<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361</id><updated>2011-12-29T12:58:51.448-03:00</updated><category term='Artículos de Gombrowicz'/><category term='Adaptación de Witold'/><category term='Libros de Witold Gombrowicz'/><category term='Juan Carlos Gómez'/><category term='Artículos sobre Gombrowicz'/><category term='GOMBROWICZIDAS'/><category term='Cinosargo'/><category term='Alfredo Martín'/><title type='text'>Ferdydurke</title><subtitle type='html'>Bitácora dedicada a la voz y obra del  escritor polaco Witold Gombrowicz</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>252</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-4379963653747379724</id><published>2011-12-12T19:00:00.000-03:00</published><updated>2011-12-12T19:02:59.618-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y LA BIOGRAFÍA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;" style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;img style="margin-left: 4px; margin-right: 4px; margin-top: 4px; margin-bottom: 4px; border: 0" style="margin-left: 4px; margin-right: 4px; margin-top: 4px; margin-bottom: 4px; border: 0" alt="1323727344724-Gombrowicz_20.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/1323727344724-Gombrowicz_20.jpg?v=1323727358821" src="/media/users/1/87598/images/public/9531/1323727344724-Gombrowicz_20.jpg?v=1323727358821" /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;" style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;" style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;" style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y LA BIOGRAFÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En  el mes de noviembre próximo pasado la Vaca Sagrada estuvo en la  Argentina e hizo dos declaraciones llamativas: que ésta era la última  vez que venía a este país y que estaba faltando una verdadera y buena  biografía de Gombrowicz. Los gombrowiczólogos polacos deben estar que  trinan, vienen escribiendo sobre Gombrowicz a diestra y siniestra.&lt;br /&gt;Después  de haber escrito tanto deben haber completado una verdadera biografía.  La Vaca Sagrada vino a Buenos Aires invitada por las embajadas de  Francia y de Polonia y por la Biblioteca Nacional para promocionar su  libro de testimonios “Gombrowicz en Argentina”. La declaración de que  era la última vez que venía a la Argentina tiene un carácter mortuorio o  despreciativo y no vale la pena detenernos en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra cosa  muy distinta es la cuestión del completamiento de la biografía. Sobre  las biografías, los libros y las lecturas Gombrowicz ha escrito páginas  memorables en el “Diario”. Sobre el libro de los testimonios tuve una  aventura curiosa. Cuando empecé a decirle al Aceitoso que el Perverso  era un depravado mal nacido, simplemente me lo prohibió, alentándome en  cambio a que hablara pestes del Guitarrón.&lt;br /&gt;Lo obedecí inmediatamente  con la esperanza de que podría aflojarme algo respecto al Perverso. No  aflojó, cómo iba a aflojar, yo no sabía que el Perverso le había  publicado recientemente al Aceitoso una novela. Pues bien, el Perverso  no sólo publica las obras del Aceitoso, la Hierática me está diciendo  que ha preparado una nueva pócima en su celebrado aquelarre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En  junio saca del caldero la reedición  de “Gombrowicz en Argentina”,  restituyéndole el título original al libro de la Vaca Sagrada. El Gnomo  Pimentón cuenta que Barnatán publicó “Gombrowicz íntimo”, la primera  versión española y pirata de “Gombrowicz en la Argentina”, nada más que  para pavonearse, para aparecer en una foto junto a Borges y a  Mastronardi.&lt;br /&gt;El Perverso seguramente lo hace porque es un distinguido  miembro del club de gombrowiczidas. Las circunstancias fueron  convirtiendo poco a poco a la Vaca Sagrada en la albacea de la gloria  que con tanto cuidado había empezado a administrar su marido. Cuando lo  conoció en Royaumont estaba escribiendo una tesis sobre Colette.  Gombrowicz, ya tenía la salud quebrantada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dijo que quería  radicarse en España, en el sur de Francia o, quizás, regresar a la  Argentina: –Cambie el tema de la tesis, hágala sobre mí, yo se la  escribiré en dos semanas y luego nos vamos. Finalmente aprobó la tesis  escribiendo sobre Colette, a pesar de los sarcasmos de Gombrowicz que le  advirtió que después de los acontecimientos de mayo su tesis sería  rechazada.&lt;br /&gt;La Vaca Sagrada escribió “Gombrowicz en Argentina” y  “Gombrowicz en Europa” para alcanzar su salud espiritual escapándole a  la sombra del gran sobretodo gris de Gombrowicz que la había protegido  pero que a la larga terminó por ahogarla. Ya en una entrevista que le  hizo Louis Soler alcanzamos a notar como no pudo concretar ese anhelo de  libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Vaca Sagrada no apareció en el primer libro y quedó  completamente sometida en el segundo, siendo éste, quizás, el destino  de los compañeros o compañeras de vida de los grandes artistas, el  destino de sus alumnos, admiradores y discípulos. De la que sí se fue  liberando poco a poco fue de la sumisión que tenía con los que  testimoniaron en sus libros.&lt;br /&gt;Con el tiempo adoptó una actitud que la  fue convirtiendo en la sacerdotisa de un conjunto de corifeos que le  rinden pleitesía, y que la convirtieron a mis ojos en la Vaca Sagrada.  “Alguien me manda como obsequio desde París un paquete con importantes  libros franceses, adivinando con razón que no los conozco y debería  leerlos. Estoy condenado a leer únicamente los libros que me caen en las  manos (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No puedo permitirme el lujo de comprarlos; me  rechinan los dientes al ver a industriales y a comerciantes y a todo  tipo de empresarios que se compran bibliotecas enteras con el solo  propósito de adornar sus despachos. Yo, mientras ellos se atiborran de  libros y de bibliotecas, no tengo acceso a obras de las que haría un uso  bastante diferente (...)”&lt;br /&gt;“Algún día la ilimitada idiotez del  sistema, que me cierra ante las narices las puertas de los teatros, de  los salones de conciertos, de las librerías, las puertas que se abren de  par en par ante el dinero de los snobs, algún día esa idiotez se  vengará en vosotros. Ese sistema, que relega al intelectual al último  puesto, que quita a la intelligentsia la posibilidad de desarrollarse,  será en el futuro adecuadamente juzgado (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Vuestros nietos  os tomarán por imbéciles, claro, que a vosotros qué os importa”. En las  ocasiones en las que le preguntaba a Gombrowicz si había leído tal o  cual libro siempre me respondía que yo debía suponer que él había leído  todo. Al llegar a la Argentina Gombrowicz ya tenía asimilados a  Shakespeare, Rabelais, Montaigne, Goethe, Dostoievski, Mann...&lt;br /&gt;Yo  nunca lo vi comprar un libro, no tenía plata para comprarlos. A veces se  lamentaba de no disponer de los más actuales para escribir sobre ellos  en sus diarios, y como no era un hombre de ir a las bibliotecas leía  sólo lo que le prestaban. La primera vez que vi a Gombrowicz me pareció  un personaje inglés por el aspecto y por la pipa. Poco tiempo después se  me empezó a parecer a Jacques Tati.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando lo conocí un poco  más todavía, leí “Ferdydurke”. Gombrowicz fue el primer hombre de letras  al que conocí personalmente; de este encuentro y de la lectura de  “Ferdydurke” saqué la conclusión de que no existía ninguna diferencia  entre el escritor y sus escritos. Cuando conocí a otros escritores me di  cuenta de que este canon no era aplicable en forma uniforme.&lt;br /&gt;Funcionaba  más o menos bien con el finado Pterodáctilo, pero no funcionaba para  nada con el Pato Criollo, para poner dos ejemplos solamente. Pero si  Gombrowicz es tan parecido a sus obras, si es tan contradictorio como lo  son los protagonistas de sus novelas, de sus cuentos y de sus piezas de  teatro, entonces estamos frente a un verdadero problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A  medida que Gombrowicz fue adquiriendo seguridad para definir sus  problemas formuló una ley de carácter universal: “cuanto más  inteligencia, mayor estupidez”, una estupidez que va a la par de la  inteligencia y que crece con ella. La estupidez del refinamiento del  lenguaje que produce fatiga y distracción de modo que la comprensión es  reemplazada por los malentendidos.&lt;br /&gt;Y también la estupidez que produce  la erudición pues la gente no ha encontrado un lenguaje que le permita  expresar su ignorancia; no le está permitido no saber o saber más o  menos. La forma de transmitir el pensamiento ha cambiado muy poco desde  los tiempos de Gutenberg y una gran cantidad de palabras y de libros  está llegando al sol, pero el sol es inalcanzable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  pone de manifiesto que cuanto más tiende nuestro espíritu a través de  los siglos a liberarse de la estupidez y a dominarla, más parece pegarse  la estupidez a la condición humana. El esfuerzo del pensamiento por  purificarse de la estupidez humana está, por lo tanto, en una  contradicción flagrante con la organización interna del género humano.&lt;br /&gt;“Cuando  abandoné Berlín, en mayo de 1964, me instalé en Royaumont, a treinta  kilómetros de París. Una abadía del siglo XIII, donde san Luis servía a  los monjes y donde, al parecer, gobernó a Francia durante un tiempo; un  gótico poderoso, de base cuadrada, de cuatro pisos, murallas, galerías,  arcos, rosetones, columnas, un parque tranquilo con canales y estanques  de agua verde y podrida (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El edificio está medio vacío,  (refectorios ‘con eco’, salas con las losas sepulcrales venerables e  inscripciones en latín) y medio habitado, ya que las celdas de los  monjes de la primera planta, entre ellas aquella en la que había vivido  el rey san Luis, han sido habilitadas para intelectuales y artistas que  vienen de París. Yo seguía enfermo con una enfermedad extraña (...)”    &lt;br /&gt;“En  principio era una convalecencia después de la estancia en un hospital  de Berlín, pero no acababa de mejorar, sentía que un secreto venenoso  anidaba aún en mí, me encontraba mal, paseaba debilitado bajo los  castaños, llegaba perezosamente al camino, al pequeño puente, me sentaba  en una piedra, contemplaba la dulce Francia que se desplegaba ante mí  como si fuera de seda (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pequeños bosques, prados, colinas  por donde pasaban las líneas de alta tensión fijadas en torres de acero,  transparentes y dispuestas rítmicamente. Miraba todo aquello  desanimado, con el alma desganada de un perro que aparta el morro del  plato lleno, y, poco a poco, dirigía mis pasos de vuelta a casa, me  adentraba en el espesor de los muros, en el gótico de las bóvedas (...)”&lt;br /&gt;“Por  la mañana, al afeitarme, con la toalla en el cuello, veía desde la  ventana a gente deambulando por el parque: un profesor que arrastraba su  tumbona hacia un lugar apartado, dos damas muy distinguidas con  sombrillas, un pintor contemplando el canal, un estudiante en el césped  rodeado de libros. Cada pocos días irrumpían en esta tranquilidad grupos  de habla extranjera (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Sesenta biólogos, cuarenta  etnólogos, diecisiete parapsicólogos (los veía desde la ventana), ya que  Royaumont es un importante centro científico y cultural donde se  celebran congresos internacionales, conferencias, conciertos y  seminarios. Al principio pensé que me sentiría bien en ese lugar,  prefería esto al aburrimiento de un hotel. No podía vivir en París  (...)”&lt;br /&gt;“París se ha convertido en un Apocalipsis automovilístico  aullante, rugiente, acelerado y hediondo, me alegraba de tener aquí  combinados un verdor delicioso con el Café de Flor y la Sorbona, e  incluso con Japón y Australia”. Nuestro destino anda golpeando puertas  por el mundo hasta que finalmente entra por una. Es inútil preguntarse  por qué entró por ésa y no por aquella otra puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si esta  pregunta tuviera alguna respuesta no hubiese sido entonces el destino el  que la golpeaba. El destino golpeó dos veces la puerta de Gombrowicz:  en un café de Varsovia en el que un colega escritor le despierta las  ganas de viajar a la Argentina, y en la vieja abadía de Royaumont donde  pierde su condición de célibe y cancela su regreso a la Argentina.&lt;br /&gt;El  abandono de la Argentina, el encuentro con Berlín, la ciudad en la que  se había planificado la ruina de Polonia, y la enfermedad lo pusieron a  Gombrowicz fuera de concurso. Royaumont es una transición, en la vieja  abadía Gombrowicz recupera hasta cierto punto el dominio y la alegría  que había perdido en un hospital de Berlín en el que estuvo internado  dos meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía conversaciones estrafalarias e inconcebibles en  el comedor de la abadía de Royaumont destinado a los residentes  habituales y a los miembros del círculo. Presidía la mesa un anciano muy  distinguido, experto en quesos y un gran devorador de ensaladas. El  señor d’Hormon era sordo como una tapia, lo que no le impedía llevar la  conversación con la cordialidad típica de los franceses.&lt;br /&gt;–Ah, es  usted escritor polaco, perfecto, ¿me podría decir a cuál de los  escritores franceses contemporáneos aprecia usted más?.  Gombrowicz  decide provocar al señor d’Hormon: –¡A Sartre!; –¿A quién? ¿A Sartre?  Sartre no es mi amigo para nada. ¿Y no le gusta Racine?; –¡Oh, no!;  –¿Cómo que no?; –¡Pues no me parece gran cosa!; –¿Qué? ¿Perdone? ¿Qué ha  dicho ese señor? ¿Qué no le parece gran cosa? Pero, perdóneme mi amigo,  usted exagera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sólo con el señor d’Hormon sostenía diálogos  de sordo, también los sostenía con las damas intelectuales: –¿Usted  comparte las opiniones que tiene Simone de Beauvoir sobre la mujer  contemporánea?; –No del todo, yo tengo una opinión más bien parecida a  la del emperador Guillermo: ‘K.K.K’, o sea, ‘Kinder, Küche, Kirche’, es  decir, ‘hijos, cocina, iglesia’; –¿Qué, qué?, ¿usted está hablando en  serio?; –Sí, estoy hablando en serio.&lt;br /&gt;Estas locuras arrogantes de  Gombrowicz seducían a los estudiantes: –¡Lo adoro, Gombrowicz, usted  tiene el don de convertir a las personas en idiotas! La falta de humor  propia de un organismo sufriente, y los recovecos de ese edificio  medieval eran un poco lúgubres. Alemania y Francia, Polonia y la  Argentina. Después de haberse sumergido un año en Alemania miraba a los  franceses con curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los europeos lanzados a las costas de  América del Sur como tristes náufragos, conchas o algas que perdían  fuerza..., aquí están en sus propias naciones, como frutos en el árbol,  llenos de savia. Polonia y Argentina, los dos tigres míticos de mi  historia, dos olas que pasan sobre mí y me asolan con su terrible  insistencia, pues eso ya no existe, fue”. La enfermedad lo golpeaba  duramente, le rondaban por la cabeza ideas tristes.&lt;br /&gt;Pensaba que  había entrado en la fase final de la vida en la que sólo se vive de lo  que ya está muerto. Las obras y las cosas terminadas lo hacían sentir  vivo tan sólo para los que lo visitaban en Royaumont, pero él se sentía  muerto y petrificado... aunque algunas veces recuperaba su condición de  polemista. “Yo el travieso, yo el fantasmagórico, yo el bromista, yo el  torturado, yo viviendo, yo agonizando (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Me atormentaba no  haber sido todavía capaz de emprender nada más personal e innovador con  respecto a Europa, a la que visitaba después de una cuarto de siglo de  mis aventuras en la Argentina, yo el extranjero, yo el argentino, yo el  polaco que regresaba.  Me daba vergüenza pensar en los países que volvía  a ver de un modo ya establecido, mil veces hablado, banalizado (...)”&lt;br /&gt;“Que  si la técnica, la ciencia y el aumento del nivel de vida, que si la  motorización, la socialización y la libertad de costumbres... ¿No seré  capaz de nada mejor? ¿Qué clase de Colón soy? Me parecía casi ridículo  que esa enormidad en la historia, Europa, en lugar de deslumbrarme con  su novedad después de los años de no verla, años de pampa, se me  convirtiera en un montón de lugares comunes de lo más trillado (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lo  peor es que la verdad sobre ella no me interesaba en absoluto. Yo  quiero devolverle el frescor y refrescarme con su contacto. ¡Y todo para  que el tiempo se vuelva rejuvenecedor en lugar de hacernos envejecer a  mí y a ella! Por eso debo concebir un pensamiento aún no pensado,  destinado a servir no a la verdad, ¡sino a mí! Egoísmo. El artista es la  subordinación de la verdad a la propia vida, es el uso de la verdad con  fines personales”&lt;br /&gt;En la abadía de Royaumont se sentía amenazado por  las etiquetas de noble polaco y de emigrante. De estos marbetes y de su  comportamiento altivo un crítico literario, alemán judío, sacó la  conclusión, y la puso en conocimiento del jurado que iba a otorgar el  premio Formentor, de que Gombrowicz era antisemita y de que estaba  escribiendo un libro plagado de estas alusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Oh, dejemos  que esta asociación de mi persona con una terminología ya demasiado  trillada engendre unos monstruos que acaben devorándose entre ellos. Lo  peor es que la prensa francesa, en ocasión de mi llegada a París, se  dedicó a subrayar mi aspecto de conde y mis maneras aristocráticas,  mientras la prensa italiana me calificaba de gentilhuomo polacco.  ¿Protestar? ¿Qué conseguiría protestando? (...)”&lt;br /&gt;“Sé perfectamente  que todo esto me desacredita a los ojos de la vanguardia, de los  estudiantes, de la izquierda, casi como si yo fuera el autor de “Quo  vadis”; y sin embargo, es la izquierda y no la derecha la que constituye  el terreno natural de mi expansión. Desgraciadamente se repite la vieja  historia de los tiempos en que la derecha veía en mí a un bolchevique,  mientras que para la izquierda yo era un anacronismo insoportable (...)” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero de alguna manera veo en ello mi misión histórica. Ah,  entrar en París con una desenvoltura ingenua, como un conservador  iconoclasta, un terrateniente vanguardista, un izquierdista de derechas,  un derechista de izquierdas, un sármata argentino, un plebeyo  aristócrata, un artista antiartístico, un maduro inmaduro, un anarquista  disciplinado, artificialmente sincero, sinceramente artificial. Eso os  hará bien... ¡y a mí también!”&lt;br /&gt;Gombrowicz prefería la diversión a la  seriedad, así que seguía obteniendo material satírico de sus  conversaciones con el señor d’Hormon: –En su Renán está oculto Bergson;  –Sí, es cierto, porque a la mónada hay que abordarla desde esta  perspectiva, créame, he pensado mucho en ello, y además Demócrito...;  –Desconfío de Teócrito; –¿Qué? ¿Heráclito? Sí, sí, hasta cierto punto  comparto sus sentimientos, pero los horizontes heraclitianos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Nos  escuchaban con devoción, en un silencio profundo, la mesa entera estaba  suspendida de nuestros labios, hasta que finalmente el anciano me dio  una palmadita en el hombro: –Somos del mismo piso”. En la vieja abadía  de Royaumont el destino golpea otra vez la puerta de Gombrowicz, le da  la última llave para que encuentre su camino. “En Royaumont, cerca de  París, pasé tres meses (...)”&lt;br /&gt;“Después huí del otoño, primero a la  Messuguier, en la proximidades de Cannes. Alquilé la habitación donde  antaño había vivido Gide. Mi senda sigue por fin la huella de los  hombres que conozco bien desde hace años, como si los alcanzara  físicamente post mortem, y siento en mí una voz que dice: estabas  desterrado”. Al bibliotecario de Royaumont le plantea una cuestión  extraña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunta si el gobierno estaba tomando medidas para  afrontar la llegada inminente del desbordamiento total, cuando las  bibliotecas hagan estallar las ciudades, cuando haya que entregarle no  sólo los edificios, sino barrios enteros, cuando los libros y las obras  de arte acumulados inunden los campos y los bosques desbordándose de las  ciudades llenas hasta reventar.&lt;br /&gt;No había que olvidar que, al mismo  tiempo que la cantidad se convierte en calidad, la calidad también se  transforma en cantidad. Esta preocupación que le manifiesta al  bibliotecario de Royaumont, le venía de tiempo atrás, antes de empezar a  escribir los diarios, era una verdadera obsesión de Gombrowicz. No es  tan fácil saber a qué atenerse sobre los hombres de letras y los libros  leyendo a Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal como presenta las cosas, pareciera de  que tienen valor y de que no tienen valor al mismo tiempo. Por más que  Gombrowicz se rompa la cabeza, la escritura, también la suya, es una  forma, y la forma, por más que el artista se disfrace de murciélago, de  rata, de topo o de mimosa, no puede abarcar los intríngulis que nos  presenta la existencia, impenetrable para la forma como un grano de  maíz.&lt;br /&gt;La relación que tenía Gombrowicz con los libros, con los  bibliotecarios y con las bibliotecas no era del todo clara. Mientras  Sastre termina tratando a los libros como si fueran productos,  Gombrowicz comienza a relacionarse con ellos en forma despectiva.  Sartre, que durante gran parte de su vida aspiraba al reconocimiento de  la posteridad, llegando a los sesenta años nos dice que se había  engañado hasta los huesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que había dudado de todo, pero no  había dudado de haber sido el elegido de la duda, por lo que se había  convertido en un dogmático, y que se había transformado en una máquina  de hacer libros. Gombrowicz tenía la sospecha que la gente en realidad  leía mucho menos de lo que decía que leía. En algunas ocasiones  Gombrowicz nos manifestaba que el contacto directo con los libros le  producía eczema.&lt;br /&gt;Por esta razón le resultaba más placentero  dedicarlos que acarrearlos o leerlos. “Se acercaba el bachillerato. Mi  situación era un tanto embarazosa porque desde hacía unos cuantos años  casi no había abierto mis manuales, y me dedicaba en las clases durante  horas enteras a practicar mi firma, cada vez más sofisticada, con  rúbrica o sin ella, aprobando los cursos de pura chiripa (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En  el cuarto curso el director me había retado porque yo no llevaba libros  a la escuela, simplemente una pequeña agenda para tomar apuntes. En  respuesta contraté a un mensajero –se encontraban entonces en las  esquinas de las calles– que entró detrás de mí en el edificio de la  escuela cargando con mi mochila llena de libros”. La relación entre los  libros y la erudición cae bajo la lupa de Gombrowicz.&lt;br /&gt;“¿Por qué nadie  se atreve a poner de manifiesto la falsa erudición científica y  filosófica de los literatos que, depravados por la ciencia, trabajan con  enciclopedias? Porque se descubriría que fingen ser más cultos de lo  que son”. Gombrowicz, tanto como Sócrates, le tenía una cierta  desconfianza a la palabra escrita. Esta desconfianza, sin embargo, no  era tan drástica como podría suponerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera obra literaria  de su vida fue la monografía “illustrissimae familiae Gombrovici”.  Gombrowicz conservó esta obra en estado de manuscrito, y aunque no  contenía nada de especial pues los Gombrowicz eran tan solo miembros de  una pequeña nobleza, se pavoneaba con cada detalle referente a los  bienes, funciones y vínculos familiares, y disfrutaba de esta manía.&lt;br /&gt;“Yo  era, como ya he dicho, de origen noble, terrateniente, y ésa es una  herencia poderosa y trágica. La primera obra que escribí, a los  dieciocho años, era la historia de mi familia elaborada a partir de  nuestros documentos, que abarcaban cuatro siglos de bienestar en  Zemaitija. Un terrateniente, da igual que sea un noble polaco o un  granjero americano, siempre tendrá una actitud de desconfianza hacia la  cultura (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Su alejamiento de las grandes aglomeraciones lo  vuelve impermeable a los conflictos y a los productos interhumanos. Y  tendrá una naturaleza de señor. Exigirá que la cultura sea para él y no  él para la cultura; todo aquello que sea humilde servicio, entrega y  sacrificio le resultará sospechoso. ¿Quién, de aquellos señores polacos  que se hacían traer antaño los cuadros de Italia, habría tenido la idea  de postrarse ante una obra maestra?”&lt;br /&gt;“Ninguno. Trataban de una manera  señorial tanto a las obras como a los maestros. Yo, aunque traidor y  escarnecedor de mi esfera, pertenecía a ella a pesar de todo, muchas de  mis raíces deben buscarse en la época de mayor depravación de la  nobleza, el siglo XVIII. Yo, que tenía un pie en el bondadoso mundo de  la nobleza terrateniente y otro en el intelecto y en la literatura de  vanguardia, estaba entre dos mundos (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero estar entre es  también un buen método para enaltecerse, puesto que aplicando el  principio de divide et impera puedes conseguir que ambos mundos empiecen  a devorarse mutuamente, y entonces tú puedes zafarte y elevarte por  encima de ellos”. El camino que siguen los grandes escritores después de  muertos está compuesto de una mezcla de asuntos cuyas proporciones  varían a medida que pasa el tiempo.&lt;br /&gt;Los ingredientes de esa mezcla  son la propia obra del hombre de letras, los testimonios de los que lo  conocieron, una gran variedad de documentos, los escritos de los que  escriben sobre el muerto y las biografías. A medida que pasan los años  estos compuestos van perdiendo actividad, como víctimas de una entropía,  esa función termodinámica que en el lenguaje de la ciencia es la parte  no utilizable de la energía en un sistema cerrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa entropía  los degrada, excepción hecha de los documentos que vendrían a ser a la  literatura lo que al mundo físico es el calor. La física predice la  muerte térmica del universo, pues el calor no puede devolverle a las  otras formas de energía en la misma cantidad lo que recibe de ellas, y  la literatura predice la muerte literaria de un autor cuando no quedan  de él más que los documentos y las enciclopedias.&lt;br /&gt;El héroe de la  primera novela de Sartre, “La Náusea”, es un intelectual francés  desilusionado. No tiene familia, ni amigos, ni trabajo a no ser la tarea  que él mismo se ha impuesto de escribir una biografía de un aventurero  del siglo XVIII, Monsieur de Robellon. Al promediar el libro, Roquentín,  después de reunir una gran cantidad de documentos, abandona su intento  de escribir la vida de Monsieur de Robellon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puesto que no puede  recobrar su propio pasado, que sólo se le presenta en forma de imágenes  desconectadas, se da cuenta que es claramente fútil tratar de revivir  el pasado de otra persona. Esta imposibilidad manifiesta de recuperar el  tiempo perdido abre un signo de interrogación sobre los libros, un  agujero por el que se mete Gombrowicz en la búsqueda de sus cometidos.&lt;br /&gt;La  curiosidad que tienen las personas cultas por saber cuáles han sido las  lecturas de los hombres de letras eminentes es análoga al deseo de  conocer sus antecedentes familiares, es una necesidad que se manifiesta  en todos los campos del conocimiento humano, la necesidad de clasificar y  de darle una estructura lo más simple posible al caos, al desorden y a  la falta de nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ni de sus antecedentes familiares ni de  sus lecturas podemos deducir la naturaleza de Gombrowicz. A los  hombres, tanto se desempeñen en la actividad de escribir como en la de  leer, se le van desarrollando unos meandros intrincados parecidos a los  que tienen las orejas. Schopenhauer decía que hay hombres que piensan  observado el mundo, y otros que necesitan leer un libro para pensar.&lt;br /&gt;Los  griegos leían bastante poco, había mucho menos gente de la que hay  ahora, y a muy pocos de la poca gente que había se le ocurría escribir.  Escribían sólo cuando le venían cosas importantes a la cabeza, no como  ocurre ahora, además Gutenberg aún no había aparecido. En un principio  los griegos tenían tan solo el problema de pensar, poco a poco se le  fueron agregando los de escribir y los de leer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esta razón  el mundo de ellos fue al comienzo más simple y originario, el nuestro en  cambio se ha vuelto más complejo y mediado. Se puede escribir sin  pensar, se puede leer sin pensar, pero no se puede pensar sin pensar,  algo así observa el protagonista de una de las novelas de Gombrowicz  cuando entra a una biblioteca llena de libros y de manuscritos  amontonados en el suelo.&lt;br /&gt;Una montaña que llegaba hasta el techo sobre  la que estaban sentados ocho lectores  flaquísimos dedicados a leer  todo. Obras preciosas escritas por los máximos genios de la literatura,  se mordían y devaluaban porque había demasiadas y nadie podía leerlas  debido a su excesiva cantidad. Lo peor es que los libros se mordían como  si fuesen perros hasta darse muerte.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-4379963653747379724?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/4379963653747379724/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/12/witold-gombrowicz-y-la-biografia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/4379963653747379724'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/4379963653747379724'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/12/witold-gombrowicz-y-la-biografia.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y LA BIOGRAFÍA'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-7196237319092207480</id><published>2011-11-28T06:32:00.000-03:00</published><updated>2011-11-28T06:33:07.031-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y LAS CARTAS A UN AMIGO ARGENTINO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" style="margin-left: 4px; margin-right: 4px; margin-top: 4px; margin-bottom: 4px; border: 0" alt="1322472661134-Cartas_a_un_amigo_argentino.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/1322472661134-Cartas_a_un_amigo_argentino.jpg?v=1322472676559" src="/media/users/1/87598/images/public/9531/1322472661134-Cartas_a_un_amigo_argentino.jpg?v=1322472676559" height="646" width="414" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y LAS CARTAS A UN AMIGO ARGENTINO&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existen  algunas casualidades un tanto llamativas. Que Gombrowicz se haya  encontrado con Czeslaw Straszewicz en un café de Varsovia unos días  antes de la partida del Chrobry, y que a Hitler y a Stalin se les haya  ocurrido firmar el pacto de no agresión justo en el momento en que  Gombrowicz desembarcaba en Buenos Aires, pueden se tomados como hechos  casuales y llamativos.&lt;br /&gt;Pero que Gombrowicz se haya quedado un cuarto  de siglo en la Argentina tiene más olor a causalidad que a casualidad.  El programa de Gombrowicz sobre el espíritu de contradicción tuvo frutos  extraños en la Argentina, despertó la atención de la juventud y una  ostensible indiferencia de la intellegentsia. En el año 1960 Gombrowicz  figuraba en la lista de los grandes maestros internacionales de la  literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún vivía en Buenos Aires, acababa de ser traducido  al alemán y su fama europea crecía semana a semana, en medio de la más  ciega indiferencia argentina. “Pero, hablando seriamente, ¿qué aspecto  tendré yo si París me sorprende en uno de esos momentos de debilidad  como un admirador? ¡No, debo ser siempre difícil, difícil! Y sobre todo  debo ser igual a como era en la Argentina (...)”&lt;br /&gt;“Oh, la, la, si yo  cambiara esa modalidad no sería más que un pequeño detalle bajo la  influencia de París, ése sería el efecto. No, así como yo era con Flor  en el Rex, así debo ser ahora, ¡tengo que estampar mi sello en la cúpula  de los Inválidos o en las torres de Notre-Dame tal como era con Flor en  la Argentina. ¡Con Flor o también con la vieja Polonia aristocrática!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De  la contradicción entre la juventud inferior y la intelligentsia  despreciativa surge un amor extraño.“Escríbeme, mis lazos con la  Argentina se aflojan y no se puede remediar, cada vez menos cartas, pero  es casi seguro que apareceré un día por Buenos Aires, porque  experimento una curiosidad casi enfermiza; es realmente extraño que no  me atraiga en absoluto Polonia, en cambio, con Argentina no puedo  romper”&lt;br /&gt;Gombrowicz le daba a la correspondencia una importancia  especial relacionada con el carácter mismo de la literatura. Las cartas  que me escribió desde Europa han recorrido un camino sinuoso y  contradictorio. En el año 1993 la revista L’Infini de Philippe Sollers  publicó trece de las cuarenta cartas que Gombrowicz me había escrito  desde Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un cuarto de siglo antes Gombrowicz le había  mandado al Hasídico unas líneas sobre Sollers. “Me he limitado a echarle  un vistazo a Sollers, sólo por curiosidad, pues me hallo en pleno  galope. Su Sollers es muy venenoso, aunque usted lo haga objeto de sus  alabanzas, innecesarias en mi opinión, y el capítulo dedicado a mí  parece algo que recorre el espacio como un bólido, diría yo, arrebatado,  rugiente y como furioso”&lt;br /&gt;Philippe Sollers es uno de esos hombres  que difícilmente suscitan la indiferencia. Omnipresente en la escena  literaria francesa desde hace cincuenta años, sus enemigos apuntan un  dedo acusador contra ese Judas hacedor y demoledor de destinos, frívolo,  superficial y esnob. François Mauriac bendijo su primera novela, pero  también lo promovió el poeta comunista Louis Aragon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hay que  reconocer que ese doble padrinazgo del Vaticano y del Kremlin fue  suficiente para comenzar mi carrera provocando celos y envidias de todo  tipo”. La carrera literaria de Gombrowicz, contrario sensu, fue  desdeñada por el Vaticano y por el Kremlin, especialmente por el  contenido de algunos pasajes de su “Diario”, donde ni le iglesia ni el  comunismo quedan muy bien parados.&lt;br /&gt;Yo vengo sometiendo a los  editores, a los escritores y a los embajadores a lo que podríamos llamar  las ordalías de los tiempos modernos para poder explicar los cambios,  mutaciones y metamorfosis que sufren mis relaciones con ellos con el  transcurso del tiempo. Una característica común que tienen estos juicios  de Dios es que los acusados son sometidos a pruebas invasivas pero  extra corporales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con este procedimiento me propongo encontrar la  causa de esos cambios, mutaciones y transformaciones. La repetición de  este fenómeno se ha convertido para mí en un objeto decisivo. La  historia de las cartas que me escribió Gombrowicz desde Europa me  recordó por su carácter obsesivo a una noche del café Rex. Estábamos  dialogando sobre un problema que tenía cierta importancia.&lt;br /&gt;De  repente yo tomé la palabra y empecé a hablar apasionadamente de una  cuestión que carecía por completo de interés: –Gómez, no veo por qué  usted habla con tanto entusiasmo de un asunto insignificante; –Vea,  Gombrowicz, si hablara sin entusiasmo nadie me escucharía. Gombrowicz no  era muy entusiasta que digamos pero se obsesionaba frecuentemente con  temas laterales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ponía a esperar, por ejemplo, la primera  cosa que se le aparecería en la ventana de un café por la que estaba  mirando. Pero mientras yo trataba de despertar la atención de los demás  con el entusiasmo, Gombrowicz lo despierta con la maestría que tiene  para sacarle jugo a las piedras. Las transformaciones que sufren mis  relaciones con algunos gombrowiczidas son extrañas.&lt;br /&gt;Tienen un cierto  parecido con las mutaciones que observa Gombrowicz sobre la mano de un  mozo del café Querandí, una mano que pasa de una inocencia absoluta a  una posesión diabólica. La transformación que sufrió mi relación con  Philippe Sollers tiene algo de esta locura. No creo que haya habido  presentación más rimbombante de libros que la que le hicieron a “Cartas a  un amigo argentino”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta presentación se la hicieron en el  Centro Cultural de España. Lo presentaron el finado Pterodáctilo, que  además había escrito el prólogo, y el Buey Corneta en una celebración a  la que asistió tout Buenos Aires. Resultó ser un acontecimiento tan  importante que entusiasmó al Bucanero, tanto que me invitó a un  encuentro en la Casa de América de España.&lt;br /&gt;Lamentablemente para mí  el viaje fracasó, Íñigo Ramírez de Haro lo mandó de paseo al Bucanero,  le manifestó que yo era un don nadie y que sólo le daría el visto bueno  al proyecto si también lo invitaba al Pterodáctilo. Este ilustre hombre  de letras hispanohablante, que ya tenía a cuestas el Premio Cervantes de  Literatura, pidió una suma considerable de dólares que Íñigo no pudo  soportar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eróstrato era un pastor del Éfeso que, queriendo  hacerse célebre, incendió el templo de Diana, una de las siete  maravillas de la antigüedad. Gombrowicz tenía una intención parecida a  la del griego, pero en vez de incendiar templos se dedicó a desmontar  todas las posiciones de la cultura para hacerse escuchar. Y tanto se  hizo escuchar que aún las cartas privadas que nos escribió dieron la  vuelta al mundo.&lt;br /&gt;La de la homosexualidad y la inmundicia es  inolvidable, pero no sólo ésa. En el año del centenario de Gombrowicz el  diario “Clarín” publicó, en el suplemento literario, “Cartas  Memorables”: de Jorge Luis Borges a Estela Canto; de Franz Kafka a  Milena; de Witold Gombrowicz a Juan Carlos Gómez; de Cristóbal Colón a  su Alteza el Rey de España; de Hannah Arendt a Mary MacCarthy; de  Charles Baudelaire a su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las más rutilantes de estas cartas  son la de Witold Gombrowicz a Juan Carlos Gómez y la de Charles  Baudelaire a su madre. Vamos a transcribir un fragmento de la de  Baudelaire. “Y no obstante, en las circunstancias terribles en que me  encuentro, estoy convencido de que uno de nosotros matará al otro y de  que terminaremos de matarnos mutuamente (...)”&lt;br /&gt;“Después de mi  muerte, tú no podrás seguir viviendo, eso está claro. Yo soy el único  motivo que te hace vivir. Después de tu muerte, sobre todo si murieses a  causa de un choque causado por mí, me mataría, eso es indudable”. En  cuanto a la que Gombrowicz me escribió a mí podría decirse que es todo  lo contrario de lo que Baudelaire le escribió a la madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Yo le  estoy suplicando, Goma, desde que dejé las costa sudamericanas que no me  mande certificadas. Bueno, su última, además de ser certificada expres,  es la más estúpida que hasta la fecha recibí. 1º ¿Acaso no sabe que  Ferdy ha sido editada en Italia hace 4 años? 2º Se imagina, tontamente,  que no he recibido su penúltima con la  carta yugoslava y ¡da la  casualidad que la recibí! (...)”&lt;br /&gt;“3º  No venga haciendo líos con  Arnesto cuyo prefacio me resulta lleno de brillos y hechizos, además de  ser muy talentoso como todo lo que escribe él. Va  a ver, Goma, que  terminará por sembrar entre nosotros desconfianza y recelo, ya verá, la  gente lo repite todo, no sea pavo 4º Como si fuera poco Vd., en vez de  mandarme noticias, trata, según parece, en 5 carillas de enseñarme la  filosofía de Sartre (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Jua, jua, jua! Lo de que el dolor o  el placer cobran valor dentro de la perspectiva del existente, de su  mundo, de su situación, de su finalidad, de su futuro, de su proyecto,  esto lo sabe cualquier niño. Lo que no saben algunos adultos recién  iniciados es que en Sartre (como en todo cartesianismo) el ser se funda  en la conciencia, es decir, que si Vd. es consciente de este vaso, el  vaso es (aunque no procuraría ni placer, ni dolor) (...)”&lt;br /&gt;“Esto es  lo que yo condeno, tarado, pues lo sé hondamente que la existencia no es  una relación suelta, tranquila, sino una relación convulsa –y no una  libertad (igual en que sentido) sino una tensión. Todas las estupideces  de Sartre provienen del hecho que se relacionó con el dolor con una   tranquilidad doctoral típica de los cartesianos. No comprendió ni el  cuerpo, ni el dolor (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Por lo tanto le sugiero Goma  amistosamente que les diga a todos los amigos que lo considero a Vd.  bastante tarado. Salú”. Gombrowicz, cuando se refiere a su vida personal  e íntima, casi siempre recurre a fórmulas, anécdotas o generalidades  poéticas, evitando casi siempre los detalles. Otra cosa ocurrió en sus  cartas a los amigos cercanos, especialmente en los últimos años cuando  le escribía a sus amigos argentinos.&lt;br /&gt;En ellas se manifestaba más  libremente y sin tantas restricciones, pero esta indecente confesión  tardía sonó como una broma. Si bien es cierto que el contenido de las  cartas que me escribió Gombrowicz es entonces más o menos conocido, no  son tan conocidos los originales de esas cartas, y es aquí donde  interviene el Gran Ortiba www.elortiba.org en una publicación que se ha  puesto a disposición de Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta versión digital, sin  limitación alguna, es donde aparecen escaneadas en su versión digital.  Este conjunto de cartas forman una correspondencia que empezó en 1957,  un año después de haberlo conocido, y termina a comienzos del 1965 por  razones qué sólo Dios conoce y que yo intento explicar en “Gombrowicz, y  todo lo demás”, un libro que se ocupa largamente de este intercambio  epistolar.&lt;br /&gt;Las razones que nos llevaron a la separación fueron muy  distintas. Yo temía en verdad que nuestra relación cayera en el  aburrimiento, me sentía amenazado por la posibilidad de que el nivel y  la frecuencia de nuestra correspondencia decayeran, no le tenía  confianza al arma que me había quedado entre las manos para combatir  estas amenazas: la palabra escrita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi última carta fue un tanto  desagradable, pero muy fácilmente podía haberla salvado con una más  cordial, no lo quise hacer, desde que decidió no volver me fui enredando  cada vez más con el presentimiento de la decadencia, y me quedé quieto,  ahí. La separación se fue convirtiendo para mí, poco a poco, en una  espada con la que le pude cortar las cabezas a esa Hidra que me  amenazaba desde el horizonte.&lt;br /&gt;Gombrowicz, en aquellos tiempos,  estaba muy ocupado con la administración de su gloria y con sus  enfermedades, me hizo un verónica, como hacen los toreros cuando dejan  pasar de largo al toro, y me respondió con el silencio. Mientras yo me  debatía con mis dudas y con mis especulaciones metafísicas de segundo  grado, Gombrowicz se colocó en un plano mundano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente se  vio obligado a considerar mi actitud como la de una persona de modales  descuidados. Todavía caminamos en el plano de las cartas escaneadas, nos  falta todavía un paso máspara llegar a las cartas originales. El porqué  un original vale más que una copia es una cuestión bastante intrincada.  En el caso de la pintura el asunto es para Gombrowicz bastante claro  pues le encuentra un parecido con las joyas.&lt;br /&gt;Las joyas son pequeños  guijarros cuyo efecto estético es casi nulo, sin embargo, se han gastado  millones para tenerlas. La prueba de que esos cristales no representan  la belleza es que un diamante artificial, absolutamente idéntico al  diamante auténtico, sólo vale unos céntimos. Esto mismo pasa con las  copias de los cuadros, el original puede valer una fortuna, en cambio la  duplicación no vale nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta manera se fue formando un  mercado de cuadros, como también se había formado uno de joyas y metales  preciosos. Aunque a mí no me resulta del todo clara  cuál sea la  diferencia entre el valor de una carta manuscrita y su versión en letras  de molde, quizás podríamos hacer una excepción. Esto ocurre cuando el  editor, como en el caso de “Cartas a un amigo argentino”, mete la mano y  modifica palabras.&lt;br /&gt;No lo hace con mala voluntad, lo hace para hacer  más comprensible el texto. Sea como fuere hay que admitir que existe un  mercado para los originales de las cartas de los hombres de letras  eminentes. La historia de estas cartas es increíble, la viuda nunca  quiso que yo las publicara. Cuando Emecé publicó “Cartas a un amigo  argentino” casi le hace un juicio a la editorial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente se  conformó con prohibirle que vendiera el libro fuera de la Argentina. No  le autorizó a Lisowski su publicación en Twórczosc. Cansado de la  actitud de la viuda decidí donar las cartas. Se las ofrecí a la  Biblioteca Nacional de Polonia y al Museo de Literatura Adam Mickiewicz.  La única condición que les puse fue la de que las exhibieran también en  versión polaca.&lt;br /&gt;Cuando me enteré que ésta era una condición que  sólo podía cumplirse con la autorización de la viuda supe que esa puerta  estaba cerrada. Pasó el tiempo. Hace un año, aproximadamente, me puse  en contacto con Tomasz Tyczynski, director del Museo Gombrowicz de  Wsola, le ofrecí en venta las cartas de Gombrowicz y nos pusimos de  acuerdo enseguida.&lt;br /&gt;A medida que pasaba el tiempo mis nervios se  ponían tensos. Cuando Tyczynski me dijo en una de sus cartas que el  conjunto de las cartas de Gombrowicz pesaba menos que el conjunto de los  dólares, a mí se me ocurrió apodarlo Arquímedes, pues sólo por la  aplicación del principio de Arquímides el podía hacer esta deducción  pues esas cartas nunca las había tenido en sus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto  el principio asegura que los cuerpos pierden, cuando se los sumerge en  un fluido, un peso igual al peso del volumen del fluido que desalojan.  Sea como fuere mi intranquilidad crecía todos los días. A esta altura de  las negociaciones ya había entrado en contacto con Edyta Kwiatkowska  (Madame de Lespinnase), Agregada Cultural de la Embajada de Polonia en  Buenos Aires.&lt;br /&gt;Con Anna Szczepanek (Madame Curie), museóloga del Museo  Adam Mickiewicz, y con Dominika Switkowska (George Sand), museóloga del  Museo Gombrowicz Wsola. Dudaba si dirigirme a ellos para contarles mis  últimas tribulaciones. Ocurre que a medida que nos acercamos al 21 de  noviembre, el día de nuestro encuentro en mi casa, tenía pesadillas cuyo  verdadero significado no lograba descifrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de ellas,  mientras departíamos cordialmente en mi escritorio sobre la importancia  del significado de la repatriación de las cartas de Gombrowicz un  artefacto infernal estalló sobre la mesa mientras volaban por los aires  las cartas, que a juicio de Arquímedes pesan menos que los dólares, y  los dólares. Las cartas caían al suelo hechas trizas mientras los  dólares caían al suelo conservando su integridad.&lt;br /&gt;George Sand, Madame  Curie y yo tomados por el pánico corrimos por el jardín hacia el fondo  donde unas habitaciones se habían transformado en una caballeriza.  George Sand y Madame Curie montaron unos caballos briosos y salieron  galopando de la casa perdiéndose por las calles de José C. Paz.  