sábado, 11 de septiembre de 2010

WITOLD GOMBROWICZ Y TÁNTALO


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JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS



WITOLD GOMBROWICZ Y TÁNTALO



Al conocimiento se le levantan unas barreras infranqueables que le impiden desarrollar su actividad principal que es la de conocer. Son unos velos pesados que caen delante del entendimiento y nos impiden el acceso al ser y a las cosas. El que le puso el punto final al impedimento de acceder al noúmeno con la razón fue Kant al que le siguieron los filósofos posteriores, siendo Sartre el más contrariado de todos con el ser-en-sí.
Acorralados de esta manera, el conocimiento, el entendimiento y la razón se dirigieron a las cosas a ver si por ahí tenían algo de comer pero resultó ser que tampoco podían acceder a las leyes de la naturaleza, sólo podían acceder a su apariencia. Cuando Einstein declaró que el cosmos es como un reloj del que sólo conocemos el movimiento de las agujas pero no su mecanismo, se le cerró el camino al entendimiento.

De tal modo todo lo que existe se ha convertido en una gigantesca caja negra en la que por una puerta entran cosas y por otra salen esas cosas transformadas pero no sabemos el porqué. Puesto que las editoriales están en el mundo también deben ser pequeñas cajas negras para las que he construido un modelo binario con el propósito de restringir la incertidumbre.
El libro puede ser bueno o malo, el libro puede dar ganancia o pérdida, el regular y el resultado cero quedan excluidos de este modelo. El análisis combinatorio nos permite calcular que con cuatro elementos tomados de a dos se pueden formar cuatro conjuntos, cuando los conjuntos conjugados son equivalentes, a saber: es bueno y da pérdida; es bueno y da ganancia; es malo y da pérdida; es malo y da ganancia.

La primera cuestión que tenemos que analizar detenidamente es si lo editores están en condiciones de saber si un libro es bueno o es malo, pero sea que estén o que no estén en condiciones de saberlo da igual porque son ellos mismos quienes lo deciden. La segunda, si están en condiciones de saber si da pérdida o ganancia, tiene la misma respuesta que la primera cuestión.
Los conjuntos (bueno-ganancia), (malo-ganancia) se aprueban de inmediato pues los números y el dinero gobiernan el mundo. La salida de la caja negra salvo raras excepciones ha sido entonces hasta ahora para mí, poniendo entre paréntesis las razones esgrimidas por lo editores, un par de conjuntos: (malo-pérdida), (bueno-pérdida). Y esto es todo, la caja negra de los Protoseres no tiene otra respuesta binaria para mí.

El Pato Criollo construyó un modelo en “El mago” según el cual cualesquiera sea el conjunto de salida de la caja negra, el editor edita, pero yo no estoy de acuerdo con ese modelo, es inconsistente. Dediqué horas a estudiar el tipo de las relaciones que me vinculan a los editores, comparé a las editoriales con cajas negras, y analicé el comportamiento de los editores y de sus auxiliares llamados lectores a los que motejé de Pulgones.
Asocié los extremos de la conducta de los Protoseres al comportamiento de los asesinos seriales y de los rufianes melancólicos y determiné que su naturaleza sólo alcanza un desarrollo que no pasa del nivel de los seres en estado de formación y por eso los llamé Protoseres. Dividí en cinco grupos lógicos las técnicas que utilizan los editores para contrariar a los autores.

Estos personajes siniestros vinculados a la actividad de escribir hace tantos siglos terminaron por hacerme perder la paciencia y el humor. El orgasmo de los Protoseres desde los tiempos de Gutenberg se produce cuando los libros se venden, sin importarles en absoluto si son buenos o son malos, ésa es una cuestión que dejó de interesarles hace mucho tiempo.
Después de haber meditado hondamente en la verdadera naturaleza de los Protoseres, de los Pulgones y de la caja negra tuve el convencimiento de que había agotado el tema, sin embargo, algunos acontecimientos recientes me han demostrado que no, que a todo hay quien gane. Con “Gombrowicz, este hombre me causa problemas” ya en los estantes de las librerías de Buenos Aires llamé a la editorial del Negroide Piquetero.

Quería saber algo de cuál era desempeño del libro. A más de informarme sobre el desempeño del libro la Hacker me comunicó que se habían mudado y que el Negroide Piquetero quería decirme algo. Siendo la mudanza un síntoma de crecimiento o de decadencia que en sí mismo no me decía nada, me quedé esperando a ver de qué quería hablarme el Negroide Piquetero.
En verdad lo único que tenía para decirme el Negroide Piquetero es que debía cortar porque lo estaban llamando por la otra línea, y ésta es otra de las técnicas que utilizan los Protoseres hijos de Gutemberg: la de darse importancia. Pero yo había llamado para saber cuántos ejemplares de “Gombrowicz, este hombre me causa problemas” se habían vendido en un semestre.

Y ésta es la cuestión, si los libros de los otros autores tenían en promedio un comportamiento semejante al del mío, entonces, la mudanza que hicieron del Centro a Palermo era un síntoma de decadencia y la bancarrota debía estar próxima. “Gombrowicz, este hombre me causa problemas” es un libro bueno, tiene una jerarquía que no es producto de mi imaginación.
¿Y entonces, a quién puedo echarle la culpa?, ¿a los lectores hispanohablantes que no lo quieren leer? ¿Y qué editor en su sano juicio, conociendo la perfomance de este libro, va a querer publicar “Gombrowicz, y todo lo demás”? Si el Negroide Piquetero hubiera sabido de antemano la cantidad de ejemplares que iba a vender es seguro que no hubiera publicado “Gombrowicz, este hombre me causa problemas”.

