lunes, 11 de mayo de 2009

LA CÁMARA DE LOS LORES por Juan Carlos Gómez

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GOMBROWICZIDAS

LA CÁMARA DE LOS LORES
por Juan Carlos Gómez

El Dramaturro fue testigo del clima de algarabía que reinaba una noche en la Fragata cuando, después de un paseo por las grandes figuras de la filosofía, Gombrowicz sorprende a los contertulios recitando Hamlet en polaco y aflautando la voz en los parlamentos de Ofelia. Y también fue testigo del clima que reinaba en la casa tandilense de Flor de Quilombo cuando, después de una lección que les había dado sobre la inmadurez, recibió un ramo de cardos de la mano del Asno mientras el hermano menor de Quilombo lo corría con una manguera.
Bañado por estas escenas de infantilismo el Dramaturro diseñó la tapa de "Ferdydurke" de la editorial Sudamericana en la que aparece un caballito de madera arriba de un carro con ruedas.

Había pasado un cuarto de siglo desde la publicación de "Ferdydurke", y Gombrowicz se dispone a dar una clase elemental de su filosofía, a pensar de la desconfianza que le tenía a la enseñanza.
Se presenta de una manera sencilla, como el autor de la facha y del cucul. Pegarle la facha a alguien es ponerle una máscara, disfrazarlo y deformarlo. Cuando trata a un hombre que no es nada tonto como tonto, le está pegando la facha, y la cuculización opera de la misma manera, sólo que en este caso un adulto es tratado como un niño, y la deformación lo transforma en un inmaduro.
La conciencia de las transformaciones que sufre el hombre por la acción de los otros es la razón por la que Gombrowicz ha ocupado un lugar especial en la literatura, la importancia que le ha dado a la forma tanto en la vida social como en la personal es el punto de partida de su psicología.

Gombrowicz se había convertido en una maestro utilizando las partes del cuerpo en su obra creativa, tanto que algunos escritores de su época consideraban que había creado algo así como una psicología del cuerpo complementaria de la de Freud.
Desde "Ferdydurke" a "Cosmos", la nariz, las orejas, la boca, los dedos, las manos, las pantorrillas, los muslos y el culo se convirtieron en verdaderos personajes de sus narraciones.
Gombrowicz recurrió a una estrategia premeditada para trasponer la voluntad humana y el determinismo psíquico al automatismo y a las partes del cuerpo, un modelo creativo que perfeccionó en "Ferdydurke", su primera novela. La cara y sus habitantes: los ojos, la boca, la nariz y la orejas; el culo y sus proximidades: las manos, los dedos, los muslos y las espaldas se convirtieron desde entonces en los representantes plenipotenciarios de la forma y de la inmadurez.

En esta novela desmonta la mistificación de los ideales recurriendo a un duelo de muecas entre estudiantes que termina en una violación que se hacen por las orejas, y desmorona a la modernidad en un amasijo de cuerpos en el que un profesor trata de mantener su dignidad utilizando los orificios de su nariz mientras los juventones, la colegiala y el colegial se dan bofetadas, se agarran de los mentones y de las rodillas, se muerden las costillas y enloquecen en un montón hormigueante.
Si bien "Ferdydurke" contiene todos los cánones a los que recurre Gombrowicz para reemplazar los sentimientos, no hay obra anterior ni posterior que en mayor o en menor medida no los contenga.
Mientras Gombrowicz pasaba unas vacaciones sin un término definido en la Argentina, los polacos no se ponían de acuerdo sobre si era un escritor apegado a las antiguallas del pasado, a la clase terrateniente y a la genealogía o si, en cambio, en tanto que amoral y ahistórico, era un escritor vanguardista.

En "Veinte años de vida" de Zbigniew Unilowski el prologuista del libro intenta ubicar a Gombrowicz en la Polonia de posguerra.
"En el período en que Unilowski apareció en el campo de la literatura, las tendencias progresistas se vieron de nuevo contrastadas por el implacable culto a la separación de la literatura de la vida. Fue el tiempo en que Gombrowicz quería 'cuculizar' la literatura polaca, ejerciendo por desgracia una gran influencia sobre sus contemporáneos con su literatura dominada por el infantilismo y el subconsciente.
En su novela, cuyo título constituía ya de por sí un programa (puesto que 'Ferdydurke' no significa nada), quiso reducir la vida humana a unos reflejos infantiles. Unilowski deseaba mostrar el desarrollo y la maduración de un niño en un mundo severo y malo. Gombrowicz, todo lo contrario: quiso reducir las cuestiones de la vida, las cuestiones sociales, a la época de la niñez, a la esfera de los reflejos subconscientes... Unilowski era un escritor que iba en la dirección opuesta a Gombrowicz y sus adeptos (...)"