Aterrorizado y muy apesadumbrado volví al escritorio para escribir un  gombrowiczida y relatar los infaustos acontecimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí me  encontré con Madame de Lespinnase recogiendo rápidamente los últimos  dólares caídos en el suelo mientras presurosa los metía en una valija;  se despidió de mí y desapareció. Las pesadillas no cesaban, a medida que  se hacía más próximo el momento de nuestro encuentro los sueños sobre  Gombrowicz se me volvían más indescifrables.&lt;br /&gt;Las recientes  invitaciones que me habían hecho los Embajadores de Polonia y Francia a  un cóctel al que no podré asistir por mis problemas de salud aumentaron  mi actividad onírica hasta lo indecible. En sueños se me aparecía un  pájaro cuya verdadera naturaleza no alcanzaba a precisar, pero es seguro  que estaba actuando sobre mí la presencia de las cartas y los dólares  que fueron también el motivo de mi pesadilla anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran  sueños confusos, como lo suelen ser los sueños; me atreví entonces a  consultar al doctor Cesar Rodríguez-Moroy Porcel, un terapeuta de gran  renombre entre los hombres de letras, a ver si con su ayuda los podíamos  precisar. Después de un par de sesiones tuve un sueño en el apareció un  pájaro que se posaba con suavidad sobre la mesa donde conversaba con  George Sand, Madame Curie y Madame de Lespinnase. &lt;br /&gt;Antes de que  atináramos a realizar algún movimiento defensivo El Pájaro Tabernil se  empezó a devorar rápidamente todas las cartas y los dólares, a  digerirlos y a eliminarlos posteriormente sobre la misma mesa. Quizás en  el aspecto de ese pájaro esté develado todo el misterio de mis  pesadillas. Y llegó el día del encuentro. Madamme de Lespinnase cuidando  a la perfección la armonía del grupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de intercambiarnos  algunos regalos George Sand tomó la batuta y se dispuso a reportearme  con una filmadora muy bonita y un micrófono impresionante. Anhelaba,  como la novia de Chopin con el músico, sacar de mí las mejores ideas y  las más brillantes palabras, pero las cosas no ocurrieron así. Para  controlar el dolor de mi nervio ciático y mi estado de alteración  nerviosa yo había tomado un Tramadol, un analgésico opiáceo.&lt;br /&gt;Brillaba  en mí la exaltación pero no la inteligencia, de modo que por no poder  hacer mejor cosa me puse a engullir a dos manos unos exquisitos  emparedados que mi esposa Élida había servido, conducta que disminuyó  notablemente la calidad de mis palabras y de mis ideas. Quizás  desencantada por las respuestas que le daba George Sand también se puso  nerviosa y con la mano  del micrófono le dio un golpe seco a un pocillo  de café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pocillo se volcó sobre la carpeta de las cartas, de  la que asomaba por sus vértices la correspondencia de Gombrowicz. A  pesar del Tramadol no pude resistir el dolor, pensé que todo estaba  perdido, y que las pesadillas de destrucción que había tenido sólo  presagiaban lo que en realidad iba a ocurrir. Pero aquí aparece la mano  maestra de Madame Curie.&lt;br /&gt;Ella se da cuenta enseguida de que las  cartas no habían sido alcanzadas por el café porque cada una de ellas  estaba protegida con un sobre transparente. Con una meticulosidad  científica les va quitando el sobre a una por una mientras sonríe  bondadosamente. George Sand, un tanto compungida, se sienta al lado de  ella y entre las dos controlan si las cartas que están viendo son las  que figuran en el contrato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ello se valen del cotejo de las  dos palabras iniciales y finales de las cartas comparando la de las  cartas con las de un lista que traían preparada de antemano. Finalmente  George Sand, con unos dedos largos y elegantes, cuenta los dólares sobre  la mesa bajo la mirada atenta de mi esposa Élida. Y se cierra el telón.  Unas cartas que estuvieron conmigo más de medio siglo se van para  Polonia. Estoy un poco triste. &lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; "Las  opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de exclusiva  responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan  necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa  como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-7196237319092207480?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/7196237319092207480/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/11/witold-gombrowicz-y-las-cartas-un-amigo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/7196237319092207480'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/7196237319092207480'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/11/witold-gombrowicz-y-las-cartas-un-amigo.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y LAS CARTAS A UN AMIGO ARGENTINO'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-1910182342950114927</id><published>2011-11-10T11:15:00.000-03:00</published><updated>2011-11-10T11:16:41.944-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y LOS PUNTOS DE VISTA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="1320934274856-Witold_Gombrowicz.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/1320934274856-Witold_Gombrowicz.jpg?v=1320934280053" width="368" height="243" /&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y LOS PUNTOS DE VISTA&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así  como Gombrowicz miraba y era mirado por los demás de distinta manera.  con el transcurso del tiempo yo también llegué a mirar y a ser mirado  por los polacos de distinta manera. Para no hacer de este conjunto un  universo ilimitado vamos a poner la atención en cinco nombres:  Gombrowiz, Milosz, Witkiewicz, Jarzebski y Bereza. Las opiniones de  estos hombres son presentadas de una manera especial.&lt;br /&gt;Sólo para  resaltar las diferencias de cómo uno puede ver de distinta manera una y  la misma cosa vamos a desarrollar esta cuestión interesante. Según  parece el Este siempre se ha regido por el principio de que no existe el  término medio, de modo que sus hombres de letras o son de una terrible  profundidad o de una terrible  superficialidad. Sin embargo, siempre dentro del Este, a los polacos  hay que añadirles un marbete más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, por su situación  geográfica intermedia Polonia es una poco la caricatura tanto del Este  como del Oeste. El Este polaco es un Este que muere en contacto con  Occidente, y viceversa, así que aquí hay algo que empieza a fallar.  Gombrowicz toma el caso de Milosz para analizar este asunto polaco.  Milosz pertenece, dice Gombrowicz, a este tipo de autores cuya vida  personal les dicta la obra.&lt;br /&gt;La mayor parte de su literatura está  relacionada con su historia personal y la historia de su tiempo. Se fue  convirtiendo poco a poco en el informante oficial del Este para los  escritores del Oeste. Esta actividad lo colocó en un terreno en el que,  para cuidar su prestigio, intentó ser más profundo que los ingleses y  que los franceses, y para cuidar el rendimiento de sus temas, tuvo que  recurrir con frecuencia a la grandeza y al terror. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz terminó por ubicar a Milosz, no como al guardián de  un verdadero misterio, sino como a un borrachín más de la gran taberna  polaca. El cuño literario y existencial de Gombrowicz se mueve entre la  templanza religiosa de Milosz y el demonismo metafísico de Witkiewicz;  de ambos fue amigo aunque en épocas diferentes.&lt;br /&gt;A Witkiewicz lo veía  a menudo en su juventud, antes de la guerra, pero tenía que utilizar  alta diplomacia para mantener una cierta armonía con una naturaleza tan  diferente de la suya. Sin embargo, Witkacy también le tenía paciencia a  él. Gombrowicz, que conocía el egocentrismo agresivo de ese gigante  pesado, estaba dispuesto a romper las relaciones con él en cualquier  momento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le importaba que para diferenciarse de Witkacy  tuviera que insistir en la representación del papel de un terrateniente  snob. “Cuando Witkacy se deleitaba a su manera, demoníaca, con la  perfecta necedad del señor  X, yo preguntaba: –¿No es ese señor pariente de los condes Plater? Él  me contemplaba con una mirada apagada y contestaba pesadamente: –No sé  si es pariente de los Plater”&lt;br /&gt;Witkacy se daba cuenta que le  respondía con su propia pose a su pose, pero el séquito de tontos que lo  rodeaba, en cambio, lo consideraba a Gombrowicz como a un verdadero  idiota. Witkiewicz se rodeaba de este conjunto de imbéciles mediocres  para que lo adoraran. “Jamás he visto con más nitidez cómo en Polonia,  la superioridad y la inferioridad no son capaces de convivir normalmente  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se hunden mutuamente en la farsa”. En Francia un  universitario puede conversar de igual a igual con alguien que sólo sabe  leer y escribir, y ambos pueden encontrar un terreno común para  comunicarse libremente. Y un hombre francés puede hablar de la grandeza  de otro hombre sin rebajarse a sí mismo. En Polonia, según parece, no  ocurre lo mismo.&lt;br /&gt;Hay que decir,  no obstante, que este hombre endemoniado luchaba contra el fanatismo  nacionalista, contra los delirios de grandeza polacos, contra la misión  de Polonia “Semper fidelis” en los confines de Europa. Despreciaba a los  intelectuales polacos mediocres. “Qué despreciable es el intelectual  medio polaco. Prefiero a la gentuza de altos vuelos (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“O  simplemente a la espiral humana, en la que se esconde todo el implacable  y maléfico futuro de los estratos sociales de la humanidad, ya en  completo desuso. Nuestro horizonte literario está dominado por la  charlatanería más barata y por los más bajos instintos aduladores  destinados a un público viciado desde hace años por constantes caricias”&lt;br /&gt;El  elemento que lo hace a Witkacy tan familiar a nuestro presente es el  demonismo, un demonismo al que Gombrowicz califica de monstruosidad. Su  objetivismo inhumano se transformó en algo escandalosamente humano, se  transformó en cinismo. El  cinismo se metamorfoseó en brutalidad sexual. A las monstruosidades del  cinismo del intelecto y de la brutalidad del sexo le agregó otra  monstruosidad más: el absurdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Impotente y desesperado frente la  insensatez del mundo lleva el absurdo al punto de convertirse él mismo  en un absurdo, un sin sentido que utiliza para vengarse de los hombres.  “Finalmente llega a la monstruosidad metafísica. Quiere alcanzar el  escalofrío metafísico que nos arranca de lo cotidiano, colocando a la  naturaleza humana en contacto inmediato con su insondable misterio  (...)”&lt;br /&gt;“Por otra parte, esta metafísica no eleva al hombre, al  contrario, lo desfigura. Witkiewicz tiene algo de un ser fantástico por  su deforme y convulsa capacidad de excitarse frente al abismo de su  propia persona. El frío sadismo con el que este autor trata los  productos de su imaginación no se apaga jamás, ni siquiera un segundo.  La metafísica es para él una orgía, en la que  se abandona con el enfurecimiento de un loco”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz era el  benjamín de un grupo que recibió el nombre de los tres mosqueteros:  Stanislaw Ignacy Witkiewicz, Bruno Schulz y Witold Gombrowicz. Sin  embargo, ninguno de los tres tenía un sentimiento marcado de pertenencia  a ese clan de escritores cuyo horizonte era bastante diferente al del  nivel medio de la literatura polaca.&lt;br /&gt;Bruno Schulz llevó a Gombrowicz a la casa del más loco de los mosqueteros.&lt;br /&gt;Stanislaw  Ignacy Witkiewicz. De ese modo esos tres hombres que trataban de  orientar la literatura polaca hacia nuevos caminos, que tuvieron una  gran influencia en el arte polaco y que fueron apreciados en el mundo,  se encontraban por fin juntos. Si dejamos un poco de lado el entusiasmo  de Bruno por Gombrowicz se podría decir que el escepticismo y la  frialdad reinó siempre entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz no creía en el  arte de Witkacy, y Witkacy pensaba que Gombrowicz era demasiado  hijo de mamá y no esperaba de él nada extraordinario. Desde el primer  encuentro Witkacy lo cansó a Gombrowicz y lo aburrió, se atormentaba a  sí mismo y a los demás con una actuación teatral incesante para  sorprender y centrar la atención de los demás en él.&lt;br /&gt;Sus defectos  eran también los de Gombrowicz que los observaba en Witkacy como en un  espejo deformante, monstruoso y de proporciones apocalípticas. Cuando le  mostró su “museo de los horrores” en el que lucía la lengua seca de un  recién nacido Gombrowicz lo detuvo con una actitud de hidalgo polaco:  –¡Pero no nos enseñe cosas semejantes! ¡Eso es incorrecto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue  el instinto de conservación, Gombrowicz sabía que si no se le oponía de  inmediato lo iba a dominar e incluir en su séquito. A pesar de los  antagonismos y animosidades de los tres mosqueteros tenían en común el  deseo de sobrepasar los límites del provincianismo polaco y salir a  aguas más abiertas  respirando el aire de Europa y del mundo, al contrario de los ases  locales que eran cien veces más polacos.&lt;br /&gt;Conocían el valor de la  originalidad en una medida universal más que local, y abordaban el arte  formados en técnicas y conceptos extranjeros de vanguardia decididos a  tomar a la literatura polaca por los cuernos. Renunciaron a muchos  amores que podían atarlos y fueron más libres e incisivos, más severos y  dramáticos. La inteligencia y la intransigencia de Witkiewicz eran  espléndidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo exageraba su actitud de teórico  endemoniado y no se daba cuenta de que aburría, su incapacidad de tratar  con un hombre vivo sin considerarlo una abstracción era irritante y lo  convirtió en un hombre seco y farsante. Witkacy, el demonio, acabó  consigo de una manera demoníaca. Huyendo de los bolcheviques en la  última guerra se mató en un bosque.&lt;br /&gt;“La derrota que sufrió Witkacy  era inteligente: el demonismo se convirtió para  él en un juguete, y ese payaso trágico estuvo muriéndose durante su  vida, como Jarry, con un palillo entre los dientes, con sus teorías, con  la forma pura, sus dramas, sus retratos, sus 'tripas', su 'panza' y sus  colecciones porno-macabras. Lo que se destaca en él es la impotencia  frente a la realidad y la suciedad de su imaginación (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No  era sólo el resultado de la irrupción de lo asqueroso en el arte  europeo, sino también la expresión de nuestra impotencia ante la  suciedad que nos devoraba en una casa de campesinos, en el camastro  judío, en las casas sin retrete. Los polacos de esta generación ya  percibían con toda claridad la suciedad como algo extraño y horrible,  pero no sabían qué hacer con ello (...)”&lt;br /&gt;“Era un forúnculo que  llevaban encima y cuyas ponzoñas los envenenaban”. Un talante parecido  empleé yo para dar cuenta de Jarzebski. “Pero, ¿para qué?, si ni  siquiera sé si recibes mis cartas. Tienes  la conducta de una persona de malos modales, que no tiene ningún  interés en mantener una correspondencia conmigo, pero te disculpo,  porque la idea que me hago de vos es equivalente a la de una Vaca (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Una  Vaca que la mandan fuera de Polonia a comer pasto y cuando regresa la  ordeñan hasta dejarla exhausta. Supongo que a estas horas tus ubres no  deben dar abasto”. La Vaca es un insigne profesor de la Universidad  Jaguellónica de Cracovia, crítico e historiador de la literatura este  especialista en Gombrowicz  despliega una gran actividad por el mundo  entero.&lt;br /&gt;Visitó la Argentina en el año 1998 buscando rastros de  Gombrowicz y en el 2004, el año del centenario, para participar del  homenaje que le hicimos en la Feria del libro. En “Juguemos a  Gombrowicz” la Vaca define las reglas de un juego que él mismo inventa  para comprender a Gombrowicz. “ Salvo las escaramuzas con un mundo que  lo disfraza ridículamente con  máscaras, anda en busca de algo más duradero”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Eso en dos  caminos paralelos: presenta al mundo de manera obsesiva y repetida, su  gesto espontáneo –frente a las personas, las cosas, los valores–, trata  de entrever a partir de ese gesto, la diferencia específica que lo  separa de los demás; pero además, intenta crear el modelo intelectual de  esos enfrentamientos con el entorno, reencontrándose en una fórmula  repetitiva y algo mágica (...)”&lt;br /&gt;“Una fórmula mágica que –de un modo  casi independiente del propio jugador– dará forma a su biografía”. Este  galimatías de la Vaca, que no tiene nada que envidiarle a los que  posteriormente escribieron el Pato Criollo y el Vate Marxista, me lo  volvió a recitar en Buenos Aires y me dejó mal predispuesto. Cuando lo  llevé a Santos Lugares a conocer al Pterodáctilo quedó deslumbrado y  aturdido con nuestro hombre de letras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mi expresión personal es  completamente  diferente de la tuya. Tú eres más que nada un actor, con un gran gesto,  con una mímica muy expresiva, la voz lenta y modulada, con enunciados  organizados como un poema. Yo estoy mucho más ‘oculto’, soy introvertido  ¡El encuentro con Sabato! Me gustó mucho, estaba tan emocionado que  dejé en su casa el primer casete (...)”&lt;br /&gt;“Te burlarás de mí, pero no  me atreví a pedirle que me firmara el ejemplar de ‘Sobre héroes y  tumbas’ que había llevado conmigo a propósito”. La Vaca ha alcanzado una  gran maestría en el arte de no decir nada, mejor dicho, en el arte de  decir algo y todo lo contrario al mismo tiempo, cosa que se me hizo muy  evidente cuando leí “El drama del ego en el drama de la historia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este  es un texto que la Corifea puso en mis manos y ante el que estaba  arrodillada con la devoción de una adoratriz. La Vaca tiene mucho  talento para ponerle títulos a sus textos, el de “El drama del ego en el  drama de la  historia”, es un buen ejemplo de ello. El punto de partida de las  especulaciones que hace en este trabajo es que el drama de Gombrowicz  está adentro, es decir, en la psique, pero también afuera.&lt;br /&gt;Esto  quiere decir que también esta fuera en la historia del siglo XX; que el  drama de Gombrowicz está en la lectura de su teatro, pero también en su  escenificación. Promediando su análisis nos advierte que esta  divergencia no es tan radical como pudiera parecer. En efecto, la  convergencia se produce en la esfera del drama familiar donde lo de  adentro y lo de afuera son más o menos la misma cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y son la  misma cosa porque la familia es un sistema social íntimo y, al mismo  tiempo, una miniatura del macromundo social. Acto seguido le aplica a  las tres piezas teatrales de Gombrowicz la trinidad consagrada de Freud:  el yo, el super yo, y el ello, para mostrarnos cómo una y la misma cosa  puede estar en la psique y en la historia al mismo tiempo,  de donde deduce que el drama es psicológico.&lt;br /&gt;Pero el drama además es  antropológico, dice también que el aherrojamiento de Gombrowicz estaba  en las esfera del yo, pero también en la miniatura del macromundo  social. Yo supongo que en la medida en que la Vaca siga obligándose a  complacer a públicos diferentes va a resultar cierto lo de que una cosa  puede ser A y no A al mismo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Vaca, conocido también  como el científico de Cracovia por sus aportes literarios continuos y  cuidadosamente elaborados, tiene inclinaciones donjuanescas. No basta  para conformar estas inclinaciones que sea profesor de filología, debe  haber en él una predisposición amatoria, probablemente genética, que lo  orienta para ir detrás de estas aventuras.&lt;br /&gt;Desde el mismo comienzo  de nuestra relación epistolar tuve sospechas de que la Vaca corría tras  las jóvenes estudiantes como los faunos seductores corren en el bosque  tras las campesinas. ”Es una  generación mucho más joven y quisiste entrar en la Corifea con una  llave equivocada, a mí me resulta más fácil porque siento mejor su  estilo y el de su generación (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Además de que, como ya te  escribí, tengo un buen contacto con las chicas, aunque no lo quieras  creer. Puede ser por eso que trabajo en la universidad y tengo con esa  gente un contacto diario. Mi ventaja es que puedo vivir entre chicas muy  lindas, con la belleza de la juventud. Sí, sí, podés tener envidia de  mí por mis jóvenes”. Es muy útil descubrir los vicios asociados a los  hombres de letras.&lt;br /&gt;Estos vicios nos orientan en el recorrido de los  laberintos del mundo que construyen en sus escritos. En la actualidad  estoy empeñado en ponerle el punto final a los estudios que he  emprendido para descubrir cuál es la verdadera personalidad de la Vaca y  su vicio más característico. Durante un tiempo prolongado la Vaca  recorrió el camino de la heurística, de  la exégesis y de la hermenéutica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta manera completó el  trayecto que va del descubrimiento a la explicación. Finalmente se  convirtió en un santo que intenta guiarnos en el camino hacia  Gombrowicz. En “Gombrowicz hacia Europa” la Vaca formula cinco  interrogantes que responde con un sí y con un no a cada uno de ellos,  utilizando el mismo procedimiento que ya había aplicado en “El drama del  ego en el drama de la historia”.&lt;br /&gt;¿Podemos entrar a Europa de la  mano de Gombrowicz? ¿Se convertirá Gombrowicz en el vate nacional como  Mickiewicz? ¿es Gombrowicz un hombre de izquierda o de derecha? ¿Es  católico, comunista o existencialista? ¿Podemos estar a la altura de  Gombrowicz? La Vaca va ajustando las cuentas conmigo poco a poco, en  “Espiando a Gombrowicz” se refiere a mí de manera desdeñosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“  Pero... la maldición de Gómez es la de que no se nos mostró como artista  y sólo brilla con la luz que refleja.  Estaría contento si consiguiera para sí mismo la fama y los aplausos  que consiguió Gombrowicz en forma auténtica, pero esos materiales no le  alcanzan para una túnica real. ¿Podrías arrodillarte delante de mí y  llamarme genio?, me propuso este juego al estilo Gombrowicz (...)”&lt;br /&gt;“El  juego es una cosa buena pero después de un rato renace la necesidad de  algo más serio. Gómez, no sólo se enamoró de Gombrowicz, también tomó de  él el deseo de la celebridad y de la grandeza pero sin la determinación  y la fuerza creativa necesarias. Este alumno sabe imitar el gran gesto  del maestro pero ese gesto vacío es como el duelo final del  ‘Transatlántico’”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El domingo que siguió al día de nuestras  exposiciones en la Feria del Libro del año del centenario, nos  encontramos en lo de Madame du Plastique que homenajeó a los tres  ponentes con un almuerzo que dio en su casa de San Isidro. Yo exclamé  que en tanto que representante de  Gombrowicz en la tierra le exigía a la Vaca que se arrodillara delante  de mí y me llamara genio.&lt;br /&gt;Me había dicho que sólo lo haría, cuando  se lo  pedí por primera vez en 1998, en el momento que yo me manifestara  como escritor con una obra. El momento había llegado, pero la pobre  Vaca estaba cansada con tanto trajín y con el viaje, y en vez de  arrodillarse y de llamarme genio, se durmió. “Twórczosc”, la revista  literaria más prestigiosa de Polonia, es atacada de una manera ruin y  artera por la Vaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No construyáis demasiado sobre ‘Twórczosc’  porque es una sociedad respetable pero bastante cerrada y apegada a las  viejas tradiciones homoeróticas después del paso de Iwaszkiewicz por su  redacción. Los que publican ahí, si admiran de Gombrowicz, corren el  peligro de ser calificados de homosexuales” Bereza, redactor de la  revista y uno de los mejores críticos literarios de Polonia, le contesta  con firmeza y  dignidad.&lt;br /&gt;“Una cantidad nada desdeñable de gombrowiczólogos se han  convertido en unos maestros en desparramar mierda. No saben lo que  escriben, ni siquiera sospechan que escriben tan solo contra sí mismos,  dejando evidencia de su propia manera de pensar y de su desvergüenza  moral. Ningún bien puede tener influencia sobre ellos, no existe en  ellos ninguna posibilidad de asimilar el bien (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En la  región de estos gombrowiczólogos no saben que en el mundo en el que  están sólo se puede ver mierda, ni que existe algo fuera de esa mierda,  algo así pertenece a una esfera inalcanzable para ellos. La intensa  relación espiritual de Gombrowicz con sus discípulos es uno de esos  milagros de la existencia que puede ocurrir entre hombres, entre  mujeres, entre mujeres y hombres.&lt;br /&gt;“Puede ocurrir independientemente  de las diferencias que existan entre generaciones, entre sexos y, en  general, entre todo, solamente no puede ocurrir en  los maestros en desparramar mierda porque su personalidad y su  mentalidad, achatadas como después de un planchado, no pueden captar ni  ver algo parecido”. Mientras tanto Gombrowicz no lo abandonaba a  Witkiewicz por que lo consideraba una encarnación del demonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Witkiewicz,  desenfrenado y perspicaz, cuya inspiración provenía del cinismo, era  suficientemente degenerado y loco como para salir de la normalidad  polaca hacia unos espacios ilimitados, y al mismo tiempo lo bastante  sensato y consciente como para devolver la locura a la normalidad y  unirla a la realidad. Sin embargo, desaprovechó su talento, seducido por  su propio demonismo (...)”&lt;br /&gt;“No supo unir lo anormal a lo normal,  fue víctima de su propia excentricidad. Todo amaneramiento es resultado  de la incapacidad de oponerse a la forma; cierta manera de ser se nos  contagia, se convierte en vicio, se hace, como suele decirse, más fuerte  que nosotros. Estos escritores estaban  muy poco asentados en la realidad, o más bien estaban asentados en la  irrealidad polaca o en la realidad incompleta (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No es de  extrañar pues que no supieran defenderse ante la hipertrofia de la  forma. Para Witkiewicz el amaneramiento se convirtió en facilidad y  absolución del esfuerzo, por eso su forma es tan apresurada como  negligente”. Gombrowicz veía a Witkiewicz a menudo en su juventud, pero  tenía que utilizar alta diplomacia para mantener una cierta armonía con  una naturaleza tan diferente de la suya.&lt;br /&gt;Hay que decir que  Witkiewicz también le tenía paciencia a él. Gombrowicz, que conocía el  egocentrismo agresivo de ese gigante pesado y esquizofrénico, estaba  dispuesto a romper las relaciones con él en cualquier momento, así que  no le importaba que para diferenciarse de Witkiewicz tuviera que  insistir en la representación del papel de un terrateniente snob y  amanerado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Witkacy se daba cuenta que le  respondía con su propia pose a su pose, pero el séquito de tontos que  lo rodeaba, en cambio, lo consideraba a Gombrowicz como a un verdadero  idiota. Despreciaba a los intelectuales polacos mediocres. El elemento  que lo hace a Witkacy tan familiar a nuestro presente es el demonismo,  un demonismo al que Gombrowicz califica de monstruosidad.&lt;br /&gt;El  objetivismo inhumano de Witkiewicz se transformó en algo  escandalosamente humano, se transformó en un brutal cinismo, y el  cinismo terminó por metamorfosearse en una brutalidad sexual  sistemática. A las monstruosidades del cinismo del intelecto y a las  monstruosidades de la brutalidad del sexo Witkiewicz le agregó otra  monstruosidad más: el absurdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Impotente y desesperado frente la  insensatez del mundo lleva el absurdo al punto de convertirse él mismo  en un absurdo, un sin sentido que utiliza para vengarse de los hombres  en todos los planos de la existencia. “Finalmente llega a la  monstruosidad metafísica. Quiere alcanzar el escalofrío metafísico que  nos arranca de lo cotidiano, colocando a la naturaleza humana en  contacto inmediato con su insondable misterio.&lt;br /&gt;Por otra parte, esta  metafísica no eleva al hombre, al contrario, lo desfigura. Witkiewicz  tiene algo de un ser fantástico por su deforme y convulsa capacidad de  excitarse frente al abismo de su propia persona. El frío sadismo con el  que este autor trata los productos de su imaginación no se apaga jamás,  ni siquiera un segundo. La metafísica es para él una orgía, en la que se  abandona con el enfurecimiento de un loco”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz era el  benjamín de un grupo que recibió el nombre de los tres mosqueteros:  Stanislaw Ignacy Witkiewicz, Bruno Schulz y Witold Gombrowicz. Sin  embargo, ninguno de los tres tenía un sentimiento marcado de pertenencia  a ese clan de escritores cuyo horizonte era bastante diferente al del  nivel medio de la literatura polaca.  Bruno Schulz llevó a Gombrowicz a la casa del más loco de los  mosqueteros.&lt;br /&gt;Stanislaw Ignacy Witkiewicz. Esos tres hombres trataron  de orientar la literatura polaca hacia nuevos caminos. Tuvieron una  gran influencia en el arte polaco y fueron apreciados en el mundo  entero. Witkiewicz, Schulz y Gombrowicz  se encontraban por fin juntos.  Stanislaw Ignacy Mitkiewicz quiso tener más de un nombre, como también  los tiene el diablo, y adoptó el seudónimo de Witkacy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo hizo  para distinguirse de su padre, Stanislaw Witkiewicz, pintor y escritor  como él. “La derrota que sufrió Witkacy era inteligente. El demonismo se  convirtió para él en un juguete, y ese payaso trágico estuvo muriéndose  durante su vida, como Jarry, con un palillo entre los dientes, con sus  teorías, con la forma pura, sus dramas, sus retratos, sus 'tripas', su  'panza' y sus colecciones porno-macabras (...)”&lt;br /&gt;“Lo que se destaca  en él es la impotencia frente a  la realidad y la suciedad de su imaginación, que no era sólo el  resultado de la irrupción de lo asqueroso en el arte europeo. Era  también la expresión de nuestra impotencia y nuestra parálisis ante la  suciedad que nos devoraba en una casa de campesinos, en el camastro  judío, en las casas sin retrete (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los polacos de esta  generación ya percibían con toda claridad la suciedad como algo extraño y  horrible, pero no sabían qué hacer con ello, era un forúnculo que  llevaban encima y cuyas ponzoñas los envenenaban”. Bruno Schulz fue  llevado a un campo de concentración donde un oficial alemán encantado  con sus dibujos espléndidos lo tomó bajo su protección.&lt;br /&gt;Desgraciadamente,  otro oficial alemán resolvió un conflicto que tenía con el protector  pegándole a Schulz dos tiros en la nuca. Mientras Witkiewicz y Schulz  morían en Polonia, Gombrowicz vagaba por Buenos Aires e intentaba  olvidar la pobreza, la soledad y el  desastre jugando al ajedrez en el café Rex. Henryk Bereza es poeta,  ensayista y uno de los críticos más eminentes de Polonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos  pone sobre aviso de la propensión que tenía Gombrowicz para jugar en  contra de sí mismo con el propósito de provocar a los lectores. En unas  palabras recientes que Henryk Bereza escribe sobre mí, despotrica contra  las actuales condiciones políticas de la Polonia. “Juan Carlos Gómez es  para mí el más importante exégeta de Gombrowicz entre los vivientes del  mundo (...)”&lt;br /&gt;“Ningún espíritu científico puede competir con él  teniendo en cuenta su unión espiritual muy particular con el maestro y  sus competencias intelectuales tan singulares de las que surgió como  prueba sugestiva su brillante e insuperable trilogía gombrowicziana  publicada en ‘Twórczosc’ (2004). Uno no llega a entender por qué esa  trilogía no ha despertado interés en ningún editor de la patria del gran  escritor a quien los  manipuladores de la autoridad nunca podrán esconder ni destruir”&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt; "Las  opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de exclusiva  responsabilidad de los redactores que las emiten y no representan  necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor", medio que actúa  como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-1910182342950114927?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/1910182342950114927/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/11/witold-gombrowicz-y-los-puntos-de-vista.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/1910182342950114927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/1910182342950114927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/11/witold-gombrowicz-y-los-puntos-de-vista.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y LOS PUNTOS DE VISTA'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-4814522465629610989</id><published>2011-10-19T09:53:00.001-03:00</published><updated>2011-10-19T09:53:34.693-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y EL MATRIMONIO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="Witold_Gombrowicz_juega_al_dandy_2.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/Witold_Gombrowicz_juega_al_dandy_2.jpg?v=1319028660156" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;  &lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y EL MATRIMONIO&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay  un párrafo salido de mi propia mano que me ayudó a abordar el problema  intrincado que Gombrowicz tenía con el matrimonio. “Yo también me veo a  menudo armando un dinosaurio cuando hablo de sus dolores y de su  grandeza pero, en cambio, me siento conversando con un amigo inolvidable  cuando lo recuerdo como ese noble polaco venido a menos caído al nivel  de un burgués sin medios (...)”&lt;br /&gt;“Ni tan grave ni tan ligero, ni tan  sabio ni tan burro, ni tan profundo ni tan superficial, ni tan  metafísico ni tan realista, ni tan afectuoso ni tan frío. Él tenía una  tendencia natural a desviarse hacia los extremos pero con su conciencia  agudísima se ponía en el medio. Un burgués inteligente, perezoso y  bromista, ni más ni  menos”. Esto lo digo yo en el final de “Gombrowicz y todo lo demás”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existe  un contraste evidente entre cómo Gombrowicz aborda el problema del  matrimonio en sus escritos y cómo lo aborda en la vida real. En cuanto a  la literatura se refiere en las vísperas ocurren fenómenos o  catástrofes que impiden que el matrimonio se consume. En “Ivona” la  novia se atraganta y muere con una espina de corvina atravesada en la  garganta en el banquete en el que se anuncia la ceremonia nupcial.&lt;br /&gt;En  “El casamiento” el matrimonio de Henryk se malogra cuando su amigo  Wladzio, a pedido del propio Henryk, se mata para conseguir la pureza de  Manka-Mania, la novia de Henryk. Uno de los fenómenos más extraños que  impiden que el casamiento de Gombrowicz se consume ocurre en  “Aventuras”. En su casa de campo de Polonia, descansaba y se entretenía  para pasar el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro había desaparecido, el otoño se  acercaba. Por mera  diversión empezó a construir un globo aerostático tipo Montgolfier. Una  mañana, después que lo tuvo terminado, encendió la llama de la lámpara y  empezó a ascender. Voló sobre el bosque y sobre el río, desde abajo la  población lanzaba gritos jubilosos, cuando llegó a una altura de  cincuenta metros apagó la mecha y empezó a descender.&lt;br /&gt;Gombrowicz  aterrizó en un patio en el que lo recibieron con risas y bravos.  Interrumpieron la merienda y lo invitaron a tomar café, queso y  pastelillos. El protagonista les propuso que uno de ellos podía subir a  la cesta y volvió a encender la llama. La pasajera que subió le  proporcionaba una alegría íntima mucho mayor que el globo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por  primera vez en la vida sentía que estaba perdiendo el juicio mientras  ella lo escuchaba con atención. A pesar de que es bien sabido por todos  que las mujeres aman lo novelesco y aventurado, no se atrevió a contarle  nada de sus aventuras con el  Negro... Llegó el día del cambio de anillos... Luego empezó a acercarse  también el día de la boda.&lt;br /&gt;Pero una semana antes de la fecha de  casamiento, cuando se sentía penetrado por el secreto y el escalofrío  jubiloso prenupcial, se le ocurrió hacer un paseo en globo durante un  día de tormenta. La tormenta fue tan grande que lo arrastró con fuerza  diabólica, y después de varias horas, al levantarse el telón del alba,  vio que debajo de él se agitaban las olas del Mar Amarillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se  preguntaba qué podía hacer cuando volviera a ver los abedules y los ojos  de la mujer amada. No, no le era posible volver, tenía que abandonar  todo aquello que ya lo había abandonado a él. El sueño de Kierkeggard  que ruega a Dios que le devuelva a Regina no es el mismo de Gombrowicz  en “El casamiento”; Manka estaba pasada de vueltas cuando Henryk le  ruega al padre que se la devuelva virgen e inocente.&lt;br /&gt;Los padres de  Henryk no tenían una buena  opinión de Manka. “La mayor dificultad consiste en que ‘El casamiento’  no es una transposición artística de un problema o una situación. Es una  libre descarga de la imaginación, eso sí, dirigida a un fin  determinado. Lo cual no quiere decir que ‘El casamiento’ no cuente una  historia: es el drama de Henryk, un hombre contemporáneo cuyo mundo ha  sido transformado (...)” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ha visto en sueños su casa convertida  en una miserable taberna y a su novia Manka-Mania con el aspecto de una  pobre mujerzuela. Deseando recuperar el pasado, este hombre proclama  rey a su padre, y en su novia quiere ver una virgen. Todo en vano,  puesto que no sólo su mundo ha sido destruido, es él mismo quien también  ha sufrido un hundimiento y a quien ya se le han agotado aquellos  sentimientos de antaño (...)” &lt;br /&gt;“Es el sueño acerca de una época, que  expresa los tormentos de nuestro tiempo presente. Pero a la vez es el  sueño que  anticipa una época que trata de adivinar el futuro que vendrá. El  sentido de estas reflexiones resulta melancólico y lejano, la verdad es  que no tengo ninguna seguridad de que ‘El casamiento’ se represente  mientras yo viva, quizá después de muerto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El príncipe  Segismundo, de “La vida es sueño” de Calderón de la Barca, y el príncipe  Henryk, de “El casamiento” de Gombrowicz,  siguen caminos diferentes.  Sin embargo ninguno de los dos distingue en sus historias si son  verdaderamente reales o están dictadas tan sólo por los sueños. Los  sueños y el yo son ideas poderosas, son el origen de todas las cosas. &lt;br /&gt;También  son ideas poderosas por la grandeza que pueden alcanzar en la forma de  una personalidad. Que el yo y los sueños sean el origen de todas las  cosas es una cuestión con la que no todos están de acuerdo. La tragedia  sólo es posible si hay por lo menos dos personas, si existe un  antagonismo real  entre dos personas diferentes, ajenas una a la otra, que por esa  diferencia se pueden destruir mutuamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero si lo que ocurre,  ocurre entre una persona y un mundo de sueños cuya existencia está tan  solo en el poder de su imaginación, el resultado puede ser irónico o  paradójico, satírico o burlesco, todo menos dramático. No existe drama  donde la resistencia del otro no es real y existe sólo en la región del  sueño. Pero el sueño de “El casamiento”, según lo ve Gombrowicz,  es un  sueño sobre la realidad.&lt;br /&gt;Los miedos que enfrenta el protagonista  provienen de un contacto real con la vida, aunque sea un contacto con  personas creadas por su imaginación en la esfera de los sueños. Los  padres de Henryk no tenían una buena opinión de Manka-Mania. “Por favor,  no piensen que pueden permitírselo todo porque esto es una posada.  ¿Pero qué es esto? ¡Eh! (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Les entran las ganas, también es  una calamidad que  a esta arrastrada todos la quieran manosear, no piensan más que en  tocarla, todos la tocan y la sofaldan, día y noche, sin parar, siempre  igual, frotarla, sobarla, sofaldarla, y eso trae problemas. ¡No te cases  con ella!  Porque el viejo borracho dijo la verdad. Ella tonteaba con  Wladzio, en el pasado. ¡También yo los sorprendí sobándose junto al pozo  en pleno día (...)”&lt;br /&gt;“Se toqueteaban y se buscaban, él a ella y ella  a él, Henryk, no te cases!”. Gombrowicz empezó “El casamiento” durante  la guerra con el propósito de escribir la parodia de un drama genial. Se  propuso mostrar a la humanidad en su paso de la iglesia de Dios a la  iglesia de los hombres. Sin embargo esta idea no le apareció al  comienzo, en la mitad del segundo acto todavía no sabía bien lo que  quería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El casamiento” es la teatralidad de la existencia, una  realidad creada a través de la forma que se vuelve contra Henryk y lo  destruye. En esta  obra Gombrowicz les abre la puerta a sus percepciones proféticas.  “Empecé ‘El casamiento’ en el año 1944, en la localidad de La Falda de  la provincia de Córdoba. Estaba convaleciente de unas líneas de fiebre  persistentes (...)”&lt;br /&gt;“Como supe al fin, se debían a que el termómetro  marcaba unas décimas de más. Esta pieza de teatro se fue estructurando  en mí lentamente, a tirones, a lo largo de esa existencia argentina, un  día tras otro. ‘Fausto’ y ‘Hamlet’ fueron mis modelos, pero sólo lo  fueron en lo referente a su genialidad. Quería escribir un drama que  fuera grande y genial, y me remití a estas obras, que en mi juventud  había leído con veneración (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mis ambiciones no estaban  exentas de cierta astucia, ladino como era, presentía que era más fácil  escribir una gran obra que una obra simplemente buena. La vía del genio  me parecía menos ardua.  ‘El casamiento’ que, como todas mis obras, se  rebela contra la forma, es una parodia de la forma. Es una parodia del  drama genial, pero, parodiando el genio quizá alcanzara algo más (...)”&lt;br /&gt;“¿Acaso  no iba a poder introducir fraudulentamente un poco de mi propio genio,  de contrabando?  Me propuse mostrar a la humanidad en su paso de la  Iglesia de Dios a la iglesia de los hombres. Con todo, la idea no surgió  desde el comienzo de mi obra. Primero empecé por lanzar a la escena un  puñado de visiones, de gérmenes, de situaciones (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lentamente  a trompicones, llegué a esa idea, iba por la mitad del segundo acto y  seguía sin saber lo que quería. Y se me antojaba que la creación  bamboleante, ebria y sonámbula, a partir de los cortocircuitos de la  forma, de sus conexiones y combinaciones, se correspondía con el devenir  de la propia historia, la cual avanza también medio ebria y sonámbula  (...)”&lt;br /&gt;“Pueden detectarse en ‘El casamiento’ ciertos mecanismos de  gestación del hombre y de la humanidad modernos. La presencia constante  de la forma en la escena constituye el spiritus movens del drama. Y  aquel que se deje arrastrar en los torbellinos de la forma en proceso de  formación, queda preso para siempre en una duda mortal. ¿Es eso cierto?  ¿Es sensato, o más bien estúpido? ¿Es realidad o sueño? (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mi  modesto teatro de aficionado no es teatro del absurdo, sino teatro de  ideas, con sus medios propios, sus propios objetivos, su clima  particular y un mundo personal”. En esta pieza de teatro se narra el  sueño sobre una ceremonia religiosa y metafísica que se celebra en un  futuro trágico en el que el hombre advierte con horror que se está  formando a sí mismo de un modo imprevisible.&lt;br /&gt;Éste es un acorde  disonante entre el individuo y la forma; si no hay Dios, los valores  nacen entre los hombres. Pero el reinado de Henryk sobre los hombres  tiene que hacerse real, las necesidades  formales de la acción para hacerlo rey terminan por derrumbarlo y toda  la transmutación fracasa; ha recibido un zarpazo de Dios. En esta pieza  de teatro se cuenta el sueño de un soldado polaco alistado en el  ejército francés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está peleando contra los alemanes en algún  lugar de Francia. Durante el sueño se le abren paso las preocupaciones  que tiene por su familia perdida en alguna de las provincias profundas  de Polonia y se le despiertan los temores del hombre contemporáneo a  caballo de dos épocas. Henryk ve surgir de ese mundo onírico a su casa  natal en Polonia, a sus padres y a su novia.&lt;br /&gt;El hogar de Henryk se  ha envilecido y transformado en una taberna empobrecida en la que su  novia Mania es la camarera y su padre el tabernero, y ese padre  miserable y degradado en una posada miserable, perseguido por unos  borrachos que se mofan de él, grita al cielo que es intocable, y  alrededor de esta exclamación desesperada se empieza a  hilar toda la trama de la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los borrachos cantando y  bailando a su alrededor con risas beodas y sarcásticas lo señalan con el  dedo como si fuera un rey intocable. Pero, entonces, el hijo le rinde  homenaje al padre con toda la seriedad y pompas de una consagración  real, y el padre se transforma en rey. Ya como rey el padre eleva al  hijo a la dignidad de príncipe de la corona y le hace una promesa.&lt;br /&gt;En  virtud de su poder real, le concederá un casamiento digno y religioso  que restituirá a la novia la pureza y la integridad de antaño. Cuando se  está preparando el casamiento digno y sagrado que celebrará un obispo  el sueño del protagonista empieza a vacilar junto a la misma ceremonia,  se siente amenazado por la estupidez justamente cuando aspira con toda  el alma a la sabiduría, a la dignidad y a la pureza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco,  va perdiendo la confianza en sí mismo y en el sueño. Otra vez entra en  la escena el cabecilla de los  borrachos para provocarlos. Cuando Henryk está a punto de pegarle al  borracho, la escena se metamorfosea en una recepción de la corte en la  que el borracho se ha convertido en el embajador de una potencia  extranjera que incita al príncipe a la traición.&lt;br /&gt;El obispo, el rey,  la iglesia y Dios son viejas supersticiones y, si Henryk se proclamara a  sí mismo rey, ninguna autoridad divina ni terrenal le sería necesaria.  Se administraría a sí mismo el sacramento del matrimonio y obligaría a  todos a reconocerlo y a reconocer a la novia como pura y unida a él. La  transformación había comenzado con la intocabilidad del padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin  embargo culmina en el paso de un mundo basado en la autoridad divina y  paternal a otro en el que la propia voluntad de Henryk deberá  convertirse en la autoridad divina y creadora como la de Hitler, como la  de Stalin. El príncipe cede a la incitación del borracho, destrona al  padre y se convierte en rey, pero el  borracho anda detrás de algo más, pretende despertar sus celos.&lt;br /&gt;Cuando  estaba por finalizar la ceremonia matrimonial le pide a Wladzio, el  amigo de Henryk, que sostenga una flor encima de la cabeza de  Manka-Mania, la novia. Escamotea rápidamente la flor dejándolos en una  actitud falsa y sospechosa que despierta los celos del príncipe. Henryk  ve al borracho como si fuera un sacerdote cochino uniendo a su amigo y a  su prometida en un casamiento inmoral y bajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre tenía  una idea un tanto rancia sobre su autoridad sobre el hijo y sobre la  humanidad. “Y quien alce su mano sacrílega contra su padre cometerá un  crimen espantoso, inaudito, infernal, diabólico, abominable y  terriblemente despreciable. Un crimen que irá de generación en  generación, lanzando gritos y gemidos terribles, en la vergüenza y los  tormentos (...)”