lunes, 1 de junio de 2009

WITOLD GOMBROWICZ, BOZENA ZABOKLICKA Y ROLAND MARTIN

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JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS

WITOLD GOMBROWICZ, BOZENA ZABOKLICKA Y ROLAND MARTIN


La traducción al castellano de “Ferdydurke” se convirtió en un mito porteño. A pesar de que en la Argentina no lo tenían en cuenta, Gombrowicz fue conocido en París de la mano de la versión española de “Ferdydurke”, una traducción que se hizo en el café Rex y que se volvió legendaria en el mundo entero: –Joyce dispuso de una sola persona para traducir su Ulises, yo dispuse de veinte para traducir mi “Ferdydurke”.
El comité de traducción y Gombrowicz mismo fueron bombardeados por la objeciones que le hacían los puristas del idioma a los que no les resultaba satisfactorio el aspecto del trabajo. Transcurridos diecisiete años desde la primera edición en el año 1947, cuando se estaba preparando la segunda, tuve algunas discusiones amargas con el Pterodáctilo.

“Vea, Gómez, el problema de la traducción es irresoluble, lo sé por experiencia propia. La de “Ferdydurke” es mala, está llena de cubanismos y barbaridades idiomáticas. O se habla en porteño o se habla en madrileño, no se puede decir en un capítulo fámula y en otro sirvienta. Además, el uso del tú y el vosotros aquí, en la Argentina, es falso e irritante, no va (...)”
“Ya estoy en contacto con un joven de Sudamericana, un muchacho muy inteligente e ilustrado; le di instrucciones en este sentido para que corrija todo el trabajo. No hay caso, si usted se está muriendo, aquí, en Buenos Aires, a nadie va a tratar de tú ni de vosotros. Otra palabra mal empleada es colegiala, los alumnos de la novela son alumnos del liceo y no de la primaria”

Toda esta historia había empezado cuando el maestro Paulino Frydman, director de la sala de ajedrez del café Rex, consiguió milagrosamente traer un ejemplar polaco de “Ferdydurke” a la Argentina, pero ni Piñera ni las otras personas que ayudaron a Gombrowicz a poner en español a “Ferdydurke” pudieron comparar las dos versiones pues no sabían polaco. Los polacos hispanohablantes observaron después que Gombrowicz había creado una versión más fácil de la novela para atraer la atención del lector al contenido del libro.
Por medio de la eliminación de las partes difíciles y estilísticamente más extrañas, reemplazadas por un breve sumario del sentido del fragmento faltante, los autores de la traducción se propusieron no desalentar a los lectores en el mismo comienzo de la obra.

Por otro lado, los traductores de Gombrowicz, jugando con una mezcla de estilos y variaciones del castellano y sin atender demasiado a la corrección, crearon un lenguaje tan fuera de lo convencional que irritaron a los puristas. El lector no sabía descifrar muy bien a “Ferdydurke”, pues no sabía en qué grado el lenguaje dependía de las licencias poéticas del autor o de la traducción misma.
Es por esta razón que no podía juzgar adecuadamente el trabajo de los traductores, ni tampoco la del mismo libro. El motivo general del rechazo a “Ferdydurke” no fueron sin embargo las cuestiones lingüísticas como apuntaban los estilistas y los puristas del idioma, sino más bien la propia inmadurez de los lectores que tenían dificultades para entender el aspecto filosófico del libro. A pesar de todo fue esta traducción de “Ferdydurke” que hizo el mismo Gombrowicz, asistido por una veintena de colaboradores, la que le abrió las puertas de la cárcel del mundo, y se las abrió en París.

En el año 1953 Bondy había publicado en la revista “Preuves” la primera nota sobre “Ferdydurke” aparecida en Europa Occidental después de la guerra.
“Es por su exilio en la Argentina y gracias a una memorable traducción al español que se convirtió, ni más ni menos, que en la carta de presentación de “Ferdydurke”, que conocimos esta novela polaca. Un comité de una veintena de traductores compuesto por escritores cubanos, argentinos, brasileños, ingleses, etc. se dedicó, bajo la dirección del autor, a hispanizar este grotesco filosófico-lírico, enorme y genial, una prueba de la admiración que había despertado este joven escritor, y también de las dificultades que tuvieron que sortear para traducir el texto de su lengua de origen, un texto que es un disparo continuo de inventiva verbal (...)”

“Gracias a esta traducción, la lengua española se enriqueció, para su sorpresa, con un gran número de neologismos de los que, por lo menos una veintena de sinónimos, se refieren al trasero. ‘Ferdydurke’ aparece en Polonia en 1937 cuando su autor, el gran trovador de la inmadurez, ya había cumplido los treinta años (...)”
“El libro fue ampliamente discutido en las revistas literarias polacas, pero no alcanzó a destacarse demasiado (...)”
“Ignoro cómo fue recibido en América Latina, en la que el autor acaba de escribir una nueva novela sobre historias de la emigración polaca en la Argentina. ‘Ferdydurke’ es una obra de un humor extraño, cómica y pueril, en la que se mezclan las meditaciones y las leyendas (...)”

Bondy había leído “Ferdydurke” en español, la edición francesa tuvo que esperar todavía algunos años más la traducción de Roland Martin para que Nadeau y Julliard lo publicaran en Francia. En algunas ocasiones a los contertulios del café Rex nos llegaban relámpagos de que empezábamos a compartir a Gombrowicz con personas que llegaban desde el exterior, desde allá, lejos...
Yo miraba con amargura y envidia a Roland Martin, un periodista que trabajaba con Gombrowicz en la versión francesa de “Ferdydurke” sentados a una mesa que no era la nuestra, presentía que llegaría el día en que nos lo iban a robar.
Comenzada en mayo de 1956, el año en que conocí a Gombrowicz, la versión francesa de Gombrowicz y Roland Martin fue terminada en diciembre de 1957. Esta traducción francesa se hizo a partir de la traducción colectiva argentina de 1947.