Gombrowicz no pudo elaborar un pensamiento compatible para que las formas y la inmadurez convivieran juntas en una teoría que no se devorara a sí misma. Dio explicaciones analíticas y simples en sus diarios y en los prólogos de sus novelas y de sus piezas de teatro con el propósito de divulgar un pensamiento sobre su propia obra a sabiendas de que no podía resultar un acercamiento suficiente a los problemas que introduce la inmadurez en la esfera de la cultura.
En el año de la primavera polaca se levantaron las barreras del index y sólo siguió prohibida la publicación de sus diarios, la crítica del país se ocupó de este renacimiento y Gombrowicz escribió que sólo lo estaban comprendiendo parcialmente.
"Antes de la guerra ‘Ferdydurke’ pasaba por ser el desvarío de un loco, pues en la época de la euforia creativa y las aspiraciones de grandeza no hacía más que estropearlo todo (...)"

"Hoy, cuando la Facha y el Cucul han castigado dolorosamente al pueblo, mi libro ha sido elevado al rango de sátira (...) Ahora se dice que es un libro razonable, la obra de un racionalista lúcido que juzga y vapulea con premeditación, una obra casi clásica y perfectamente sopesada. Pasar de loco a racionalista, ¿es eso un ascenso para un artista?"
Para atacar la concepción simplista de la crítica literaria da una explicación sobre el significado de "Ferdydurke". La idea de que el hombre es creado por los hombres, es decir, por el grupo social que le impone las costumbres, los convencionalismos y el estilo debe ser sobrepasada, para Gombrowicz era más importante destacar que el hombre es también creado por otra persona en los encuentros casuales.

De modo que es más que el producto de su clase social como explicó Marx, es también el resultado del contacto con otro hombre y del carácter casual, directo y salvaje de ese contacto del que nace una forma a menudo imprevista y absurda.
Esa forma no es necesaria para uno mismo sino para que el otro me pueda ver y experimentar, es un elemento imposible de dominar. Un hombre así, creado desde el exterior por el grupo social, pero más especialmente por el contacto casual con el otro, debe ser esencialmente inauténtico pues está determinado por la forma que nace entre los hombres. El hombre es entonces un actor natural desde el nacimiento.
En estas condiciones lo único que se puede hacer es confesar que la sinceridad está fuera de nuestro alcance y constatar que el deseo de "ser yo mismo" está perpetuamente condenado al fracaso.

Sin embargo, es la degradación, un subproducto de la actividad de la inmadurez, más que la deformación, la que le confiere al estilo de Gombrowicz un carácter propio. Si el hombre no puede expresarse con transparencia no es sólo porque los demás lo deforman sino, sobre todo, porque sólo es expresable lo que tiene forma, lo demás, es decir, la inmadurez, se queda en silencio. La forma desacredita a la inmadurez y humilla a esta parte del hombre; las bellas artes, las filosofías y las morales nos ponen en ridículo porque nos superan, porque son más maduras que nosotros.
"Interiormente no somos capaces de estar al nivel de nuestra cultura, es un hecho que hasta ahora no ha sido suficientemente tenido en cuenta y que sin embargo es decisivo para la tonalidad de nuestra vida cultural. En el fondo somos unos eternos mocosos"

Gombrowicz cumplía al pie de la letra con este programa de mocoso: cuando le pagó a dos jóvenes francesas con seis gatitos recién nacidos recogidos de la calle la traducción al francés que habían hecho de "El casamiento"; cuando delante de un cordero asado recién puesto a la mesa le dijo a la criada: –qué hermosa ave; cuando se miraba al espejo y recitaba: –miro mis rasgos de aristócrata, pareciera que mis facciones, día a día, registran mejor todo mi linaje; cuando delante de un mozo comunista que lo estaba sirviendo dijo: –primero los alemanes, luego los rusos, ¿qué ha sido de mis vacas y de mis criados?; cuando se presentaba como conde con derecho al taburete porque su abuelita era grandeza de España; cuando nos explicaba que no había retornado a la lejana Polonia debido a sus intensos estudios del alma sudamericana comenzados el día anterior a la partida del barco; cuando...

"Creo también que mi sensibilidad respecto a la forma, que demostré desde mi más temprana infancia, me permitió más tarde hallar mi propio estilo literario y crear un género que va consiguiendo poco a poco derecho de ciudadanía en el mundo (...) Una cosa era cierta y yo me daba cuenta: mis primeras tentativas literarias manifestaban una fuerte oposición... oposición a todo... su tono era rebelde... Si entro en esta Cámara de los Lores, me decía, será como Byron, para sentarme en los bancos de la oposición"

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