&lt;br /&gt;“Maldito de Dios y de la Naturaleza, marchito,  estigmatizado, abandonado”. Henryk se convierte en un  dictador, ha dominado a todo el mundo, también a sus padres, y de nuevo  se vuelve a preparar la ceremonia nupcial pero sin Dios, sin otra  sanción que la de su poder absoluto. Henryk utiliza, a efectos de  alcanzar sus propósitos, un procedimiento drástico (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Para  hacerse de la autoridad que le arrebata al padre y, por lo tanto, a  Dios. Es la paz. Todos los elementos rebeldes han sido detenidos. El  Parlamento también ha sido detenido. Aparte de eso, también están en la  cárcel los medios militares y civiles, y grandes sectores de la  población, así como la Corte Suprema, el Estado Mayor y las Direcciones  Generales (...)”&lt;br /&gt;“Los Departamentos, los Poderes públicos y  privados, la prensa, los hospitales y parvularios, todos están es  prisión. Hemos encarcelado también a los ministros y, en general, a  todo. También la policía está en la cárcel. Es la paz. La calma”. Sin  embargo, la verdadera autoridad de “El  casamiento” Gombrowicz la encuentra en el poder que tienen las  palabras. “¡Todo eso es mentira! (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Cada uno dice lo que es  conveniente y no lo que quiere decir. Las palabras se alían  traicioneramente a espaldas nuestras. Y no somos nosotros quienes  decimos las palabras, son las palabras las que nos dicen a nosotros, y  traicionan nuestro pensamiento que, a su vez, nos traiciona. ¡Ah, la  traición, la sempiterna traición! Las palabras liberan en nosotros  ciertos estados psíquicos (...)”&lt;br /&gt;“Nos moldean... crean los vínculos  reales entre nosotros. Si tú dices algo como: 'Si tú lo quieres, Henryk,  yo, Wladzio, me mataré de mil amores'. Parece en principio algo  extraño, pero yo puedo responder con algo más extraño aún, y así,  ayudándonos el uno al otro, podemos llegar lejos. ‘Asiste a la boda,  Wladzio, y cuando llegue el momento, mátate con este cuchillo’”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  dictador siente que su poder sólo tendrá  una verdadera realidad si es confirmado por alguien que realice  voluntariamente el sacrificio de su sangre. Le pide a Wladzio que se  mate para él, pues este sacrificio calmará sus celos y lo hará poderoso y  formidable para realizar su casamiento y conseguir la pureza de  Manka-Mania, la novia. El amigo a pedido del Rey se mata.&lt;br /&gt;Henryk  retrocede horrorizado ante lo que ha hecho con el amigo y el casamiento  no se consuma. “La impresión que me da Gombrowicz es la de un hombre que  construyó su edificio sobre las ruinas de su vida emocional”. Estas  declaraciones dramáticas de Czeslaw Milosz contrastan con otras  formuladas por algunos gombrowiczidas eminentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Gombrowicz,  cuando se refiere a su vida personal e íntima, casi siempre recurre a  fórmulas, anécdotas o generalidades poéticas, evitando los detalles. En  sus cartas a los amigos cercanos, especialmente en los últimos años, se  manifestaba más libremente y sin tantas  restricciones, pero esta indecente confesión tardía sonó como una  broma”. Otros gombrowiczidas en cambio sostienen otra cosa.&lt;br /&gt;El  erotismo de la juventud de Gombrowicz era normal en un sentido físico,  pero anárquico y loco en un sentido mental. En la esfera erótica de  Gombrowicz se manifestaba su pasividad, su naturalidad sumisa, su  inmediatez y la facilidad del acceso, de la entrega total, un carácter  ideal y místico. Necesitaba de una relación directa y espontánea con las  personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Por supuesto no he cometido ningún acto de locura.  En la superficie he sido razonable, pero en el fondo, muy dentro de mí  mismo, he vivido una vida apoyada enteramente en la fantasía. Creo que  soy un hombre normal, pero tengo una tendencia a la locura interna”.  Antes de hablar de Krystyna Janowska, la primera novia de Gombrowicz,  vamos a dar unas vueltas alrededor de su naturaleza contradictoria.&lt;br /&gt;“Como  mi estancia en Potoczek, la finca de  mi hermano Janusz, no curó del todo mis pulmones, fui a pasar el verano  a una pensión de Rabka. Recuerdo que mi estancia en Rabka agravó aún  más mis relaciones con la gente, ya de por sí bastante tensas. Pero es  que en aquella estrafalaria pensión donde me instalé, me encontré frente  a una colección de tipos que parecía expresamente confeccionada (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Representaba  la mezcolanza de estilos y lo grotesco polaco. Movilicé enseguida todos  mis rencores y me volví provocativo. Este talante no tardó en producir  un resultado desagradable con una damisela que había estado en  Inglaterra: –Se nota que se atracó de Inglaterra y ahora la está  repitiendo en la mesa. La inglesa me echó una mirada fulminante (...)”&lt;br /&gt;“Dijo  algo de los mocosos mal educados, a lo cual un señor muy autoritario  añadió unas palabras sobre la arrogancia típica de los estudiantes  insensatos. Cuando un juez retirado, reprendió violentamente a su  hija, yo me sentí aludido inmediatamente: –¡Hay que saber con quién se  juega! Este señor, según supe después, había reprendido a la joven por  haber jugado a las cartas antes de comer (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Sus palabras  provocaron un cataclismo entre todos los presentes que no comprendía  bien, pues creía que la indirecta estaba dirigida a mí. Después de la  comida se produjo un gran movimiento entre los señores, ellos también  habían jugado a las cartas antes de comer, se sintieron por lo tanto  ofendidos y le pidieron explicaciones al juez. Cada uno mandó un  emisario para preguntarle si se refería a él (...)”&lt;br /&gt;“Al final llegó  mi turno, me sentía enfermo con la suma de todas esas idioteces. Esa  manifiesta y notable ausencia de civismo que nos caracterizaba a todos  en esa maldita pensión de Rabka, me sumió en un estado de terrible  impotencia, de trágico desánimo. De esa forma se producían en mí saltos  de la bufonería a la  seriedad, de lo cómico al sufrimiento real (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y seguía sin  poder resolver mi problema con la farsa polaca, con nuestro  desequilibrio  Se trataba de un océano en el que yo naufragaba pero que,  a la vez, llevaba dentro de mí”. Esta confusión se acentuaba aún más en  relación con las mujeres. “Personalmente no sabía tratarlas, me refiero  a las mujeres, pues me comportaba realmente como no debía (...)”&lt;br /&gt;“Me  vengaba de ellas haciéndome el loco y el payaso cuanto podía, y en el  fondo de mi alma odiaba a esas maestras indulgentes y presumidas que se  creían superiores. Eran  unas guías, institutrices y, desgraciadamente, a  menudo críticas. Por fin llegó un momento en que me rebelé y saqué la  conclusión de que había que exterminar la feminidad de la literatura  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero yo no me enterado nunca si las mujeres en la  literatura y la femineidad literaria eran verdaderamente enemigos míos, y  si  mis reproches eran justos. De la justicia de nuestras pretensiones no  nos convencemos hasta que comenzamos a luchar por ellas”. Si el destino  hubiera sido un poco más recto de lo que suele ser quizás Gombrowicz  hubiera tenido otro destino.&lt;br /&gt;Se hubiera casado con su prima Barbara  Godecka y hubiera tenido hijos con ella, como la Teresa de su hermano  Jerzy muy agraciada e inteligente, no así como el Józef de su hermano  Janusz, pedigüeño y medio tonto. Gombrowicz tenía de sí mismo una  opinión más o menos estándar. “En cuanto hijo de una buena familia era  educado y bastante sano (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ni feo ni guapo, sólo pasable,  haciéndole la corte a sus primas, alumno mediocre, un tanto enmadrado,  delicado, inquieto, y al mismo tiempo burlón, parlanchín, provocador, a  menudo insoportable en el colegio y golpeado por sus compañeros mayores,  sociable, frívolo, audaz o tímido según las circunstancias”. Los  modelos femeninos de  Gombrowicz tenían varios orígenes.&lt;br /&gt;Su madre, Marcelina Antonina, su  hermana Irena, las criadas y las primas. La madre y la hermana eran dos  bellas mujeres de aspecto virtuoso a cuya hermosura Gombrowicz nunca se  refiere. Las primas que frecuentaban la casa se caracterizaban más por  sus virtudes que por su coquetería, se dedicaban a actividades  filantrópicas y no se mostraban dispuestas al flirteo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esta  razón Janusz y Jerzy, sus hermanos mayores, se sentían perjudicados. Su  actitud hacia esas primas y hacia los principios que ellas practicaban  era hostil y maligna. Con las criadas Gombrowicz ajusta las cuentas en  “La escalera de servicio” y con las primas se toma revancha en Isabel de  “Ferdydurke”. Los matrimonios de los nobles terratenientes polacos  tenían mucho que ver con el interés.&lt;br /&gt;La madre de Gombrowicz intentó  casarlo con su prima Barbara Godecka por su posición social y su dote,  mientras el padre, por los  mismos motivos, intentaba casarlo con una joven que había elegido  cuidadosamente. “¿Para qué necesito a una mujer? Esta joven le gusta a  mi padre, por eso quiere que me case con ella, porque él no puede” Jan  Onufry estaba preocupado por el matrimonio de su hijo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También lo  estaba su amigo  Tadeusz Breza. A Gombrowicz le encantaba el humor de  Breza, envidiaba la facilidad que tenía para relacionarse con las  mujeres, mientras él iba de mal en peor. Finalmente, como sus fracasos  no cesaban de repetirse, llamaron la atención de Tadeusz. Le presentó a  una joven actriz, hermosa, sana, simpática, amante de la lectura y del  arte.&lt;br /&gt; Tenía la esperanza de haber encontrado para Gombrowicz la  unidad ideal de cuerpo y de espíritu, de cultura y naturaleza. Pero el  hecho de que esa joven apareciera sobre un escenario, que se dejara  contemplar, que tuviera una actitud profesional hacia su encanto y sus  gracias, hizo que a Gombrowicz  no se le despertara ningún interés por ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el año 1926  Gombrowicz realiza los primeros flirteos con sus primas y las amigas de  su hermana, todas las cuales lo abruman con su celo religioso. Su  familia desea que se prometa a una joven condesa católica, amiga de su  hermana, dos años mayor que él y organiza una discreta comida para que  él se declare, pero nada ocurre. Su primer amor es Krystyna Janowska.&lt;br /&gt;Es  una joven, vecina de la propiedad de su hermano Jerzy en Wsola, a la  cual ve por las noches. Fue un amor intermitente, que se prolongó  durante varios años. Hacia el año 1930 había empezado a frecuentar los  cafés literarios y seguía escribiendo novelas cortas. Decide permanecer  en Radom pero choca con la hostilidad de sus abogados que en su gran  mayoría pertenecían al Partido Nacional, una agrupación de derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los  partidarios de esa agrupación se escandalizaban por las relaciones que  tenía Gombrowicz con  centros de izquierda y, particularmente, por las que tenía con  Wiadomosci Literackie. Desde ese mismo momento Gombrowicz renunció a la  continuación de su carrera jurídica. “Era una época en la que estaba en  mala disposición con el arte (...)”&lt;br /&gt;“Me saturaba de Schopenhaher y de  su antinomia entre la vida y la contemplación, y de Mann en cuya obra  ese contraste tiene un aspecto más doloroso. El arte era para mí el  fruto de la enfermedad, la debilidad, la decadencia; los artistas, por  así decirlo, no me gustaban, personalmente yo prefería al mundo y a la  gente de acción. Estas fobias, a mi edad, eran apasionadas (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Yo  tenía entonces veinticinco años, que es cuando todavía no se ha  renunciado a la belleza. El mundo artístico me atraía por su libertad y  por su resplandor, pero me repudiaba  física y moralmente. Me sentía  raro al entregar un ejemplar de ‘Memorias del tiempo de la inmadurez’,  un libro fresco,  recién sacado del horno, a mi respetable familia (...)”&lt;br /&gt;“Supongo  que si hubiera entrado a formar parte de un ballet y me hubiese puesto a  saltar medio desnudo delante del público, mi familia no se hubiera  sentido más incómoda”. Con esta mezcla de naturalezas, la de su familia y  la de la literatura, se moría de vergüenza cuando pensaba que algún día  sería un artista como ellos, que se convertiría en un ciudadano de esa  ridícula república de almas ingenuas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quería ser un engranaje  de esa terrible maquinaria, un miembro de ese clan. Por nada del mundo  quería sentirse perteneciendo a ese al gremio. Desde muy temprano se le  manifestó a Gombrowicz una tendencia personal que le causaría un gran  daño en el transcurso de su vida, la imposibilidad de tratar normalmente  a personas de rango social superior.&lt;br /&gt;Era la consecuencia de su  forma de comportamiento que lo hacía sentir a gusto solamente con  aquellos a quienes  conseguía imponer esa forma suya un tanto extravagante. La aristocracia  tenía su propio estilo, definido, banal e impersonal, y nada podía  hacer en su contra, tenía que someterse. Esta separación, sin embargo,  no era tan drástica como podría suponerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera obra  literaria de su vida fue la monografía “illustrissimae familiae  Gombrovici”. La conservó en estado de manuscrito, y aunque no contenía  nada de especial pues los Gombrowicz eran tan solo miembros de una  pequeña nobleza, se pavoneaba con cada detalle referente a los bienes,  funciones y vínculos familiares, y disfrutaba de esta manía.&lt;br /&gt;Cuando  murió su padre en el año 1933 ya había empezado a sentir la decadencia  de su familia a la que le encontraba cierto parecido con “Los  Buddenbrooks”, la novela de Thomas Mann. Era una familia que se  extinguía, las perturbaciones mentales de algunos parientes de la parte  de su madre pesaban sobre su cabeza como una amenaza  de trastornos psíquicos futuros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre fue el último  Gombrowicz en gozar del respeto general e infundir confianza. Él y sus  hermanos, la siguiente generación, eran unos excéntricos de quienes la  gente decía que era una lástima que no hubieran salido al viejo  Gombrowicz. Su pertenencia a dos mundos, tan fuertemente marcada desde  su juventud, fue muy clara hasta la muerte del padre, después las cosas  fueron cambiando.&lt;br /&gt;En vida del viejo Gombrowicz entraba a la  oscuridad  y volvía a la luz con alguna facilidad, cruzaba la línea de  sombra en las dos direcciones lo que le permitía comportarse como un  camaleón. Esa doble personalidad se prestaba a la mistificación, su  apariencia de terrateniente más que de asiduo de cafés y de escritor  vanguardista le producía todo tipo de malentendidos, especialmente con  el género femenino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la muerte de su padre se le fue  haciendo claro que tenía que justificar su vida  con una obra de orden superior pues el tiempo pasaba y su situación en  Polonia se hacía cada vez más penosa. A partir de los treinta años su  pertenencia a una clase social superior empezó a debilitarse y el  desastre de la guerra que arruinó a su familia y también a él pusieron a  esta pertenencia en el camino de la extinción.&lt;br /&gt;Pero Gombrowicz nunca  dejó de pertenecer a esos dos mundos, en la Argentina se las ingenió  para darle una nueva vida al mundo de la aristocracia: “Entonces llegó  el momento en el que los oyentes, fascinados por mi lúgubre resplandor,  empezaron a insistir en que les dijera qué es el arte, en qué consiste  el arte, cómo es y cómo debiera ser el arte (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Estas  preguntas se me echaron encima igual que unos perros que años atrás me  habían asaltado al llegar frente a la mansión de Wsola, en presencia de  mi primera novia. Respondí. –¡No, eso no os lo voy a decir! Eso sólo  puedo decirlo a una  persona de un rango igual al mío. De entre todos vosotros, sólo a una  persona; -¿A quién?; –Sólo a ella –contesté, indicando a una de las  damas–, sólo a ella. ¡Porque ella es una princesa!”&lt;br /&gt;Este pasaje de  uno de sus diarios se refiere a Ada Lubomirska, la encantadora  princesita. Gombrowicz siempre fue un holgazán, pero ya de joven se  imaginaba que el pensamiento errante y libre de un holgazán era lo que  más desarrollaba su inteligencia. Sin embargo, su pereza no era tan  absoluta como pudiera parecer, no sabía bien cómo pero había conseguido  una superioridad intelectual sobre su entorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco se fue  haciendo notar como más sensato y equilibrado que los demás, de alguna  manera se sabía que su especialidad era la inteligencia y no otra cosa.  “El hombre es un ser social, y quien se integra rápida y fácilmente en  su ambiente, se forma e incluso llega a un grado considerable de  eficacia... pero no se manifestará  nunca en él la fuente de sus energías más profundas (...)”&lt;br /&gt;“Será un  hombre técnicamente útil, pero superficial y limitado”. Su gusto por  decir tonterías le hacía decir a su hermano Jerzy: –Cuando voy de visita  con mis hermanos lo único que temo es que Janusz se ponga a dormir y  que Witold se ponga a contar tonterías. Contar tonterías constituía en  la época de su juventud una de las ocupaciones que más lo absorbía pero  nunca se censuró esta actividad idiota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desorden, la  confusión y la torpeza de una existencia que elegía la idiotez para  relacionarse con los demás fueron para él la mejor escuela en la se  formó y que le permitió más adelante sobresalir y entrar en el gran  mundo. La residencia Wsola perteneció a Jerzy Gombrowicz, hermano de  Witold, y a su esposa Aleksandra Pruszak de Gombrowicz hasta la Segunda  Guerra Mundial.&lt;br /&gt;Gombrowicz solía pasar sus vacaciones familiares en  ese lugar, donde escribió  varias de sus obras, entre ellas “Ferdydurke” y algunas partes de “Los  Hechizados”. En Wsola, Witold también solía jugar al tenis con  Aleksandra. La residencia Wsola es el único lugar de Polonia vinculado  con Witold Gombrowicz que no fue destruido durante la Segunda Guerra  Mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz conoce a Krystyna Janowska en la juventud,  sus familias eran amigas y ambas pertenecían al mismo círculo social de  vecinos. Morena, de ojos grandes, alta delgada y esbelta. Era atlética,  montaba a caballo, hacía esquí y jugaba al tenis. Krystyna se refiere a  Gombrowicz como un hombre joven y guapo, diferente, interesante y  original que se burlaba de los terratenientes.&lt;br /&gt;Por tal razón las  jóvenes no se sentían seguras con él y para ella misma no había sido una  opción de casamiento. Krystyna, ya abuela, no recordaba ninguna de las  reuniones nocturnas a las que se refiere Gombrowicz. Cuatro años menor  que él, nacida en Bartidziejw, era  hija de terratenientes. Igual que la Zutka de “Ferdydurke” era atlética  y normal, no tenía nada que ver con el arte o el intelecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  sabía que no podía responder a las expectativas y a las necesidades de  las jóvenes. No podía representar el papel de admirador y de amante.  “Ferdydurke” termina con una escena que dice mucho sobre la relación  convencional entre un hombre y una mujer. Pepe, de conformidad con el  canon estándar secuestra a su prima Isabel. La joven disfruta del rapto y  él debe responder a sus expectativas.&lt;br /&gt;La escena muestra la  incapacidad fundamental de Gombrowicz para representar el papel de novio  y marido. La primera reunión de Krystyna con Gombrowicz  se produce en  1922 en el río Vístula, tenía catorce años y era una colegiala. “No  estuvimos vinculados por nada serio, sólo nos gustaba estar juntos, por  otra parte Witold nunca me habló de sus sentimientos ni mencionó el  casamiento”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Krystyna tenía una gran cantidad de pretendientes, y  Gombrowicz era irritante. No sabía bailar, lo que en aquel entonces era  una verdadera desventaja para un soltero. Le tenía miedo a los  caballos, no nadaba ni esquiaba, era excéntrico y tenía ideas raras. A  los cincuenta años Gombrowicz recuerda que, veinte años atrás, en una  fiesta de vecinos se encontraba Krystyna Janowska.&lt;br /&gt;Esa joven lo  transportaba a estados de embeleso. Quería lucirse y brillar ante ella,  en aquel entonces esto era absolutamente necesario para él. Pero al  entrar al salón, en lugar de señales de admiración, se encontró con la  compresión de las tías, las bromas de sus primas y la ironía vulgar de  todos los nobles de la vecindad. Un periodista se había ocupado de uno  de sus cuentos con unas palabras llenas de indulgencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin  embargo daba a entender que le faltaba talento. La publicación había  caído en las manos de los presentes y  todos conocían su contenido. Le daban más crédito al crítico,  naturalmente, porque era un escritor de mucho éxito. Esa noche  Gombrowicz no sabía dónde esconderse, se sentía impotente, pero no  porque la situación le viniera grande, sino porque era irrefutable, no  merecía refutación.&lt;br /&gt;Igualmente sufría, sufría y tenía vergüenza de  su sufrimiento, a pesar de que ya, por aquel entonces, sabía  arreglárselas con demonios más peligrosos. Sin embargo en este asunto se  hundía descalificado por su propio dolor. Al Gombrowicz cincuentón le  hubiera gustado ponerse detrás de aquel otro veinteañero para que se  sintiera completado por el sentido futuro de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quería  ayudarlo a lucirse y brillar frente a Krystyna Janowska, esa joven  virgen. “Pero yo –tu realización– estoy a mil millas, a muchos años de  distancia de ti. Estoy sentado aquí, en esta orilla americana, tan  amargamente retrasado..., con la mirada fija en el agua  que brota por encima del parapeto de piedra, colmado por la distancia  del viento que llega velozmente de la zona polar”.&lt;br /&gt;Estaba en la  Costanera mirando el Río de la Plata. Al Gombrowicz viejo le hubiera  gustado ayudar al joven completándolo con su madurez. Pero se sentía  incompleto, distante, amargado y retrasado a orillas de la costa  americana, tan distante, amargado y retrasado como se sintió con la  Regina de su cuento. El miedo es un sentimiento de inquietud causado por  la posibilidad de un daño inminente, real o imaginario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando  el riesgo no es inminente el miedo no aparece o, si aparece, es muy  débil. Lo que ocurre con los miedosos es que tienen una tendencia a  convertir en inminente la posibilidad de los daños remotos y esto es lo  que le pasaba a Gombrowicz. “Todos estos  fermentos de juventud se  fueron civilizando y puliendo en el curso de mi desarrollo ulterior.  Pero no han desaparecido”.&lt;br /&gt;El sentimiento del  que derivan la deserción y el destierro de Gombrowicz es el miedo.  Pero, ¿y la homosexualidad?, no es tan evidente que el origen de la  homosexualidad de Gombrowicz sea el miedo. Gombrowicz no le tenía odio a  las mujeres, no era misógino, pero, ¿y miedo?, ¿no será que era  ginófobo? La homosexualidad le producía ciertamente vergüenza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin  embargo la heterosexualidad de sus relaciones algunas mujeres dan para  pensar que le tenía miedo a las mujeres. Algunos gombrowiczidas  connotados piensan que el miedo era el origen de su homosexualidad.  Dejemos este dilema para otra oportunidad, pero si fuera cierto que era  ginófobo, el miedo se convertiría en el archiorigen de los dolores de  Gombrowicz.&lt;br /&gt;Fue el miedo a la guerra y no la conclusión de un  análisis ponderado de la realidad el que impulsó a Gombrowicz a saltar  del transatlántico Chrobry en el puerto de Buenos Aires. Los pasajes de  su inmadurez a su madurez son obscuros e  incompletos, es evidente que no tuvo esa transformación interna  estándar que nos va volviendo maduros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del erotismo a la  sexualidad, del estudio a la profesión, de la profesión al trabajo, del  trabajo al dinero, de la sexualidad a la pareja, de la pareja a los  hijos, y, en general, de una cosa a la otra, en este camino nos vamos  transformando y nos volvemos maduros. Sin embargo, siempre nos queda  como en un sueño actual el recuerdo de la juventud, el deseo de volver a  ser jóvenes.&lt;br /&gt;Pero finalmente Gombrowicz atraviesa el Rubicón del  matrimonio. Las primeras palabras que nos anuncian que Gombrowicz está  en las vísperas de este fenómeno nos vienen del Príncipe Bastardo. “A  causa de esto decidió postergar su viaje a la Argentina en la primavera  pues tiene miedo del calor y, por el momento, tiene la intención de irse  al sur de Francia con una canadiense de 22 años que, según él, está  enamorada (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Yo todavía no  la vi a esa chica (él la conoció en Royaumont) pero parece ser que es  inteligente, viva y está dispuesta a ayudarlo. A lo mejor es una  solución para este invierno”&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt; "Las opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de  exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no  representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor",  medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-4814522465629610989?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/4814522465629610989/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/10/witold-gombrowicz-y-el-matrimonio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/4814522465629610989'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/4814522465629610989'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/10/witold-gombrowicz-y-el-matrimonio.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y EL MATRIMONIO'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-8168850749115280212</id><published>2011-10-18T01:47:00.000-03:00</published><updated>2011-10-18T01:48:16.921-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ, LA PATRIA Y LA FAMILIA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="1318913230336-Witold_Gombrowicz_con_sus_hermanos.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/1318913230336-Witold_Gombrowicz_con_sus_hermanos.jpg?v=1318913241711" width="403" height="286" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ, LA PATRIA Y LA FAMILIA&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A  Gombrowicz se le presentaban verdaderas dificultades cuando se las  tenía que ver con sentimientos positivos, por ejemplo, los que le  despertaban la patria y la familia. No es que los temas de sus obras  aparezcan dibujados claramente pero “Transatlántico” y “El diario de  Stefan Czarniecki” pueden tomarse como una muestras de estas  dificultades.&lt;br /&gt;Cuando Gombrowicz ya se atrevía a mirar fría y  libremente el fenómeno de la independencia de Polonia, cuando estaba  desentrañando con maestría los arcanos del Dios y de la patria polacos,  estalló la guerra y todo se le vino abajo. “Sería fatal que, siguiendo  el ejemplo de muchos otros polacos, me deleitara con el recuerdo de  nuestra independencia de los años  1918-1930 (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lo que pido es que no se confunda mi frialdad  con un efectivismo barato. El aire de libertad nos fue dado para que  emprendiéramos la lucha contra un enemigo más atormentador que todos los  opresores anteriores, contra nosotros mismos”. Hay en “Transatlántico”  un ambiente en el que aparecen en una misma escena, el estilo  intelectual imperante por Buenos Aires en esa época, y un puto  millonario.&lt;br /&gt;Es probable que el escritor vestido de negro fuera una  mezcla de Mallea con Borges, y Gonzalo, una mezcla de los putos en  estado de ebullición a los que hace referencia Gombrowicz en el “Diario”  con Manuel Mujica Láinez.. “Mi ‘Transatlántico’ no alude a un barco,  sino a algo como a través del Atlántico; se trata de una novela que mira  hacia Polonia desde la tierra argentina (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Sigue  divirtiéndome ese ‘Transatlántico’, jocoso, absurdo, escrito en un  estilo arcaico, lleno de  extravagancias idiomáticas, a veces inventadas... Es la menos conocida  de mis novelas, ya que esas excentricidades lingüísticas no resultan  fáciles de traducir. El fin de la guerra no supuso una liberación para  los polacos. En aquella triste Europa central, significaba tan sólo la  sustitución de una noche por otra (...)”&lt;br /&gt;Se estaban reemplazando los  verdugos de Hitler por los de Stalin. En el mismo momento en que en los  cafés parisinos las almas nobles saludaban con un canto glorioso la  emancipación del yugo feudal por parte del pueblo polaco, en Polonia  ocurría algo muy distinto. El mismo cigarrillo encendido cambiaba  simplemente de mano y seguía quemando la piel humana (...)” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Yo  observaba todo esto desde la Argentina, mientras me paseaba por la  avenida Costanera. La palabra basta que sin duda afloraba a los labios  de cada polaco, empezó a exigir de mí una solución concreta. Por el  hecho de su situación  geográfica y de su historia, Polonia se veía condenada a ser  eternamente desgarrada. ¿No era posible cambiar algo en nosotros, los  polacos, para salvar nuestra propia humanidad? (...)”&lt;br /&gt;“Mientras en  Polonia le rompían los dientes a la gente, el mundo seguía insistiendo  con sus declamaciones sobre el romanticismo polaco y el idealismo  polaco, o bien se repetían con insistencia y monotonía las mismas  trivialidades sobre la Polonia mártir. En materia de arte, no creo en la  utilidad de las pequeñas correcciones, hay que hacer acopio de fuerzas y  dar un salto, operar un cambio radical, desde la base (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se  requería, no una realidad de segunda mano, una realidad polaca, sino  una realidad más fundamental, la realidad humana. Había que sacar al  polaco de Polonia para hacer de él tan sólo un hombre, hacer un polaco  antipolaco. Me senté y me puse a escribir, sólo que, empecé a escribir  algo opuesto por completo a lo que  hubiera sido conveniente escribir (...)”&lt;br /&gt;“En lugar de salirme la  gravedad, me salió la risa, los disparates y la diversión. Al escribir  ‘El casamiento’ yo estaba obnubilado con ‘Hamlet’ y con ‘Fausto’, pues  bien, ‘Transatlántico’ nació en mí como el ‘Pan Tadeusz’ de Mickiewicz,  pero al revés. Este poema de Mickiewicz, escrito también en el exilio,  la obra maestra de nuestra poesía nacional, supone un afirmación del  espíritu polaco suscitada por la nostalgia (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En  ‘Transatlántico’ estaba obsesionado con Mickiewicz, a menudo me las  arreglo bastante bien para estar en buenas compañías”. La novela  comienza cuando Gombrowicz manifiesta su necesidad de comunicarle a su  familia perdida en una Polonia destruida por la guerra, a sus parientes y  a sus amigos el comienzo de sus aventuras en la capital de la  Argentina, unas aventuras que ya duraban diez años.&lt;br /&gt;Llega a Buenos  Aires el 21 de agosto de  1939 y desde el primer día, a la salida de las recepciones, les  agredían los oídos con el grito obsesivo de “Polonia”. Ese grito se  escuchaba en las calles de Buenos Aires, Gombrowicz se daba cuenta que  algo no andaba bien, no había remedio, la guerra estallaría de hoy para  mañana. El barco recibe la orden de partir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz se despide  de un amigo embarcado con él deseándole un buen viaje. El pobre  compatriota sólo atina a rogarle que se presente rápidamente en la  embajada. Cuando el barco se está alejando Gombrowicz pronuncia una  blasfemia terrible contra Polonia y se interna en la ciudad. Estaba  completamente desorientado y sin dinero, así que visita a un compatriota  que había sido vecino de uno de sus primos en Polonia.&lt;br /&gt;Lo va a ver  para pedirle opinión y consejo. Pero este hombre empieza a decirle que  aprobaba y que no aprobaba su decisión de quedarse. Que había hecho bien  y tal vez mal, que él no estaba tan loco  como para opinar en estos tiempos o como para no opinar, que tenía que  presentarse enseguida en la embajada o no presentarse, que era igual si  se presentaba o si no se presentaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que se podía exponer o no  exponer a graves riesgos. Y, en fin, que hiciera lo que le pareciera  oportuno o que no lo hiciera. Perdido entre la muchedumbre Gombrowicz  decidió no inmiscuirse en el asunto de la guerra, no era un asunto de su  incumbencia, si allá tenían que sucumbir, que sucumbieran. Fue a la  embajada, se echó a llorar y se puso a los pies del embajador, le besó  la mano, le ofreció sus servicios y su sangre.&lt;br /&gt;Le rogó que en ese  momento sagrado, según fuera su santa voluntad y entender, dispusiera de  su persona. El embajador le dijo que sólo podía darle cincuenta pesos,  que no tenía más, pero que si quería irse a Río de Janeiro a importunar  al embajador de allá, le pagaría el viaje y le daría algo más, que no  quería literatos por acá  porque lo único que sabían hacer era pedir plata y después ladrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  se dio cuenta de que el embajador lo estaba despidiendo con moneda  menuda, entonces le dijo que él era una literato pero también era un  Gombrowicz. Y cuando el embajador le preguntó de cuáles Gombrowicz era  Gombrowicz, le respondió que de los Gombrowicz Gombrowicz, entonces el  diplomático le ofreció ochenta pesos en vez de cincuenta, ni un peso  más.&lt;br /&gt;Le recordó que estaban en guerra y que había que marchar para  vencer a los enemigos, matarlos, destrozarlos y aplastarlos, y que no  fuera ladrando por ahí que el embajador no había marchado y hablado  delante de él. Le pidió que escribiera artículos para celebrar la gloria  de los genios polacos, que por ese servicio le podía pagar setenta y  cinco pesos mensuales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era necesario ensalzar a la patria en  momentos tan difíciles, pero Gombrowicz le contestó que no podía hacerlo  porque le daba  vergüenza, entonces el embajador lo empezó a tratar de comemierda, y le  recordó que la embajada le había rendido homenaje. Lo iba a presentar a  los extranjeros como el Gran Comemier… Genio Gombrowicz.&lt;br /&gt;La primera  consecuencia de su presentación en la embajada fue que lo invitaron a  una recepción. Se trataba de una reunión en la casa de un pintor a la  que iban a asistir los escritores y artistas locales. Tenía una gran  seguridad en su maestría y sabía que como maestro lograría superar y  dominar a todos los demás. Cuando llegó sus compatriotas lo  glorificaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El consejero Podsrocki lo presentaba y ensalzaba  como el gran maestro y genio polaco Gombrowicz. Como nadie le llevaba el  apunte, el consejero Podsrocki lo empezó a tratar de comemierda y le  exigió que hiciera algo para no avergonzarlos. Entró un hombre vestido  de negro, se notaba que era una persona muy importante, un gran  escritor, un maestro.&lt;br /&gt;Llevaba en los  bolsillos una cantidad inconcebible de papeles que perdía a cada  momento, y debajo del brazo algunos libros, se volvía a cada rato  inteligentemente inteligente. Los compatriotas de Gombrowicz lo  empezaron a azuzar para que mordiera al hombre de negro, que si no lo  hacía lo iban a tratar de comemierda y a morder. Entonces Gombrowicz  habló con la persona más cercana en voz bastante alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No me  gusta la mantequilla demasiado mantecosa, ni los fideos demasiado  fideosos, ni la sémola demasiado semolosa, ni los cereales demasiado  cerealientos”. El hombre de negro le respondió que la idea era  interesante pero no nueva, que ya Sartorio la había expresado en sus  “Eglogas”, entonces Gombrowicz le manifestó que no le importaba un  comino lo que decía Sartorio.&lt;br /&gt;Lo que le importaba era lo que decía  él, el que hablaba; el gran escritor sin pensarlo dos veces le contestó  que la idea no era mala pero que existía un problema, ya había  dicho algo parecido Madame de Lespinnase en sus “Cartas”. Gombrowicz  perdió el aliento, el canalla lo había dejado sin palabras, entonces  empezó a caminar, y cada vez caminaba con más furia, sus compatriotas  estaban rojos de vergüenza y los demás de ira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero alguien  comenzó a caminar con él, era un hombre alto, moreno, de rostro noble.  Sin embargo, sus labios eran rojos, estaban pintados de rojo. Huyó como  si lo persiguiera el diablo. El moreno lo siguió, era muy rico, vivía en  un palacio, se levantaba al mediodía para tomar café y luego salía a la  calle y caminaba en busca de muchachos; aunque vivía en una mansión  simulaba ser su propio lacayo.&lt;br /&gt;Tenía miedo que los muchachos le  pegaran o que lo asesinaran para sacarle la plata. El moreno estaba  perdidamente enamorado de un joven rubio hijo de un comandante polaco.  Junto a Gombrowicz, en la Plaza San Martín, vio al joven rubio, lo  siguieron hasta el Parque Japonés, y  allí encontraron a los tres socios de la empresa equino-canina donde  trabajaba Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los socios empezaron a decirle a  Gombrowicz que entonces no era tan loco como pensaba la gente, que el  moreno tenía millones, insinuándole de esa manera una aventura con él.  El joven rubio estaba tomando cerveza con el padre, un hombre bueno,  decente, cortés y aterciopelado. Le comenta a Gombrowicz que va a  enrolar a su único hijo en el ejército polaco.&lt;br /&gt;Gombrowicz lo  previene contra el moreno y le sugiere que se vaya del lugar, el padre  no accede. El moreno brinda con el padre desde lejos, el comandante se  lo prohibe con un gesto. El moreno se irrita y le arroja el jarro de  cerveza, le parte la frente y brota la sangre. Primero la vergüenza en  la embajada, después en la casa del pintor, y ahora en el Parque  Japonés, mientras allá, del otro lado del océano, se derrama la sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A  la mañana siguiente apareció el padre en la  pensión de Gombrowicz. Le rogó que desafiara al moreno en su nombre.  Vaca o no vaca el hecho era que ese malvado llevaba pantalones y que lo  había ofendido públicamente. Cuando Gombrowicz se lo contó al moreno  éste le recriminó que se hubiera puesto de parte del viejo y no del  joven, que tenía que defender al joven de la tiranía del padre.&lt;br /&gt;De  qué le servía a los polacos ser polacos, ¿acaso habían tenido un buen  destino? Gonzalo se preguntaba si no estaban hasta la coronilla, si no  les bastaba ya el martirio, el eterno suplicio y el martirologio, había  llegado el momento de la filiatría. Aceptaba el duelo bajo la condición  de que las balas fueran de salva, las verdaderas se debían escamotear al  momento de cargar la pistolas en el forro de la manga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para  asegurar esta impostura Gombrowicz nombró a dos socios de la empresa  equino-canina  como padrinos del duelo. El moreno había rematado su  exhortación con la palabra  filiatría, y esta palabra le retumbaba en la cabeza a Gombrowicz junto a  los gritos de “Polonia, Polonia” que escuchaba en la calle mientras  caminaba presuroso hacia la embajada.&lt;br /&gt;¡Viva nuestro heroísmo!,  exclamaba el embajador, un coronel ya le había contado lo del duelo  entre el comandante y Gonzalo. Como todos descontaban que el duelo  terminaría sin sangre convinieron  en agasajar al comandante con una  comida que se daría en la embajada; mientras el consejero Podsrocki  volcaba en el libro de actas la invitación que estaba haciendo el  embajador escribió también que iban a asistir al duelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenían  que ver la valentía del polaco con la pistola en la mano atacando al  enemigo. Pero un duelo no es una partida de caza, tenían que asistir con  una excusa bien pensada,  bien podría ser una cacería con galgos a la  que invitarían a los extranjeros. Mientras tanto Gombrowicz le  preguntaba al embajador cómo era posible que  marcharan sobre Berlín si los combates se estaban librando en los  suburbios de Varsovia.&lt;br /&gt;El embajador le dijo que todo se había ido al  diablo, que todo había terminado. Habían perdido la guerra y había  dejado de ser embajador, pero la cabalgata se iba a realizar de todos  modos. Al día siguiente, el duelo, se dio la señal y los adversarios  entraron al terreno. Gombrowicz cargó las pistolas y metió las balas en  el forro de la manga. Vacío absoluto, eran disparos vacíos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo  lejos apareció la cabalgata; vacío porque no había balas y vacío porque  no había liebres. El duelo era una trampa que sin fin porque se había  convenido a primera sangre. De pronto se oyó un furioso ladrido de  perros y un grito espantoso. El hijo estaba siendo atacado por los  perros, el padre disparó contra los animales enfurecidos pero con un  revolver vacío, entonces, el moreno se arrojó sobre la jauría y salvó la  vida joven.&lt;br /&gt;El padre se  conmovió y le ofreció su amistad eterna que el moreno aceptó. Para  cerrar todas las heridas Gonzalo lo invito a su casa. No era el palacio  de la ciudad, era otro distante a tres leguas, el comandante tenía malos  presentimientos pero igual fue. Pinturas, esculturas, tapices,  alfombras, cristales… se depreciaban muy rápidamente por su abundancia  excesiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La biblioteca estaba llena de libros y de manuscritos  amontonados en el suelo. Era una montaña que llegaba hasta el techo  sobre la que estaban sentados ocho lectores  flaquísimos dedicados a  leer todo. Obras preciosas escritas por los máximos genios, se mordían y  devaluaban porque había demasiadas y nadie podía leerlas debido a su  excesiva cantidad.&lt;br /&gt;Lo peor es que los libros se mordían como si  fuesen verdaderos perros rabiosos hasta darse muerte. El moreno regresó  pero vestido con una falda y le dio indicaciones a un muchacho para que  se pusiera en el medio de la sala y  luciera su figura, que para eso le pagaba. Pero ese mequetrefe estaba  allí, más que para lucir su figura, para moverse en honor al hijo, pues  cada vez que se movía el hijo también se movía él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final fue  un alivio que el dueño de casa diera la señal de ir a dormir. Le  confiesa al padre que lo había traicionado con el moreno realizando un  duelo sin balas, Gombrowicz estaba conmovido y estalló en llanto frente  al padre que desesperado por la congoja le hace un juramento sagrado.  Iba a lavar su honra con sangre, pero no con la sangre afeminada de ese  miserable, sino con la sangre densa de su propio hijo.&lt;br /&gt;Era la  ofrenda del hijo que le hacía a la guerra. Cuando el moreno se entera de  que el padre quiere matar al hijo le dice a Gombrowicz que tiene un  medio para convencer al hijo de que mate al padre, y al convertirse en  parricida necesitará su amparo, se ablandará y caerá en sus manos  afectuosas y protectoras. El moreno y el hijo  juegan en un frontón y golpean a la pelota con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bam,  bam, bam, resonaban los golpes. Mientras tanto el mequetrefe golpeaba  con una madera unos palitos que estaban mal colocados, bum, bum, bum. Y  en medio de aquel bum-bam la pelota zumbaba y el hijo golpeaba más  fuerte porque sentía que tenía un partidario. El padre comprendió que  con el bumbam le estaban robando a su propio hijo…&lt;br /&gt;Gombrowicz había  perdido la patria, se había asociado con el moreno en una empresa  ignominiosa para humillar al padre… Los compañeros de Gombrowicz de la  empresa equino-canina donde trabajaba sintieron la necesidad de llevar a  cabo un hecho más terrible aún que el filicidio y el parricidio que  estaban planeando el padre y Gonzalo, un horror que los colmara de  poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se propusieron entonces torturar al embajador junto a su  mujer y sus hijos. Después los matarían a todos arrancándoles los ojos.  Todo les parecía poco, así que  pensaron que lo mejor sería matar al hijo del comandante, esa muerte  aumentaría tanto el horror que la naturaleza, el destino y el mundo  entero iban a cagarse en los pantalones. El moreno y el hijo jugaban a  la pelota.&lt;br /&gt;El mequetrefe se movía con el joven clavando palitos,  bumbambeaban. Mientras tanto el comandante se paseaba comiendo ciruelas.  El hijo estaba delante de Gombrowicz con su vos fresca y alegre, su  risa armoniosa, los movimientos de todo su cuerpo ágiles y livianos. El  padre observaba al moreno que llevaba el ritmo del bumbam, y el bumbameo  unía a los muchachos debajo de los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡A bailar!, un  gentío increíble, la flor y nata de la colonia polaca, mejor olvidar y  no dejar transparentar nada. En la oscuridad se escondían algunas  siluetas monstruosas, unas siluetas que parecían perros pero tenían  cabezas humanas, se agrupaban en un montón y parecían brincar, copular y  morder. Los polacos de la empresa  equino-canina se preparaban para ser terribles matando al hijo.&lt;br /&gt;Las  parejas bailaban y el hijo bailaba con una hermosa polaquita lleno de  brillo y gallardía. Si el joven saltaba, el mequetrefe saltaba, bailaban  al ritmo del bumbam, temblaban los cristales, la colonia polaca quería  bailar la mazurca pero era imposible, sólo había bumbam. El padre tomó  un gran cuchillo y lo guardó en un bolsillo. Y, de pronto, bum, el  criado contra una lámpara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el hijo, bam, a la lámpara; vuelve  el mequetrefe, bum, a un jarrón; y el hijo, bam, al jarrón. Bum, el  criado contra el padre; el padre cae al suelo y ya se apresuraba el hijo  a bambearlo con su bam. En aquel pecado general, mortal, en aquella  debacle, en medio de esa enorme corrupción no existía otra cosa que el  llamado del bum-bam y el trueno del asesinato.&lt;br /&gt;El hijo volaba hacia  el padre, pero en vez de bambearlo con su bam, lo bambeó con una risa  que le estalló en la garganta. El  embajador también estalló de risa. Fue un bramido de risa general en  todo el salón. Junto a las paredes habían quienes se pedorreaban y  quienes se meaban de risa. Bambeabam. “Y, entonces, de risa en risa,  riendo, bum; riendo; bam, bum, bumbambeaban”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mi casa natal, a  pesar de las apariencias, era el colmo de una disonancia que no cesaba  de herir mis oídos infantiles. Existían muchas razones para ello: una de  las principales era el contraste de temperamento entre mi padre y mi  madre. Mi padre, un hombre hermoso y elegante, de ‘raza’, como se solía  subrayar en aquel entonces, tenía fama de persona seria, responsable y  honrada (...)”&lt;br /&gt;“La discordancia entre su comportamiento, correcto y  respetable, y ciertas extravagancias nuestras, sus hijos, despertaban en  más de una ocasión reflexiones del tipo: ‘¿qué diría de eso su padre?’,  o bien, ‘¡qué pena que no hayan salido al viejo Gombrowicz!’. Tenía un  excelente  aspecto unido a una mente sin especial profundidad ni amplios  intereses, pero perfectamente eficaz (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Esta personalidad le  aseguraba esos cargos más bien representativos en diversos consejos y  organismos administrativos. En cambio, mi madre se distinguía por un  temperamento extraordinariamente vivo y una imaginación exuberante.  Nerviosa, exaltada, inconsecuente, incapaz de controlarse, inocente y,  aún peor, con una idea de sí misma totalmente equivocada (...)”