetada resultó ser un golpe dado contra el papel pintado.
Cuando los testigos le hacen ver al ofendido que no existe ofensa porque el analítico no tiene honor, Filifor les responde que no tomará en cuenta entonces la ofensa pero que su esposa se está muriendo, así que no tiene más remedio que proceder sobre la cortesana. Si anti-Filifor analiza a su esposa él va a sintetizar a su amante. Decide actuar directamente sobre Flora Gente.

La invita con una copa de Cinzano y de repente le espeta: –alma–, la mujer no le contesta; –yo; –¿usted?, son cinco zlotys; –unidad superior, igualdad en la unidad. Cuando le leyó dos cantos del Dante, le pidió dos zlotys. Y así siguió estimulándola con recursos sintéticos, pero cuando quiso estimular su dignidad le pidió cincuenta zlotys: –las extravagancias hay que pagarlas viejito.
Uno de los doctores le sugirió al profesor de la síntesis que quizá podría sintetizarla con el dinero, pero el dinero forma siempre una suma que nada tiene que ver con la unidad propiamente dicha. Filifor le da vueltas a la idea, no había caso, sólo el céntimo es indivisible, y un céntimo no puede impresionar a nadie. ¿Pero una suma inmensamente grande no la atolondraría?

El filósofo de la síntesis completamente seguro de lo que hacía los invitó al restaurante Alcázar donde realizaría el experimento decisivo. Filifor colocó un zloty sobre la mesa, nada. Recién después de haber colocado noventa y siete zlotys le aparecieron síntomas de extrañeza a Flora Gente, y a los ciento quince su mirada se empezó a sintetizar alrededor del dinero.
A los cien mil zlotys Filifor jadeaba, anti-Filifor empezaba a inquietarse y la cortesana alcanzaba cierta concentración. La suma iba dejando de ser suma y se convertía en algo inabarcable haciendo estallar el cerebro por su enormidad. Cuando el sacerdote de la ciencia de sintetizar desembolsó todo lo que tenía y selló el montón, Flora Gente se levantó y en medio del llanto y la risa dijo: –señores, yo.

Filifor profirió un grito de triunfo y anti-Filifor le pegó en la cara, un golpe que actuó como un rayo sintético arrancado de las entrañas analíticas. Los testigos se abocaron a preparar el duelo. Filifor no tenía ninguna duda, cualquiera fuera el que cayese muerto la síntesis saldría triunfadora porque la índole de la muerte es sintética, tendría una victoria más allá de la tumba.
Debido a su exaltación invitó a ambas señoras al duelo en carácter de simples espectadoras. Sin embargo, los doctores estaban inquietos, le temían a la simetría de la situación pues a cada movimiento de Filifor, que tenía la iniciativa, le correspondería un movimiento análogo de anti-Filifor. ¿Pero qué sucedería si anti-Filifor se apartara de esta simetría?

Filifor apuntó al corazón, tiró y no dio en el blanco. Y ya en este primer movimiento anti-Filifor se aparta del eje que unía a los contendientes y en vez de apuntar al corazón de Filifor apunta al dedo meñique de la profesora Filifor. El dedo meñique cayó cortado y los testigos profirieron un grito de admiración. Filifor, fascinado por el tiro del adversario apunta él también al dedo meñique de Flora Gente, que cae cortado.
El tiroteo continuó en forma incesante, a su turno cayeron, después de los dedos, las orejas, las narices, los dientes... Con el último tiro el maestro del análisis perfora la parte superior del pulmón derecho de la profesora Filifor, y con la réplica del maestro de la síntesis queda perforada la misma parte del pulmón de Flora Gente. Los testigos estallan y gritan con admiración, luego reinó el silencio.

Ambos troncos murieron, cayeron al suelo, y ambos tiradores se miraron. El análisis había vencido, pero de esta victoria no resultó nada, y si hubiera vencido la síntesis tampoco hubiera resultado nada. Los sabios abandonaron sus posiciones y tomaron distintos caminos ejercitando su puntería con piedras y escupitajos que arrojaban contra gorriones, árboles, gallinas, conejos, faroles, ventanas, sombreros, velas (...)”
“Y así recorrieron el mundo los dos sabios. Cuando alguien del mundo científico le recordaba a Filifor el pasado glorioso de aquellas luchas del espíritu contestaba con ensoñación que sí, que en el duelo se había disparado muy bien, y si alguno de los testigos le reprochaba que estaba hablando como un niño le respondía: “Todo está forrado de niñadas”

La historia argentina de “Filidor forrado de niño” comienza cuando el maestro Paulino Frydman, director del salón de ajedrez del café Rex, consiguió milagrosamente traer desde Polonia un ejemplar polaco de “Ferdydurke” a la Argentina. El trabajo comenzó antes de la publicación en “Papeles de Buenos Aires” de “Filidor forrado de niño” en 1944.
Este cuento fue traducido por Gombrowicz e incorporado íntegramente al libro traducido en 1946 y publicado en 1947, con el único cambio del Filidor por Filifor. Este cambio fue un cambio forzado, Gombrowicz estaba harto de que le preguntaran si su Filidor tenía algo que ver con el ajedrecista francés, el mejor jugador de ajedrez del siglo XVIII.

Adolfo de Obieta, con la publicación del cuento en “Papeles de Buenos Aires” tres años antes de que apareciera “Ferdydurke”, despertó el entusiasmo de Cortázar, de Piñera, de Sabato y de Gálvez. En “Rayuela” aparecen unas líneas del “Prefacio al Filidor forrado de niño”. “Ésas, pues, son las fundamentales, capitales y filosóficas razones que me indujeron a edificar la obra sobre la base de partes sueltas (...)”
“He conceptuado la obra como una partícula de la obra y he tratado al hombre como una fusión de partes de cuerpo y partes de alma, mientras que a la humanidad entera la trato como a una mezcla de partes. Puede que alguien me haga la objeción de que esta parcial concepción mía no es en verdad ninguna concepción, sino una mofa, chanza, fisga y engaño (...)”

“Puede que también que ese alguien me diga que yo, en vez de sujetarme a las severas reglas y cánones del Arte, estoy intentando burlarlas por medio de irresponsables chungas, zumbas y muecas; a ese alguien le contestaría que sí, que es cierto, que justamente tales son mis propósitos. Y, por Dios, no vacilo en confesarlo, yo deseo zafarme tanto de vuestro Arte, señores, como de vosotros mismos (...)”
“No puedo soportaros junto con vuestro Arte, vuestras concepciones, vuestra actitud artística y todo vuestro medio artístico”. Y Manuel Gálvez también manifiesta su entusiasmo. “Acaso lo que más me ha gustado sea el capítulo ‘Filifor forrado de niño’. A pesar de ser, en apariencia, lo opuesto a una novela realista, hay en su libro un fondo realista y humano (...)”

“Ha dado usted una representación en cierto modo simbólica de la realidad. O mejor que simbólica, algebraica. Hay un extraño humorismo en su libro. Y cosas excelentes. Algunas se sus intenciones son difíciles de ser comprendidas, y no sé si las habré alcanzado. No quiero olvidarme de su enorme contenido: contenido filosófico, poético, idiomático”
Mariano Etkin, uno de los compositores argentinos más importantes e influyentes de la segunda mitad del siglo XX y un relevante pensador en su labor como investigador y analista musical, también le rinde pleitesía al célebre cuento en el año 1966. “Homenaje a Filidor forrado de niño” es una composición de Etkin para dos flautas, dos clarinetes y percusión.




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