“(...) La forma en que trabajé con Gombrowicz nos permitió hacer una traducción que no era totalmente fiel a la obra sino al autor. No era fiel en la letra, pero era fiel en el espíritu (...) Gombrowicz se asombraba de la meticulosidad con la que yo programaba el trabajo: ‘Cuando uno de mis personajes golpea a una puerta al final de un capítulo, no sé todavía que habrá detrás de esa puerta’ (...)”
“Más tarde, cuando el libro ya estaba editado en París, Gombrowicz le dijo al embajador de Francia: –Ahora quiero diez años de gloria (...) Gombrowicz creía en el éxito de su obra. Sentía un verdadero desprecio por la estrechez de espíritu de los medios literarios parisinos, por la influencia que allí tienen las modas y el don de gentes. Pero tenía la voluntad y la certidumbre de que “Ferdydurke” se impondría en París (...)”

Hasta cierto punto tenía razón el Pterodáctilo, el problema de la traducción es irresoluble, pero no todos pensaban así. Peter Landelius, el embajador de Suecia, era un gran conversador muy versado en asuntos hispanoamericanos, siendo él mismo escritor se refería con autoridad a los temas de la literatura. En el tiempo que traducía “Cien años de soledad” le dijo a García Márquez que su libro no le presentaba mayores dificultades.
García Márquez se ofendió y le respondió inmediatamente en una larga nota que circuló por toda España. En el artículo hacía referencia a las múltiples complejidades y a las variadas tramas que tenía esa obra de las que el traductor no tenía idea y ni siquiera sospechaba.

Después de pasearse con soltura por Cortázar y por otros escritores hispanohablantes muy señalados la conversación de Landelius recayó en el Pterodáctilo, y debajo de las mismísimas barbas de ese hombre de letras tan celebrado miró desde arriba la traducción de “Sobre héroes y tumbas”.
Algunos escritores se preocupan pensando en las dificultades que para los traductores suponen esos traslados lingüísticos, que conocía a varias de sus víctimas las que no siempre entendían en qué consiste el problema. Había recibido larguísimas cartas de Sabato explicándole cosas que no necesitan explicación, y de otras que sí lo requerían no se daba cuenta. El escritor no necesariamente es la mejor autoridad para opinar sobre estos problemas.

Una cosa muy distinta a lo que había ocurrido con “Ferdydurke” ocurrió para poner en español el “Diario”. En esta ocasión no estuvo presente Gombrowicz para trasladar la versión polaca a versión la española ni para corregir el traslado al francés de la versión española. A pesar de que la Seix Barral completó la edición española del “Diario”, una edición que había empezado y dejado incompleta Alianza, no todos fueron elogios para este trabajo.
“Sin embargo, y pese a su centralidad en el pensamiento del escritor polaco, los diarios tuvieron un destino editorial enrarecido y difícil en Buenos Aires. Aunque hubo otras traducciones, durante la década del noventa se conseguía apenas algún tomo perdido de Alianza. El voluminoso libro que ahora nos presenta la colección Biblioteca Gombrowicz de Seix Barral vienen a reparar esa falta con una traducción prolija a cargo de Bozena Zaboklicka y Francesc Miravitlles (...)”

“La cantidad de páginas no necesariamente encarna siempre algo positivo. Esta edición completa abunda en momentos farragosos y repetitivos, se citan nombres de escritores polacos desconocidos para el lector argentino y el voluminoso tomo, complicado de llevar y consultar en subtes y colectivos, se vuelve imposible de leer en la cama (...) Por otra parte, la introducción es más bien pobre y el aparato crítico, casi inexistente. Todo esto más allá de ser decididamente caro. Salvo fanáticos o estudiosos, no hay muchas razones para comprar este libro”
A Bozena Zaboklicka seguramente le pasaba lo que le pasaba a Brahms cuando escribía sinfonías, se le aparecían en el pentagrama las sinfonías de Beethoven y empezaba a temblar. El “Diario” es una obra fundamental pero la solitaria Bozena no tuvo a su lado la mirada penetrante de Gombrowicz para recurrir a su auxilio.

El trabajo gigantesco que emprendió le demandó tres años, y el resultado fue bueno, muy bueno, a pesar de las objeciones que le hace el Boxitracio y a pesar de no haber contado con la presencia protectora de Gombrowicz
“Por lo que a esta traducción se refiere no será ocioso señalar que la obligada exigencia de fidelidad al original que debe presidir la tarea de verter un texto literario a otro lenguaje se ha visto en el presente caso enormemente comprometida (...)”
“Y ello es así debido a que no sólo la diferencia entre ambas lenguas casi no puede ser mayor, sino a que el estilo de Gombrowicz tiende a exagerar justamente aquellas particularidades del polaco (su gran flexibilidad) que más lo distancian de un idioma con las características del castellano (...)”

“Y si incluso tratándose de lenguas más cercanas o de autores más ortodoxos suele decirse que cualquier traducción será siempre otra obra respecto al original, tanto más en el presente caso, y mayormente con aquellos fragmentos más estrictamente literarios. No obstante, el lector puede tener las seguridad de que la traducción se ha realizado con una profunda actitud de respeto hacia el original, tal como lo exige la personalidad y la talla de Witold Gombrowicz, sin duda, una de las voces más singulares y complejas de nuestro tiempo”


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