&lt;br /&gt;“Mi  padre cedía a veces ante su lucidez e inteligencia y, a menudo,  soportaba en silencio sus exaltaciones, realmente difíciles de superar.  El hecho de no querer ser lo que era, de no reconocerse a sí misma,  terminó vengándose de mi madre, porque nosotros, sus hijos, le  declaramos la guerra. Nos enervaba. Nos Provocaba. Nos ponía los pelos  de punta (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y fue allí, seguramente, donde comenzaron mis  dolorosas aventuras con las diversas distorsiones  de la forma polaca que producían en mí un efecto parecido al de las  cosquillas: uno se troncha de risa, pero no resulta agradable”. Una  discordancia tan drástica como la que existía entre sus padres  Gombrowicz la pone en juego en “El diario de Stefan Czarniecki”.&lt;br /&gt;El  conflicto de la novela tiene unas características ciertamente  monstruosas. Esta segunda novela corta de Gombrowicz, es contigua a “El  bailarín del abogado Kraykowski” y la escribió en el año 1926. El punto  de inflexión del comportamiento del personaje es la guerra, al regreso  del frente ya no puede mantener las viejas creencias y se desbarranca en  la inmoralidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es algo grandioso y magnífico que una pluma y  un trozo de papel le baste a cualquiera para escribir lo que le plazca,  en su solo nombre, por su propia cuenta, para su propia satisfacción,  sin código alguno, sin sujeción, sin limitación. Si bien esta  independencia es sólo un espejismo sigue  siendo ella la que más nos acerca a nuestra realidad individual (...)”&lt;br /&gt;“Y  en una sociedad que hubiera suprimido la libertad y la autonomía de la  literatura, nadie podría saber lo que ocurre en un hombre privado, en un  individuo. Soy ateo, sin prejuicios, y además filosemita, y además  escritor de vanguardia, e incluso revolucionario en un determinado  sentido de la palabra. He vivido un cuarto de siglo en la miseria (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Por  lo que respecta a mis intereses personales, tendría mucho que ganar en  una revolución social; mis colegas de la pluma gozan en los países  socialistas de una posición mucho mejor que la mía. En mi actual  situación no hay nada que me ate a la clase capitalista. En tales  condiciones, tendría que ser un monstruo para preferir sin más, sólo por  gusto, la explotación a la justicia (...)”&lt;br /&gt;“Si Freud y Marx han  desenmascarado tantas cosas, ¿no sería conveniente hoy mirar detrás de  esa fachada que  se denomina la izquierda? Personalmente me molesta que la izquierda se  convierta con demasiada frecuencia en la pantalla de intereses  personales absolutamente egoístas e imperialistas. Soy un adversario  declarado de todos los papeles, y más aún del papel de escritor  comprometido (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lo lamento pero, verdaderamente, en eso no  puedo ser de ninguna utilidad. De hecho, tengo la absoluta certeza de  que la ciencia y la técnica no tardarán en restregarnos por la nariz esa  oposición entre la izquierda y la derecha y en ponernos frente a  problemas radicalmente diferentes. Mi política consiste en mantenerme a  distancia de las formas, vengan de la izquierda o de la derecha”&lt;br /&gt;“Navegaba  por el mundo en medio de opiniones incomprensibles y cada vez que  tropezaba con un sentimiento misterioso, fuera la virtud o la familia,  la fe o la patria, sentía la necesidad de cometer una villanía”. Con  estas palabras extrañas Gombrowicz encuentra  de manera cumplida una forma de definir la bastardía, no ya carnal sino  espiritual, del protagonista de  “El diario de Stefan Czarniecki”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este  giro indigno de una conducta que degenera de su origen está presente en  toda la obra de Gombrowicz, y es  también el que alienta la idea del  hijo ilegítimo. “El diario de Stefan Czarniecki” es la segunda novela  corta de Gombrowicz, es contigua a “El bailarín del abogado Kraykowski” y  la escribió en el año 1926. El punto de inflexión del comportamiento  del protagonista es la guerra.&lt;br /&gt;Al regreso del frente ya no puede  mantener las viejas creencias y se desbarranca en la inmoralidad. En “El  diario de Stefan Czarniecki” no queda títere con cabeza. La familia, la  polonidad, la política, la guerra, el amor, todo vuela por los aires,  pero son más bien caricaturas las que vuelan por los aires, unas  marionetas que Gombrowicz zarandea como una verdadera parodia de la  realidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estilo es brillante, humorístico e irónico, pero los  componentes de la narración son más bien morbosos. La constitución  sombría de la conciencia de Gombrowicz está metida en esta narración,  pero no la arroja como si la tirara a una cloaca. Estaba intentando  cancelar su deuda moral, quería que la obra lo absolviera. Stefan  Czarniecki había nacido en una casa muy respetable.&lt;br /&gt;El padre, un  hombre fascinante y orgulloso, poseía unos rasgos que personificaban una  estirpe perfecta y una raza noble. La madre andaba siempre vestida de  negro con unos pendientes antiguos como único adorno. Stefan se veía a  sí mismo como un muchacho serio y pensativo. Había en su vida familiar  un solo punto oscuro, su padre odiaba a su madre, no la soportaba, un  enigma que lo condujo finalmente a la catástrofe interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se  convirtió en un inútil inmoral, besaba la mano de una dama babeándola,  sacaba el pañuelo y se secaba la saliva  mientras le pedía perdón. El padre evitaba el contacto con la madre, a  veces la miraba a hurtadillas con expresión de infinito disgusto.  Stefan, en cambio, no manifestaba aversión hacia su madre a pesar de que  había engordado muchísimo al punto de tropezarse con todas las cosas.&lt;br /&gt;Stefan  se imaginaba que había sido concebido realmente bajo coacción  violentando los instintos, y que él era el fruto del heroísmo del padre.  Un día la repugnancia del padre estalló: –Te estás quedando calva.  Dentro de poco estarás más calva que un trasero. Eres horrorosa. Ni  siquiera adviertes cuán horrible es tu aspecto. Stefan no comprendía el  porqué debía considerar a la calvicie de la madre peor que la del padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además,  los dientes de la madre eran mejores y, sin embargo, ella no sentía  repugnancia por él. Era una mujer realmente majestuosa y muy religiosa,  rodeada de una furia de ayunos y acciones piadosas. A veces, los  convocaba a  Stefan, al cocinero, al mayordomo y a la camarera: –¡Ruega, ruega pobre  hijo mío por el alma de ese monstruo que tienes por padre! ¡Rogad por  el alma de vuestro amo que se ha vendido al mismísimo diablo!&lt;br /&gt;A la  madre le producían horror las acciones del padre, la forma  desconsiderada en que la trataba, y al padre lo que le producía horror  era ella misma. No podía dejar de manifestar su asco: –Créeme, querida,  que estás cometiendo una falta de tacto. Cuando veo ante el altar tu  nariz, tus orejas, tus labios, tengo la convicción de que también Cristo  se siente un poco a disgusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de estas contrariedades,  del conflicto permanente entre los padres,  Stefan fue un buen alumno,  aplicado y puntual, pero nunca gozó de la simpatía de los demás. En el  recreo los alumnos cantaban: –Uno, dos y tres, dos pan pan/ no hay judío  que no sea un can/ Los polacos en cambio son águilas de oro/ Uno, dos,  tres, ahora le toca al  loro. Stefan estaba fascinado con estos versos pero debía apartarse de  los otros chicos cuando cantaban.&lt;br /&gt;A pesar de los esfuerzos que hacía  por resultarles agradable a ellos y a los profesores con sus buenas  maneras, lo único que conseguía era una actitud hostil. Una tarde, un  profesor de historia y literatura, un vejete tranquilo y bastante  inofensivo les estaba dando una clase sobre los polacos: –Los polacos,  señores míos, han sido siempre perezosos, sin embargo, la pereza es  siempre compañera del genio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los polacos han sido siempre  valientes y perezosos ¡Magnífico pueblo, el polaco! A partir de ese  momento el interés de Stefan por el estudio disminuyó. Sin embargo con  este cambio no consiguió la simpatía del profesor y de nada le sirvió su  incipiente preferencia por los desaplicados y los perezosos. La  observaciones del profesor tenían mucha influencia en la clase,  especialmente cuando hablaba de los polacos.&lt;br /&gt;Los  polacos han sido siempre holgazanes, pero las suecas, las danesas, las  francesas y las alemanas pierden la cabeza por nosotros, sin embargo,  nosotros preferimos a las polacas. ¿No es acaso famosa la belleza de la  mujer polaca? El resultado de esas insinuaciones fue que Stefan se  enamoró de una joven pero ella no se daba por enterada. Una mañana,  después de haberle pedido consejo a sus compañeros, venció su timidez y  le dio un pellizco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella cerró los ojos y soltó una risita. Lo  había logrado. Se lo contó a sus compañeros y fue la primera vez que lo  escucharon con interés, acto seguido se precipitaron sobre una rana y la  mataron a golpes. Stefan estaba emocionado y orgulloso de haber sido  admitido por los jóvenes y presintió que empezaba una nueva etapa de su  vida. Para congraciarse aún más atrapó una golondrina y le rompió un  ala.&lt;br /&gt;Cuando se disponía a golpearla con un palo un alumno le dio una  bofetada muy sonora en la  cara. Como no se defendió todos se lanzaron sobre él y lo aporrearon  sin ahorrar escarnios ni insultos. En el amor tampoco le iba nada bien,  la joven pellizcada le hacía recriminaciones porque era un consentido,  un pequeño nene de mamá. Stefan había comprendido finalmente que, si  bien el padre era de raza pura, su madre también lo era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madre  lo era pero en el sentido contrario, el padre era un aristócrata  arruinado casado con la hija de un rico banquero. Se imaginaba que las  dos razas hostiles de los padres, ambas poderosas, se habían  neutralizado. De ese modo habían parido un ratón sin pigmentación, un  ratón completamente neutro, por eso Stefan no tomaba parte de nada a  pesar de haber participado en todo, ése era su misterio.&lt;br /&gt;La joven  Jawdiga le pedía que fuera valiente, le ordenaba que saltara zanjas, que  sostuviera pesos, que golpeara abedules bajo la observación del  vigilante, que arrojara agua sobre el sombrero de los  transeúntes. Cuando Stefan le preguntaba a Jawdiga cuál era la razón de  esos caprichos ella le decía que no lo sabía, que era un enigma, una  esfinge, un misterio para sí misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la joven fracasaba en  algo se entristecía, si triunfaba se ponía feliz y le permitía besar sus  deliciosas orejas, como premio, sin embargo, nunca se permitió  responder a su apremiante: –¡Te deseo! Le decía que había algo en él de  repulsivo y no sabía bien qué era. Pero Stefan sabía muy bien lo que  querían decir esas palabras. Leía mucho y trataba de comprender el  significado de su secreto.&lt;br /&gt;Se daba ánimos con el recuerdo de uno de  los temas escolares, la superioridad de los polacos: los alemanes son  pesados, brutales y tienen los pies planos; los franceses son pequeños,  mezquinos y depravados; los rusos son peludos; los italianos... bel  canto. Ésta era la razón por la que querían eliminar a los polacos de la  faz de la tierra, eran los  únicos que no causaban repulsión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El horizonte político se  volvía cada vez más amenazador y la joven cada vez más nerviosa. La  multitud en las calles, las tropas se desplazaban hacia el frente. La  movilización, los adioses, las banderas, los discursos. Juramentos,  sacrificios, lágrimas, manifiestos, indignación, exaltación y odio. La  amada de Stefan ni lo miraba, no tenía ojos más que para los militares.&lt;br /&gt;Stefan  afirmaba su patriotismo, participaba en juicios sumarios contra espías,  pero algo en la mirada de Jadwiga lo obligó a alistarse como voluntario  en el regimiento de ulanos. Atravesaban la cuidad cantando inclinados  sobre el cuello de sus caballos, una expresión maravillosa aparecía en  el rostro de las mujeres y sentía que muchos corazones latían también  por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no entendía el porqué pues no había dejado de ser el  conde Stefan Czarniecki que era antes ni el hijo de una Goldwasser, el  único cambio era que  ahora usaba botas militares y llevaba en el cuello unas tiras color  frambuesa. La madre lo convocaba para que no tuviera piedad, para que  arrasara, quemara y matara, para que destruyera a los malvados. El  padre, un gran patriota, lloraba en un rincón.&lt;br /&gt;Le decía a Stefan que  con la sangre podría borrar la mancha de su origen; le rogaba que  pensara siempre en él  y ahuyentara como la peste el recuerdo de la  madre porque ese recuerdo podía serle fatal, que no perdonara y que  exterminara hasta el último de esos canallas. La amada le entregó por  primera vez su boca, una verdadera delicia. La guerra era hermosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era  precisamente la conciencia de ese esplendor la que le proporcionaba las  energías para combatir al implacable enemigo del soldado: el miedo. De  cuando en cuando lograba colocar un tiro de fusil en el blanco preciso, y  entonces se sentía columpiado por la sonrisa impenetrable de las  mujeres y hasta le parecía que se ganaba  el afecto de los caballos que hasta el momento sólo le habían propinado  coces y mordiscos.&lt;br /&gt;Sin embargo, ocurrió un incidente que lo lanzó  al abismo de la depravación moral de la que no pudo apartarse hasta el  día de hoy. La guerra se había desencadenado en todo el mundo. La  esperanza, consuelo de los imbéciles, lo hacía vislumbrar la dichosa  perspectiva del porvenir: el regreso a casa y la liberación de su  situación de ratón neutro, pero las cosas no ocurrieron de esa manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  regimiento de Stefan estaba defendiendo con tesón por tercer día  consecutivo una colina en el frente, con la orden de resistir hasta la  muerte. Fue entonces cuando cayó un obús que le cortó de un tajo ambas  piernas al ulano Kaeperski y le destrozó los intestinos, pero el pobre,  seguramente aturdido, explotó en una carcajada convulsiva que Stefan  tuvo que acompañar.&lt;br /&gt;Cuando terminó la guerra y volvió a casa con  aquella risa sonándole en los  oídos comprobó que todo lo que hasta entonces había sostenido su  existencia yacía hecho escombros, que no le quedaba más remedio que  volverse comunista. Stefan entendía el comunismo como un programa en el  que los padres y las madres, las razas y la fe, la virtud y las esposas,  y todo, sería nacionalizado y distribuido mediante cupones en porciones  iguales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un programa en el que su madre debía ser cortada en  pequeños trozos y repartida entre quienes no fueran suficientemente  devotos en sus oraciones; que lo mismo debería hacerse con su padre  entre aquellos cuya raza fuera poco satisfactoria. Un programa en el que  todas las sonrisas, las gracias y los encantos fueran suministrados  exclusivamente bajo petición expresa, y que el rechazo injustificado  fuera causal del castigo con la cárcel.&lt;br /&gt;Stefan elegía el término  comunismo porque constituía para los intelectuales que le eran adversos  un enigma tan incomprensible como lo eran para  él las sonrisas sarcásticas y los rostros brutales de esos  intelectuales. Las conversaciones más irónicas y afectuosas las tuvo con  su adorada Jadwiga que lo había recibido con efusiones extraordinarias  al regreso de la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Stefan le preguntaba que si acaso la  mujer no era algo misterioso, y cuando ella le respondía que sí, que lo  era, y que ella misma era misteriosa y desencadenaba pasiones, que era  una mujer esfinge, entonces Stefan exclamaba que también él era un  misterio, que tenía un lenguaje personal secreto y que le gustaría que  ella lo adoptara, que le encantaría compartirlo con ella.&lt;br /&gt;Le advirtió  que le iba a meter un sapo debajo de la blusa, y que ella tenía que  repetir con él unas palabras: Cham, bam, biu, mniu, ba, bi, ba be no  zar. Fue imposible, no quiso pronunciarlas, le dijo que le daba  vergüenza y se echó a llorar. Stefan no le hizo caso, tomó un sapo  grande y gordo y cumplió con su palabra. Se puso como  loca. Se tiró al suelo, y el grito que lanzó sólo podría compararse con  el del soldado destripado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero es que para todas las personas  las mismas cosas deben ser bellas y agradables? Lo único que le quedó  de agradable en esa historia fue que ella enloqueció, incapaz de  librarse del sapo que se agitaba bajo su blusa. Es posible que Stefan  Czarniecki no fuera comunista sino tan solo un pacifista militante.  “Navegaba por el mundo en medio de opiniones totalmente incomprensibles  (...)”&lt;br /&gt;“Cada vez que tropezaba con un sentimiento misterioso, fuera  la virtud o la familia, la fe o la patria, sentía la necesidad de  cometer una villanía. Tal es el secreto personal que opongo al gran  misterio de la existencia. ¿Qué queréis?... cuando paso junto a una  pareja feliz, a una madre con un niño o a un anciano amable, pierdo la  tranquilidad. Pero a veces el corazón se me encoge y una gran nostalgia  de vosotros, padre y madre queridos, se  apodera de mí. ¡También de ti siento nostalgia, oh santa infancia mía!”&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt; "Las opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de  exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no  representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor",  medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-8168850749115280212?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/8168850749115280212/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/10/witold-gombrowicz-la-patria-y-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/8168850749115280212'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/8168850749115280212'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/10/witold-gombrowicz-la-patria-y-la.html' title='WITOLD GOMBROWICZ, LA PATRIA Y LA FAMILIA'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-8603668399676128522</id><published>2011-09-22T11:47:00.001-03:00</published><updated>2011-09-22T11:47:28.219-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ, LA FORMA, LOS INGENIEROS Y LOS EDITORES</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="Gombrowicz_33_2_.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/Gombrowicz_33_2_.jpg?v=1316706202784" width="374" height="345" /&gt;&lt;/div&gt;    &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ, LA FORMA, LOS INGENIEROS Y LOS EDITORES&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El  problema de la Forma, el hombre como producto de la forma, el hombre  como esclavo de las formas, la concepción de la Forma Interhumana como  fuerza creadora suprema, el hombre inauténtico” Gombrowicz se hallaba  ligado al estructuralismo por la afirmación de la forma. Si la  personalidad se crea entre los hombres, en el marco humano que la  define, entonces es natural que el hombre sea una función.&lt;br /&gt;Es una  función de un sistema de dependencias cercano a lo que llamamos  estructura. Pero el mundo de los estructuralistas, si bien tiene  analogías con el suyo, es también su contrario. En forma independiente  había llegado a conclusiones similares a partir de un estado de ánimo  diferente, de otras  experiencias, en otro plano. Lo que los separaba contaba más que lo que  los ligaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero en los estructuralistas la cosa es muy  diferente, ellos buscan las estructuras en la cultura, yo en la realidad  inmediata. Mi forma de ver las cosas estaba directamente relacionada  con los acontecimientos de aquel entonces: hitlerismo, stalinismo,  fascismo.  Estaba fascinado por las formas grotescas y espantosas que  surgían en la esfera de lo interhumano destruyendo todo lo que hasta  entonces había sido venerable (...)”&lt;br /&gt;“Era como si la humanidad  estuviera atravesando un cierto estadio para entrar en otro: el de una  elaboración consciente de la forma. En adelante el hombre podría  ‘hacerse’, se fabricaban la verdades a voluntad, y los ideales, los  fanatismos e incluso se fabricaban los sentimientos más íntimos. El  hombre fue para mí como una abeja, que secretaba continuamente no la  miel sino la forma (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se modelaba en  el vacío. Una fórmula no pude ser más que una fórmula y el agujero que  atraviesa el razonamiento de los estructuralistas terminará por  engullirlos. En la ciencias exactas se puede razonar en contra de la más  evidente realidad cotidiana y personal, pero en las ciencias humanas no  ocurre lo mismo”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ingeniero Juan Carlos Ferreyra tiene algunas  particularidades que lo distinguen del resto de los gombrowiczidas de  Tandil: leyó la traducción legendaria de “Ferdydurke” antes de que  Gombrowicz llegara a Tandil; alquiló la pieza de Venezuela cuando  Gombrowicz se fue a Berlín; y recibió uno de los motes más extraños de  nuestro club: Ingeniero Fireire.&lt;br /&gt;Durante las décadas del 50 y el 60,  la escena filosófica francesa se caracterizó por la aparición del  existencialismo y el estructuralismo. Para esa época, el Ingeniero  Fireire asiste a un curso de filosofía  que da Gombrowicz en la  Biblioteca Municipal de Tandil en el que  decide exponer sus ideas de una manera sencilla –todavía no había  determinado si en Tandil había alguna persona inteligente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Por  las dudas se dedicó a hablar tan solo de las tres capas que tiene el  hombre: la física que estudia la anatomía, la psicológica que estudia el  psicoanálisis, y la metafísica que estudia la metafísica,  ejemplificando estos conceptos simples con el miedo a la muerte que es  psicológico y la angustia ante la muerte que es metafísica. En los cafés  de Tandil Gombrowicz  a veces también se aburría.&lt;br /&gt;Una tarde,  sentado a una mesa con Flor de Quilombo, Gombrowicz esperaba a otros  contertulios. Pasada media hora de una espera tediosa entra el Ingeniero  Fireire, vacila, se sienta, después de un minuto se levanta y sale  rápidamente.  Cuando vuelve a entrar Gombrowicz está medio amoscado:  –Profesor, si usted viene tan solo para irse no venga por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un  poco después de la lectura de  “Ferdydurke”, el Ingeniero Fireire, miembro del grupo que se formó al  año siguiente de la aparición de Gombrowicz en Tandil, se presentaba con  una ramita verde entre los dientes y se tocaba la oreja izquierda si  alguna cosa no le gustaba. Un día conoció a Gombrowicz en el León de  Francia, uno de los cafés importantes de la plaza principal de Tandil.&lt;br /&gt;Ese  día tuvo la seguridad de que Gombrowicz era la encarnación de  “Ferdydurke”. A Gombrowicz se le despertaban sus tendencias agresivas  cuando tomaba contacto con los ingenieros. Tenía la costumbre de  torturar al Pibe Luz, un ingeniero comunista contertulio del café Rex.  Durante horas enteras el pobre se defendía con una sonrisita crispada  hasta que no aguantaba más y se iba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La operación magistral con  la Gombrowicz liquida la entidad de los ingenieros la realiza en  “Ferdydurke”, desmoronando al ingeniero Juventón hasta convertirlo en  una piltrafa humana. Al tomar  contacto con la forma de los ingenieros Gombrowicz sentía la inmediata  necesidad de desestructurarse, se ponía voluntariamente en camino de  perder el juicio.&lt;br /&gt;Uno de esos intentos lo hizo en los diarios,  un  intento al que podríamos considerar como un intento metaliterario.  Gombrowicz se las arregla en este pasaje para desvincular a la forma de  sus ataduras y darle vida propia echando mano a Creta. Todo ocurre un  día en que va almorzar a la casa de un ingeniero que tiene una industria  en la localidad de Acassuso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que ponía atención se iba  dando cuenta que la casa, la mesa del comedor y los platos del  ingeniero eran demasiado renacentistas, mientras la conversación se  centraba también en el Renacimiento, una adoración por Grecia, Roma, la  belleza desnuda y la llamada del cuerpo. La conversación con el  ingeniero giró alrededor de una columna de Creta, y a Gombrowicz se le  pegó el cretino, leitmotive de toda la  narración.&lt;br /&gt;Se le había pegado, pero no de una manera renacentista,  sino totalmente neoclásica y cretínica. Llegado a este punto le advierte  al lector que él sabe que no debería escribir sobre esto. De vuelta en  la ciudad se dirigió al café Rex pero, de repente, desde el café París,  le hacen señas unas señoras conocidas que aparentemente estaban sentadas  a la mesa  comiendo unos bizcochos que mojaban en la crema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero  era una mistificación, la verdad es que estaban sentadas a un tablero  cubierto de esmalte apoyado sobre cuatro barras de hierro torcidas, y la  acción de comer consistía en meterse una cosa u otra por un orificio  practicado en la cara, al tiempo que sus orejas y sus narices  despuntaban. Cháchara va, cháchara viene, Gombrowicz pide disculpas y se  marcha alegando falta de tiempo.&lt;br /&gt;El hecho de que estuvieran ocurriendo cosas demasiado cretinas como para ser reveladas, era la razón que lo obligaba a  relatarlas pues tenían un exceso de cretinismo.&lt;br /&gt;Al salir del café  París se dirigió al café Rex. En el camino se le acerca una persona  desconocida, le dice que hacía tiempo que quería conocerlo, lo saluda,  le da las gracias y se va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando iba a ponerlo de vuelta y  media al cretino, se da cuenta que no es cretino, puesto que esa persona  sólo quería conocerlo y lo había conocido. Se empiezan a encender las  luces de la noche, pasan los coches, caminan los transeúntes, mientras  tanto Gombrowicz mira las casas. En el balcón de un séptimo piso le  están haciendo señas Henryk y su mujer.&lt;br /&gt;Él también les hace señas.  Henryk y su mujer hablan y hacen señas. Coches, tranvías, gente,  bocinazos, Gombrowicz les responde con señas. De pronto repara en que  Henryk, más que hacer señas, enseña..., ¿pero qué es lo que enseña? Se  está enseñando a sí mismo como si fuera una botella. Los dos están  haciendo señas, pero Henryk se  enseña a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Yo hago señas. De repente ella (pero no, yo  no puedo hacer el cretino; sin embargo, si tengo que desenmascarar al  Cretino debo hacer el cretino); entonces ella le enseña hasta que él se  asoma y ella le enseña con saña (pero qué es lo que enseña?), después de  lo cual los dos se ensañan ligeramente, y uno hacia aquí, el otro hacia  allá, y, ¡puff!... (¡Esto sí que no puedo decirlo, está por encima de  mis fuerzas!)”&lt;br /&gt;El Ingeniero Fireire se vengó del desprecio que  Gombrowicz sentía por su profesión recurriendo a un procedimiento  simple: no lo admiró ni quiso ser uno de sus discípulos. “¿No es acaso  sospechosa una persona que, tras componer una obre literaria, tiene que  explicarla una y otra vez? Recurrió al apoyo de Kierkegaard y de  Schopenhauer, dos nombres fuertes de la filosofía (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“También  recurrió al apoyo de Paul Valery, como respaldo literario; al de Martin  Buber, como apoyo  y garantía general de seriedad. Parecía obtener una especie de lúgubre  diversión en estos despliegues que embarullaban completamente a sus  oyentes”. Estas reflexiones ponen al descubierto el carácter obsesivo de  la naturaleza de Gombrowicz, naturaleza a la que yo no soy del todo  ajeno.&lt;br /&gt;Por esa inclinación que tiene el hombre de encontrar una idea  única que explique a todas las demás, yo también en mi juventud la  quería encontrar, pero mientras crecía, en vez de tener cada vez menos  ideas, cada día tenía más. La combinación de estos asuntos me iba  creando una confusión creciente en la cabeza que sólo me alivió un poco  la pérdida de la idea de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El único pensamiento que me  acercaba a la idea única era la matemática, pero a medida que avanzaba  en su conocimiento esta ciencia se me hacía un tanto indigesta, un poco  por la dificultad de comprenderla, otro por pereza, y otro más por su  dureza inhumana. Si yo hubiera  conocido la historia de la mano que mucho tiempo después leí en los  diarios de Gombrowicz, hubiera resuelto mi problema.&lt;br /&gt;Con una idea  insignificante y sin mucho entusiasmo Gombrowicz nos lleva a pasear por  el carácter de las obsesiones. En cuanto a la actividad de escribir se  refiere mis obsesiones más conspicuas se me presentaron con los  editores, una obsesión que no se le presentaba a Gombrowicz. En el año  1960 Jacobo Muchnik, por una sugerencia del Pterodáctilo, le propuso a  Gombrowicz la reedición de “Ferdydurke” en Fabril Editora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le  ofreció un tercio de los derechos de autor potenciales en carácter de  anticipo: “Eso es lo de menos, yo estoy dispuesto a autorizar la  publicación de ‘Ferdydurke’ si ustedes se comprometen a editar otro  libro, muy importante, que estoy escribiendo”. Sacó un par de hojas de  los diarios en los que se refería a la Argentina y le pidió que las  leyera en ese mismo momento.&lt;br /&gt;“Sí,  como muestra es ciertamente bien elocuente, pero, honestamente, ¿cómo  quiere usted que me comprometa a priori y por mi cuenta a editar en  nombre de una gran empresa un libro polémico dedicado aparentemente a  meterse belicosamente con lo más distinguido de la intelectualidad  argentina?”. Gombrowicz no respondió, se puso de pie y por encima del  escritorio le quitó de las manos las dos hojas, murmuró algo y se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al  conocimiento se le levantan unas barreras infranqueables que le impiden  desarrollar su actividad principal que es la de conocer. Son unos velos  pesados que caen delante del entendimiento y nos impiden el acceso al  ser y a las cosas. El que le puso el punto final al impedimento de  acceder al noúmeno con la razón fue Kant al que le siguieron todos los  filósofos que fueron apareciendo después.&lt;br /&gt;Fue Sartre el más connotado  de todos los pensadores por haber andado de malas desde el principio  con el ser-en-sí. Acorralados de  esta manera tan señalada, el conocimiento, el entendimiento y la razón  se dirigieron a las cosas a ver si por ahí tenían algo de comer pero  resultó ser que tampoco podían acceder a las leyes de la naturaleza,  sólo podían acceder a su apariencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Einstein declaró que  el cosmos es como un reloj del que sólo conocemos el movimiento de las  agujas pero no su mecanismo, se le cerró el camino al entendimiento. De  tal modo todo lo que existe se ha convertido en una gigantesca caja  negra cuyas entrañas desconocemos en la que por una puerta entran cosas y  por otra salen transformadas pero no sabemos el porqué.&lt;br /&gt;Puesto que  las editoriales están en el mundo también deben ser pequeñas cajas  negras para las que he construido un modelo binario con el propósito de  restringir la incertidumbre. Dediqué horas enteras a estudiar las  relaciones que me vinculan a los editores, comparé a las editoriales con  cajas negras, y analicé el  comportamiento de los editores y de sus auxiliares llamados lectores a  los que motejé de Pulgones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asocié los extremos de la conducta  de los Protoseres al comportamiento de los asesinos seriales y de los  rufianes melancólicos y determiné que su naturaleza sólo alcanza un  desarrollo que no pasa del nivel de los seres en estado de formación y  por eso los llamé Protoseres. Dividí en cinco grupos las técnicas que  utilizan los editores para contrariar a los autores.&lt;br /&gt;Y al fin, estos  personajes vinculados a la actividad de escribir desde hace tantos  siglos terminaron por hacerme perder la paciencia y el humor. El  verdadero orgasmo de los Protoseres se les produce cuando los libros se  venden, sin importarles en absoluto si los libros son buenos o si son  malos, ésa es una cuestión que dejó de interesarles hace mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después  de haber meditado hondamente en la verdadera naturaleza de los  Protoseres, de los Pulgones y de la  caja negra tuve el convencimiento de que había agotado el tema, sin  embargo, algunos acontecimientos más recientes me han demostrado que no,  que a todo hay quien gane. El Orate Empobrecido me propuso editar un  libro sobre la base de los gombrowiczidas.&lt;br /&gt;Esta proposición la  acepté inmediatamente, sin embargo, después del entusiasmo inicial, me  asaltaron algunas dudas sobre las reales condiciones de equilibrio de  este Protoser, de modo que le pedí opinión a un psiquiatra amigo. En  cierto momento en que mi relación con el Orate Empobrecido se había  puesto un tanto confusa me manifestó sus temores de que le pasara a él  lo mismo que le había pasado a Huston con Sartre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Huston le  había pedido a Sartre que escribiera un guión para hacer una película  sobre Freud. Le propuso una cifra realmente astronómica en concepto de  honorarios y el contrato se concertó. Pero Huston quería hacer una  intriga policiaca al estilo Hollywood,  presentar a un Freud en el momento en que comienza a experimentar con  la hipnosis.&lt;br /&gt;Sartre se leyó la biografía sobre Freud de Ernest Jones  y algunas de las obras del propio Freud y presentó un largo guión que  evaluado por Huston arrojó que daría para un filme de cinco horas de  duración. Huston le devolvió el libreto con la recomendación de que lo  hiciera más breve y práctico a los fines de la producción. Sartre  trabajó arduamente durante varios meses y cuando le entregó el nuevo  guión a Huston.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El filme ahora duraba ocho horas con el nuevo  guión. Huston entregó el libreto a dos profesionales para reducirlo a  dimensiones más realizables. Cuando Sartre lo supo se enojó y exigió que  su nombre fuese retirado de los créditos. Nunca vio el filme de Huston.  Para hacer desaparecer el temor que lo había asaltado al Orate  Empobrecido le pedí que le pusiera límites al trabajo.&lt;br /&gt;Quería  evitarle al Orate Empobrecido el problema  que se había suscitado entre Huston y Sartre. Llegados a este punto le  di mi acuerdo, le pedí una fecha para la firma del contrato y la  percepción de un anticipo, siguiendo la línea Huston-Sartre. Me estaba  preparando para suspender la preparación de gombrowiczidas, una  suspensión necesaria para poder cerrar el libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se lo  comuniqué al Orate Empobrecido me respondió que por el momento no tenía  dinero disponible. En uno de los tantos gombrowiczidas que escribo  frecuentemente le abrí las puertas a ciertas tendencias tanáticas que a  veces se apoderan de mí y declaré que ya que no podía doblegar a los  editores entonces iba a tratar de destruirlos.&lt;br /&gt;En medio de la  penumbra y de una horrible tensión que me zumbaba en los oídos, y sin  saber a qué santo encomendarme para salir de las entrañas de los  Protoseres, una tarde caí en uno de esos estados hipomaniacales en los  que de vez en cuando caen los genios, y en cierto  momento, el destello de una luz intensísima que me venía desde la  inteligencia me hizo ver con claridad meridiana que tenía que dirigirme  al Guitarrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto lo hice a pesar de un mal entendido que ya  había surgido entre nosotros siempre a propósito de Gombrowicz. No es  tan fácil ubicar al Guitarrón en el rango que cubren los Protoseres y  que va desde los asesinos seriales a los rufianes melancólicos y desde  la dulzura a la aspereza. La característica más sobresaliente de este  distinguido gombrowiczida es la de que, en la mayor parte del tiempo  aparece emboscado.&lt;br /&gt;Su aspecto es parecido al que tenían los  anarquistas eslavos prerevolucionarios de las historietas a los que  presentan con trajes negros, sombrero y una bomba esférica en la mano  con la mecha encendida. En la misma época en que los rusos se preparaban  para dar el golpe final en los acontecimientos revolucionarios más  importantes que registra la historia contemporánea,  Iván Pavlov realizaba unos novedosos experimentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos  experimentos se me asociaron sorpresivamente con el Guitarrón. Iván  Pavlov, el fisiólogo ruso que realizó estudios sobre las glándulas  digestivas, los reflejos condicionados, la actividad nerviosa superior y  los grandes hemisferios cerebrales, les hacía mirar a los perros de su  laboratorio unos círculos para asociar sus conductas primarias a  elementos abstractos.&lt;br /&gt;Un día se le ocurrió ir estirando estos  círculos que, poco a poco, fueron adquiriendo la forma de elipses hasta  que los pobres pichichos, no pudiendo distinguir qué clase de figura  estaban viendo, tuvieron trastornos de conducta. No sé qué asociaciones  de la imaginación me indujeron a pensar que Pavlov podía venir en mi  ayuda para provocar, como lo hizo el ruso con los perros, trastornos en  la conducta del Guitarrón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El procedimiento que se me ocurrió  era benigno y podía ser interrumpido en cualquier  momento, posibilidad que los perros de Pavlov no tenían. Le propuse la  publicación de “Gombrowicz, y todo lo demás”, pero el libro no se lo  mandé, y no se lo mandé con el pretexto de que tenía cuarenta mil  palabras y que, quizás, para evitarse una lectura prolongada bastaba con  que leyera sólo una parte.&lt;br /&gt;Esa parte estaba constituida por el  índice y la presentación del libro, y “Gombrowicz, la deserción y el  destierro”, una conferencia que había dado en el Malba pues contenía una  parte importante del libro que quería editar. Unos días después, y con  la misma excusa anterior, le mandé al Guitarrón “Gombrowicz y los  argentinos”, mi ponencia en la mesa redonda del Malba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del mismo  modo que la conferencia contenía, aunque en menor cantidad, algunos  pasajes del libro, pero tampoco esta vez le mandé el libro. Y casi sin  respiro realicé otro envío, el de “Gombrowicz, este hombre me causa  problemas”, con el  pretexto de que, por si acaso no lo hubiera leído, le podría resultar  de alguna utilidad para tomar un decisión más fundada, pero el libro no  se lo mandé.&lt;br /&gt;El procedimiento me resultaba tan estimulante que acto  seguido le mandé “Goma”, “Goma 2” y “Goma 3” del Viejo Vate, para que se  informara de la repercusión que tenían mis escritos en Polonia, la  patria de Gombrowicz, pero el libro no se lo mandé. De todo esto iba a  resultar al final de la historia que el Guitarrón habría leído, si es  que no interrumpía el procedimiento en algún momento, cincuenta mil  palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta cantidad de palabras superaba en diez mil las que  tenía “Gombrowicz, y todo lo demás”, un libro que por su ausencia  sistemática debería, pensaba yo, haber despertado en el Guitarrón un  deseo incontenible de poseerlo y de publicarlo. Pero las cosas no  ocurrieron así. La carta que me escribió el Guitarrón me puso sobre  aviso de que al  desempeñar su papel de Protoser se había emboscado.&lt;br /&gt;Pero como yo  estaba decidido a llevar hasta el final el experimento seguí haciendo  maniobras de aproximación. El Guitarrón no es persona de ir directamente  al grano, igual que las gallinas, cloquea mientras gira en círculos  alrededor del maíz antes de comerlo. En vez de desestimar de entrada la  publicación de mi libro o de poner la respuesta en un futuro incierto,  puso la respuesta que me iba a dar en un futuro cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin  embargo la respuesta, por supuesto, no me la dio. Así como en la  presentación polaca de “Gombrowicz, este hombre me causa problemas”  enuncié el canon del treinta por ciento, canon con el que me manejo para  leer, ha llegado el momento que enuncie los tres principios con los que  me manejo para escribir, principios que no se pueden usar al mismo  tiempo, o uno u otro, porque son excluyentes.&lt;br /&gt;1º Nadie lee nada de  nada; 2º algunos leen pero no entienden nada;  3º algunos entienden pero se olvidan enseguida Gombrowicz no era muy  entusiasta que digamos pero se obsesionaba frecuentemente con temas  laterales. “Yo miro esta mesa y me fijo en el cenicero. Si me fijo sólo  una vez no pasa nada. Pero ocurre algo diferente si vuelvo al cenicero y  lo miro otra vez (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Entonces me voy a preguntar por qué el  cenicero se ha convertido en un objeto más interesante que los demás. Y  si vuelvo a mirarlo una tercera y una cuarta vez, el cenicero se  convierte en un objeto decisivo. Por la repetición de un acto de  conciencia se llega a dar una importancia terrible a una cosa que no  tiene aspecto de ser tan importante. Esta emboscada de la conciencia  tiene una gran importancia en mis obras”&lt;br /&gt;En el segundo intento que  hizo con un tipo de historias a las que podríamos considerar al margen  de la literatura, valiéndose de un tema de tan poco interés como el de  mi charla apasionada en el café Rex,  utilizó una mano. Pero mientras yo trataba de despertar la atención de  los demás con el entusiasmo, Gombrowicz lo despierta con la maestría que  tiene para sacarle jugo a las piedras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las diez de la mañana  estaba tomando un café en el Querandí. El mozo se le acerca y Gombrowicz  empieza a ponerle atención a su mano que cuelga silenciosa, secreta y  desocupada pero, de pronto, sin saber por qué, sus pensamientos vuelan  hacia un árbol que había visto una vez desde la ventanilla del tren. La  mano del mozo lo había asaltado de repente en medio del silencio.&lt;br /&gt;Al  volver a su casa la mano ya no estaba con él, pero una lectura que  estaba haciendo de la conferencia de Heidegger sobre Zarathustra le  inyectó a la mano una nueva dosis de existencia. La idea que lo llevó  nuevamente al Querandí fue la del eterno retorno. Mientras se preguntaba  si debía preparar la ropa para lavar, ese ser de Nietzsche que venía  desde los primeros orígenes  hasta las últimas realizaciones, estaba con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un ser  representante de la amargura, la furia y el silencio de la humanidad.  Silencioso como la mano del mozo. ¿Qué estaría haciendo la mano en el  Querandí mientras Gombrowicz estaba en casa? Si dejara de pensar en la  mano del mozo la mano se disiparía en la facilidad de la nada, pero la  mano volvía a él porque él había vuelto a ella con Nietzsche.&lt;br /&gt;Después  estuvo con la mano del Embajador de Polonia con quien ahora estaba  conversando. Miraba esa mano diplomática apoyada en el brazo del sillón,  pero no era ésa la mano, sino aquella otra abandonada allá, como un  punto de referencia. Gombrowicz empieza a tener miedo del diablo, un  sentimiento extraño para un incrédulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la presencia del mal  convertía su ser en una existencia azarosa, inquietante y susceptible  del diabolismo. Le resultaba difícil aceptar cualquier tipo de certeza  en un asunto en el que la falta de  datos tenía el mismo significado que su abundancia. Su propia mano  descansaba tranquila en el bolsillo, también descansaban tranquilas las  manos sobre las rodillas de los automovilistas que corrían en sus  coches.&lt;br /&gt;¿Y la mano del Querandí qué estaría haciendo? Estaba  vagabundeando en la periferia de sus límites en busca de no se sabe qué.  ¿Y si Gombrowicz de repente se arrodillara ante la mano? Sería un  intento fallido, como siempre, de construir un altar cualquiera. Una  desesperación por agarrase de algo, de la mano del mozo del café  Querandí. Más tarde, en el restaurante Sorrento, se le acercó el mozo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este  mozo también se le acercó con una mano desocupada igual que en el  Querandí, una mano que sólo era importante para él porque no era  aquélla. Gombrowicz está adorando un objeto que él mismo enaltece. Se  arrodilla frente a un objeto que no tiene derecho a exigir que se  postren ante él, de modo que el ponerse de  rodillas sólo depende de Gombrowicz.&lt;br /&gt;Escogió esa mano del Querandí  para agarrarse de algo, para tener un punto de referencia. Pero no  quiere que la mano haga algo con él, o de él. Ya es de noche, llega a un  café de Lavalle y San Martín. Discute con Gómez sobre el tema de  Raskólnikov. Su punto de vista es que en “Crimen y Castigo” no existe un  drama de conciencia en el sentido clásico de la palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  juicio de Raskólnikov no es el juicio de su conciencia, es un juicio  surgido de un reflejo, un juicio reflejado, un juicio de espejo. Este  tipo de reflejo se convierte también en un mecanismo que nos lleva a  decir lo que nos pasa por la cabeza. Esta conciencia de espejo es como  fijar la mano en alguna parte, fuera de nosotros, por la fuerza de un  reflejo.&lt;br /&gt;Así como se iba construyendo la conciencia de Raskólnikov,  así es como se le estaba construyendo esa mano a Gombrowicz. Esa mano se  ha convertido en un parásito, ahora  se está alimentando de Dostoievski, no parará hasta chupar de  Gombrowicz todas las palabras que necesite. Llegó la medianoche, habían  pasado catorce horas desde el comienzo de la aventura. ¿Dónde estará la  mano en ese momento?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía en el Querandí? ¿Descansará en alguna almohada y se habrá puesto a dormir?&lt;br /&gt;“Me  pareció tranquila al verla por primera vez en el Querandí... , pero se  ha vuelto cada vez más posesiva... , y yo mismo ya no sé qué es la que  podría frenarla allá, en la periferia..., donde está mi límite”&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-8603668399676128522?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/8603668399676128522/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/09/witold-gombrowicz-la-forma-los.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/8603668399676128522'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/8603668399676128522'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/09/witold-gombrowicz-la-forma-los.html' title='WITOLD GOMBROWICZ, LA FORMA, LOS INGENIEROS Y LOS EDITORES'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-2533990970392991343</id><published>2011-09-15T12:39:00.000-03:00</published><updated>2011-09-15T12:40:46.725-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y EL IDIOMA DE LA NATURALEZA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="1316100969030-Witold_Gombrowicz_6.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/1316100969030-Witold_Gombrowicz_6.jpg?v=1316104660455" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y EL IDIOMA DE LA NATURALEZA&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz,  nacido de terratenientes y educado en un colegio aristocrático, era el  producto del refinamiento y del tipo de belleza que produce la riqueza.  Pero Gombrowicz era, antes que ninguna otra cosa, un escritor, y sólo un  escritor puede confundirse o incomodarse cuando lo mira una vaca. Quien  ha decidido ocupar su vida escribiendo debe empezar a tomar apuntes y a  realizar experimentos originales.