Lo que yo debo hacer entonces es ocultar esta información y buscar un editor que comprenda el valor de Gombrowicz y aprecie el nivel de mis escritos. Para el caso de que la historia de esta obra, a la que el Alfajor calificó de exquisita, hubiera empezado de otra manera quizás su destino no hubiera sido tan aciago, pero miremos con atención algunos de los acontecimientos que precedieron a su puesta en los estantes de las librerías.
Sin que esté tomándome la mano ninguna sombra interior que pese sobre mi alma debido a alguna mala acción que hubiera cometido injustamente debo hacer una declaración. El Pato Criollo jugó un papel importante en la publicación de “Cartas a un amigo argentino” y de “Gombrowicz, este hombre me causa problemas”, habiendo actuado en el primer caso sobre la Hierática y en el segundo sobre el Negroide Piquetero.

La verdad es que el Pato Criollo estuvo presente con su ciencia infusa y sus poderes mágicos en las dos únicas ocasiones en las que los editores tradicionales se ocuparon de mí.
Mis aventuras con el Negroide Piquetero empezaron en el café Tortoni de una manera amable, per con el paso del tiempo entraron en crisis. Tuve que hacer las paces con él el día que presentamos el libro en la Embajada de Polonia.
Nos habíamos peleado a muerte, pero yo conocía la técnica para manejarlo, tenía que sobarlo un poco. Cuando descubrí que era un mentiroso irresponsable hablé directamente con uno de los dueños de la editorial. Para alcanzar mi propósito utilicé cierta información escabrosa que me había suministrado el Perverso. El Perverso se quería vengar de los accionistas que le había dado el olivo y también de su colega.

El Negroide Piquetero empezó a temblar como una hoja. Aproveché ese estado de terror a lo desconocido que se había apoderado de él, un pánico que le malograba la naturalidad del comportamiento, y entonces lo invité a sentarse a mi lado, cosa que hizo sin chistar. Luego, mientras los otros presentadores hablaban y hablaban sin parar, lo empecé a sobar, comencé con el hombro derecho, después bajé un poco y lo masajeé en las costillas.
Terminé sobándolo en la rodilla izquierda, lo derretí, estaba tan contento como un perro, terminamos mucho más amigos que antes de la pelea. Pero duró poco tiempo. El Pato Criollo comentaba en el ambiente que el Negroide Piquetero había sido nombrado el sex symbol de la poesía en un congreso realizado por las poetisas más destacadas de nuestro medio.

Finalmente el Enterrador consiguió lo que el Negroide Piquetero había perseguido con tanto empeño: mandó a “Interzona” a la bancarrota. Su canto del cisne fue la autorización que le dio a “El Ortiba” para que publicara, con el crédito correspondiente, “Gombrowicz, este hombre me causa problemas”. Hace un año el Orate Empobrecido me propuso editar un libro sobre la base de los gombrowiczidas, proposición que acepté inmediatamente.
Sin embargo, después del entusiasmo inicial, me asaltaron algunas dudas sobre las reales condiciones de equilibrio de este Protoser, de modo que le pedí opinión a un psiquiatra amigo, una fecha para la firma del contrato al Orate Empobrecido y la percepción de un anticipo. Me estaba preparando para suspender la preparación de gombrowiczidas, una suspensión necesaria para poder cerrar el libro.

Por aquel entonces el Orate Empobrecido me escribió que por el momento no tenía dinero disponible. Cuando las llamas de mis obras parecían extinguirse tuve noticias de la resurrección de “Interzona”, la editorial que había alcanzado la tumba de la mano del Negroide Piquetero y del Enterrador, una resurrección que hasta ahora sólo me ha producido tormentos, unos tormentos parecidos a los suplicios del Tántalo del mito.
En los tiempos de la antigua Grecia ocurrían cosas que aún siguen ocurriendo entre nosotros, verbigracia, la filosofía y la antropofagia, aunque la filosofía no tanto. Tántalo, hijo de Zeus y rey de Lidia, fue invitado a la mesa de los dioses del Olimpo. Para jactarse entre los mortales, reveló los secretos de los dioses que había conocido en la mesa, y robó néctar y ambrosía para repartir entre los amigos.

Con el propósito de corresponder a la liberalidad de los olímpicos, los invitó a un banquete en el que les ofreció la carne de su propio hijo, prolijamente descuartizada y bien cocida. Zeus lo arrojó al Tártaro y lo condenó a permanecer a la orilla de un río cuyas aguas se retiran cuando quiere beber, y debajo de unos árboles cuyas ramas se levantan cuando quiere comer sus frutos, padeciendo desde entonces un hambre y una sed inextinguibles.
Unas de las secretarias del Tántalo de la “Interzona” resucitada, me anunció hace unas semanas que tenía disponible una suma de dinero en concepto de derechos de autor, suma que sería transferida de inmediato a mi cuenta bancaria. Desde entonces miro con curiosidad los movimientos de mi cuenta que no termina de registrar esa transferencia. La miro como el Tántalo del mito miraba el agua y los frutos inalcanzables.



"Las opiniones vertidas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.


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