&lt;br /&gt;También debe escribir un diario  para alcanzar sus objetivos y no malograrse. Cuando el escritor comienza  a meditar en el resultado de su actividad se le presenta el problema de  la originalidad, y en este campo Gombrowicz era un maestro. La más de  las veces pensaba que su vida no era interesante, que a él no le  ocurría nada que valiera la pena contar en los diarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí,  en la Argentina, se nos aparecía como una persona sin pasado, un Deus ex  machina, y tanto era así que los cubanos habían hecho correr el rumor  en el café Rex de que era hijo de un relojero próspero de Varsovia, y de  que de esta profesión provenía su filosemitismo. Ya sabemos que  Gombrowicz se sentía confuso y en contradicción con la naturaleza.&lt;br /&gt;Al  momento de ponerse en contacto con la naturaleza Gombrowicz se  transformaba en un demonio, en una verdadera anti-naturaleza. La  importancia que fue tomando el dolor respecto de la muerte con el  transcurso del tiempo era, a su juicio, la causa de esta inseguridad,  pero la causa también podría ser el papel preponderante que le daba  Gombrowicz a la actuación y al artificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sea como fuere vamos a  ver qué cosas le ocurren cuando se pregunta cómo debía comportarse en  los encuentros que había tenido con una vaca en los  campos de su amigo Wladyslaw Jankowski. Paseando por un avenida  arbolada de la estancia “La Cabaña” en Necochea, detrás de un árbol se  le apareció una vaca. Quizá el hecho que lo obligó a realizar  indagaciones sobre este encuentro fue que la vaca lo miró.&lt;br /&gt;Él le  había permitido a la vaca que lo mirara, y si bien es cierto que no  estaba en condiciones de sacar de ese encuentro las consecuencias  drásticas que saca Sastre de la mirada, se sintió tenso y con una  vergüenza propia de hombre frente al animal. Continuó el paseo pero se  sentía incómodo, como si toda la naturaleza lo estuviera asediando  mientras lo contemplaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera idea que le pasó por la  cabeza para resolver esta oposición entre su humanidad y la naturaleza   fue la de que el hombre es no-natural, es anti-natural, pero resulta que  Gombrowicz tenía la tendencia a establecer contacto con lo inferior. En  el mundo humano pone al descubierto la dependencia  que tiene la conciencia superior de la inferior, recorre el camino  descendente de la madurez a la inmadurez.&lt;br /&gt;Entonces, ¿por qué no  seguir descendiendo hasta el fondo en la escala de las especies? Y  cuando pareciera que empieza a seguir los pasos de San Francisco de  Asís, de pronto se detiene. Mirar, contemplar y comprender la naturaleza  es una cosa, pero dejarla aproximar como algo igual a nosotros porque  la comunidad de la vida nos engloba, tutearla, es demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En  este punto Gombrowicz regresa rápidamente a su casa humana y cierra la  puerta con doble llave. La negativa a reconocer la humanidad de una  vaca, es decir, de la naturaleza, una negativa que se le traduce en  fatiga y aburrimiento a partir del momento en que intenta reconocer a  esa vida inferior en un pie de igualdad, vendría a ser una de las  características principales de la humanidad de Gombrowicz.&lt;br /&gt;El  realismo y la sensatez de su postura frente a la vida le abren las  puertas a la fantasía y al absurdo en su creación literaria. En “La  rata”, una historia escabrosa de extroversión e introversión, Gombrowicz  saca a la superficie con ligereza e indiferencia el aspecto automático  que tiene la muerte. “La rata” es uno de los relatos cortos que  Gombrowicz escribió en 1937, el año de la publicación de “Ferdydurke”,  su obra fundamental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La rata” ilustra todos los fermentos del  alma de Gombrowicz. En este cuento se manifiesta su talante de  demonólogo de la forma y su carácter de demiurgo de la inmadurez a los  que apunta con tanta inteligencia y genio este magnífico integrante de  los tres mosqueteros. Un malhechor llamado Huligan asolaba con sus  fechorías una comarca de Polonia.&lt;br /&gt;Tenía un carácter exuberante y no  admitía restricciones de ninguna especie. Odiaba a los ladrones de  carteras y de cosas pequeñas, si tenía que elegir entre pellizcar a  alguien o despacharlo al otro mundo  con un golpe violento, lo liquidaba y seguía caminando y cantando a  pleno pulmón. Nadie podía atribuirle un asesinato vil o hecho a  traición, todos sus asesinatos tenían un aspecto noble y los realizaba  al son de una tonada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ay, María, María, Mariíta mía”. Amaba a  María más que a nadie, la amaba con amplios gestos, entre bailes, saltos  y vodka en abundancia. No concebía el silencio ni la falta de lenguaje  tan común en los hombres de nuestro tiempo. A veces le pesaba la  nostalgia, entonces toda la comarca escuchaba sus lamentos sonoros y  lánguidos. Los perros aullaban dentro de los corrales y su aullido  contagiaba a los hombres.&lt;br /&gt;“Ay, María, vida mía”. Poco a poco se  convirtió en una leyenda y se compusieron canciones en su honor con el  estribillo: “Ay, ay, ay, vida mía”. En una villa solitaria vivía un  soltero encallecido que había sido juez y detestaba la fantasía  exuberante de la región. Se quejaba a las  autoridades por la tolerancia que tenían con sus asesinatos y sus  escándalos a pleno día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la policía se mostraba impotente  porque la población lo protegía. Además sólo mataba a unas pocas  personas y a la gente le gustaba presenciar sus asesinatos. Mientras el  comisario conversaba con el ex-juez volaba por los aires un cadáver y  llegaba a sus oídos un grito magnífico, como si miles de bisontes  hollaran los campos sembrados y los prados. La conversación que mantuvo  con el comisario no lo satisfizo.&lt;br /&gt;Entonces el juez jubilado se  propuso detenerlo con sus propias manos y encerrarlo en una jaula para  limitar su naturaleza exuberante. Le ordenó a su mayordomo que se  colocara debajo de un árbol en la colina y lo encadenó a su tronco.  Excavó con sus manos un hoyo en el que puso una trampa de hierro y  regresó a su casa. Llegó la noche y el juez miraba a la colina desde un  balcón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hulingan se encaminó hacia el sirviente a  grandes zancadas para despedazarlo a la luz de la luna pero cayó en la  trampa, el juez llega a la carrera y con mucho trabajo lo transporta al  sótano de su vieja casa. En los días siguientes el jubilado se  regocijaba de tener en el sótano al bandido amordazado para evitar que  aullara y provocara escándalos. Durante meses enteros reinó en la  comarca un gran silencio.&lt;br /&gt;Huligan soportaba las vejaciones del juez  en silencio, y su silencio crecía, crecía y se agigantaba en las  tinieblas, digno de sus hazañas más gloriosas. Con la meticulosidad de  un ratón de biblioteca el viejo buscaba el punto flaco del bandido para  transformarlo en un ser de naturaleza estrecha, tan estrecha como la de  él. Cuando le quitaba la mordaza para darle de comer Huligan estallaba  en aullidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esa manera la población de las aldeas se daba  cuenta de que estaba vivo. El juez seguía buscando el punto de menor  resistencia  y finalmente lo encontró: la  rata. En una ocasión una rata entró en la celda y en ese momento el  malhechor se contrajo. El juez le quitó la mordaza pero Huligan  permaneció en silencio, el asco y el miedo lo paralizaron. Cuando la  rata se acercó a sus pies, sujetos al cepo, se rió nerviosamente.&lt;br /&gt;Huligan  no se había conmovido ante los tormentos a que lo sometía el juez pero  le tenía mucho miedo a una rata, matar a una rata con sus propias manos  se le aparecía como una acción realmente inaccesible. El viejo jubilado  se convirtió finalmente en el amo de Huligan, y a partir de entonces,  sin la menor piedad, le propinaba todos los días y a cada momento rata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron  los años y el mayordomo, hastiado de todas las tareas que tenía que  realizar para maltratar a Huligan, empezó a maldecir a la rata, al amo, a  la casa y al bandido. La tensión crecía y crecía. Una noche la rata  rompió la cuerda que la tenía sujeta, el sirviente bajó la cabeza y la  persiguió,  el juez también la persiguió con la cabeza baja, ambos habían perdido  los estribos y se envistieron.&lt;br /&gt;Se oyó un estruendo enorme en el  sótano y los cerebros volaron por el aire. Después de once años Huligan  se halló libre. Lo obsesionaba el pensamiento de qué habría ocurrido con  la rata, pero la rata no aparecía. Había conocido demasiado bien el  aspecto horroroso de la rata al punto que su sola ausencia era más  importante para él que los sonidos más dulces y que todas las brisas del  mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El oído del bandido era empleado para captar el rumor  más ligero semejante al que hace una rata, pero la rata no aparecía. Era  increíble que el roedor, durante tantos años unido a su persona por  relaciones tan estrechas y espantosamente profundas, hubiera podido  separarse de él, desaparecer y renunciar a él de buenas a primeras. No  había caso, la rata no aparecía.&lt;br /&gt;Un día la vio, la rata deslumbrada  por la luz buscaba refugio, y  las cavidades de la ropa y el cuerpo de Huligan eran los escondites más  a mano que tenía la rata. Huligan empezó a correr seguro que detrás de  él galopaba la rata, estaba confundido y sin darse cuenta se metió en la  cabaña de María, la muchacha dormía con la boca abierta. De pronto  apareció la rata y empezó a remolonear cerca de las faldas de María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  bandido había descubierto la madriguera y hacía maniobras silenciosas  para que el roedor se metiera en ella, pero, repentinamente, algo atrajo  a la rata hacia la rodilla derecha de la joven, y Huligan se quedó  paralizado. El terror que le produjo el contacto de la rata con María  hizo que el bandido aullara. Aulló como en el pasado para despertar al  mundo entero.&lt;br /&gt;Se lanzó aullando contra la rata, ya no tenía miedo, la  atacó de frente, tenía la convicción de que estaba acorralada, pero  ocurrió algo terrible. La rata, ciega de terror, sintió la necesidad de  meterse en un  agujero, se dirigió rápidamente a la boca de María y saltó dentro de la  cavidad abierta de la muchacha dormida. María, semidormida, se despertó  sorprendida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerró las mandíbulas mecánicamente pero de manera  implacable y puso fin a la máquina del horror: la rata terminó con la  cabeza guillotinada. Un mordisco en el cuello consumó la muerte de la  rata. La rata dejó de existir. Huligan tuvo que enfrentase a la  espantosa muerte de la rata en la adorable cavidad oral de su amada  María. Y con esa visión en los ojos desapareció.&lt;br /&gt;“Da un paso y otro  paso y otro paso, pero lo sigue aquella rata muerta. Paso tras paso,  paso tras paso, y en la boca de María sigue la rata muerta”. Uno de los  propósitos deliberados que tenía Gombrowicz era el de desvincular la  conducta humana de la voluntad y del determinismo psíquico. A la  voluntad la trasponía con el automatismo y al determinismo psíquico con  partes del cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre el  idioma de la naturaleza y el idioma de sus novelas Gombrowicz busca un  lenguaje intermedio, el del “Diario”. Dos de los reproches más  frecuentes que suelen hacerle a Gombrowicz son los de su falta de  sinceridad y su histrionismo, cargos que son más bien aplicables a sus  diarios que a su obra artística. Hay que decir que los diarios de  Gombrowicz tienen una génesis particular.&lt;br /&gt;En efecto, Gombrowicz  empieza a escribir los diarios porque, según lo sentía él, su empleo de  bancario le impedía emprender proyectos literarios de mayores alcances.  Gombrowicz comienza a publicar sus diarios cuando todavía no había  alcanzado la celebridad pero, lamentablemente para su suerte, la gente  sólo compra diarios de escritores famosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los propósitos  que tenía Gombrowicz cuando escribía los diarios era introducir a los  lectores por una puerta lateral en los bastidores de sus novelas y de  sus piezas de teatro. Su época le estaba  pidiendo a la palabra que fuera, además un recurso artístico, un  instrumento del devenir del escritor en el mundo, algo íntimamente  ligado a la vida y a la otra gente para definir y fijar su lugar en la  sociedad.&lt;br /&gt;Gombrowicz le agradece al Ser Supremo por haberlo sacado  de Polonia y lanzado a la Argentina. También le da las gracias al Ser  Supremo Dios por haberle permitido escribir el “Diario”. El quid de las  obras de Gombrowicz, por lo menos en una gran parte, es su propia vida.  Pero, ¿es su vida o una puesta en escena de su drama personal lo que  relata en sus diarios?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amordazado en Polonia, aislado del gran  mundo por el exotismo de la legua polaca, acorralado en el ambiente  cerrado y estrecho de le emigración, en esta bruma nacían sus obras  difíciles. A tal punto eran difíciles sus obras que en el mismo corazón  de París debieron luchar duramente para ser reconocidas. La  superficialidad de las cabezas polacas con las que  trataba en el emigración era enorme.&lt;br /&gt;Se la podría medir por el hecho  de que el mismo “Diario”, más fácil de comprender en apariencia que sus  otras obras creativas, no conseguía penetrar en sus cerebros. Lo  tildaron de egotista, no se les ocurrió pensar que uno puede hablar de  sí mismo sin que su yo sea por eso egotista y trivial, sino alguien  consciente, con un egotismo metódico y disciplinado, y un objetivismo  desarrollado y distante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaba llegando a los cincuenta  años empieza a escribir sus diarios y emprende un camino sin regreso  hacia la madurez. Gombrowicz es creado por su obra pero ahora es ese  Gombrowicz el que a por fin le dicta su ley al “Diario”, ahora es él el  que escribe, el que crea su propia obra. Es un sentimiento nuevo que se  le contrapone al sentimiento de que su obra se había escrito sola, por  fuera de él.&lt;br /&gt;La tensión entre la grandeza y la falta de seriedad, un  registro profundo que aparece  en el "Diario" de Gombrowicz, le sigue los pasos a la representación de  los sentimientos. Un sentimiento que se representa y un sentimiento que  se vive son dos cosas casi indiscernibles: decidir que amo a mi madre  quedándome junto a ella o representar una comedia que hará que  permanezca con mi madre, es casi la misma cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho de otro  modo, el sentimiento se construye con actos que se realizan; no puedo  pues consultarlo para guiarme por él. Lo cual quiere decir que no puedo  ni buscar en mí el estado auténtico que me empujará a actuar, ni pedir a  una moral los conceptos que me permitirían actuar. La idea de la  representación de los sentimientos es el centro de gravedad alrededor  del cual giran las ideas de Gombrowicz.&lt;br /&gt;También éste es el origen de  su inseguridad personal que se le puso de manifiesto en su juventud.  Como no le aparece clara la diferencia que existe entre un sentimiento  sentido y uno representado no está seguro de  que pueda coger el toro por los cuernos. “Ya está listo para la  impresión. Lo he revisado. He corregido algunas cosillas. Ya lo puedo  enviar a Giedroyc para que aparezca el volumen de mi diario (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Estoy  lejos de sentirme satisfecho. Lo diré con sinceridad. Uno de los  objetivos más importantes que palpitaba en mí en esos años, cuando me  ponía a trabajar en el diario, no ha sido cumplido. Ahora lo veo  claramente... y me deprime... No he sabido expresar debidamente mi  transición de la inferioridad a la superioridad, ese paso del Gombrowicz  insignificante al Gombrowicz significante (...)” &lt;br /&gt;“El sentido  espiritual de esta cuestión no ha sido debidamente tratado. Tampoco lo  han sido el sentido vergonzosamente íntimo, ni el sentido social. Las  conveniencias resultaron más fuertes. Cada vez que tocaba este tema,  siempre se me desmenuzaba, se me volatilizaba, se me transmutaba en  broma fácil, en polémica, en aparente  fanfarronería, en provocación..., en simple crónica (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los  medios de expresión trillados de la literatura han conseguido  imponérseme. A los fragmentos de mi diario que tocan esta cuerda les  falta energía, coraje, seriedad e ingenio. Es un fracaso personal  -estilístico- considerable. Y dudo que en el futuro pueda coger ya a  este toro por los cuernos. Es demasiado tarde. El presente volumen  contiene los textos de mi diario que se han venido publicando en  ‘Kultura’ (...)”&lt;br /&gt;“Estos textos están completados con fragmentos  hasta ahora inéditos. Aún me queda algo en reserva, pero ese material,  más íntimo, prefiero no incluirlo. No quisiera exponerme a tener  problemas. Quizás algún día... Más adelante. Es una escritura bastante  desordenada, hecha de un mes para otro; seguramente me repito o me  contradigo más de una vez (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Qué hacer? ¿Ordenarlo?  ¿Pulirlo? Prefiero que no quede demasiado relamido”.  Gombrowicz siente a sus tres debuts, el de Polonia, el de la Argentina y  el de polaco emigrado, como se podría sentir la presencia de un   archienemigo, y a su cuarto debut con el “Diario”, como una espada  flamígera. En “Aventuras” también se siente la presencia de un  archienemigo y la posibilidad de una salvación.&lt;br /&gt;Gombrowicz escribió  “Aventuras” en el año 1930, una narración en la que retoma el idioma de  la naturaleza. Esta novela corta termina en un pasaje que nos contaba  reiteradamente en el café Rex. En aquel tiempo comenzaba a frecuentar  los cafés literarios y seguía escribiendo novelas cortas. Decide  permanecer en Radom pero choca con la hostilidad de los abogados  locales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos abogados en su gran mayoría pertenecían al Partido  Nacional, una agrupación política de derecha. Sus partidarios se  escandalizaban por sus relaciones con centros de izquierda y,  particularmente, por las que tenía con Wiadomosci  Literackie. Desde ese momento renunció a la continuación de su carrera  jurídica. “Era una época en la que estaba en mala disposición con el  arte (...)”&lt;br /&gt;“Me saturaba de Schopenhaher y de su antinomia entre la  vida y la contemplación, y de Mann en cuya obra ese contraste tiene un  aspecto más doloroso. El arte era para mí el fruto de la enfermedad, la  debilidad, la decadencia; los artistas, por así decirlo, no me gustaban,  personalmente yo prefería al mundo y a la gente de acción. Estas  fobias, a mi edad, eran apasionadas (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Yo tenía entonces  veinticinco años, que es cuando todavía no se ha renunciado a la  belleza. El mundo artístico me atraía por su libertad y su resplandor,  pero me repudiaba  física y moralmente” En este cuento hay dos  personajes: el protagonista y el Negro. Es un relato fantástico sobre la  naturaleza del encierro y del miedo, pero lo es más bien como un  acontecimiento  exterior.&lt;br /&gt;Unas aventuras cuyas variaciones son mecánicas y  automáticas, y ajenas a los fenómenos psíquicos y a las concepciones  morales. En el mes de septiembre de 1930 el protagonista navegaba rumbo a  El Cairo y cayó en las aguas del Mediterráneo. Advirtieron su caída  pero el barco ya se había alejado un kilómetro, el capitán se puso muy  nervioso y ordenó un regreso a toda marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La maniobra fue tan  brusca que cuando el gigante llegó donde estaba el protagonista no se  pudo detener. El navío volvió a dar la vuelta pero otra vez lo volvió a  pasar como un tren a toda velocidad, esta maniobra se repitió diez veces  hasta que un yate se acercó y lo recogió, mientras el otro barco  retomaba tranquilamente su ruta. Por casualidad descubrió que el capitán  del yate  tenía el rostro y los pies blancos pero era negro.&lt;br /&gt;El  capitán se puso furioso, lo hizo atar, lo encerró en un camarote y  empezó a alimentar un odio  ilimitado. Era la única persona en el mundo que había descubierto su  secreto: era un negro blanco. Durante los ocho meses siguientes navegó  sin parar y se deleitó con el poder que le proporcionaba el tenerlo  encerrado en un camarote oscuro. Un día, finalmente, lo condujo al  puente del yate y el protagonista se preparó para morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue  colocado en el interior de un recipiente de cristal en forma de huevo,  podía mover los brazos y las piernas pero no cambiar de posición. El  Negro le enseñó el mapa del océano Atlántico y señaló la ubicación del  yate, estaban en el centro del mar, entre España y México. En esa zona  marítima las corrientes eran circulares, si algo caía al agua, después  de un viaje de circunvalación, volvería a pasar por el mismo lugar.&lt;br /&gt;Lo  equiparon con tres mil comprimidos de caldo que le alcanzaban para  vivir diez años, con un pequeño instrumento para destilar agua, y lo  tiraron al océano. Como las  paredes del huevo eran de cristal observaba todo lo que pasaba en el  exterior. Bajo la superficie del mar había una calma verdosa, pero  arriba el mar estaba muy agitado, finalmente estalló una tormenta y se  levantaron olas gigantescas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro lo siguió un par de  semanas, después se aburrió y tomó otro rumbo. Tenía ganas de aullar  encerrado en ese huevo pero se puso a cantar ya que el desencadenamiento  de los elementos marítimos lo predisponía al canto. Un barco francés lo  atropello, rompió el cristal del huevo y lo rescató. Habían pasado unos  años desde que el Negro lo tirara al océano.&lt;br /&gt;Cuando desembarcó en  Valparaíso se escondió, estaba convencido de que el Negro lo había  seguido, había disfrutado mucho de él y no iba a renunciar a ese placer.  El protagonista atravesó el mundo huyendo de esa amenaza, finalmente le  pareció que el lugar más seguro era Islandia, pero ya en el puerto  apareció el Negro, lo atrapó y lo  condujo al yate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de largos meses de prisión sofocante  pudo respirar nuevamente el fresco del aire marítimo en el puente de  popa. Vio una enorme bola de acero cuya forma recordaba a la de un obús,  abrieron una portezuela lateral y lo arrojaron a su interior donde  había un pequeño saloncito. Se encontraban en el Pacífico, en el punto  del abismo oceánico más profundo del mundo.&lt;br /&gt;El Negro tenía  curiosidad por saber qué existiría en el fondo del mar al que vería con  su imaginación adivinando lo que estaría mirando el protagonista  moribundo. El peso de la bola de acero fue mal calculado y cuando la  tiraron al agua no se hundió, entonces el Negro ordenó que le  engancharan un ancla pesada, el protagonista fue arrojado al mar y  comenzó a descender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de un viaje de dos horas sintió  una ligera sacudida, había tocado fondo. Pasó el tiempo y no pudiendo  resistir más, comenzó a dar golpes en todas las  direcciones. Aquella locura estéril provocó seguramente algún  movimiento en el exterior, y la cadena arruinada por la herrumbre se  rompió, el hecho es que la bola empezó a ascender aumentando a cada  minuto su velocidad.&lt;br /&gt;Finalmente salió disparada como un proyectil a  un kilómetro de altura sobre la superficie del mar. El obús fue abierto  por la tripulación de un barco mercante, el Negro había desaparecido.  Hicieron escala en el puerto de Pernambuco desde donde el protagonista  partió para Polonia. En ese mismo período un gigantesco bólido había  caído sobre el mar Caspio y las aguas se evaporaron en un instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las  nubes cubrieron la tierra amenazando con producir un segundo diluvio  universal. Finalmente alguien tuvo la idea de perforar una nube que se  encontraba encima del lecho del mar Caspio en la parte más ventruda y la  nube empezó a desaguar. Cuando se vació por completo otras nubes  ocuparon su lugar y, mecánicamente, el  forma automática entregaron el agua y reconstituyeron el mar.&lt;br /&gt;En su  casa de campo de Polonia, descansaba y se entretenía para pasar el  tiempo. El Negro había desaparecido, el otoño se acercaba. Por mera  diversión empezó a construir un globo aerostático tipo Montgolfier. Una  mañana, después que lo tuvo terminado, encendió la llama de la lámpara y  empezó a ascender. Voló sobre el bosque y sobre el río, desde abajo la  población lanzaba gritos jubilosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a una altura de  cincuenta metros, apagó la mecha y empezó a descender. Aterrizó en un  patio en el que lo recibieron con risas y bravos. Interrumpieron la  merienda y lo invitaron a tomar café, queso y pastelillos. El  protagonista les propuso que uno de ellos podía subir a la cesta y  volvió a encender la llama. La pasajera que subió le proporcionaba una  alegría íntima mucho mayor que el globo mismo.&lt;br /&gt;Por primera vez en la  vida sentía que estaba perdiendo el juicio  mientras ella lo escuchaba con atención. A pesar de que es bien sabido  que las mujeres aman lo aventurero y novelesco, no se atrevió a contarle  nada de sus aventuras con el marinero Negro. Llegó el día del cambio de  anillos. Luego empezó a acercarse también el día de la boda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una  semana antes de la fecha de casamiento, se sentía penetrado por el  secreto y el escalofrío jubiloso prenupcial. En ese momento se le  ocurrió hacer un paseo en globo durante un día de tormenta. La tormenta  fue tan grande que lo arrastró con fuerza diabólica, y después de varias  horas, al levantarse el telón del alba, vio que debajo de él se  agitaban las olas del Mar Amarillo.&lt;br /&gt;Se despidió por dentro de los  viaje en globo, de los abedules y de los ojos de su amada y se abrió  dócilmente a las pagodas contrahechas, a los bonzos y a las divinidades  extrañas. Cuando descendió de la cesta se le acercó gritando un chino  leproso. Tocó con sus manos la  piel pustulosa y lo condujo hacia unas cabañas miserables que se veían a  lo lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los habitantes de la aldea eran leprosos, pero a  pesar de su condición aquellas personas no tenían nada que ver ni con  la modestia ni con la humildad. El protagonista se alejó al instante de  aquel pueblo pero la chusma lo seguía a cierta distancia. Los amenazó  con los puños en alto y los leprosos desaparecieron, pero un momento  después lo volvieron a seguir.&lt;br /&gt;La isla donde había caído ocupaba  poco más de unos quince kilómetros cuadrados, estaba desierta y buena  parte de ella era boscosa. El protagonista caminaba acelerando el paso  pues sentía detrás de él la presencia de aquellos monstruos lascivos y  anhelantes.&lt;br /&gt;No sabiendo bien que hacer se internó en la espesura de la selva pero ellos le pisaban los talones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  no podía comprender qué es lo que quería esa chusma roñosa, tenía la  misma sensación que se apodera  de las mujeres cuando los vagabundos maleducados las importunan en la  calle, primero persiguiéndolas y después permitiéndose bromas de mal  gusto y palabras soeces, hasta que las pobres se veían obligadas a huir  con la cabeza baja.&lt;br /&gt;Si bien ignoraba la causa de la excitación de  esos leprosos, eran evidentes sus demostraciones de obscenidad, de  impudicia y de lascivia, tanto en los monstruos machos con su dura  brutalidad, como en las monstruosas hembras con su diversión maliciosa  que no podía significar otra cosa que inocencia o inmadurez. El  protagonista hubiese aceptado la lepra, pero la lepra y el erotismo a la  vez, no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba enloquecido y empezó a huir, se escondió en la  fronda de un árbol con un garrote en la mano dispuesto a romperle la  cabeza al primero que se acercara. Durante dos meses llevó en la isla  una vida de mono escondiéndose en la cima de los árboles. Finalmente,  por azar, descubrió unas cuantas botellas de  petróleo provenientes, posiblemente, de algún naufragio. Logró inflar  nuevamente el globo y levantar vuelo.&lt;br /&gt;Se preguntaba qué podía hacer  cuando volviera a ver los abedules y los ojos de la mujer amada. No, no  le era posible volver, tenía que abandonar todo aquello que ya lo había  abandonado a él. “Por otra parte nuevas aventuras reclamaron muy pronto  mi atención. Recuerdo que en 1918 fui yo, yo solo, quien rompió el  frente alemán. Como es de todos sabido, las trincheras llegaban hasta el  mar (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se trataba de un verdadero sistema de canales  profundos que tenían una longitud que alcanzaba los quinientos  kilómetros. Sólo a mí se me ocurrió la sencilla idea de inundar los  canales. Una noche trabajé a escondidas, cavé un foso que comunicó los  canales con el mar. Al penetrar ininterrumpidamente, el agua inundó las  trincheras y corrió por toda la línea del frente (...)”&lt;br /&gt;“Con gran  estupor los aliados vieron a  los alemanes, empapados hasta los huesos, saltar fuera de las fosas  enloquecidos de pánico, cuando despuntaban las primeras luces de un  amanecer brumoso"&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-2533990970392991343?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/2533990970392991343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/09/witold-gombrowicz-y-el-idioma-de-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/2533990970392991343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/2533990970392991343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/09/witold-gombrowicz-y-el-idioma-de-la.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y EL IDIOMA DE LA NATURALEZA'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-2871668867411825134</id><published>2011-09-05T13:17:00.001-03:00</published><updated>2011-09-05T13:17:34.752-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ, LA ALIMENTACIÓN Y LA COLIFLOR</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="ffffffffffffffff.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/ffffffffffffffff.jpg?v=1315242987818" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;WITOLD GOMBROWICZ, LA ALIMENTACIÓN Y LA COLIFLOR&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  alimentación y el mismo acto de alimentarse son cuestiones primordiales  que ocupan una atención especial en el pensamiento de los hombres y  Gombrowicz no podía ser ajeno a esta particularidad. Ahora bien, sea por  espíritu de contradicción, sea por ambivalencia o por alguna otra cosa  Gombrowicz trataba de muy diferente manera sus comidas reales y sus  comidas literarias.&lt;br /&gt;La comida se había convertido en Vence en uno de  los pocos placeres que le quedaban, a través de la comida se le  despertaba la nostalgia de su infancia y de Polonia desde donde una  familia amiga le mandaba saches de bortsch. También se le despertaba la  nostalgia de la Argentina, en su último otoño que transcurre en Vence  tuvo una época  ascética, en la que comía carne asada a la parrilla con pan y no comía  ninguna otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las comidas de por acá las hacíamos  generalmente en el “Sorrento”, pero cuando Gombrowicz tenía ganas de  comer un buen bife a la parrilla, una comida que le gustaba mucho,  íbamos a “La Churrasquita” o a “El Palacio de la Papa Frita”. Dio pocas  recepciones en la Argentina, no tenía medios para darlas, pero la cumbre  como anfitrión la alcanzó en el Club Americano.&lt;br /&gt;Dio una cena en  honor de los amigos polacos que tenían la costumbre de invitarlo. Henryk  Gruber, un polaco muy rico y snob se hizo cargo de todos los gastos del  Club Americano: –No entiendo por qué eres amigo del señor Gruber, un  hombre tan distante y antipático. “Los trajes del señor presidente (lo  había sido del Banco Polaco antes de Nowinski) me viene de maravilla  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No molestes a mi protector y está a la altura de las  circunstancias pues el  señor presidente usa ahora un impermeable inglés muy elegante que  espero vestir en un futuro próximo”. Distendido, rejuvenecido, se  paseaba por aquel decorado de tapices orientales. Mesas recubiertas de  manteles bordados, cubiertos ingleses de plata, velas y flores. Un  rostro radiante de propietario efímero pero soberano de todo aquel lujo. &lt;br /&gt;Para Gombrowicz era un ejercicio con la forma, fiestas a la antigua  con la hospitalidad y el gusto por recibir que le venían de las  tradiciones familiares. El restaurante Sorrento, donde acostumbraba a  comer, se convirtió en un santuario gastronómico. Allí  recibí  enseñanzas sobre los modales de la mesa: el cuchillo sólo se utiliza si  no se puede prescindir de él, nunca para una omelette, una tarta, con el  tenedor alcanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuchara debe ingresar de costado a la boca,  nunca de punta. El caldo se debe absorber en silencio; no se deben tomar  los alimentos con las manos; lo que ingresa a  la boca no puede salir por la boca: ¿Y los carozos y las espinas?;  –Arréglese, hay que sacarlos antes; jamás usar mondadientes y mucho  menos llevarse una mano a la boca para ocultar las maniobras que se  hacen con él.&lt;br /&gt;Basta decir que Gombrowicz violaba una por una todas  estas prohibiciones. ¿Qué hace, Gombrowicz?; –Vea, Gómez, una vez que se  sabe, está permitido. Y es el Sorrento el que le da una idea sobre la  que escribe un pasaje célebre en las páginas de los diarios en el que  convierte a la comida en un mecanismo que baila al son de una música  metafísica. “A derecha e izquierda, burguesía (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Las  mujeres se meten en sus orificios bucales trozos de carne mortecina y  mueven la bocacha. Esta carne les pasa al esófago y después al aparato  digestivo. Todo ello con cara de sacrificio, y de nuevo abren el  orificio para llenarlo... Los hombres se valen de cuchillo y tenedor;  entre otras cosas, sus pantorrillas  embutidas en las perneras se nutren aprovechando el trabajo de los  órganos digestivos (...)”&lt;br /&gt;“¿Sería francamente extraño abordar la  actividad de la gente aquí reunida como la nutrición de las  pantorrillas...? Pero el mecanismo de sus movimientos está fijado en los  más mínimos detalles, todas estas operaciones están definidas y  formadas desde hace siglos: alargar la mano para alcanzar el limón,  untar los trocitos de pan, conversar entre dos tragos (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Llenar  los vasos o servir los platos al margen de una conversación, una  uniformidad de movimientos casi como en los conciertos de Brandeburgo.  Se ve aquí la humanidad que se repite a sí misma sin descanso. La sala,  rebosante de comilona, se manifiesta en una infinidad de variantes, como  una figura de vals repetida por los bailarines; y la cara de esta sala  concentrada en su eterna función era la cara de un pensador”.&lt;br /&gt;Esta  forma constructiva de referirse a los  alimentos gira ciento ochenta grados cuando Gombrowicz da rienda suelta  a su imaginación creativa. En “Ivona” el alimento es elegido como la  forma más adecuada de asesinato para matar a Ivona, una pobre joven que  involuntariamente ponía al descubierto las monstruosidades del reino. El  Príncipe quiere asesinarla con un cuchillo y la Reina con una pócima de  veneno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente el Rey se inclina por la alimentación, elige  una corvina como el instrumento del asesinato, un pescado que va a ser  servido en un banquete de homenaje. El rey escondido detrás de un sillón  le dice al chambelán que le gustaría saber qué cosas hace Margarita  cuando nadie la ve, está empezando a sospechar que lo engaña. Le habla  de la prosperidad de la inmoralidad, el cinismo y la desvergüenza.&lt;br /&gt;El  Rey le comenta al chambelán que si pasara por ahí Ivona podría matarla,  que ya otra vez lo habían hecho. El chambelán lo previene de que es  necesario, debido a  los momentos que se viven, conservar la urbanidad y el tacto, que un  asesinato como el anterior sería imposible, pero que en el banquete se  podría servir un plato de pescado con muchas espinas como la corvina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ivona  se pone nerviosa delante de la gente, casi se ahoga con una papa, la  corvina es un pescado difícil. El rey lo aprueba, esa idiotez es tan  grande que no puede despertar sospechas. Entra la reina y el rey se  esconde tras el sillón otra vez. Margarita saca un cuaderno de poemas de  amor y recita. Se siente humillada por la semejanza que encontró el rey  entre sus escritos e Ivona.&lt;br /&gt;Está decidida a matarla con un veneno  volcando unas gotas en su medicina. Pero la tiene que matar con otro  aspecto, se desordena el cabello, se pintarrajea y cuando está por  entrar al cuarto de Ivona el rey se le echa encima y la detiene. Le dice  que es un monstruo, una infame y ella se desmaya. Cuando Margarita se  despierta el rey le dice que ellos  saben como matarla, que hace mucho tiempo habían ahogado a otra tarada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reina no está de acuerdo, el rey le dice que la asesinará  con estilo y majestad y de una manera tan idiota que nadie podrá pensar  mal, que en el banquete de la noche se iba a manducar una corvinita a la  crema exquisita. Margarita le dice que ni loca piensa servir corvina,  entonces el rey le pide al chambelán que le alcance la corona, la reina  retrocede aterrada.&lt;br /&gt;El Rey Ignacio la amenaza con pegarle y le exige  que prepare y sirva la corvina. El rey se tranquiliza y le ruega que  invite a los dignatarios más snob, a los viejos profesionales de la  arrogancia capaces de paralizar a cualquiera. No quiere ver más  emociones ni éxtasis, le pide que termine con su poesía, que ella es más  que esos versitos, que es la reina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la noche todas sus chicas  deberán exhibir su elegancia hasta reventar, quiere una recepción  brillante, le ordena que vaya a cocinar. El  rey y el chambelán escuchan pasos y se esconden, entra el príncipe con  un cuchillo en la mano y Cirilo con una bolsa.  Desde fuera del cuarto  ven como Ivona bosteza y caza moscas, Felipe aprieta el cuchillo y se  prepara.&lt;br /&gt;Cuando Ivona se queda dormida le pide a Cirilo que lo haga  por él porque es tan fácil como degollar un pollo, Cirilo no se anima,  entonces le pide que se vaya, que lo hará solo. Ivona suspira, entra  Isabel, se espanta y les recrimina a los dos que se estén preparando  para ser asesinos. El rey escondido desea que la mate, Isabel le dice  qué es de él en cuerpo y alma, que se ocupe de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El príncipe  siente que todos están en el interior de Ivona, que los arrastra por el  barro y hace de ellos lo que quiere. Isabel le ruega que la bese, el  príncipe la observa a Ivona que ronca y traga saliva, Cirilo le pide que  bese a Isabel, el rey en silencio también lo anima, Isabel ofendida se  niega a mendigar besos, Felipe  le implora que se quede, que no quiere perderla, que el beso será la  salvación.&lt;br /&gt;La abraza y le pide que le diga que lo ama, Isabel se  niega. Ivona aparece en la puerta restregándose lo ojos. El rey sale de  su escondite y lo azuza al hijo para que la mate, le dice que hay que  darle duro a la tarada, el chambelán lo contiene e Isabel los convoca a  una huida general mientras el rey lo exhorta al hijo para que la  degüelle viva con ánimo y valor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entra la reina vestida de gala  con los invitados, los criados traen las mesas del banquete, entonces el  rey se acuerda de la corvina y le pide al hijo que se detenga, que se  arregle la corbata y que se pase un peine, y al chambelán que le alcance  la corona. El rey le ruega a todos los invitados que se ubiquen y que  sienten frente a los reyes a la futura nuera.&lt;br /&gt;Los invitados hacen  reverencias, el rey les explica que se celebra la comida en honor a  Ivona a la que condecora con el título de  Princesa de Borgoña. Los invitados aplauden y se deleitan con la  corvina. El rey y el chambelán estimulan a la joven para que coma, Ivona  comienza a comer, Ignacio le dice que tenga cuidado con las espinas.  Ivona se ahoga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reina y los invitados se lamentan de la pobre  desdichada y se van retirando poco a poco mirando el cadáver de Ivona.  Mientras el príncipe y el chambelán constatan que se murió atragantada  con una espina la reina piensa en el luto, acaricia los cabellos del  príncipe y le dice que está con él. El chambelán le ordena a los criados  que la preparen para las pompas fúnebres y se pone de rodillas.&lt;br /&gt;Todos  se arrodillan excepto el príncipe. El chambelán y la reina le piden que  se arrodille. El príncipe se arrodilla. En “El banquete” es también la  alimentación la que da ocasión a que los miembros de la corte, por medio  de la imitación, intentan restituir la dignidad del rey ahorcando a las  damas presentes. El  rey se enfurece al ver que nada le estaba permitido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que  hacía era imitado de inmediato, así que empuja violentamente la mesa y  se levanta. Todos lo imitaron. El canciller se había dado cuenta que la  única manera de salvar a la corona, ya que no se le podía ocultar a la  archiduquesa la verdadera naturaleza del rey, era obligar a los  invitados a repetir los actos de Gnulo, especialmente aquellos que no  admitían imitación.&lt;br /&gt;Había que convertir los gestos del rey en  achigestos para presionar al monarca. Gnulo, enfurecido, golpea la mesa y  rompe dos platos, todos los demás hicieron lo mismo. Cada acto del rey  era imitado y repetido en medio de las exclamaciones de los invitados.  El rey empieza a deambular de un lado para otro cada vez con más furia, y  los comensales deambulan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el archideambular alcanza una  gran altura, Gnulo, repentinamente mareado, lanza un alarido sombrío y  cae sobre la archiduquesa.  No  sabe que hacer y empieza a estrangularla delante de toda la corte. Sin  dudarlo un instante el canciller se deja caer sobre la primera dama que  encuentra y empieza a estrangularla, los otros siguen el ejemplo.&lt;br /&gt;El  archiestrangulamiento rompe los lazos que unen a los invitados con el  mundo normal liberándolos de cualquier control humano. La archiduquesa y  muchas otras damas caen muertas mientras crece y crece una  archiinmovilidad. Presa de un pánico indescriptible el rey empieza a  huir con las dos manos tomadas al culo, obsesionado con la idea de dejar  atrás  todo aquel archireino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como nadie podía atreverse a  detener al rey el anciano canciller exclama que hay que seguirlo. El rey  huía por la carretera seguido por el canciller y los invitados. La  ignominiosa huida del rey se transforma de esa manera en una carga de  infantería y el rey se convierte en el comandante del asalto. La plebe  ve a los magnates latifundistas y a los  descendientes de estirpes gloriosas&lt;br /&gt;Galopan junto a los oficiales  del estado mayor que, al modo militar, acompañan a los ministros y  mariscales mientras los chambelanes forman una guardia de honor rodeando  el galope desenfrenado de las damas sobrevivientes. La archicarrera era  iluminada por las luces de las lámparas bajo la bóveda del cielo, los  cañones del castillo dispararon y el rey se lanzó a la carga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y  archicargando a la cabeza de su archiescuadrón, el archirey archicargó  en las tinieblas de la noche”. Pero hay un relato de Gombrowicz en el  que la alimentación cumple las funciones más crueles e innecesarias. En  los tiempos de la antigua Grecia ocurrían cosas que aún siguen  ocurriendo entre nosotros, verbigracia, la filosofía y la antropofagia,  aunque la filosofía no tanto.&lt;br /&gt;Tántalo, hijo de Zeus y rey de Lidia,  fue invitado a la mesa de los dioses del Olimpo. Para jactarse entre los  mortales, reveló los secretos de  los dioses que había conocido en la mesa, robó néctar y ambrosía para  repartir entre los amigos y, con el propósito de corresponder a la  liberalidad de los olímpicos, los invitó a un banquete en el que les  ofreció la carne de su propio hijo, prolijamente descuartizada y bien  cocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zeus lo arrojó al Tártaro y lo condenó a permanecer a la  orilla de un río cuyas aguas se retiran cuando quiere beber, y debajo de  unos árboles cuyas ramas se levantan  cuando quiere comer sus frutos,  padeciendo desde entonces un hambre y una sed inextinguibles. Vamos a  ver ahora cómo nuestro Dios, igual que Zeus, castiga a los antropófagos  también en los tiempos que corren.&lt;br /&gt;“El festín de la condesa Kotlubaj”  es una de las cuatro novelas cortas que Gombrowicz escribió en el año  1929, unos años después de la novela del contable. En “Crimen  premeditado” se nota la relación entre el asunto de la novela y su  práctica de pasante con un  juez de instrucción en un Tribunal de Varsovia, en “La virginidad”  asistimos a la confusión del erotismo más refinado con la obscenidad  total.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En “El festín de la condesa Kotlubaj” la cuestión es otra.  Gombrowicz cuenta como unos personajes aristócratas organizan comilonas  aparentemente vegetarianas con el fin de cultivar la sublimación y las  sutilezas del espíritu. Pero en realidad asistimos a un banquete en el  que se sirve una comida muy sabrosa preparada con trozos de un pequeño  muchacho.&lt;br /&gt;Es una narración absurda y cruel,  construida con  elementos sacados de la vida, un absurdo monstruoso que, sin embargo, es  una caricatura de la realidad. Esta novela le trajo a Gombrowicz  algunos problemas con una familia Kotlubaj de Lituania que casi termina  en un asunto de honor, lo retaron a duelo. Sin embargo, la fuente  verdadera de su inspiración había sido Marta Krasinska.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mujer  era parienta directa del conde  Zygmunt Krasinski, famosa por sus hazañas filantrópicas y estéticas.  Ese plasma oscuro de la conciencia de Gombrowicz esta vez se le dispara  hacia el lado de la crueldad, está preparando el próximo banquete de los  aristócratas antropófagos en el rostro infantil de un pequeño enfermizo  que observa por la ventana lo que ocurre en el interior del palacio en  medio de la lluvia.&lt;br /&gt;La honestidad burguesa de Mann resulta chocante y  vacía en nuestros tiempos pero la perversidad de Gombrowicz nos  fascina. El protagonista y la condesa Kotlubaj eran amigos, era la  amistad de un joven de un medio burgués y una aristócrata de pura raza.  Había conquistado la simpatía de la condesa gracias a su altivez, a su  agudeza intelectual y a su tendencia al idealismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su espíritu  romántico y ligeramente anacrónico le allanaron el camino para asistir  por primera vez a los célebres almuerzos vegetarianos de los viernes que  daba la condesa Kotlubaj. La  condesa maldecía la carne y los olores que despedían las personas que  la comían. Era heredera de los ilustres Krasinski y tenía la convicción  de que bastaba que un salón fuera aristocrático para que sus altos  propósitos quedaran garantizados.&lt;br /&gt;Un príncipe había aceptado el  papel de intelectual y filósofo, una baronesa animaba las reuniones con  su canto, era impresionante ver inclinarse a las más grandes fortunas  sobre un plato de achicoria en un mundo cruelmente carnívoro. Los  tomates rellenos con arroz poseían un sabor inigualable en esas comidas  espirituales, las tortillas de espárragos tenían reputación mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los  camareros trajeron una gigantesca coliflor cubierta de mantequilla  fresca deliciosamente horneada. Conversaban en forma animada del amor,  de la belleza y de la piedad, de que la piedad era más bella que el amor  pero que no había que descuidar los modales. ¡Deliciosa coliflor!,  exclamó el barón; sí, dijo  la condesa mirando el plato con sospechas mientras ordenaba que lo  llamaran al cocinero.&lt;br /&gt;Comían la coliflor con una glotonería atroz,  sin ningún tipo de modales, el protagonista no pudo contenerse más,  estornudó y se levantó de la mesa para ir a buscar un pañuelo, no podía  comprender por qué habían perdido tan abruptamente la elegancia y la  delicadeza. Volvió al comedor, la enorme bandeja de plata tenía restos  de la coliflor, la panza de la condesa parecía la de una mujer en el  séptimo mes de embarazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barón hundía la nariz en el plato  mientras la marquesa rumiaba moviendo las mandíbulas como una vaca.  ¡Divino, maravilloso, efervescente manjar!, exclamaban. El protagonista  no comprendía lo que había pasado, entonces empezaron unas aclaraciones  que le parecían momento a momento cada vez más extrañas. Se levantaron  de la mesa y condujeron sus enormes abdómenes al dorado saloncito Luis  XVI.&lt;br /&gt;La alegría de los  comensales se alimentaba del desconcierto del protagonista que jamás  había presenciado semejante comportamiento. El barón cantaba arias  canallescas de opereta. Nosotros, los de la aristocracia, le murmuró al  oído la marquesa, adoramos la más completa libertad de las costumbres,  somos capaces de emplear expresiones vulgares, sabemos ser frívolos y,  en algunas ocasiones, plebeyos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barón exclama con aire de  superioridad que no eran terroríficos como parecía a primera vista  aunque su grosería apareciera como menos aceptable que su elegancia, y  la condesa grazna  que, claro, no habían cometido ningún delito, que no  eran caníbales y que no se habían comido a nadie, con excepción de... Y  todos soltaron una gran carcajada lanzando los cojines al aire.&lt;br /&gt;Estos  aristócratas no eran los mismos de la sopa de calabaza, una  metamorfosis increíble los había hundido en la hostilidad, el sarcasmo y  en una mofa ardiente que sostenían  con una altivez y un desprecio que le impedían cualquier manifestación  de confianza. Después de soportar un largo rato su propio silencio el  joven le recordó a la condesa que le había prometido un ejemplar  dedicado de los “Efluvios de mi espíritu”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La condesa tomó un  pequeño volumen encuadernado, le escribió unas palabras y firmó: Condesa  Podlubaj, una palabra que quiere decir húrgame la nariz. Cuando el  protagonista le señala la equivocación le responde que era distraída y  estalla en una risa a mandíbula batiente con todos los demás. Afuera  diluviaba con una lluvia de ráfagas de un viento cortante que azotaba  los ventanales.&lt;br /&gt;La condesa le preguntó por qué tenía esa expresión de  terror, mientras los otros lo acusaban de que estaba escandalizado  porque en su ambiente nadie se divertía con tanta imaginación, que ellos  cultivaban maneras infinitamente mejores que la de los salvajes  aristócratas. Empezaron a fingir que  estaban temerosos del juicio del protagonista y se acusaban en público  fingiendo arrepentimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desvanecido, sin saber a qué santo  encomendarse o hacia dónde huir, se dirigió suplicante a la marquesa que  había hablado con tanta piedad de los niños raquíticos, y le pidió  piedad suponiendo que si era capaz de sacrificarse por esos pobres  desgraciados podría consolarlo. La marquesa se enjugó las lágrimas de  risa que tenía en los ojos y miró al joven desventurado.&lt;br /&gt;Le dijo que  cuando los veía caer y levantarse sobre sus piernecitas a esos pobres  niños enclenques todavía se sentía fuerte como una encina. Ahora era  demasiado tarde para montar a caballo así que cabalgaba alegremente  sobre sus pequeños paralíticos. De pronto intentó mostrarle sus piernas  viejas aunque rectas, sanas y todavía fuertes, el protagonista hizo un  gesto de espanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y el amor, la piedad, la belleza, los presos,  los inválidos y las maestras  jubiladas? Nos acordamos de todos ellos, le decían en medio de  estruendosas risotadas. Entonces el protagonista empezó a temblar  espasmódicamente, finalmente, aunque demasiado tarde, había comprendido  dónde se hallaba mientras la lluvia seguía azotando los cristales de las  ventanas.&lt;br /&gt;¡De cualquier manera el Señor existe!, balbuceó el pobre  tratando desesperadamente de agarrarse de algo, y el barón le respondió  que por supuesto que existe, el Señor existe y sale a pasear con la  Señora. La marquesa se sentó al piano mientras el barón y la condesa  empezaron a bailotear con elegancia, buen gusto y finura. Ahora sabía de  qué se trataba... se lo habían hecho comprender con violencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Era  un baile de caníbales! Faltaba sólo la presencia del pequeño tótem, el  monstruillo negro de cabeza cuadrada, labios prominentes y nariz chata  que desde algún lugar patrocinaba esas bacanales. Dirigió la mirada  hacia la ventana y vio algo  espeluznante... un pequeño rostro infantil, un rostro febril y  enfermizo que observaba lo que ocurría en el interior con una mezcla de  idiotez y de éxtasis celestial.&lt;br /&gt;A la madrugada el protagonista logró  salir del palacio y se aventuró en la lluvia, vio bajo la ventana un  cuerpo exangüe. Era el cadáver de un muchachito de ocho años, de  cabellos rubios y pies descalzos, flaco al punto que... parecía haber  sido completamente devorado. En eso había terminado el pobre Bolek  Coliflor, fascinado por la luminosidad de las ventanas, visibles desde  lejos en medio de campos inundados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras corría hacia el  portón apareció Felipe, el cocinero, vestido de punta en blanco con una  distinción de maestro en el arte culinario: “Se inclinó, me miró de  reojo y dijo en tono servil: –¡Espero que el señor haya disfrutado  nuestra comida vegetariana!”. Gombrowicz se refiere a la alimentación en  una de las últimas páginas de su  “Diario”. “Con todo, mi situación no está exenta de una amarga ironía  (...)”&lt;br /&gt;“Después de años de ayuno argentino, ahora podría disfrutar de  este país tan elegante, de esta civilización tan elevada, de estos  paisajes, de este pan, pescados, manjares, de estas carreteras, playas  palacetes, cascadas y lujos; ahora poseo un coche, un televisor, un  gramófono, una nevera, un perrito y un gato; ahora estoy en la montaña,  al sol, al aire libre, a orillas del mar (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ahora  que poseo  todo esto desgraciadamente ahora he tenido que ingresar en un convento.  En mi vida hay una contradicción que me arrebata de las manos el plato  con comida justo cuando lo acerco a la boca”&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt; "Las opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de  exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no  representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor",  medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-2871668867411825134?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/2871668867411825134/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/09/witold-gombrowicz-la-alimentacion-y-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/2871668867411825134'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/2871668867411825134'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/09/witold-gombrowicz-la-alimentacion-y-la.html' title='WITOLD GOMBROWICZ, LA ALIMENTACIÓN Y LA COLIFLOR'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-5599684397444622734</id><published>2011-08-23T07:51:00.000-03:00</published><updated>2011-08-23T07:52:14.022-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ, LA SERVILLETA Y LA CUCACARACHA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="Maria_Paczowska_Rita_y_Witold_Gombrowicz_3.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/Maria_Paczowska_Rita_y_Witold_Gombrowicz_3.jpg?v=1314100286760" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ, LA SERVILLETA Y LA CUCACARACHA&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  misterio y el crimen, la pareja policial por excelencia, ejercieron una  gran influencia el alma juvenil de Gombrowicz, y muchas veces esa  influencia fue alimentada por los recuerdos vividos en el castillo de  Budzechow. En el año 1911, Witold tuvo que abandonar el campo que había  constituido el marco de su infancia. El viejo castillo de Bodzechow,  rodeado de un vasto parque, era un lugar lleno de misterios.&lt;br /&gt;Estos  misterios marcaron profundamente la sensibilidad de Gombrowicz. Tras  haberlo evocado con sus leyendas y sus fantasmas en su primera novela  por entregas, “Los hechizados”, hizo de ese castillo el escenario de  “Pornografía”.La abuela materna de Gombrowicz habitaba una casa grande y  bastante  aislada en Bodzechow. Un hijo demente que vivía con ella era el tío de  Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las noches se animaba con cantos terribles para  combatir el miedo, estos cantos se convertían en unos aullidos que le  ponían los pelos de punta a cualquiera que no estuviera acostumbrado.  Desde muy joven Gombrowicz se dedicó sistemáticamente a hacerle un lugar  a la inmadurez y a tocarle la cola al diablo, siendo la característica  común de estas dos inclinaciones la de ser movimientos descendentes.&lt;br /&gt;Profundizó  estos intentos escribiendo narraciones, teatro, una novela mala,  folletines y los diarios. La cuestión de escribir adrede una novela  buena para las masas, es decir, mala no parecía más fácil que escribir  una novela buena. Escribir una novela buena para las masas no  significaba en absoluto escribir una novela accesible, interesante,  noble e impregnada de cultura como las de Sienkiewicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al  contrario, significaba escribir una novela  con lo que las masas experimentan en realidad penetrando sus instintos  más bajos. El que emprendiera esta tarea debería liberar su imaginación  más sucia, turbia y mediocre, quitarle las cadenas a la conciencia  oscura y baja. Este pobre concepto de las masas tenía más que ver con el  miedo que con el desprecio.&lt;br /&gt;La intelectualidad polaca estaba  amenazada por el primitivismo de la masa mucho más ignorante y terrible  en Polonia que en otros países de cultura superior. En aquellos años al  dirigirse a los de abajo el escritor escribía desde arriba en la medida  que su cultura y su buena educación literaria se lo permitía. Pero el  proyecto de ese Gombrowicz veintiañero era otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entregarse a la  masa, rebajarse, convertirse en un ser inferior, una idea que más tarde  le sirvió para enunciar un postulado según el cual en la cultura no  sólo el inferior debe ser creado por el superior, sino también a la  inversa. A los últimos folletines  que escribió en Polonia le puso el nombre de “Los hechizados”, los  escribió con un seudónimo en el mismo año que se vino a la Argentina.&lt;br /&gt;“Los  hechizados” indaga en nuestra ilimitada capacidad de hacer daño a  través de una historia sobre la irresistible atracción de dos jóvenes  con los destinos entrelazados que se niegan a dejarse seducir  mutuamente, y que atraen al mal como un imán. El eje del suspenso de  esta novela gira alrededor de una servilleta colgada de un clavo en la  vieja cocina del castillo, y que se mueve constantemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta  novela retrata con marcado cinismo el día a día de las diferentes clases  sociales de una Polonia sin futuro donde las personas no tienen mucho  que perder y luchan por sobrevivir más o menos como pueden. “Nosotras,  las mujeres, a los hombres de clase inferior no los tomamos para nada en  cuenta. Es como si no existieran. Yo no podría nunca amar a un  campesino o a un obrero (...)” &lt;br /&gt;“¿Qué puede tener una en común con un hombre de esa clase? ¿Qué  proximidad espiritual puede haber entre nosotros?” En vida, Gombrowicz  nunca autorizó la publicación de esta obra con su nombre y bajo la forma  de libro, sólo hacia el final de su vida reconoció su autoría. El  Príncipe Bastardo, refiriéndose a “Los hechizados”, se lamentaba de que  Gombrowicz no hubiese releído esos folletines.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él creía que en  ese caso hubiera autorizado la publicación del libro con su nombre. “Los  hechizados”, a juicio del Príncipe Bastardo, terminó por alcanzar la  categoría de una buena mala novela. Una buena mala novela vale más que  una mala buena novela, y los lectores que saben discernir prefieren una  serie negra bien escrita a un mediocre premio Goncourt.&lt;br /&gt;Sin embargo,  las reticencias de Gombrowicz respecto a “Los hechizados” se debieron a  que carecía de la técnica que había elaborado en los cuentos, a que no  hacía  de la inmadurez la materia misma de la escritura, y a que no era un  verdadero vehículo para su contrabando subversivo. Gombrowicz no le  tenía confianza a esos folletines, se le parecían a una embarcación  atada a una ballena que la llevaba a cualquier parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta le  llegó a pedir consejo a Iwaszkiewicz para resolver la historia de terror  que había introducido en esa novela policial y que no sabía cómo  terminar. En fin, el autor no consideraba a “Los hechizados” como  miembro de su familia artística, el Príncipe Bastardo, como buen  bastardo que era, consideraba que sí lo era, y fue él quien hizo  publicar este folletín cuando Gombrowicz ya no podía protestar.&lt;br /&gt;“Sí,  todos los ingredientes de su obra están acá, todavía dispersos. Le  bastará hacerlos jugar dentro de una mecánica sabia para llegar a  construir esas ‘máquinas infernales’ que Sartre ha saludado en las  grandes novelas posteriores” “Los hechizados” ha  dividido siempre a los gombrowiczidas en dos bandos irreconciliables,  unos aman a esta obra y otros la detestan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para poner un solo  ejemplo digamos que el Orate Empobrecido, editor de Santiago Arcos,  considera a esta novela como la obra maestra de Gombrowicz. “No sé si  entiendo a Gombrowicz, a mí me gustó mucho “Los hechizados,” y se la  recomiendo a todo el mundo, así que fijate cómo viene la mano. La Flauta  Traversa es muy amiga, además le publicamos “Los sospechados”, y a vos  te seguimos con la olida (...)”&lt;br /&gt;“Estoy medio fundido por  publicar   tanto libro para el gheto, como dice Libertella, así que me tomé un año  sabático, voy a leer tu texto, con mucho gusto”. Milan Kundera, uno de  los gombrowiczidas ilustres, deja a la novela en cambio fuera de  concurso. “Hablo con un amigo, un escritor francés; insisto en que lea a  Gombrowizc. Cuando vuelvo a encontrármelo está molesto (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Te  he  hecho caso, pero, sinceramente, no entiendo tu entusiasmo; –¿Qué has  leído de él?; –‘Los hechizados’; –¡Vaya! ¿Y por qué ‘Los hechizados’?  Esta novela no salió como libro hasta después de la muerte de  Gombrowicz. Se trata de una novela popular que en su juventud había  publicado, con seudónimo, por entregas en un periódico polaco de antes  de la guerra (...)”&lt;br /&gt;“Hacia el final de su vida se publicó, con el  título de ‘Testamento’, una larga conversación con Dominique de Roux.  Gombrowicz comenta en ella toda su obra. Toda. Libro tras libro. Ni una  sola palabra sobre ‘Los hechizados’. –¡Tienes que leer ‘Ferdydurke’! ¡O  ‘Pornografía’!, le digo. Me mira con melancolía: –Amigo mío, la vida se  acorta ante mí. He agotado la dosis de tiempo que tenía guardada para tu  autor”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los caminos que hay que seguir para llegar a ser un  escritor connotado son misteriosos. A los ocho años, Gombrowicz, para  escabullirse del hermano mayor que le quería pegar, usaba la táctica  del pájaro cucú. Se escondía detrás de un arbusto y salía gritando:  –¡Chiflado! Cuando el hermano empezaba a correr en esa dirección,  Gombrowicz, que ya se había escondido detrás de otro arbusto, salía y le  gritaba: –¡Bestia!&lt;br /&gt;A estas aventuras infantiles le siguieron las  del colegio Kotska en el que, por una cosa o por la otra, también era  corrido, y así llegó el tiempo de la Universidad. “Pasé ese verano en la  costa del Báltico, en Spot. ¿Qué iba a estudiar en la universidad? A  decir verdad no me atraía nada, tal vez algo la filosofía, aunque ya en  aquella época me daba cuenta que para saber un poco de filosofía bastaba  con ir a una librería (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Una vez en la librería debía  comprar unos cuantos libros y leer en lugar de perder el tiempo  escuchando conferencias y asistiendo a seminarios. Finalmente escogí la  Facultad más cómoda y  atrayente para los holgazanes: la Facultad de Derecho. En el otoño  comencé a asistir a las clases de derecho romano. Pero pronto dejé de  asomarme por la Universidad. El derecho resultó ser un aburrimiento  insufrible (...)”&lt;br /&gt;“Mis compañeros de curso tampoco se mostraron  demasiado interesantes. Cuando leo en los diarios de Zeromski sus años  universitarios saturados de colorido, ricos en amistades, política,  sueños y declamación, llenos de lo que él denomina ‘la genial  charlatanería estudiantil’ le tengo envidia, a mí el destino me escatimó  ese entusiasmo. Mi madurez se manifestaba en la convicción de que ‘la  vida es la vida’ (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ninguna reforma, acción, levantamiento,  lucha, daría una pizca más de razón a mis colegas y no transformarían el  mundo en un paraíso. Era realista hasta la médula y sentía aversión por  toda clase de ilusiones, trivialidades y teorías escritas. Odiaba el  entusiasmo. Acabé la  carrera de derecho. En el último examen me sucedió un hecho tan  insólito que sólo podría ser comparado con el premio gordo de la lotería  (...)”&lt;br /&gt;“Tras unas preguntas, a las que respondí bien, me dijo el  profesor: –Ahora, busque este artículo en el código. Yo no había mirado  el código en mi vida, no sabía si buscar el artículo al principio o al  final, pensé: me ha embromado, de igual modo abrí el libro al azar. Y  ¿qué ocurrió?, encontré precisamente el dichoso artículo, a pesar de que  el libro era muy gordo y de papel muy fino: –Ya veo que usted conoce  muy bien el código (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Terminada la carrera ¿qué haría? Por  nada del mundo quería ser abogado o juez. Estaba hasta la coronilla del  derecho: cuando su sutileza y precisión tropezaba con la vida, se  armaban unos ‘quid pro quos’ increíbles.  En teoría el derecho debía ser  una síntesis de exactitud y de lógica, pero en la práctica se  despachaba a los criminales rápido y corriendo, como sea, de cualquier  manera y cuanto antes (...)”&lt;br /&gt;“Al final llegué a odiar esa ciencia  pretenciosa, tan vulgarmente desenmascarada por la vida que se sentaba  en el banquillo”. Para calmar la irritación que tenía el padre a raíz de  su holgazanería Gombrowicz inició sus prácticas de pasante con un juez  de instrucción en los tribunales de Varsovia. En esa época escribe  cuatro novelas cortas, eran los años de su práctica no rentada en los  tribunales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabajaba en el despacho de un juez de instrucción en  el que tuvo la ocasión de tratar con un hampa de diversas clases. “Los  jueces de instrucción ejercían sus funciones en un edificio de la calle  Nowy Zjazd, a orillas del Vístula. Mi jefe, el juez Myszkorowski, tenía  asignados dos cuartos que daban a un largo pasillo atestado de presos y  de policías.  En el primer cuarto, nosotros, los pasantes, teníamos tres  escritorios (...)”&lt;br /&gt;“El otro escritorio estaba ocupado por el juez.  Nuestra tarea consistía básicamente en instruir los expedientes penales  dirigidos al tribunal de primera instancia. Se trataba de asuntos  judiciales bastante serios, el juez me entregaba el dossier de la  investigación preliminar llevada a cabo por la policía. Durante el año y  pico que trabajé en el despacho del juez tuve ocasión de tratar con un  hampa de diversas clases (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Autores de asesinatos, crímenes  políticos, eróticos, robos, estafas. Tratábamos a veces con algún loco o  teníamos que asistir a autopsias, lo cual no podía ser incluido entre  las cosas agradables. Pudiera parecer que de este contacto con la  miseria y el crimen debería haber sacado enseñanzas de suma importancia.  Sin embargo, no fue así, sucedió en cambio lo contrario (...)”&lt;br /&gt;“Había  constatado desde hacía tiempo que el hombre no se habitúa a nada tan  rápidamente como  a ese bajo fondo de la existencia, sobre todo si contacta con ellos  profesionalmente, como médico o como juez. El trabajo en el tribunal no  me ocupaba demasiado tiempo, en total unos dos días por semana, el resto  del tiempo lo ocupaba leyendo.  Devoraba al azar una cantidad  considerable de libros (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Volví también a otra de mis  ocupaciones abandonada hacía tiempo: escribir. Esta vez, sin embargo, ya  no se trataba de obras abortadas en su propia concepción, sino de un  trabajo sagaz y calculado para dar un resultado concreto. Me puse a  escribir obras cortas, es decir, cuentos, con la idea de que si no  salían bien esos cuentos los quemaría y empezaría de nuevo a escribir  otra cosa (...)”&lt;br /&gt;“A pesar de vivir en Varsovia, a pesar de mi  trabajo presente de pasante, seguía siendo un muchacho de campo, un  producto típico de mi universo terrateniente, pero aún  así me iba  introduciendo poco a poco en el mundillo  artístico. Por el mismo tiempo me absorbió otra pasión: el tenis. Me  inscribí en el club deportivo Legia y quedé cautivado.  Me sumergí en el  ambiente del club (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Las rivalidades, la jerarquía que se  establecía entre los jugadores, todo esto hizo que el tenis fuera para  mí algo infinitamente más sublime de lo que había sido en la época en la  que lo practicaba como amateur en diversas canchas campesinas. Empecé a  jugar con pasión e hice algunos progresos, aunque nunca llegué a ser un  jugador destacado”. Gombrowicz se divertía jugando al tenis y  escribiendo cuentos.&lt;br /&gt;No consideraba a sus prácticas de pasante en  los tribunales de Varsovia como un trabajo verdadero, se sentía como un  verdadero parásito. Se le estaba presentando la posibilidad de realizar  una operación que tiene una gran utilidad en el arte, la transformación  de los propios defectos en valor. Por el momento se dedicaba a elaborar  cuentos  fantásticos dejando para más adelante su ajuste de cuentas con la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En  esa época escribe cuatro novelas cortas: “Crimen premeditado”, “El  festín de la condesa Kotlubaj”, “La virginidad” y “En la escalera de  servicio”. Gombrowicz se sintió desde muy joven como actor de una mala  obra teatral, con un papel estrecho y banal, y sin ninguna posibilidad  de lucirse, así que se fue preparando poco a poco con la conciencia de  esta inferioridad esperando tiempos mejores.&lt;br /&gt;Lo que sí sabía, sin  ninguna duda, es que él no era culpable de nada, la culpable era la  situación. En el año que trabajó como pasante en los Tribunales de  Varsovia se dio cuenta de que esta característica suya era innata, no  creía de ninguna manera que la persona a quien se atormentaba con  preguntas taimadas fuera de veras culpable. Se inclinaba más bien a  pensar que el reo había tenido mala suerte al dejarse pescar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa  convicción sobre la  inocencia absoluta del hombre no era la consecuencia de ningún  pensamiento determinista, era un pensamiento espontáneo que no podía  combatir. “Esto creaba en ocasiones situaciones extrañas. Una vez, en el  tribunal de primera instancia, donde había sido destinado para  desempeñar funciones de escribiente, el presidente, tras haber ordenado  la suspensión de la sesión, me mandó preguntar algo al acusado (...)”&lt;br /&gt;“Me  acerqué al banquillo y le tendí mi mano al reo; sólo las miradas  estupefactas de los abogados hicieron que me diera cuenta de mi metida  de pata”. Decide permanecer en la localidad de Radom pero choca con la  hostilidad de los abogados locales que en su gran mayoría pertenecían al  Partido Nacional, una agrupación política de derecha y de lo más  reaccionaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus partidarios se escandalizaban por las  relaciones que mantenía Gombrowicz con centros de izquierda y,  particularmente, por las que tenía con Wiadomosci  Literackie. Desde ese momento renunció a la continuación de su carrera  jurídica. Mientras Kafka se puso sobre los hombros todos los crímenes y  las culpas del mundo podríamos decir que Gombrowicz hizo todo lo posible  por quedar libre de culpa y cargo.&lt;br /&gt;“Yo era culpable, abominable e  intolerablemente culpable, sin causa y sin motivo. Yo no sabía en  realidad en qué consistía mi pecado, pero la ignorancia no impedía que  fuera presa de un intenso sentimiento de culpa. Un día escribí una carta  de súplica al desconocido autor de mis sufrimientos, al Acusador, para  pedirle que me dijera qué crimen había cometido, pero no supe adónde  enviarla y la destruí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sometimiento de un hombre a un juicio  surgido de la convivencia humana es algo extraño. Se somete sin  preguntar siquiera si ese juicio es justo o no, ésta es la consecuencia  que saca Gombrowicz de su convicción espontánea de que el hombre es  inocente por naturaleza. Esta  convicción la podemos deducir del comportamiento de los personajes en  toda su obra para un rango que va desde el amor al crimen.&lt;br /&gt;En el año  1929 Gombrowicz escribe “Crimen premeditado”. La convicción de que el  hombre no era culpable de nada lo predispuso al disparate y al absurdo y  nada le satisfacía más que ver nacer bajo su pluma una escena  verdaderamente loca y ajena a los estándares del razonamiento común, una  irracionalidad que, sin embargo, estaba sólidamente establecida dentro  de su propia lógica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo devoraba una rabia sorda contra todo lo  que le facilitaba la existencia: el dinero, el origen, los estudios, las  relaciones, todo aquello que, en fin, hacía de él un sibarita y un  holgazán. Es evidente la relación que existe entre el asunto de “Crimen  premeditado” y su actividad profesional. El juez le entregaba  expedientes con la investigación policial preliminar, lo distinguía con  los asuntos interesantes porque  sabía jugar al ajedrez..&lt;br /&gt;Trataba con locos, asistía a autopsias,  pudiera parecer entonces que Gombrowicz debiera haber sacado enseñanzas  importantes del contacto con la miseria y con el crimen, pero no fue  así. Los Tribunales llegaron a ser para Gombrowicz una especie de  agujero negro por el penetraba en la miseria de la existencia. Pero los  abogados, aunque mejores que los propietarios terratenientes, se  hallaban lejos de la perfección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida miserable deformaba al  proletariado, las comodidades y el ocio deformaban a los terratenientes,  pero esa intelligentsia urbana de los jueces y los abogados también  estaba desfigurada por su modo de vivir, ellos también eran caricaturas.  Había que destruir esa forma, había que imponer otra que permitiera a  la superioridad acercarse a la inferioridad para establecer con ella una  relación creativa.&lt;br /&gt;Las relaciones entre el crimen, la culpa y la  condena son asuntos que Gombrowicz desarrolla  en “Crimen premeditado”. De la casa de Ignacio K. solicitaron la ayuda  de un juez para resolver un problema patrimonial. El funcionario llegó a  la noche, lo atacaron los perros y tuvo que meterse de apuro en el  coche. Finalmente pudo anunciarse como el juez de instrucción H. y  manifestar el deseo de verse con el señor K.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven Antonio lo  hizo pasar y le dijo que era hijo del anfitrión. Su hermana Cecilia,  que los esperaba en una sala pequeña, con excepción de una cara bonita,  pertenecía a la clase de las jóvenes carentes de reacciones,  indiferentes y despistadas. Le dieron la bienvenida, estaban temerosos,  pero no se sabía de qué tenían miedo. El juez preguntó si el señor K se  hallaba en casa y los hermanos respondieron afirmativamente.&lt;br /&gt;La cena  fue sombría, el apetito del hambriento juez resultaba extraño tanto a  los hermanos como a Esteban, un criado. Cuando terminaron de cenar entró  la madre, la señora K., se sentó  sin pronunciar palabra, miró con severidad al juez y después de unos  minutos le comentó que quizás estuviera molesto por haber hecho un viaje  sin sentido puesto que su esposo había fallecido anoche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  juez muy sorprendido le dio las condolencias y balbuceó algo referente  al respeto y aprecio que siempre había tenido por el difunto. Como el  visitante estaba acostumbrado a los cadáveres provenientes de los  asesinatos, en vez de pedir permiso para ver al difunto, lo pidió para  ver el cadáver, una palabra que produjo un efecto desafortunado, la  viuda rompió a llorar y le tendió una mano que el juez besó con  humildad.&lt;br /&gt;El protagonista permaneció allí, mirando sus manos  temblorosas sin que se le ocurriera nada, sintiendo que su situación a  cada minuto se volvía más embarazosa. La señora lo acompañó a ver a  Ignacio. Mientras subían al piso superior le comentaba que fue un golpe  terrible, que los hijos estaban aturdidos y no  decían nada, que Antonio estaba disgustado con ella porque le temblaban  las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su hijo no debería haber tocado el cuerpo y esperaba  que no enfermara por haberlo tocado, sin embargo, algo se tenía que  hacer, hubo que arreglarlo, que Antonio no había llorado en ningún  momento, que ella le rogaba al cielo para que pudiera llorar. Cuando la  viuda abrió la puerta el juez se arrodilló e inclinó la cabeza sobre el  pecho, el muerto estaba en la cama tal como había fallecido.&lt;br /&gt;Su cara  azul e hinchada indicaba la muerte por asfixia, muy común en los  ataques al corazón. El juez se persignó, rezó una plegaria e hizo un  comentario sobre la nobleza de los rasgos del difunto Se volvió a  arrodillar otra vez a dos pasos de un cadáver que no tenía derecho a  tocar. Desde su llegada todo lo que había hecho le resultaba falso y  pretencioso, como la representación de un actor mediocre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando  por fin se halló en su habitación se  sacó el cuello y lo arrojó al piso para pisotearlo, estaba furioso,  sentía que lo estaban poniendo en ridículo, que aquella mujer malvada  había preparado todo muy hábilmente. Le exigía que le rinda homenaje,  que le bese las manos, que tenga sentimientos. Le daba rabia que no  hubieran tenido en cuenta su carácter de juez de instrucción, y que en  la casa había un cadáver.&lt;br /&gt;Era evidente que una cosa estaba  relacionada con la otra, un huésped que accidentalmente resulta ser un  juez de instrucción al que no le envían el coche y se resisten a abrirle  la puerta. A alguien le molestaba su presencia, lo obligaban a  arrodillarse y a besar manos con el pretexto de que el finado había  muerto de muerte natural. Había algo irregular en todas estas  coicidencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Echó mano a toda su agudeza y empezó a establecer  la cadena de hechos, a construir silogismos, a seguir los hilos y a  buscar pruebas. A la mañana siguiente se puso a hablar con el  otro criado, le confirmó que Ignacio había muerto en la habitación de  arriba,  también le dijo que Esteban dormía con el mayordomo en un  cuarto junto a la cocina, y que él dormía en la despensa.&lt;br /&gt;La señora  dormía con el señor pero una semana antes de la muerte de Ignacio se  había mudado al cuarto de la hija, y Antonio dormía en la planta baja  junto al comedor. Al juez le resultó extraño lo de la mudanza de la  esposa pero se propuso no sacar conclusiones apresuradas. Cuando la  viuda le preguntó si ya se iba le respondió que le gustaría quedarse un  poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La viuda murmuró algo sobre el traslado del cadáver y  le preguntó con poca convicción si estaría presente en el funeral. El  juez le respondió que sí, que era un gran honor para él estar presente y  le pidió permiso para ver el cadáver otra vez. A juzgar por las  evidencias el hombre había muerto de muerte natural, sin embargo, se  acercó al lecho y tocó el  cuello del cadáver con un dedo.&lt;br /&gt;La viuda se alarmó pero el juez  siguió revisando el cuello y examinado la habitación. Lo único que  desentonaba en el conjunto era una enorme cucaracha muerta. Finalmente  se decide y le pregunta a la viuda por qué se había mudado a la  habitación de la hija, le responde ofendida que porque su hijo se lo  había recomendado, para que Ignacio tuviera más aire pues ya se había  estado asfixiando durante todo una noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer está  preocupada, el juez le pide que no trasladen el cadáver hasta el día  siguiente, ella se yergue, lo desafía con la mirada y abandona la  habitación. Pero, nada, sólo la cucaracha aplastada junto al tocador, es  como si el cadáver, contemplando el cielo, estuviera diciendo que había  muerto de un ataque cardíaco. El juez salió de su habitación para dar  un paseo alrededor de la casa.&lt;br /&gt;Cuando entró al comedor Cecilia y  Antonio se alejaron rápidamente mientras los  sirvientes preparaban la mesa para el almuerzo. La señora estaba  aterrorizada y le preguntó a la hija si el juez ya se había ido, no  comprendía qué andaba buscando, que Antonio no lo iba a tolerar porque   estaba cometiendo una injuria. Cuando el juez le pregunta a Antonio si  lo quería al padre, le responde que lo quería bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día  de la muerte había dormido en su habitación de la planta baja. Mientras  el juez se lavaba las manos en su cuarto entró el mismo criado de la  mañana para preguntarle si necesitaba algo. Le contó que la noche de la  muerte del señor Ignacio Antonio lo había encerrado con llave en la  despensa, no estaba dormido a pesar de que era la medianoche y lo había  escuchado, le pidió al juez que no lo comentara.&lt;br /&gt;Pero si en el  tribunal le hubieran preguntado al juez en qué se basaba para afirmar  que ese hombre había sido asesinado, tendría que haber respondido, que  en el comportamiento extraño del  hijo, en que todos se comportaban como si lo hubieran asesinado aunque  la autopsia hubiera demostrado que había muerto de un ataque cardíaco.  En la mesa el juez se mandó una larga perorata sobre la naturaleza del  crimen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El crimen real lo comete siempre el espíritu, los  detalles son las formalidades médicas y judiciales, los detalles son  externos. De pronto, la viuda, pálida como la muerte, arrojó su  servilleta y, con las manos más temblorosas que de costumbre, se levantó  de la mesa exclamando que era un malvado. El juez le dice que si él era  un malvado que le explicara entonces por qué habían cerrado la puerta  con llave.&lt;br /&gt;Estaba pensando en la puerta de la despensa en la noche de  la muerte de Ignacio. Cecilia dice que fue ella, la madre aclara que  ella se lo ordenó, pero se referían a la puerta del cuarto de ellas.  Antonio manifestó que no podía decir porque había cerrado la puerta y  abandonó el comedor. El juez pensó que  el cadáver, sin embargo, debía haberle preocupado a esa banda de  asesinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la medianoche Antonio golpeó su puerta y lo hizo  entrar, el joven le dijo que o se iba inmediatamente de la casa o le  hablaba con claridad. El juez se decide y le dice que está pensando que  su padre había sido estrangulado. Se ponen a reflexionar entre los dos y  concluyen que nadie pudo haber entrado a la casa desde afuera así que  sólo existían seis sospechosos, tres de la familia y tres de la  servidumbre.&lt;br /&gt;Pero el paso de los sirvientes había sido cerrado por  Antonio que no sabía por qué lo había hecho. Como la madre y la hermana  también habían cerrado la puerta de su cuarto sin saber por qué, el  único sospechosos que quedaba era Antonio, y otra cuestión que lo volvía  sospechoso es que no había llorado, y que se sentía feliz por la muerte  de su padre. Pero nadie había estado en el cuarto de Ignacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie  podía haber estado porque  Antonio, no sólo había cerrado la puerta de la despensa, sino también  la de su propia habitación. Antonio murmuraba que como todos temían que  el padre se muriera, posiblemente, por miedo y por pudor se habían  encerrado con llave, todos querían que Ignacio resolviera por su cuenta  sus asuntos. Cuando el juez preguntó quién lo habría hecho entonces,  Antonio se quebró.&lt;br /&gt;Le respondió que había sido él, que lo había hecho  maquinalmente, que en un minuto había estrangulado a su propio padre,  había regresado a su cuarto y se había dormido. El juez le hizo ver a  Antonio que, sin embargo, existía una pequeña dificultad, una formalidad  nada importante: el cuello de Ignacio no revelaba huella alguna de  estrangulación, el cuello no había sido tocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho esto se  deslizó por la puerta entreabierta y se fue a esconder en el guardarropa  del cuarto donde yacía el cadáver. Esperó largo rato hasta que,  finalmente, la puerta se  abrió, alguien se deslizó en el interior y enseguida escuchó un ruido  espantoso, la cama crujió estruendosamente, después los pasos se  retiraron sigilosamente. Luego de una hora el juez salió del escondite,  las sábanas que cubrían el cadáver estaban revueltas.&lt;br /&gt;“El cuerpo  yacía ahora en diagonal y en el cuello aparecían, nítidas, las  impresiones de diez dedos. Las formalidades se habían cumplido ex post  facto. Aunque los peritos no estuvieron del todo satisfechos con  aquellas huellas dactilares (alegaban que había algo que no era del todo  normal), fueron consideradas al fin, junto a la plena confesión del  asesino, como una base legal suficiente”&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;  "Las opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de  exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no  representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor",  medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-5599684397444622734?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/5599684397444622734/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/08/witold-gombrowicz-la-servilleta-y-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/5599684397444622734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/5599684397444622734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/08/witold-gombrowicz-la-servilleta-y-la.html' title='WITOLD GOMBROWICZ, LA SERVILLETA Y LA CUCACARACHA'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-137445332977044775</id><published>2011-08-15T16:08:00.001-04:00</published><updated>2011-08-15T16:08:56.950-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y LAS ANOMALÍAS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="marriaaaaaaaaa.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/marriaaaaaaaaa.jpg?v=1313438779120" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y LAS ANOMALÍAS&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A  medida que transcurre la historia el mundo va presentando anomalías. En  la matemática el cálculo de la raíz cuadrada de dos da nacimiento a la  aparición de los números irracionales; en la física la invariancia de la  velocidad de la luz da nacimiento a la teoría de la relatividad; en el  comportamiento humano la atracción de sexo del mismo género da  nacimiento a la homosexualidad.&lt;br /&gt;Aunque la aparición de estas  paradojas del conocimiento han sido resistidas en el tiempo de su  aparición finalmente van siendo aceptadas por la ciencia. De los tres  ejemplos que pusimos el más confuso es el de la homosexualidad, por esta  razón es el que ofrece más resistencia a ser aceptado, y eso a pesar de  los esfuerzos preclaros que  hicieron algunos hombres insignes para que la homosexualidad fuera  reconocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos connotados escritores pretenden darle la misma  categoría que tienen los números irracionales y la invariancia de la  velocidad de la luz, perteneciendo a esta clase de esforzados pensadores  el mismísimo Gombrowicz. Sin embargo hay que decir que, excluyendo el  “Diario”, Gombrowicz pone en acción a la homosexualidad. en sólo dos  ocasiones.&lt;br /&gt;En un conjunto de marineros en “Acerca de lo que ocurrió a  bordo de la goleta Banbury” y en el comportamiento de un millonario  argentino en “Transatlántico”. “¡Psicoanálisis! ¡Diagnóstico! ¡Fórmulas!  Yo mordería la mano del psiquiatra que pretendiese destriparme  privándome de mi vida interior acostado en un diván haciéndome preguntas  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero como hecho a propósito, a causa de este montaje  oculto que no soy el único en descubrir en la vida, por esa misma época  me fue dado  observar el cuadro clínico de una histeria que lindaba con mis propios  sentimientos y era casi una advertencia: ¡cuidado, estás a un paso de  esto! Ocurrió, pues, que a través de unos amigos de un conjunto de  ballet en gira por la Argentina, entré en contacto con cierto ambiente  (...)”&lt;br /&gt;Era un ambiente de un homosexualismo extremo y enloquecido.  Digo extremo, porque con un homosexualismo normal ya me topaba desde  hacía tiempo; el cualquier latitud, el mundillo artístico está saturado  de esta clase de amor, pero aquí lo que se me pareció fue su rostro  frenético hasta la locura (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El grupo que conocí esta vez  se componía de hombres enamorados de otros hombres más que cualquier  mujer, eran putos en estado de ebullición, incansables, siempre a la  caza, zarandeados por los jóvenes, desgarrados por ellos como si fueran  perros, igual que mi Gonzalo en ‘Transatlántico’”. Gombrowicz, cuando se  refiere a su vida  personal e íntima, casi siempre recurre a fórmulas.&lt;br /&gt;También recurre  a anécdotas o generalidades poéticas, evitando los detalles. En sus  cartas a los amigos cercanos, especialmente en los últimos años, se  manifestaba más libremente y sin tantas restricciones, pero esta  indecente confesión tardía sonó como una broma. Otros gombrowiczidas en  cambio sostienen que el erotismo de la juventud de Gombrowicz era normal  en un sentido físico, pero anárquico y loco en el mental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la  esfera erótica de Gombrowicz se manifestaba su pasividad, su naturalidad  sumisa, su inmediatez y la facilidad del acceso, de la entrega total,  un carácter ideal y místico. Necesitaba de una relación directa y  espontánea con las personas. “Por supuesto no he cometido ningún acto de  locura. En la superficie he sido razonable, pero en el fondo, muy  dentro de mí mismo, he vivido una vida apoyada enteramente en la  fantasía (...)”&lt;br /&gt;“Creo que soy un  hombre normal, pero tengo una tendencia a la locura interna”.&lt;br /&gt;Gombrowicz  tenía de sí mismo una opinión estándar. “En cuanto hijo de buena  familia, educado, bastante sano, ni feo ni guapo, sólo pasable,  haciéndole la corte a sus primas, alumno mediocre, un tanto enmadrado,  delicado, inquieto, y al mismo tiempo burlón, parlanchín, provocador, a  menudo insoportable en el colegio y golpeado por sus compañeros mayores,  sociable, frívolo, audaz o tímido según las circunstancias”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  madre de Gombrowicz intentó casarlo con su prima Barbara Godecka por su  posición social y su dote, mientras el padre, por los mismos motivos,  intentaba casarlo con una joven que había elegido cuidadosamente. “¿Para  qué necesito a una mujer? Esta joven le gusta a mi padre, por eso  quiere que me case con ella, porque él no puede” Jan Onufry estaba  preocupado por el matrimonio de su hijo&lt;br /&gt;También lo estaba su amigo   Tadeusz Breza. A  Gombrowicz le encantaba el humor de Breza, envidiaba la facilidad que  tenía para relacionarse con las mujeres, mientras él iba de mal en peor.  Finalmente, como sus fracasos no cesaban de repetirse, llamaron la  atención de Tadeusz. Le presentó a una joven actriz, hermosa, sana,  simpática, amante de la lectura y del arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía la esperanza  de haber encontrado para Gombrowicz la unidad ideal de cuerpo y de  espíritu, de cultura y naturaleza. Pero el hecho de que esa joven  apareciera sobre un escenario, que se dejara contemplar, que tuviera una  actitud profesional hacia su encanto y sus gracias, hizo que a  Gombrowicz no se le despertara ningún interés por ella.&lt;br /&gt;En el año  1926 Gombrowicz realiza los primeros flirteos con sus primas y las  amigas de su hermana, todas las cuales lo abruman con su celo religioso.  Su familia, tanto su madre como su padre, desea que se prometa a una  joven condesa católica, amiga de su hermana, dos años  mayor que él y organiza una discreta comida para que él se declare,  pero nada ocurre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la consecuencia de su forma de  comportamiento que lo hacía sentir a gusto solamente con aquellos a  quienes conseguía imponer esa forma suya un tanto extravagante. La  aristocracia tenía su propio estilo, definido, banal e impersonal, y  nada podía hacer en su contra, tenía que someterse. Esta separación, sin  embargo, no era tan drástica como podría suponerse.&lt;br /&gt;La primera obra  literaria de su vida fue la monografía “illustrissimae familiae  Gombrovici”. La conservó en estado de manuscrito, y aunque no contenía  nada de especial pues los Gombrowicz eran tan solo miembros de una  pequeña nobleza, se pavoneaba con cada detalle referente a los bienes,  funciones y vínculos familiares, y disfrutaba de esta manía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando  murió su padre en el año 1933 ya había empezado a sentir la decadencia  de su familia a la que le encontraba cierto  parecido con “Los Buddenbrooks”, la novela de Thomas Mann. Era una  familia que se extinguía, las perturbaciones mentales de algunos  parientes de la parte de su madre pesaban sobre su cabeza como una  amenaza de trastornos psíquicos futuros.&lt;br /&gt;Poco a poco se fue haciendo  notar como más sensato y equilibrado que los demás, de alguna manera se  sabía que su especialidad era la inteligencia y no otra cosa. “El hombre  es un ser social, y quien se integra rápida y fácilmente en su  ambiente, se forma e incluso llega a un grado considerable de  eficacia... pero no se manifestará nunca en él la fuente de sus energías  más profundas (...)”&lt;br /&gt;“Será un hombre técnicamente útil, pero  superficial y limitado”. El desorden, la confusión y la torpeza de una  existencia que elegía la idiotez para relacionarse con los demás fueron  para él la mejor escuela en la se formó y que le permitió más adelante  sobresalir y entrar en el gran mundo.  Gombrowicz sabía que no podía responder a las expectativas y a las  necesidades de las jóvenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía representar el papel de  admirador y de amante. “Ferdydurke” termina con una escena que dice  mucho sobre la relación convencional entre un hombre y una mujer. Pepe,  de conformidad con el canon estándar secuestra a su prima Isabel. La  joven disfruta del rapto y él debe responder a sus expectativas. La  escena muestra la incapacidad fundamental de Gombrowicz para representar  el papel de novio y marido.&lt;br /&gt;Pero, ¿y la homosexualidad?, no es tan  evidente que el origen de la homosexualidad de Gombrowicz sea el miedo.  Gombrowicz no le tenía odio a las mujeres, no era misógino, pero, ¿y  miedo?, ¿no será que era ginófobo? La cuestión de que la homosexualidad  le produjera tanta vergüenza y la heterosexualidad de sus relaciones  algunas mujeres dan para pensar que le tenía miedo a las mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos  gombrowiczidas connotados  piensan que el miedo era el origen de su homosexualidad. Dejemos este  dilema para otra oportunidad, pero si fuera cierto que era ginófobo, el  miedo se convertiría en el archiorigen de los dolores de Gombrowicz. Fue  el miedo a la guerra y no la conclusión de un análisis ponderado de la  realidad el que lo impulsó a saltar del Chrobry en el puerto de Buenos  Aires.&lt;br /&gt;Los pasajes de su inmadurez a su madurez son obscuros e  incompletos, es evidente que no tuvo esa transformación interna estándar  que nos va volviendo maduros: del erotismo a la sexualidad, del estudio  a la profesión, de la profesión al trabajo, del trabajo al dinero, de  la sexualidad a la pareja, de la pareja a los hijos, y, en general, de  una cosa a la otra, en este camino nos vamos transformando y nos  volvemos maduros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, siempre nos queda como en un  sueño actual el recuerdo de la juventud, el deseo de volver a ser  jóvenes. Uno de los propósitos deliberados que  tenía Gombrowicz era el de desvincular la conducta humana de la  voluntad y del determinismo psíquico. A la voluntad la trasponía con el  automatismo y al determinismo psíquico con partes del cuerpo.&lt;br /&gt;Este  modelo creativo se le empezó a perfilar en “Acerca de lo que ocurrió a  bordo de la goleta  Bambury”, un modelo que perfeccionó en “Ferdydurke”.  La cara y sus habitantes: los ojos, la boca, la nariz y las orejas; el  culo y sus proximidades: las manos, los dedos, los muslos y las espaldas  se convirtieron desde entonces en los representantes plenipotenciarios  de la forma y de la inmadurez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Acerca de lo que ocurrió a bordo  de la goleta Banbury” es la novela corta más larga de Gombrowicz. Esta  novela corta la escribió en el año 1933, y sin saber que siete años más  tarde desembarcaría en la Argentina, ya sueña con ella. “Bajo el hermoso  cielo de Argentina, los sentidos gozan gracias a una niña”. Y comienza  la  narración en forma realmente premonitoria.&lt;br /&gt;“Mi situación en el  continente europeo se hacía día a día más penosa y más equívoca”. En  “Cosmos” intenta volver reales las asociaciones que tiene en la  conciencia, y ahorca al gato, un acto desleal pues falsea la relación  entre el ahorcamiento imaginario del gorrión y el ahorcamiento real del  gato. Pone en juego intencionalmente elementos reales para configurar  una estructura de elementos que tiene en la conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De este  modo el protagonista lleva a cabo un acto desleal pues perturba lo que  está observando y sólo conocerá entonces el resultado de la  perturbación. Con el ojo humano y el marinero que se traga la cuerda del  palo de mesana hace al revés, pone en juego intencionalmente elementos  imaginarios para configurar una estructura de elementos reales, otro  acto desleal que arroja el mismo resultado.&lt;br /&gt;En la primavera de 1930  Zantman emprendió un largo viaje por motivos  de salud. Su situación en el continente europeo se tornaba día a día  más embarazosa y menos clara. Le pidió a un amigo que le encontrara un  lugar en alguna de sus embarcaciones, y a la semana siguiente emprendió  el viaje en una hermosa goleta de tres mástiles con una capacidad de  cuatro mil toneladas cargada de sardinas y arenques, rumbo a Valparaíso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El capitán Clarke le dio la bienvenida cuando subió a bordo de  la goleta Banbury. El primer oficial Smith le cedió su camarote por una  módica suma de dinero. A las horas Zantman empezó a vomitar todo lo que  tenía en el estómago, y para volverlo a llenar devoró toda la ropa de  cama y la ropa interior del primer oficial que estaba en el baúl, pero  muy poco tiempo permanecieron en sus entrañas.&lt;br /&gt;Sus gemidos llegaron  al capitán quien, apiadándose de él, ordenó que subieran al puente un  barril de arenques y otro de sardinas para que siguiera devorando. Sólo  al anochecer del  tercer día, después de haber consumido tres cuartas partes de los  arenques y la mitad de las sardinas, logró recuperarse. Cesó también el  movimiento de las bombas que limpiaban el navío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se alejaban de  Europa, en una noche estrellada y apacible ocurrió algo que parecía  relacionado con los vómitos que había padecido Zantman y que, en cierto  sentido, resultó premonitorio. Uno de los marineros se llevó a la boca,  en forma distraía, una cuerda que colgaba del mástil mayor. Muy  posiblemente, debido al movimiento vermicular del intestino estimulado  por esta anomalía, se empezó a tragar la cuerda.&lt;br /&gt;Se la tragó con  tanta violencia que el marinero fue izado como si fuese un trapo hasta  lo más alto del mástil donde quedó atascado con la boca completamente  abierta. Dos mozos de cubierta se colgaron de sus piernas pero no  pudieron hacerlo bajar, entonces, el primer oficial tuvo la idea de  recurrir otra vez a los vómitos. Para  despertarle la imaginación vomitiva le presentó al paciente un plato  lleno de colas de rata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pobre infeliz, con los ojos  totalmente desorbitados, tuvo un acceso de vómito y cayó al puente tan  pesadamente que casi se rompe las piernas. Aunque en ese momento no le  puso mucha atención, Zantman había presenciado ya dos acontecimientos  con síntomas relacionados a la náusea, el del marino, de carácter  absorbente y centrípeto, y el suyo, de carácter centrífugo.&lt;br /&gt;Las  colas de las ratas, la nave y las espaldas de los marineros le empezaron  a resultar familiares. Smith, el primer oficial de a bordo, y el  capitán Clarke le explicaban que el barco era bueno, y que si a alguien  no le parecía del todo bueno podía abandonarlo cuando lo deseara. Al  promediar la conversación Clarke le pide a Smith que ordene a la  tripulación tres vivas para el capitán, y la tripulación lo viva tres  veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los marineros siempre estaban inclinados  limpiando algo, de modo que Zantman no veía otra cosa más que sus  espaldas. Una mañana le manifestó al primer oficial su convicción de que  la tripulación de la Banbury estaba integrada por mozos valientes y  honestos. Smith le respondió a Zantman que no era así, que los tenía  sujetos a todos con el taladro.&lt;br /&gt;Los trataba con puño de hierro y no  le daba una patada en el culo al que se portaba mal, a pesar de que era  lo único que ofrecían, porque no serviría de nada, si pateaba a uno  tendría que patearlos a todos por el espíritu de igualdad, y eso sería  una tontería. El capitán le comentaba a Zantman que arriba de la goleta  no había papá ni mamá y tampoco había consulados, que él era el amo y  señor de la vida y de la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había abuelos ni dulces ni  bizcochos, sólo había disciplina y obediencia. Quería demostrarle a  Zantman que tenía poder, deseaba mostrárselo porque de vez en cuando lo  asaltaba el desánimo y se  reblandecía. El capitán Clarke le dijo a Smith que si lo viera sin la  hoja de parra, como Dios lo trajo al mundo, sin los pantalones blancos y  los galones de oro en la gorra, no lo reconocería ni lo respetaría.&lt;br /&gt;Al  marcharse el capitán, Zantman murmuró que eso bastaba para él,  refiriéndose a las manías del capitán, y al momento el primer oficial le  contesta que no le aconsejaba hacerse el gracioso. De vez en cuando el  capitán y el primer oficial jugaban con bolitas de migas de pan, el  tedio se dejaba sentir tanto que se peleaban violentamente sin conocer  la razón de la riña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los oficiales bebían licores y los  marineros realizaban extraños movimientos con el cuerpo, se inclinaban,  apoyaban los brazos en el suelo, estiraban las piernas y movían los  hombros como hacen los gusanos en la tierra. El primer oficial Smith le  confiesa a Zantman que debido al aburrimiento sus relaciones con el  capitán Clarke se habían puesto difíciles  y tirantes.&lt;br /&gt;Jugaban a pincharse con agujas, vencía el que resistía  más tiempo, estaba picado como un colador. Zantman le dice que habían  creado un círculo vicioso sin salida lateral. Tenían que procurarse un  alfiletero y colocarlo entre los dos. Smith lo miró con respeto y le  dijo que estaba sorprendido con sus conocimientos, que había resultado  ser un magnífico navegante experimentado, que tenía el colmillo de un  viejo lobo de mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el alfiletero dejarían inmediatamente de  pincharse. A la tarde Smith empezó a hacerle confidencias sobre la  tripulación, la peor gentuza, carne de horca recogida en los peores  puertos del mundo. Había que tratarlos con mano dura, no pensaban en  otra cosa que sacarle el cuerpo al trabajo, que el peor de todos se  llamaba Thompson, con una boca en forma de culo de gallina como si  quisiera sorber vaya saber qué cosa.&lt;br /&gt;Esa noche le iba a dar una  lección. Después de decirle todo esto empezó a  canturrear que de agua y  tedio era la vida del marinero.  Posteriormente a la conversación sobre el alfiletero con Smith el  capitán cambió la actitud hacia Zantman, dedujo que Zantman tenía sus  métodos para combatir el tedio, que no era de esos estúpidos ratones de  tierra sino un experto navegante, y que era inútil que le ocultara su  verdadera identidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clarke, en tierra firme, no hacía otra cosa  que aburrirse, y el tedio que le sobrevenía lo arrojaba otra vez al  mar. Y una vez desplegadas las velas, desaparecidas las costas del  continente, tras el movimiento y el ruido de la hélice, otra vez, nada,  el aburrimiento, el tedio marino. Con una buena tormenta se arreglarían  las cosas, pero así todo resulta intolerable.&lt;br /&gt;Al día siguiente el  ayudante de cocina dejó caer involuntariamente al mar un gran balde de  cobre que desapareció inmediatamente en la boca de un tiburón. El hecho  le produjo al mozo tanta alegría que sin  poder contenerse empezó a arrojar todos cubiertos que el escualo  devoraba al vuelo, y después lanzó al mar el resto de lo que cayó en sus  manos. Smith lo detuvo cuando estaba desclavando una repisa de la  pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al muchacho lo hicieron enfermar de paludismo esa misma  noche y no reapareció hasta el final del viaje. De día, las espaldas de  los marineros eran dóciles y temerosas, pero en las noches llegaba hasta  el camarote de Zantman un zumbido monótono e insistente semejante al de  un enjambre de insectos. Eran los marineros que Smith controlaba  durante el día, pero no a la noche.&lt;br /&gt;Murmuraban historias absurdas e  interminables en las que no existía ni una sola palabra de verdad.  Cuando Zantman comprobó que Thompson tenía, efectivamente, la boca de  culo de gallina le preguntó porque la ponía así, le respondió que la  ponía así porque le gustaba, le hacía bien para olvidarse del  aburrimiento y de la severidad de los oficiales que  lo estaban arruinando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zantman le dio diez chelines, le  prometió que le iba a dejar fruta y leche en la puerta de su camarote  todas las noches y le rogó que no hiciera escándalos y aguantara hasta  llegar a Valparaíso. Thompson contó lo de los chelines, la noticia se  divulgó y algunos marineros le empezaron a pedir plata a Zantman, la  cuenta le iba resultando de treinta y seis chelines y seis peniques.&lt;br /&gt;Había  hecho mal, los marineros se excitaron y se volvieron más insolentes,  les daba una mano y se tomaban el brazo. Un día Zantman paseaba por la  popa y vio en el puente un ojo humano. Le preguntó al timonel de quién  era el ojo, pero el timonel no lo sabía, y cuando le preguntó otra vez  si alguien lo había perdido o se lo habían sacado a alguien, le  respondió que estaba ahí desde la mañana pero que él no había visto a  nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le hubiera gustado recogerlo y guardarlo en una caja pero  no podía abandonar el timón. Bajo  cubierta había otro ojo, era un ojo distinto, era de otro hombre.  Zantman se lo contó a los oficiales y el capitán comentó que habían  empezado a jugar al ojito, le dio la orden al primer oficial Smith de  castigar al autor de ese desaguisado y, además, de obligarlo a comer el  ojo extraído como lo exigían los usos y las costumbres marítimos.&lt;br /&gt;Zantman  les comenta que no vale la pena castigarlos, que el ojo es sólo un  órgano mal fijado, es sólo una bolita colocada en una cavidad del  hombre. Smith murmuró que en adelante ya no tendrían paz, que durante  una temporada en el Pacífico meridional habían perdido las tres cuartas  partes de los ojos de la tripulación, y que tenía que darles una  lección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Zantman le dijo a Clarke que tenía la impresión  de que los hombres se encontraban molestos como si les estuviera  faltando algo y que, a lo mejor, se los podría tranquilizar de alguna  manera, el capitán le contestó que era  evidente que lo había calado el miedo, que a veces le parecía un  navegante valeroso y otras una mujercita plañidera.&lt;br /&gt;En ese momento  Zantman le espetó que tenía conocimiento de que en el barco se estaba  preparando un motín, y que todo iba a terminar muy mal. El capitán lo  invitó a beber unos tragos de cognac. Los marineros de proa cantaban:  –Oh, bella mía, ¿por qué no me amas?, y los de popa cantaban: –Bésame,  bésame. Era necesario evitar hablar de mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Smith les  prohibió mencionarlas y, entonces, los marineros al tirar de las cuerdas  exclamaban: –Aprieta, aprieta–, e inclinados sobre los baldes: –Lava,  seca, moja, riega. Cantaban con todo el sentimiento y toda la nostalgia  de la que eran capaces. El capitán dio la orden perentoria de que los  marineros debían tomar una cucharada de aceite de hígado de bacalao.&lt;br /&gt;Aunque  ellos no querían arruinar sus ensueños con esa cucharada de aceite  igual la tomaron, por el  momento volvió a reinar la calma. A la noche la tripulación canturreaba  y murmuraba: –Las mujeres de Singapur, de Mandrás, de Mindoro, de Sáo  Paulo, de Loamin–, se restregaban los brazos con aceite de hígado de  bacalao. Y seguían: –Sus manecitas, sus piececitos, yo he sido amado sin  dejarle siquiera un chelín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thompson propuso cambiar la ruta  noventa grados, apuntar hacia el Sur donde existen islas cubiertas de  jardines y vacas marinas grandes como montañas, mientras cantaba: –Bajo  el hermoso cielo de Argentina, los sentidos gozan gracias a una niña.  Cantaban para amar a la nostalgia. Zantman estaba pensando que era una  suerte que no hubiera mujeres cuando, repentinamente, sintió el  chasquido inconfundible de un beso.&lt;br /&gt;Era Thompson abrazándose con un  grumete, Zantman le ofreció una libra al grumete para que recuperara el  juicio, pero el grumete gritó, con la voz tan aflautada como la de una  mujer, que él se parecía a una  mujer. Otros marineros se abrazaban y cuchicheaban. El capitán  observaba desde el puente de mando con la pipa encendida. Zantman se le  acercó y le dijo que en el barco habían aparecido los besos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En  el puente los marineros andaban en pareja, paseaban del brazo y se  abrazaban. Clarke llamó a Smith y le dijo que había que prepararse para  castigar el motín de acuerdo a las leyes del mar y la navegación. Hacia  la medianoche el viento se transformó en un huracán, la goleta comenzó a  bailar como un columpio y la velocidad aumentó vertiginosamente.&lt;br /&gt;Al  cabo de veintiséis horas la tormenta amainó pero Zantman prefirió no  salir del camarote. Era evidente que el amotinamiento había tenido  lugar, cerró la puerta con llave y la aseguró con un armario. Pasaban  los días y nadie se presentaba, la goleta aumentaba su velocidad sobre  una superficie tersa como la de un pantano, las luces que se filtraban  por las hendiduras del camarote eran  cada vez más intensas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zantman estaba seguro de que afuera  había grandes cóndores, vistosos papagayos y peces de oro, y de que los  marineros habían dirigido a la Banbury hacia las aguas desconocidas del  trópico. Había preferido no oír los gritos salvajes y frenéticos de la  tripulación que, con toda seguridad, estaba saludando a los colibríes, a  los papagayos, y a todos los otros signos que anunciaban la próxima y  grandiosa orgía.&lt;br /&gt;“No, no quería saberlo y no deseaba el calor, ni la  exuberancia, ni el lujo. Prefería no salir al puente por temor a ver lo  que hasta ese momento ofuscado, oculto y no dicho se desencadenaría con  toda su falta de pudor, entre plumajes de pavos reales y fulgores  espléndidos. Desde el comienzo todo había estado en mí, y yo, yo era  exactamente igual a todos los demás. El mundo exterior no es sino un  espejo que refleja el interior”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La confección de estos recuerdos  ha estado influida por  el hecho de que la policía de Buenos Aires ha llevado a cabo una gran  purga en el Corydonismo local. Han sido arrestadas centenares de  personas. ¿Pero qué puede hacer la policía contra una enfermedad? ¿Es  capaz de arrestar un cáncer?  ¿O multar el tifus? Sería mejor, pues,  descubrir al sutil bacilo de la enfermedad que sofocar los síntomas  (...)”&lt;br /&gt;“Pero, ¿quién está enfermo? ¿Acaso sólo los enfermos? ¿O  también los sanos? No comparto la estrechez mental que no ve en ello más  que un degeneración sexual. Degeneración, sí, pero que tiene su origen  en el hecho de que las cuestiones de la edad y de la belleza no son  suficientemente transparentes y libres en la gente normal. Es una de  nuestras debilidades e impotencias más graves (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿No sentís  que en este campo también vuestra salud se vuelve histérica? Estáis  encorsetados, amordazados: sois incapaces de confesar. Por eso quiero  hablar. Pero tengo que  puntualizar algo sobre lo que estoy diciendo: nada de esto es  categórico. Todo es hipotético... Todo depende –¿por qué iba a  ocultarlo?– del efecto que vaya a producir en los demás (...)”&lt;br /&gt;“Es el  rasgo que caracteriza a toda mi producción literaria. Intento  diferentes papeles. Adopto diferentes posturas. Doy a mis experiencias  diferentes sentidos, y si uno de estos sentidos es aceptado por la  gente, me establezco en él. Es lo que hay de juvenil en mí. Es la única  manera de imponer la idea de que el sentido de una vida, de una  actividad, se determina entre un hombre y los demás (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No  sólo yo me doy un sentido. También lo hacen los demás. Del encuentro de  estas dos interpretaciones surge un tercer sentido, aquel que me  define”. Gombrowicz estaba preocupado porque su prontuario en la Policía  Federal estaba sucio con estas cosas del Corydonismo, así que le pidió  ayuda a un amigo a ver si conocía a alguien que se  lo pudiese limpiar.&lt;br /&gt;Ya se sabe que los argentinos somos en general  fanfarrones: cuando se habla de longitud, la más larga del mundo la  tenemos nosotros, por la calle Rivadavia; cuando se habla de anchura, la  ancha del mundo la tenemos nosotros, por la avenida 9 de Julio; y  cuando se habla de la policía, la mejor del mundo la tenemos nosotros,  por la Policía Federal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amigo concertó una reunión con un  comisario y Gombrowicz en un café cercano al Departamento Central de la  Policía Federal. Las cosa iban más o menos bien hasta que Gombrowicz,  para hacerse el simpático, empezó a canturrear en voz baja: –La mejor  del mundo... la mejor del mundo...El comisario le contó después al amigo  que Gombrowicz le había parecido una persona poco seria, así que no  había hecho nada por él.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-137445332977044775?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/137445332977044775/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/08/witold-gombrowicz-y-las-anomalias.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/137445332977044775'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/137445332977044775'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/08/witold-gombrowicz-y-las-anomalias.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y LAS ANOMALÍAS'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-3894146823231478830</id><published>2011-08-11T09:04:00.001-04:00</published><updated>2011-08-11T09:04:34.315-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y LA POLÍTICA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="1313067756774-Witold_Gombrowicz_con_Marisa_Andrea_y_Lena.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/1313067756774-Witold_Gombrowicz_con_Marisa_Andrea_y_Lena.jpg?v=1313067766723" width="415" height="282" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y LA POLÍTICA&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  fue contemporáneo, contempló y padeció las conducciones políticas de  tres personajes históricos: el mariscal Józef Pilsudski, el general Juan  Domingo Perón y el doctor Arturo Frondizi.  A este último presidente lo  conoció personalmente. Antonio Berni relata en una nota el clima que  reinaba en su estudio cuando Gombrowicz dio su conferencia sobre la  regresión cultural de Europa.&lt;br /&gt;“Mi estudio lo tenía en una casona,  resto de un antiguo casco de estancia hoy demolido, frente al parque  Lezica, al costado de un pasaje y refugio nocturno de parejas. Una  glicina centenaria extendía sus ramas por la vecindad. Asistieron Emilio  Soto, Sigfrido Radaelli, Conrado Nalé Roxlo con Arturo Frondizi, futuro  presidente  de la Argentina, que vivían a cincuenta metros de mi estudio, y una  docena más de personas”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz, tanto como el  Asiriobabilónico Metafísico, tenía una relación extraña con la política,  se interesaba más por el estilo de los políticos y de los jefes  militares que por las ideas que representaban. Para provocar a la gente  de izquierda adoptaba la pose de un retrógrado recalcitrante. Al  Pterodáctilo le cuenta en Vence que había destapado una botella de  champaña el día que mataron al “Che” Guevara.&lt;br /&gt;El Indiecito le quiso  pegar por una de esas discusiones disparatadas, y Arrillaga, el  comunista español que me lo había presentado, le quiso desparramar  mierda en la cara. Pero las manifestaciones políticas más dramáticas y  peligrosas Gombrowicz las hace en Berlín en el año 1963, lleva la  excitación al paroxismo declarando que era hora de que los polacos dejen  de pavonearse con sus cinco millones de muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A  juicio de Gombrowicz esa actitud era snob, y Hitler no era tan malo.  Gombrowicz buscaba la liberación de su conciencia, estaba convencido de  la bancarrota de todas las ideologías políticas, de las de izquierda y  de las de derecha. Siguiendo las enseñanzas de Marx pensaba que había  llegado el momento de estudiar en forma completa el condicionamiento de  la conciencia.&lt;br /&gt;Se debía estudiar no sólo el condicionamiento de la  conciencia de los aguaciles del capitalismo, sino también el de los  estudiantes que profieren injurias en un mitin. Desde adolescente se  sintió en rebeldía contra las instituciones que utiliza la colectividad  para presionar sobre el individuo y desde entonces estuvo convencido de  que ninguna reforma violenta puede transformar el mundo en un paraíso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras,  por un lado, seguía perteneciendo a la vieja época de la buena  educación política en la que la gente se expresaba con mayor moderación y  seriedad, por otro,  era un representante de los tiempos modernos poniéndose en contra de  todo lo que facilitaba la existencia: el dinero, el origen, los estudios  y las relaciones. Hubiese utilizado el comunismo como un instrumento.&lt;br /&gt;Quería  destruir el conjunto de las condiciones que fatalmente lo determinaban,  pero el comunismo es una teoría, y Gombrowicz no creía que las teorías  fueran capaces de transformar verdaderamente la vida. Contrariamente a  lo que se ha dicho y escrito sobre él nunca fue indiferente al siniestro  problema de la vida fácil de los ricos y la vida difícil de los pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una  noche conversaba con Gombrowicz en el café Rex sobre la derivación  cómica y dramática que había tenido su discusión con Arrillaga acerca  del comunismo, repentinamente me pregunta: –¿Qué idea política tiene  usted, Gómez?; –Anarquista, le respondí después de haberlo meditado un  momento. Se le iluminó la cara, mordió la pipa y la giró hacia el otro  lado, me observó en diagonal con una mirada cómplice.&lt;br /&gt;¿Pero usted no  creerá que el anarquismo sea una idea realizable; –No, no lo creo, pero  hay que mirar en esa dirección. No volví a hablar del anarquismo con  Gombrowicz, y creo que tampoco de política. “Tenía dieciséis años y  acababa de termina el sexto curso, cuando sobrevino el dramático verano  de 1920”. Gombrowicz se refiere al mes de agosto de 1920, cuando el  ejército bolchevique se acercaba a Varsovia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mariscal  Pilsudski, gracias a una hábil maniobra, logró derrotar al ejército  invasor. “Todos los jóvenes se alistaban entonces como voluntarios, casi  todos mis colegas se paseaban ya en uniforme, las calles estaban llenas  de carteles con un dedo índice que apuntaba y un eslogan del estilo ‘La  patria te llama’, y en las alamedas las jovencitas preguntaban a los  muchachos: –¿Por qué no está usted todavía en el ejército?”&lt;br /&gt;Gombrowicz  no se enroló,  la oposición determinante de su madre venció la voluntad de su padre  que, en principio, exigía que cumpliera con su obligación. Su abuela  Aniela también estaba escandalizada: –Imagínate, Tosia, qué tiempos, qué  poca educación tienen esas jóvenes, paran a los hombres en la calle sin  ninguna vergüenza. Cualquiera les puede responder: –Pero si usted a mí  no me gusta, señorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz utilizaba las formas políticas y  militares como si fueran un juego, tanto era así que él y sus hermanos  se declararon partidarios fervientes de la coalición de Francia e  Inglaterra tan sólo por el hecho de que su madre tenía una ligera  tendencia proalemana. Tampoco quiso tomar parte en el festín de la  independencia. “Me mantenía a distancia en los desfiles”&lt;br /&gt;“Cuando me  topaba en la calle con los ruidos de una marcha militar y el ritmo de  una tropa que desfilaba a mi lado, hacía todo lo posible para no seguir  su compás. ¿Estaría  buscando quizás mi propia música y mi propia marcha? La vida política  no me interesaba”. Pero la figura del mariscal Józef Pilsudski era  demasiado imponente como para que le pasara desapercibida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo  que realmente le disgustaba a Gombrowicz del mariscal Pilsudski no es  que fuera un hombre de izquierdas, sino la propaganda pomposa e ingenua  que le hacían sus partidarios, y también la actitud de Pilsudski hacia  su propia grandeza. El mariscal estaba aplastado por la dimensión  histórica de Polonia y por la misión que se le imponía. Pero la historia  no sólo trata a la gente con crueldad.&lt;br /&gt;Además, se burla de ella;  ninguna iniciativa radical podía llevarse a cabo en las condiciones de  esa Polonia de entre guerras, y hombres eminentes como Pilsudski estaban  condenados a la insignificancia. Pilsudski hizo lo todo lo que pudo y  como pudo con realismo, valor y virilidad contra los pacifismos cobardes  de los burgueses presumidos tanto de  Francia  como de Inglaterra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Gombrowicz, en tanto que  artista, le encantaba y lo divertía el estilo impresionante del  mariscal, su manera imponente y pintoresca, y su grandeza tan personal y  auténtica. No obstante, en las discusiones que mantenía con otros  colegas escritores sobre ese personaje predominaba el sentimiento y el  respeto que tenían por él, por eso se hacía imposible el análisis.&lt;br /&gt;La  grandeza del mariscal Józef Pilsudski permanecía en Polonia fuera de  toda discusión como algo establecido de una vez y para siempre. Pero  esta predisposición hacia la admiración y la obediencia tan  generalizada, aún entre sus adversarios, no le convenía a la elite de  Polonia, lo que es bueno para un soldado no siempre es recomendable para  un intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esa impotencia romántica e ingenua de la  intelligentsia polaca respecto a Pilsudski le hacía daño, ya que él  mismo era la primera víctima de su propia leyenda. A  veces se atacaba algún aspecto de su política, pero no se ponía en  discusión ni se analizaba su propia grandeza. “Puede ser que fuera  grande, no lo niego. A mí lo que me enervaba no era su grandeza sino la  pequeñez de los que se sometían a ella con tanta facilidad (...)”&lt;br /&gt;“No  le reprochaba en absoluto a las masas que lo siguieran ciegamente; sin  embargo, me preocupaba la ligereza con la que la capa social más  avanzada de la nación renunciaba a su derecho a la crítica, al  escepticismo y, ésta es la palabra precisa, al control. Mientras la  fuerte personalidad del mariscal dominó el panorama de la vida política e  incluso espiritual, las cosas se sostuvieron bastante bien (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pilsudski  se alejaba de toda teoría, nadie sabía a ciencia cierta cuáles eran sus  principios, no obstante infundía la confianza que puede dar un hombre  altruista y capaz, acaso genial o incluso providencial”. Gombrowicz,  entre otras muchas  luchas, había empezado a lidiar con el espíritu romántico polaco en  “Ferdydurke”, burlándose del mismísimo mariscal Pilsudski.&lt;br /&gt;“A  Nalkowska le debo el haber retirado a tiempo de ‘Ferdydurke’ un pequeño  verso que parodiaba ‘La primera Brigada’ de las Legiones de Pilsudski.  Puso el grito en el cielo. Pero, aunque todo lo que se refería al mito  de Pilsudski y las Legiones estaba lejos de poder ser comentado  libremente en la prensa o en los libros, cada uno podía hablar de ellos  lo que le viniera en gana”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El comportamiento de Gombrowicz cuando  murió Pilsudski no estuvo a la altura de las circunstancias. “Por fin  comprendí, se trataba de Pilsudski. Hacía unos días que se sabía que su  estado de salud era alarmante. De repente una fila de Cadillacs empezó a  entrar en el patio del palacio Belweder: era el Gobierno, con el primer  ministro Skalkowski a la cabeza, que iba a despedirse del Mariscal  (...)”&lt;br /&gt;“Miré  con ira los pálidos semblantes de unos cuantos de mis colegas  escritores y dije en voz alta: –¡Qué bonitos coches! Es fácil imaginarse  el efecto producido por semejantes palabras... Los más benévolos,  explicaban a los demás, menos indulgentes, que yo estaba un poco loco,  que era un poco comediante, que no era más que una pose y que jugaba a  ser un cínico y un tipo grosero”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día de 1955, un año antes de  haber sido presentados en el café Rex, yo lo vi a Gombrowicz hablando  solo por la calle Florida. Caminaba con entusiasmo, no sólo hablaba,  también sonreía como si hubiera resuelto algún problema. Pasado más de  medio siglo me doy cuenta ahora que ese talante de condenado que recién  sale del presidio estaba relacionado con su próxima renuncia la Banco  Polaco.&lt;br /&gt;Al Banco Polaco se dirigía cuando me crucé con él aquella  mañana. Su campaña literaria en los siete años y medio de trabajo en la  oficina no fue arrolladora.  Escribió “Transatlántico”, y comenzó el “Diario”, “Opereta” y “Cosmos”.  El trabajo y Gombrowicz nunca se habían llevado bien en Polonia y aquí  en la Argentina esta relación siguió la misma suerte. “Ante mí –nada,  ninguna esperanza (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Para mí todo ha terminado, nada quiere  comenzar. ¿Mi balance al día de hoy? Después de tantos años, llenos a  pesar de todo de esfuerzo intenso y de trabajo, ¿qué soy? Un  empleadillo, asesinado por siete horas pasadas diariamente ocupándome de  papelejos, estrangulado en todas sus empresas de escritor. Nada, no  puedo escribir nada aparte de este Diario”&lt;br /&gt;El año 1955 fue un año  turbulento, los conflictos civiles entre los peronistas y los  antiperonistas se transforman en conflictos bélicos, aunque restringidos  y muy localizados. Se produjeron enfrentamiento entre las fuerzas  armadas, la Marina de Guerra amenazó con bombardear el puerto de Buenos  Aires, con más  exactitud, las refinerías de petróleo, las refinerías no la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  se siente cerca de las refinerías por su tendencia a convertir en  inminente lo remoto y se escapa, aproxima su casa de Venezuela 615 a las  refinerías y el miedo que le sobreviene lo obliga a hacer una mudanza  preventiva, se muda  a San Isidro, a la casa de los Swieczewski, a  muchos kilómetros del puerto. Me tocó hacer el servicio militar en la  Marina de Guerra.&lt;br /&gt; La Marina de Guerra era una de las fuerzas  armadas argentinas, la fuerza que despertaba más nostalgia en Gombrowicz  desde Europa recordando los encuentros que había tenido con sus jóvenes  conscriptos en los tiempos de Retiro. El servicio militar lo hice  durante dos años, en 1955 y 1956, una época bastante revuelta de la  historia política argentina en la que cambió de forma abrupta nuestro  destino político.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no tenía vocación para el combate un  almirante me dio una mano  y finalmente me ocuparon en el Ministerio de Marina, un edificio  bastante cañoneado y bombardeado durante la Revolución Libertadora  mientras yo estaba adentro. Me habían destinado a los conmutadores  telefónicos así que, hasta que sobrevinieron los acontecimientos del 16  de junio, pasaba una buena vida.&lt;br /&gt;En septiembre, después del  derrocamiento de Perón ocurrido tres meses después de la sublevación de  junio, nuestra vida de conscriptos retomó una cierta calma hasta que se  produjo la contrarrevolución peronista en 1956, abortada por  informaciones oportunas que recibieron los sediciosos evitando de esta  manera una derrota segura y el derramamiento de sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el  mismo día de la sublevación empezaron a investigar todos los centros  desde donde los contrarrevolucionarios podían haber sido alertados y los  conmutadores telefónicos cayeron bajo la lupa de las pesquisas   militares. Aunque yo no tenía nada que ver con los  sediciosos preventivamente me pasaron por un tiempo al servicio de  ascensores del Ministerio de Marina, y este cambio despertó algunas  suspicacias.&lt;br /&gt;Cuando Gombrowicz se fue de la Argentina en el año 1963  yo me hice amigo de la comparsa de Jorge Brussa, archienemigo de  Gombrowicz y campeón de ajedrez del café Rex. Al poco tiempo de haber  entrado en contacto con los nuevos contertulios hicieron correr el rumor  que yo lavaba ropa a domicilio y que ellos conocían el origen y las  características de mi cultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de haber pasado miles de  horas polemizando con Gombrowicz en los cafés, yo tenía un gran  entrenamiento para hablar de cualquiera de los asuntos que ocupan el  mundo de la inteligencia aunque, debo reconocerlo, sin profundizar  demasiado, y esta particularidad de mis conocimientos incompletos fue  relacionada con el ascensor del Ministerio de Marina.&lt;br /&gt;Durante el día  escuchaba muchas conversaciones en esa cabina cerrada que yo  hacía subir y bajar, pero eran conversaciones que no tenían principio  ni fin, las tomaba empezadas en algún piso y se me escapaban sin  terminar en algún otro nivel. Pues bien, esta ocurrencia que tuvieron   esos amigos míos de café que me aparecieron cuando se fue Gombrowicz me  hicieron recordar un poco a las conferencia que daba Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las  conferencias que daba Gombrowicz versaban sobre el existencialismo y el  marxismo, sobre la mecánica ondulatoria y la relatividad. El hablaba de  estos temas como si para él fueran pan comido, pero sabía perfectamente  bien que cualquier cuestionario no demasiado profundo que le hubieran  hecho lo podía haber puesto en verdaderos aprietos. Las ideas de  Gombrowicz sobre el peronismo eran ambiguas &lt;br /&gt;El 1º de junio de 1955,  dos semanas antes del estallido de la Revolución Libertadora,  Gombrowicz renuncia al Banco Polaco al que había ingresado en diciembre  de 1947. Se siente libre y le da  rienda suelta a la alegría que le produce  la finalización de sus  obligaciones laborales. “Y como coincidió con el derrocamiento de Perón,  ¡el viento de la libertad soplaba de todas partes en torno a mí!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pareciera  una declaración casi política, sin embargo, unos meses antes de esta  manifestación antiperonista me había pedido ayuda para traducir unos  párrafos escritos para el diario en los que elogiaba tanto a Peron como a  su régimen. Este texto nunca se publicó, naturalmente. “Ya sabe como  son los mozos en Buenos Aires: envidiosos, amargados, peronistas, bien,  aquí en Berlín son todo lo contrario (...)”&lt;br /&gt;“Atentos, sonrientes,  amabilísimos, corriendo, con vocación verdadera de mozo, con profundo y  sincero respeto. Cuando uno se da cuenta de que casi todos eran asesinos  torturadores (arriba de cuarenta años)... esto es genial, no hay caso.  Bolches no hay. Aman tiernamente a los yanquis. Son cien por ciento  europeos, antinacionalistas, pacifistas. Goma, son geniales no cabe  duda”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No tengo mucho que decir sobre la victoria de Arturo  Frondizi, que ha sido elegido presidente de la Argentina; en cambio  quisiera anotar que el acto en sí de las elecciones no deja de  sorprenderme. Ese día en que la voz de un analfabeto cuenta lo mismo que  la voz de un profesor, la voz de un idiota lo mismo que la de un sabio,  la voz de un canalla lo mismo que la de un hombre honrado, es para mí  el más loco de todos los días (...)”&lt;br /&gt;“No comprendo cómo este acto  fantástico puede determinar para varios años sucesivos algo tan  importante  en la práctica como lo es el gobierno de un país. ¡En qué  burda patraña se basa el poder! ¿Cómo ese cuento fantástico acompañado  de los famosos cinco adjetivos –universal, libre, secreto, igualitario y  directo– puede constituir la base de la existencia social?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las  circunstancias políticas que  vivió Gombrowicz después de la aparición de “Ferdydurke” en la  Argentina fueron variopintas: los gobiernos de Juan Domingo Perón,, la  Revolución Libertadora y el gobierno de Arturo Frondizi. A Gombrowicz le  interesaban muy poco los contenidos políticos cualesquiera fuera el  régimen, le interesaba mucho más el estilo de los políticos.&lt;br /&gt;“Este  país tan aburrido que es la Argentina, de un día para otro se ha  convertido en uno de los espectáculos más interesantes del mundo”. Fue  una época de una gran exaltación política, Frondizi había hecho un pacto  con Perón y ganó las elecciones del año 1958 de una manera aplastante.  Los discursos de su campaña electoral contenían los programas de la  izquierda nacionalista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El petróleo debía ser nuestro, había que  llevar adelante la reforma agraria, había que darle un gran impulso a  la industria nacional y había que socializar el capital. Este programa  que complacía a la  izquierda y al nacionalismo despertó el entusiasmo del pueblo y obtuvo  cuatro millones de sufragios sobre siete millones de votantes, pero el  presidente Frondizi empieza a tomar decisiones de lo más extrañas.&lt;br /&gt;“Apenas  nueve meses más tarde, ese mismo Frondizi entregaba la explotación del  petróleo a los magnates extranjeros. Anuncia un programa de reformas  financieras y económicas que es uno de los más draconianos del mundo.  Empieza a cerrar las empresas estatales y despide a los empleados. Abre  de par en par las puertas del país al capital extranjero. Proclama el  estado de sitio y sofoca la huelga general con el ejército”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este  escándalo le resulta a Gombrowicz bastante instructivo. Los argentinos  estaban aturdidos, habían pasado del arrebato de entusiasmo, al temor y a  la rabia. Los salarios subían por la escalera y los precios empezaron a  subir por el ascensor, Gombrowicz estaba cayendo en la cuenta de que se  había acabado la  facilidad. El país era tan rico que durante largos años había soportado  la demagogia, la megalomanía y la fraseología.&lt;br /&gt;También había  soportado toda clase de teorías magníficas, sin hablar de diversos  negocios turbios que habían prosperado en ese caldo de cultivo. En esta  forma se refiere Gombrowicz a la época del gobierno peronista, a su  entender había llegado la hora de enfrentarse cara a cara con la  realidad, con el enorme despilfarro que había realizado el régimen  derrocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La enorme energía acumulada en el capital  internacional ha irrumpido en la Argentina, un país que es casi tan  grande como la mitad de Europa. De modo que un ciudadano de a pie no  entiende nada de nada y no sabe a qué atenerse. Durante largos años le  han dicho que todo eso era ‘explotación’ e ‘imperialismo’, y ahora  resulta que es la perspectiva de un nuevo bienestar y el remedio más  eficaz contra la anemia”&lt;br /&gt;Los nacionalistas piensan  que Frondizi los ha traicionado: –¿Qué es lo que, a juicio de  ustedes,  se puede hacer?; –Hay que hacer la revolución; –Bien, pero si la  revolución triunfara, al llegar al poder, ¿qué programa tienen ustedes  para salir de la crisis que afecta al país?; –¿Programa? Bueno... Era  imposible seguir imprimiendo billetes sin el respaldo de la provisión de  fondos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nacionalismo argentino, como todos los nacionalismos  del mundo, es emocional y no le gustan las cifras. “Todo su programa se  reduce a un odio verdaderamente enfermizo hacia los Estados Unidos y a  un temor igualmente enfermizo de que los Estados Unidos los va a  devorar. La Argentina debe a los Estados Unidos una parte importante de  su desarrollo técnico, sin hablar ya de los provechos en el tema de la  política (...)”&lt;br /&gt;Según la manera de ver las cosas que tenía  Gombrowicz se estaba produciendo una guerra entre las cifras y los  sentimientos, las fobias y las  ilusiones. Los nacionalistas habían conducido el país al aislamiento  económico, una de las causas principales de la crisis. En la Argentina  existían varios tipos de nacionalismos y cada uno de ellos deseaba una  variante distinta de dictadura para recuperar la dignidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un  cierto tipo de nacionalismo era el clerical militarista, admirador de  España y de Franco, que había formado parte de la revolución contra  Perón por haber quemado iglesias y combatido al clero. Pero en la época  de Frondizi ese mismo grupo intentaba aliarse con los peronistas y con  los comunistas, porque también ellos eran nacionalistas, querían formar  un frente antigubernamental y establecer una dictadura.&lt;br /&gt;Pero la  única dictadura posible en la Argentina era la dictadura militar, y el  ejército estaba contra ellos. Para los comunistas del país existían tres  centros de poder: el poder del ejército, el poder de la iglesia  católica y el poder de los sindicatos  obreros. Las instituciones democráticas, como el parlamento y la corte  suprema, habían sido violadas tantas veces que carecían de prestigio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los  partidos políticos y la opinión pública estaban desorientados, habían  elegido un presidente de izquierda y progresista y justamente él los  había traicionado. El cambio de camisa del presidente había provocado  una confusión infernal en todo el país. Pero a un simple obrero no le  preocupa tanto la victoria de la revolución mundial, lo que quería era  seguir viviendo más o menos bien, descubriendo cómo iba recuperando su  bienestar.&lt;br /&gt;“Mientras volvía a casa, unas masas de niebla irrumpían  por entre los bloques de edificios, y yo me decía que la Argentina es un  lugar del mundo atractivo, incluso para un escritor como yo, poco  interesado en política, pues poco a poco, la niebla va disipándose y  deja al descubierto el implacable contorno de la vida real. Todo eso  ocurre por sí solo,  simplemente porque se ha agotado el dinero (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se ha agotado  ese dinero que es el infalible instrumento de los sueños y de la  ilusión. La verdad es que toda esta aventura no ha sido nada original.  Se trata de un proceso histórico dialécticamente clásico. La izquierda  llega al poder: reformas, subidas de sueldos, precios más bajos,  planificación, reestructuración, manipulación y declamación, después de  lo cual aparece el fondo de la caja (...)”&lt;br /&gt;“Entonces empieza la  crisis, el poder da un giro a la derecha, liberal, impopular, y al cabo  de unos años de esfuerzos y ahorro las cajas vuelven a estar llenas y de  nuevo se puede soñar, y planificar, y engrandecer..., e imprimir los  billetes para cubrir todos esos gastos. He aquí la noria de la Historia.  Vuelta a empezar”. Los temas políticos toman una forma explícita en las  páginas del “Diario” de Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No ocurre lo mismo en el  resto de su obra el la que  sólo roza temas políticos y siempre en ambientes monárquicos y no  republicanos, verbigratia en “Ivona princesa de Borgoña”, “El  casamiento” y “El banquete”. “El banquete” es el último cuento que  escribe Gombrowicz, lo escribe mientras está garabateando también “El  casamiento”, en La Falda, una ciudad de la provincia de Córdoba.&lt;br /&gt;Es  una narración paródica y teatral cuyo nivel no es menor al de ninguna de  sus obras grandes. Están presentes, la repetición, la simetría, la  analogía, la mitologización y, en fin, muchas de la visiones y  situaciones que aparecen en sus piezas teatrales y en sus novelas. Las  sesiones secretas del consejo de ministros se desarrollaban en la  oscuridad de la sala de los retratos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ministros y  viceministros del estado se pusieron de pie, iban a anunciarse las  nupcias del rey con la archiduquesa Renata Adelaida Cristina. Al día  siguiente, durante la celebración del banquete real,  los prometidos, que sólo se conocían por fotografías, serían  presentados formalmente. Esa unión acrecentaría realmente el prestigio y  el poder de la corona.&lt;br /&gt;El canciller abre el debate de la sesión del  consejo. El ministro del interior pide la palabra pero comienza a  callar, y no hace otra cosa más que callar todo el tiempo que dura su  intervención. Los ministros que le siguen en el uso de la palabra hacen  lo mismo, se callan. No podían decir nada, todos callaban porque el rey  era venal y corrupto, se dejaba sobornar y vendía a manos llenas su  propia majestad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entra el rey al consejo vestido de general con  la espada al flanco y un tricornio de gala en la cabeza. Los ministros  se inclinan y el monarca, mientras se arrellana en el sillón, los  contempla con una mirada astuta. El consejo de ministros se transforma  en consejo de la corona por la presencia del rey y se prepara para  escuchar sus declaraciones. El soberano manifiesta su  satisfacción por la próxima boda con la archiduquesa.&lt;br /&gt;Pone de  relieve la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros, pero su voz  suena tan venal que el consejo de la corona se estremece de miedo en el  completo silencio que reina en la sala. Sigue diciendo que estaba  obligado a hacer un serio esfuerzo para que la archiduquesa reciba la  mejor impresión de su reinado. Cuando sus dedos empiezan a tamborilear  sobre la mesa a los ministros no les queda ninguna duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  monarca estaba solicitando una colaboración para la realización del  banquete. Se queja de los tiempos difíciles, de que no sabía cómo hacer  para afrontar ciertos compromisos, en ese momento se empieza a reír y a  guiñarle el ojo al canciller en forma repetida, finalmente, le hace  cosquillas debajo del brazo. El silencio del canciller es profundo y la  risa del rey se extingue.&lt;br /&gt;El anciano canciller y los otros ministros  se inclinan ante el soberano. El poder de la  reverencia de la corte fue verdaderamente tremendo, el rey quedó  golpeado e inmovilizado, aquella reverencia le devolvió la realeza, el  pobre rey Gnulo gimió y trató de reír pero no pudo, entonces huyó  aterrorizado amenazando al consejo con que se iba a tomar venganza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los  ministros se preguntaban cómo había que hacer para impedir que el rey  Gnulo armara un escándalo en el banquete como represalia por no haber  obtenido la cantidad de dinero que deseaba. La archiduquesa extranjera  era hija de emperadores y no podían permitir que se llevara una mala  impresión de la actitud miserable del monarca. A las cuatro de la mañana  el consejo presentó su dimisión.&lt;br /&gt;El viejo canciller no acepta la  dimisión con el argumento de que había que constreñir, encarcelar y  enclaustrar al rey en el rey mismo. Había que aterrorizar al rey para  salvar la reputación de la corona con el esplendor y la magnificencia de  la recepción. La archiduquesa  Renata Adelaida Cristina entra al salón y cierra los ojos deslumbrada  por la luminosidad del archibanquete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando entra el rey es  saludado con una gran exclamación de bienvenida. La archiduquesa no  podía dar crédito a sus propios ojos al ver al rey, no podía creer que  ese hombrecillo vulgar con cara de comerciante y con una mirada astuta  de vendedor ambulante fuera su futuro marido. En el momento que Gnulo le  toma la mano la archiduquesa se estremece de disgusto.&lt;br /&gt;Sin embargo  el estruendo de los cañones y el repique de las campanas extraen de su  pecho un suspiro de admiración. Un sonido apenas perceptible empezó a  hacerse oír, se parecía al tintineo que producen las monedas en el  bolsillo. El embajador de una potencia enemiga sonríe con ironía  mientras le da el brazo a la princesa Bisancia, hija del marqués de  Friulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El anciano canciller mira de reojo al embajador porque  sospecha que el sonido viene de ahí. El presagio  de una infame traición se apoderó del consejo. El rey y la asamblea se  sentaron. El soberano empieza a comer y todos los demás repiten el gesto  multiplicado al infinito por los espejos. Lo que hacía Gnulo lo hacían  también los otros en medio del estruendo de las trompetas y los reflejos  brillantes de las luces.&lt;br /&gt;El rey, aterrorizado por esta duplicación,  bebió un sorbo de vino. El tintineo de las monedas no había  desaparecido, era evidente que alguien quería comprometer al rey y  desprestigiar el banquete. En el rostro vulgar del mercachifle apareció  la rapacidad. El rey sólo se dejaba tentar por pequeñas sumas, era  insensible  a las grandes cantidades debido a su mezquindad miserable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo  que corroía a Gnulo eran las propinas y no los sobornos. El rey empezó a  relamerse y la archiduquesa emitió un gemido de repulsión. La asamblea  se espanta, entonces el venerable anciano también se relame. Los espejos  multiplicaban al  infinito los relamidos de todos los presentes. El rey se enfurece al  ver que nada le estaba permitido hacerlo por sí mismo.&lt;br /&gt;Todo lo que  hacía era imitado de inmediato, así que empuja con violencia la mesa y  se levanta bruscamente. Todos lo imitaron. El canciller se había dado  cuenta que la única manera de salvar a la corona, ya que no se le podía  ocultar a la archiduquesa la verdadera naturaleza del rey, era obligar a  los invitados a repetir los actos de Gnulo, especialmente aquellos que  no admitían imitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había que convertir los gestos del rey en  archigestos para presionar al monarca. Gnulo, enfurecido como estaba,  golpea la mesa y rompe dos platos. Todos los demás hicieron lo mismo,  cada acto del rey era imitado y repetido en medio de las exclamaciones  de los invitados. El rey empieza a deambular de un lado para otro cada  vez con más furia, y los comensales deambulan.&lt;br /&gt;Cuando el  archideambular alcanza una gran altura,  Gnulo, repentinamente mareado, lanza un alarido sombrío y cae sobre la  archiduquesa. No sabe que hacer y empieza a estrangularla delante de  toda la corte. Sin dudarlo un instante el canciller se deja caer sobre  la primera dama que encuentra y empieza a estrangularla del mismo modo  en que lo estaba haciendo el rey Gnulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los otros siguen el  ejemplo y el archiestrangulamiento rompe los lazos que unen a los  invitados con el mundo normal liberándolos de cualquier control humano.  La archiduquesa y muchas otras damas caen muertas mientras crece y crece  una archiinmovilidad. Tomado por el pánico el rey empieza a huir con  las dos manos tomadas al culo, obsesionado con la idea de dejar atrás  todo aquel archireino.&lt;br /&gt;Como nadie podía atreverse a detener al rey  el anciano canciller exclama que hay que seguirlo. El rey huía por la  carretera seguido por el canciller y los invitados. La ignominiosa huida  del rey se transforma de esa manera en una  carga de infantería y el rey se convierte en el comandante del asalto.  La plebe ve a los magnates latifundistas y a los descendientes de  estirpes gloriosas galopando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cabalgan junto a los oficiales del  estado mayor que, al modo militar, galopan junto a los ministros y  mariscales mientras los chambelanes forman una guardia de honor rodeando  el galope desenfrenado de las damas sobrevivientes. La archicarrera era  iluminada por las luces de las lámparas bajo la bóveda del cielo, los  cañones del castillo dispararon y el rey se lanzó a la carga.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; “Y archicargando a la cabeza de su archiescuadrón, el archirey archicargó en las tinieblas de la noche”&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;  "Las opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de  exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no  representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor",  medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-3894146823231478830?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/3894146823231478830/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/08/witold-gombrowicz-y-la-politica.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/3894146823231478830'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/3894146823231478830'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/08/witold-gombrowicz-y-la-politica.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y LA POLÍTICA'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-4197762689478816406</id><published>2011-08-04T07:53:00.001-04:00</published><updated>2011-08-04T07:53:44.532-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y LA SOCIOLOGÍA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="border: 0pt none; margin: 4px;" alt="1312458633730-Gombrowicz_24.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/1312458633730-Gombrowicz_24.jpg?v=1312458645983" width="301" height="201" /&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y LA SOCIOLOGÍA&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  intentó desde muy joven penetrar en el núcleo más profundo de la  persona y abarcar el conjunto del género humano, pero sin recurrir ni a  la psicología ni a la sociología, más bien rechazando este tipo de  conocimientos. Cuando escribía “Ivona” se le va poniendo en claro algo  referente a este asunto. Es este rechazo sistemático el que lo va  poniendo en contacto con la idea de la forma,&lt;br /&gt;“En primer lugar, Ivona  procede más de la biología que de la sociología; y en segundo lugar,  nace en esa región de mi interior donde me asaltaba la anarquía  ilimitada de la forma, de la forma humana, de su desenfreno y de su  desvergüenza. Seguía pues estando en mí…, y yo me hallaba dentro”.  Siguiendo un camino  extraño, al que no fue ajeno su madre, Gombrowicz primero rechazó la  sociología y después la psicología.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De naturaleza perezosa y  desprovista de sentido práctico en un tiempo en el que había abundancia  de criados y de institutrices, el papel de la madre de Gombrowicz se  limitaba a darle órdenes al cocinero y al jardinero. Sin embargo, le  decía a todo el mundo que la casa estaba a su cargo, que el jardín era  una obra de ella, que menos mal que tenía sentido práctico.&lt;br /&gt;Profesaba  una gran admiración por todo cuanto ella no era. La fascinaban los  médicos eminentes, los profesores, los grandes pensadores y en general  las personas serias. Gombrowicz y sus hermanos bien sabían que los  libros del filósofo inglés, que fundamentó el proceso social en la lucha  por la existencia y la supervivencia del más apto, permanecían en los  estantes de la biblioteca con las páginas sin abrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin  embargo, a Marcelina Antonina se le  ocurría presentarse de otra manera: –Confieso que pueda parecer un poco  extraño, pero tengo una gran debilidad por la filosofía, por el  pensamiento riguroso y en ocasiones me deleito leyendo Spencer. Herbert  Spencer fue el fundador del darwinismo social y un ilustre positivista.  Utilizó en forma sistemática los conceptos de estructura y función.&lt;br /&gt;Concibió  a la sociología como un instrumento al servicio de la reforma social.  Spencer considera a la evolución natural como la clave de toda la  realidad, a partir de cuya ley mecánica y materialista se explican los  niveles progresivos de la realidad: la materia, lo biológico, lo  psíquico, lo social... Intentó sistematizar todo el conocimiento dentro  del marco de la ciencia moderna en términos de evolución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este  intento lo convirtió en uno de los principales pensadores de fines del  siglo XIX. No hay cosa que sea más ajena a Gombrowicz que las ideas de  Spencer, el filósofo que  subyugaba a Marcelina Antonina. Es fácil ver como se burla de estas  ideas en “Ferdydurke”, especialmente con la Juventona. Gombrowicz  también deja huellas en los diarios de cuánto lo perturbaba el  determinismo evolucionista de Spencer.&lt;br /&gt;La madre fue la primera  quimera que Gombrowicz combatió, era para él la representación de la  irrealidad, un exceso de irrealidad. Esta caída en la irrealidad en las  vísperas de su propia muerte le venía desde la cuna pero, le viniera de  donde le viniera, hay que decir que la idea de realidad se escurre entre  las manos como una anguila. La realidad se define a veces de modo  negativo y a veces de modo positivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el primer caso se afirma  que el ser real sólo puede entenderse como un ser contrapuesto al ser  aparente, o al ser potencial, o al ser posible. En el segundo caso se  afirma que es real sólo lo que existe, y no es real sólo lo que es. La  falta de realidad era una espina que se clavó muy  pronto en la piel de Gombrowicz, tanto que una buena parte de las  historias que cuenta en sus novelas no es real.&lt;br /&gt;Y no sólo no es real  porque no relate acontecimientos que hayan ocurrido verdaderamente,  sino porque son historias que no pueden ocurrir en el mundo real. Todas  sus narraciones tienen elementos fantásticos, y estos productos de la  imaginación son los que le hacen posible la actividad de escribir, es  decir, el defecto de realidad es entonces el que pone en marcha su obra,  pero no su desarrollo y su término.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas ellas tienen, como  quien diría, una moraleja. Si el defecto de realidad es el motor de su  literatura, se podría decir que el exceso de realidad obraría para  Gombrowicz como un palo en la rueda. “Mi primera obra que nacía en medio  de tantos dolores era muy ramplona. Carecía del precoz talento de  Krasinski, quien a la edad de veinte años escribió ‘La no Divina  Comedia” (...)”&lt;br /&gt;“Además mi salvajismo  espiritual, mi falta de habilidad literaria, todos mis fermentos y  rudezas, me privaron incluso de esa fluidez que adquiere con facilidad  cualquier joven que se mueve en los ambientes literarios. Leí un  fragmento a mi hermano y a mi cuñada cuando vinieron a verme: –¿Qué  horror! Tíralo, da asco. No digas a nadie que te has manchado con  semejante parida y en el futuro ocúpate de otra cosa (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mientras  mi cuñada Pifink añadía: –Qué pena que no te hayas dedicado más a la  caza. En el fondo sabía que tenían razón. Quemé mi obra y me dediqué de  nuevo a la sociología de León Bourgeois”. León Bourgeois, abogado y  político francés, fue el padre del solidarismo. Diputado, ministro,  senador, presidió la primera sesión de la Sociedad de las Naciones en  1920.&lt;br /&gt;En ese mismo año recibió el premio Nobel de la Paz. Se debe a  León Bourgeois una nueva fundamentación de lo moral en el hecho de la  solidaridad. Según esta  teoría, el hombre depende por entero de la sociedad; de ella viene la  civilización que nos impregna por todas partes, sin ella no somos nada.  Tenemos frente a ella una deuda que pesa sobre nuestro actuar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por  esto, la solidaridad domina nuestras actuaciones. Así, el mundo de la  actividad humana está sometido a la ley de la solidaridad que expresa la  dependencia universal de todo frente a todo. Presionados por esta  solidaridad, deudores frente a la sociedad de una deuda que nunca  lograremos saldar, debemos consagrarnos por entero al bien social: “el  bien moral se identifica con las exigencias de la solidaridad”.&lt;br /&gt;En  esta moral no se puede hablar, entonces, de deberes para consigo mismo, y  menos de deberes para con Dios; no hay más que deberes para con los  demás, y estos deberes se expresan por la solidaridad, que nos hace  estar siempre atentos de la repercusión de nuestros actos en la vida  colectiva. Esta lectura obligatoria de unos  libros de sociología produjo un efecto paradójico en Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrumado  seguramente por las concepciones morales de León Bourgeois Gombrowicz  se hunde en esa mansión solitaria en unas monstruosidades literarias  cuyo primer intento es abortado por su hermano y su cuñada.  Sus  lecturas de Herbert George Wells también lo llevan a una vía muerta. Se  encuentra con una línea de novelistas que exponen una visión realista de  la vida.&lt;br /&gt;Estos novelistas mantienen una enérgica creencia en la  capacidad del hombre para servirse de la ciencia y de la técnica como  medio para mejorar las condiciones de vida de la humanidad.  Wells fue  toda su vida un izquierdista convencido. De hecho, su primera novela,  “La máquina del tiempo”, seguía esa línea, trataba fundamentalmente de  la lucha de clases.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hermosos Eloi eran descendiente de los  antiguos capitalistas, y los Morlocks de los proletarios, enterrados  junto con las  máquinas y la industria y que, en la novela, acaban por dominar a sus  antiguos opresores. Criticó la hipocresía y la rigidez de la época  victoriana, así como el imperialismo británico, y se adelantó a lo que  serían los movimientos de liberación femeninos.&lt;br /&gt;Wells estaba  convencido de que la especie humana podría ser mejorada gracias a la  ciencia y a la educación. Gombrowicz perteneció a una época que sucedía a  otra anterior en la que había triunfado el intelecto con una violenta  ofensiva en todos los campos, parecía entonces que la ignorancia podía  ser erradicada por el esfuerzo tenaz de la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este impulso  intelectual creció hasta alcanzar su apogeo después de la segunda guerra  mundial cuando el marxismo y el existencialismo se desparramaron por  toda Europa. Estas ideas ampliaron explosivamente los horizontes de los  hombres dedicados al pensamiento en toda Europa. Gombrowicz empieza a  darse cuenta de que, si bien la  vieja ignorancia estaba desapareciendo poco a poco, aparecía una nueva  ignorancia.&lt;br /&gt;Esta ignorancia estaba engendrada, justamente por el  intelecto, y por una nueva estupidez desgraciadamente intelectual. La  vieja visión del mundo que descansaba en la autoridad, sobre todo la de  la Iglesia, estaba siendo remplazada por otra, en la que cada uno tenía  que pensar el mundo y la vida por cuenta propia, porque ya no existía la  vieja autoridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo del pensamiento empezó a  caracterizarse por una extraordinaria ingenuidad, a la que animaba una  juventud sorprendente, los intelectuales exhortaban a los hombres a que  pensaran por ellos mismos, con su propia cabeza, algo parecido a lo que  había hecho Lutero con su protestantismo, un  giro del pensamiento al  que Nietzsche calificó de revolución provinciana.&lt;br /&gt;Las ideas podían  tener un salvoconducto si se las comprendía personalmente, y no sólo  eso, había que experimentarlas en la  propia vida, había que tomarlas en serio y alimentarlas con la propia  sangre. El aumento de este exceso de responsabilidad tuvo consecuencias  paradójicas: el conocimiento y la verdad dejaron de ser la preocupación  principal del intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta preocupación fue remplazada por  otra, por la preocupación de que descubrieran su ignorancia. El  intelectual, atiborrado de conocimientos y de ideas que no termina de  asimilar, anda con rodeos para no dejarse pescar en su ignorancia,  entonces empieza a tomar algunas medidas de precaución bastante  ingeniosas: enmascara la formulación de los pensamientos.&lt;br /&gt;Utiliza  nociones pero no las desarrolla, dando por sentado que son perfectamente  conocidas por todo el mundo, y todo esto lo hace para ocultar su  ignorancia. Los resultados no fueron buenos, la función social del  escritor se hizo irresistible y el pensamiento se degradó. “¿Acaso este  hombre no buscará la descarga de su propia vida psíquica  en la esfera que le es propia, o sea, en la esfera de la pacotilla?  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Quien no llega a aprehender, a sentir esta degradación en  ‘Ferdydurke’ y en mis otras obras, no ha comprendido lo más esencial de  mí”. La conciencia de las transformaciones que sufre el hombre por la  acción de los otros es la razón por la que Gombrowicz ha ocupado un  lugar especial en la literatura. La importancia que le ha dado a la  forma es el punto de partida de su psicología.&lt;br /&gt;“Antes de la guerra  ‘Ferdydurke’ pasaba por ser una novela escrita por el desvarío de un  loco, pues en la época de la euforia creativa y las aspiraciones de  grandeza no hacía más que estropearlo todo. Hoy, cuando la Facha y el  Cucul han castigado dolorosamente al pueblo, mi libro ha sido elevado al  rango de sátira. Ahora se dice que es un libro razonable (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se  afirma que es la obra de un racionalista lúcido que juzga y vapulea con  premeditación,  una obra casi clásica y perfectamente sopesada. Pasar de loco a  racionalista, ¿es eso un ascenso para un artista?”. Para atacar la  concepción simplista de la crítica literaria Gombrowicz da una  explicación sobre el significado de “Ferdydurke”, una costumbre que  mantiene viva a lo largo de las páginas de su “Diario”.&lt;br /&gt;La idea de  que el hombre es creado por los hombres, es decir, por el grupo social  que le impone las costumbres, los convencionalismos y el estilo debe ser  sobrepasada, para Gombrowicz era más importante destacar que el hombre  es también creado por otra persona en los encuentros casuales. De modo  que es más que el producto de su clase social como explicó Marx.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  hombre es también el resultado del contacto con otro hombre y del  carácter casual, directo y salvaje de ese contacto del que nace una  forma a menudo imprevista y absurda. Esa forma no es necesaria para el  uso de uno mismo sino que es necesaria para que  el otro me pueda ver y experimentar, y por tal razón es un elemento  imposible de dominar.&lt;br /&gt;Un hombre así, creado desde el exterior por el  grupo social, pero más especialmente por el contacto casual con el  otro, debe ser esencialmente inauténtico pues está determinado por la  forma que nace entre los hombres. El hombre es entonces un actor natural  desde el nacimiento. En estas condiciones lo único que se puede hacer  es confesar que la sinceridad está fuera de nuestro alcance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo  puede constatar que el deseo de “ser yo mismo” está perpetuamente  condenado al fracaso. Sin embargo, es la degradación, un subproducto de  la actividad de la inmadurez, más que la deformación, la que le confiere  al estilo de Gombrowicz un carácter propio. Si el hombre no puede  expresarse con transparencia no es sólo porque los demás lo deforman.&lt;br /&gt;Es  sobre todo porque sólo es expresable aquello que tiene una forma, todo  lo demás, es decir, la  inasible inmadurez, se queda en silencio. La forma desacredita a la  inmadurez y humilla a esta parte del hombre inexpresable; las bellas  artes, las filosofías y las morales de la humanidad nos ponen en  ridículo porque nos superan, porque son más maduras que nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hace  ya largo tiempo que estamos deshabituados de fenómenos tan  perturbadores, de estallidos ideológicos de tal magnitud, como la novela  de Witold Gombrowicz, “Ferdydurke”. Nos hallamos aquí ante una  manifestación excepcional de talento de escritor, de una forma y de un  método novelístico nuevo y revolucionario y, a fin de cuenta, de un  descubrimiento fundamental (...)”&lt;br /&gt;“Este descubrimiento fundamental es  la anexión de un nuevo reino de fenómenos espirituales, dominio hasta  ahora echado al abandono, del que nadie se había apropiado, y donde  jugaban, en plena indecencia, el chiste irresponsable, los retruécanos y  el absurdo”. Todo lo que concierne a la  naturaleza del hombre, salvo los misterios trinos, suele dividirse en  dos: el cuerpo y el alma, la tierra y el cielo, el bien y el mal...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz,  siguiendo él también la línea binaria del pensamiento, eligió la  inmadurez y la forma. En su visión del mundo irreverente y libertaria la  cultura y las ideas juegan un papel paradójico pues lo ponen al hombre  en el camino de la inmadurez en vez de hacerlo crecer. No son las ideas  las que mueven a las personas sino las funciones, un pensamiento  fundamental del estructuralismo.&lt;br /&gt;Este estructuralismo apareció  bastante después de que Gombrowicz empezara a darle vueltas a esta nueva  manera de ver las cosas. Echa mano a varios recursos para malograr el  desempeño social y psicológico de sus personajes cuyas acciones  desembocan generalmente en comportamientos quebrados y fracasados. No se  propone construir una moral nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le da una buena paliza a la  que ya tenemos para que se aligere y  se ponga a andar, para entretenerse con él mismo y para que nosotros  nos entretengamos con él. Las ideas de la forma y de la inmadurez  emprenden la marcha por dos caminos distintos, el de la conciencia y el  del pensamiento, y es este tránsito doble de los dos universos opuestos  el que convierte su línea binaria de pensamiento en una actitud  fundamental.&lt;br /&gt;A Gombrowicz se le ocurrió que la única arma de la que  disponía para convertirse en un fenómeno de pleno derecho en la cultura  consistía en no ocultar su inmadurez, al contrario, tenía que  confesarla. Con esta confesión podía tomar distancia de su inmadurez y  de la cultura. Gombrowicz no entró en la cultura como un campesino  polaco libertario absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si hubiera entrado  de ese modo los  expertos de la literatura lo habrían ubicado inmediatamente en el  casillero de los autores destacados del primitivismo en estado puro y el  problema quedaba resuelto, pero no fue así,  Gombrowicz entró a la cultura de otra manera y lo más que se atrevieron  los especialistas franceses fue a clasificarlo entre los  anarcoexistencialistas.&lt;br /&gt;Gombrowicz desmontó buena parte de las  posiciones de la cultura de las formas en sus diarios y buena parte de  las posiciones de la cultura literaria en su creación artística echando  mano a su conciencia y a su inmadurez. Empecemos por decir, entonces,  que no tenía una visión del mundo predeterminada cuando empezaba a  escribir, no la podía tener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribiendo, poco a poco, esa  visión del mundo se la iba formando dándose la cabeza contra la pared  pues en el acto mismo de la creación debía utilizar materiales,  digámoslo así, que le venían dados, siendo el leguaje el más importante.  Y éste no es un problema menor ya que nadie podría, pongamos por caso,  construir un edificio transparente si sólo dispusiera de ladrillos  opacos.&lt;br /&gt;Los estilos y las formas están hechos y sólo  nos resulta posible expresarnos a través de ellos, esto es así para  Gombrowicz y para cualquier otro hombre que utilice la palabra como un  medio artístico de expresión. La visión del mundo es pues un producto  social que le viene dado al hombre desde el pasado a caballo de la  historia, y tiene éxito en la medida que no la pongamos en tela de  juicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto ocurre así cuando no somos conscientes de cómo esa  visión del mundo afecta nuestra forma de hacer las cosas y de percibir  la realidad. La visión del mundo es entonces un marco de referencia  interhumano y, de la misma manera que nos pasa con la forma, no es  nuestra. Son las representaciones de ideas, valores, ideologías y  creencias que le fueron impuestas durante siglos a la humanidad.&lt;br /&gt;A  juicio de Gombrowicz, estas representaciones nos deforman. Él se ocupó  de destruir su visión del mundo, una visión del mundo que, por otra  parte, no era suya, y no de crear una visión del mundo  nueva, pues ningún hombre individualmente, por más genial que sea,   puede emprender una empresa semejante, a excepción de los profetas, y  Gombrowicz no era profeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más que la consecuencia de una visión  del mundo, sea ésta a priori o a posteriori, su obra es el resultado  del esfuerzo consciente que realiza para organizar el caos inicial de  una narración que le rebota como una pelota contra las paredes del  leguaje y que constantemente es absorbida por estilos y obsesiones que  le viene dados por la herencia, por la tradición y por la cultura.&lt;br /&gt;Gombrowicz  nunca pudo ajustar las cuentas con su inmadurez, un poco porque no  quiso y otro poco porque no pudo. El aspecto cómico de esa inmadurez era  su infantilismo y la forma dramática su confrontación con la madurez.  Todas las naturalezas intermedias están tironeadas por los extremos, la  crisálida por el gusano y la mariposa, la adolescencia por la inmadurez y  la madurez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según este modo de ver las cosas hay que decir que Gombrowicz  fue un adolescente desde la niñez hasta la muerte. Si hay algo nuevo  después de Gombrowicz es la irrupción consciente que realiza con su  inmadurez en el mundo de la cultura. “Ferdydurke” tuvo desde el comienzo  el doble aire de la irresponsabilidad y la provocación de una comedia y  el aspecto de la profundidad y el dolor de una tragedia.&lt;br /&gt;De los  fondos de una gigantesca cloaca provienen la substancia y el alimento  para el desarrollo de todos los valores y de toda la cultura. El  complejo de formas de segundo orden encadenado a nuestra inmadurez está  incorporado a nuestra vida como un viejo hábito. La envoltura de las  formas maduras y convencionales le rinde homenaje a los valores elevados  y sublimados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto nuestra vida esencial se desarrolla  en una esfera familiar y sucia, con ligereza y libre de sanciones. Su  energía emocional es cien veces más pujante  que la de aquella otra en la que se tejen las telas de las  convenciones, una esfera detestable y vergonzante en la que prospera una  vida exuberante y lujuriosa. Gombrowicz pone en entredicho la posición  aislada y privilegiada atribuida a los fenómenos psíquicos.&lt;br /&gt;Destruye  el mito de su divinización, y pone al descubierto una genealogía  zoológica escabrosa y poco reluciente que repudia toda vanidad. Descubre  una naturaleza común entre las esferas de la cultura y de las  subculturas y vislumbra en la región de la inmadurez el modelo y el  prototipo del valor en general, y en el mecanismo de su funcionamiento  la llave para la comprensión de la maquinaria de la cultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En  el salón que da a la calle todo obedece a lo que es conveniente, pero en  la cocina de atrás de nuestro yo se practica la economía de la peor de  las conductas. Gombrowicz domina esta maquinaria psíquica ridícula y  caricaturesca al punto de llevarla a una zona de  cortocircuitos violentos y de explosiones que condensan en forma  grotesca. “Cabe concebir la guerra como un conflicto de formas (...)”&lt;br /&gt;“Yo  veía con estupor cómo Europa, la central y la oriental principalmente,  se preparaba para la guerra, entraba en la era de la movilización  demoníaca de las formas. Los hitlerianos y los comunistas se componían  ambos un rostro amenazador, y la fabricación de creencias, de  entusiasmos y de ideales igualaba a la fabricación de cañones, de balas y  de bombas (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La obediencia ciega y la fe ciega se habían  vuelto obligatorias, y no solamente en los cuarteles. La gente se ponía  artificialmente en estados artificiales, y todo –incluso, y en especial,  la realidad–, todo debía ser sacrificado para obtener la fuerza. Esta  obediencia ciega suponía puras sandeces vocingleras, cínicas  falsificaciones, la deformación de la realidad más evidente; una  atmósfera de pesadilla (...)” &lt;br /&gt;“Un horror sin nombre... Esos años de preguerra fueron quizás más  ignominiosos que los de la guerra misma. Asfixiado por esa presión de la  forma, me lancé con todas mis fuerzas hacia una nueva aprehensión del  hombre; era la única posibilidad de conservar algo de esperanza. Me  hallaba, junto a la humanidad, en la más negra de las noches. El viejo  Dios agonizaba (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Las leyes, los principios y las costumbres  que habían constituido el patrimonio de la humanidad se veían  suspendidos en el vacío, despojados de su autoridad. El hombre,  desembarazado de Dios, liberado y solitario, amenazaba con formarse a sí  mismo a través de los demás hombres... Seguía siendo la forma, y no  otra cosa, lo que se encontraba en la base misma de esas convulsiones  (...)”&lt;br /&gt;“El hombre moderno se caracterizaba por una nueva actitud  frente a la forma. La imaginación me representaba a los hombres del  futuro dejándose formar deliberadamente  unos por otros. Vinculé mi experiencia particular a ese panorama  general de la humanidad y conseguí con ello un sosiego relativo. No era  el único en ser camaleón, todo el mundo lo era (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Se trataba  de la nueva condición humana, había que tomar conciencia de ello con  rapidez. Me convertí en el poeta de la forma, y ‘Ferdydurke’, en lugar  de servirme a mí, se transformó en un poema grotesco que describía los  tormentos de los hombres en un lecho de Procustes: el de la forma. A  decir verdad, el artista no piensa, si por pensar se entiende la  elaboración de un encadenamiento de conceptos (...)”&lt;br /&gt;“En el artista,  el pensamiento nace del contacto con la materia a la que le da forma,  como algo auxiliar, como la exigencia de esa materia por tener una forma  naciente. Se trata de que la obra se logre, de hacerla apta para vivir,  no es de la verdad de lo que se trata. Mis pensamientos se gestaban al  mismo tiempo que mi obra, era  una simbiosis cotidiana con su mundo, que, lentamente, se revelaba  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Triste, deprimido, agotado, pasé algunos meses en los  Tatras, y luego me fui a Roma. A veces me invadía el miedo, pues  ‘Ferdydurke’ era una provocación y la prensa nacionalista me atacaba  brutalmente tratándome de corruptor, lo que podía muy bien significar  que iba a ser apaleado por bandas fascistas. Ya en la escuela, pese a  ser un gallina, a menudo había sufrido las consecuencias de entregarme a  la provocación (...)”&lt;br /&gt;“Volví de Roma a Varsovia pasando por Venecia  y Viena. En Varsovia reinaba la excitación, las muchedumbres, la  fiebre, el frenesí, el estado de alerta... Y de todos los países llegaba  una furia aterradora de pueblos amenazados. Comprendí con una claridad  meridiana una cosa: ‘Ferdydurke’ estaba condenado al fracaso, y yo  también estaba condenado al fracaso junto con él (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Sólo  diez años más tarde, tras el  desastre universal, sobre los escombros y las cenizas de la forma hecha  trizas, yo y ‘Ferdydurke’ empezamos a dar de nuevo algunas señales de  vida”. Esas señales de vida de la actividad literaria de Gombrowicz las  empieza a dar en el año 1944, en La Falda, una localidad de la provincia  de Córdoba, donde escribe su cuento “El banquete” y empieza “El  casamiento”.&lt;br /&gt;La traducción de “Ferdydurke” fue posible gracias a que  Frydman consiguió traer en forma milagrosa un ejemplar del libro desde  Polonia, pero ni Piñera ni las otras personas que ayudaron a Gombrowicz a  poner en español a “Ferdydurke” pudieron comparar las dos versiones  pues no sabían polaco. Los polacos hispanohablantes hicieron una  observación interesante después de que el libro apareciera en la  Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz había creado una versión más fácil de la  novela para atraer la atención del lector al contenido del libro. Por  medio de la  eliminación de las partes difíciles y estilísticamente más extrañas,  reemplazadas por un breve sumario del sentido del fragmento faltante,  los autores de la traducción se propusieron no desalentar a los lectores  hispanohablantes en el mismo comienzo de la obra.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt; "Las opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de  exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no  representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor",  medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-4197762689478816406?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/4197762689478816406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/08/witold-gombrowicz-y-la-sociologia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/4197762689478816406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/4197762689478816406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/08/witold-gombrowicz-y-la-sociologia.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y LA SOCIOLOGÍA'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-6129469158072626944</id><published>2011-07-18T17:44:00.000-04:00</published><updated>2011-07-18T17:45:16.862-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ, SIENKIEWICZ Y GONZALO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="1311025320169-Witold_Gombrowicz.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/1311025320169-Witold_Gombrowicz.jpg?v=1311025369499" width="374" height="247" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;  &lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;  &lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ, SIENKIEWICZ Y GONZALO&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando  Gombrowicz ya se atrevía a mirar fría y libremente el fenómeno de la  independencia de Polonia, cuando estaba desentrañando con maestría los  arcanos del Dios y de la patria polacos, estalló la guerra y todo se le  vino abajo. “Sería fatal que, siguiendo el ejemplo de muchos otros  polacos, me deleitara con el recuerdo de nuestra independencia de los  años 1918-1930 (...)”&lt;br /&gt;“Lo que pido es que no se confunda mi frialdad  con un efectivismo barato. El aire de libertad nos fue dado para que  emprendiéramos la lucha contra un enemigo más atormentador que todos los  opresores anteriores, contra nosotros mismos”. En el grupo de  escritores que formaron las mentes de quienes vivirían en la  independencia se destaca  con una luz fulgurante Henryk Sienkiewicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente al conflicto  que existía entre el Dios absoluto y el Dios de Sienkiewicz Gombrowicz  encuentra una solución intermedia en la difícil infancia de un hombre  adulto. A Gombrowicz le costaba trabajo mantener buenas relaciones con  el catolicismo. Esa doctrina estaba en contradicción con su visión del  mundo, pero el intelectualismo contemporáneo se estaba volviendo  peligroso.&lt;br /&gt;Ese intelectualismo le despertaba más desconfianza aún  que el propio catolicismo. El cristianismo le ofrece al hombre una  visión coherente y no lo tienta a resolver con su propia cabeza los  problemas del mundo, una tentación que, por lo general, produce  resultados catastróficos. Un año después de que naciera Gombrowicz  Henryk Sienkiewicz recibe el Premio Nobel de Literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este  insigne hombre de letras polaco, gran defensor de la causa de Polonia,  que escribió sobre temas referidos a los problemas  sociales del campesinado y de las clases pobres de las ciudades, es uno  de los autores más leídos del siglo XX. La cuestión Sienkiewicz que se  le fue presentando a Gombrowicz estaba vinculada a Dios, a la patria y a  la inferioridad.&lt;br /&gt;Los valores más importantes que tenían los polacos  antes del nacimiento de Gombrowicz eran los de Dios y los de la patria.  Cuando murió ya no lo eran, se habían transformado, sin embargo, hay  que decir que estos dos valores son universales, señalan dos  pertenencias fundamentales, la transcendencia y la tierra. El poder de  Dios y de la patria se había debilitado en la conciencia de Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  anduvo buscando durante toda su vida una manera de pasar de la  inferioridad a la superioridad con un movimiento de ida y vuelta  conservando por separado las propiedades que tienen cada uno de estos  estadios. Esta aspiración a la totalidad y a la universalidad era una  característica de la cultura de su  tiempo. El Dios polaco es un sistema maravilloso.&lt;br /&gt;Mantiene al hombre  en la esfera intermedia de la existencia, es una manera de esquivar lo  extremo, el Dios polaco es el  Dios de Sienkiewicz, ese escritor eximio  de segunda fila, ese Homero de cuarta categoría, ese Dumas padre de  primera clase. Es difícil encontrar en la historia de la literatura un  encantamiento parecido al que produjo Sienkiewicz sobre la nación y las  masas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los polacos leían a Mickiewicz porque era una literatura  que resultaba obligatoria, pero Sinkiewicz embriagaba los corazones de  todos los polacos porque les acercó un tipo de belleza realmente  distinto. Antes de Sienkiewicz la belleza polaca se identificaba con la  virtud. Los gustos fueron cambiando con el tiempo y la virtud terminó  por resultar aburrida.&lt;br /&gt;La naturaleza humana se manifiesta en el  pecado, en la expansión vital, y la verdadera belleza no se consigue  silenciando la fealdad. El dilema entre la  virtud y la vitalidad no estaba resuelto, entonces, Sienkiewicz, sazonó  la virtud con el pecado, endulzó el pecado con la virtud y preparó un  licor dulzón. Era un licor no demasiado fuerte y, sin embargo,  excitante, un licor que gusta sobre todo a las mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  pecado simpático, bonachón, encantador y limpio es la especialidad de la  cocina de Sienkiewicz, lo preparaba para fortalecer a la nación y a  Dios. A Gombrowicz le resultaba claro que el Dios de Adam Mickiewicz y  de Henryk Sienkiewicz estaba subordinado a la nación. La moral  individual de Dios le cedía su lugar a la moral colectiva de la nación  abriéndole la puerta al espíritu del rebaño.&lt;br /&gt;Le daba la bienvenida a  la masa, por eso es que Sienkiewicz es un escritor católico sólo en  apariencia. El lenguaje del catolicismo limitado de Sienkiewicz no  alcanzaba para satisfacer el propósito de Gombrowicz. No alcanzaba para  lograr un encuentro entre lo superior y lo inferior,  un encuentro que Gombrowicz buscaba y que el cristianismo, con una  sabiduría calculada para todas las mentes, le podía procurar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvo  que seguir otro camino, un camino en el que entronizó la inmadurez como  un promontorio de la cultura y con la que desmontó una buena parte de  los hábitos contemporáneos. Hay cuestiones que interesan mucho a los  lectores de Gombrowicz: saber qué quiere decir la palabra Ferdydurke;  saber qué era lo más importante para Gombrowicz cuando se murió; saber  qué obra era la más grande.&lt;br /&gt;Se podría agregar un cuarto asunto, pero  éste sólo es interesante para algunos especialistas argentinos: saber  si el escritor vestido de negro de “Transatlántico” es Mallea o Borges.  “Transatlántico” es, efectivamente la obra polaca más argentina de  Gombrowicz, ya tenía encima más de la mitad del tiempo que vivió en  Argentina, y no pudo ni quiso sustraerse a su influencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay en  esta novela un  ambiente en el que aparecen en una misma escena, el estilo intelectual  imperante por Buenos Aires en esa época, y un puto millonario. Es  probable que el escritor vestido de negro fuera una mezcla de Mallea con  Borges, y Gonzalo, una mezcla de los putos en estado de ebullición a  los que hace referencia Gombrowicz en el “Diario” con Manuel Mujica  Láinez..&lt;br /&gt;“Leo en la prensa que me fui a la Argentina por miedo a la  guerra. No es verdad, me preparé para ese viaje con tanta  despreocupación que sólo a la casualidad debo el no haberme quedado en  Polonia. Mis veintitrés años en la Argentina, después de haber sorteado  una cadena de dificultades en la partida de Polonia, se decidieron en  una cuestión de minutos (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La historia de las dificultades  que tuve para salir de Polonia fue como si una mano enorme me hubiera  agarrado por el cuello, sacado de mi país y depositado en esa tierra  perdida en medio del océano, y sin embargo  europea, precisamente un mes antes de que estallara la guerra.  Doscientos dólares, toda mi fortuna, me bastaron durante cerca de seis  meses, la Argentina era por entonces un país excepcionalmente barato  (...)”&lt;br /&gt;“A veces me veía obligado a pedir prestados algunos pesos para  poder comer, unas situación que se prolongó hasta 1947. Después trabajé  en el Banco Polaco durante siete años, esto me resultó terriblemente  aburrido. El regusto amargo, trágico y poético de los primeros siete  años no habrían de borrases fácilmente. Me dejé arrastrar sin  vacilaciones en aquel caos de lenguas diversas, me convertí en uno de  ellos”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mi ‘Transatlántico’ no alude a un barco, sino a algo como  a través del Atlántico; se trata de una novela que mira hacia Polonia  desde la tierra argentina. Sigue divirtiéndome ese ‘Transatlántico’,  jocoso, absurdo, escrito en un estilo arcaico, lleno de extravagancias  idiomáticas, a veces  inventadas... Es la menos conocida de mis novelas, ya que esas  excentricidades lingüísticas no resultan fáciles de traducir (...)”&lt;br /&gt;“El  fin de la guerra no supuso una liberación para los polacos. En aquella  triste Europa central, significaba tan sólo la sustitución de una noche  por otra, de los verdugos de Hitler por los de Stalin. En el mismo  momento en que en los cafés parisinos las almas nobles saludaban con un  canto glorioso la emancipación del yugo feudal por parte del pueblo  polaco, en Polonia ocurría algo muy distinto (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El mismo  cigarrillo encendido cambiaba simplemente de mano y seguía quemando la  piel humana.  Yo observaba todo esto desde la Argentina, mientras me  paseaba por la avenida Costanera. La palabra basta que sin duda afloraba  a los labios de cada polaco, empezó a exigir de mí una solución  concreta. Por el hecho de su situación geográfica y de su historia,  Polonia se veía condenada a ser  eternamente desgarrada (...)”&lt;br /&gt;“Pero, ¿no era posible cambiar algo en  nosotros mismos, los polacos, para salvar nuestra propia humanidad?  Mientras en Polonia le rompían los dientes a la gente, el mundo seguía  insistiendo con sus declamaciones sobre el romanticismo polaco y el  idealismo polaco, o bien se repetían con insistencia y monotonía las  mismas trivialidades sobre la Polonia mártir (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En materia  de arte, no creo en la utilidad de las pequeñas correcciones, hay que  hacer acopio de fuerzas y dar un salto, operar un cambio radical, desde  la base. Se requería, no una realidad de segunda mano, una realidad  polaca, sino una realidad más fundamental, la realidad humana. Había que  sacar al polaco de Polonia para hacer de él tan sólo un hombre, hacer  un polaco antipolaco (...)”&lt;br /&gt;“Me senté y me puse a escribir, sólo  que, empecé a escribir algo opuesto por completo a lo que hubiera sido  conveniente escribir. En  lugar de salirme la gravedad, me salió la risa, los disparates y la  diversión. Al escribir ‘El casamiento’ yo estaba obnubilado con ‘Hamlet’  y con ‘Fausto’, pues bien, ‘Transatlántico’ nació en mí como el ‘Pan  Tadeusz’ de Mickiewicz, pero al revés (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Este poema de  Mickiewicz, escrito también en el exilio, la obra maestra de nuestra  poesía nacional, supone un afirmación del espíritu polaco suscitada por  la nostalgia. En ‘Transatlántico’ estaba obsesionado con Mickiewicz, a  menudo me las arreglo bastante bien para estar en buenas compañías”. Dos  de las ideas principales que aparecen en “Transatlántico” son el  filicidio y la filiatría.&lt;br /&gt;“No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni  le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me  rehusaste tu hijo, tu único”. El temor y la fe frustraron el filicidio  bíblico, el filicidio del “Transatlántico”, en cambio, es frustrado  por el bam, bum, bam. Las guerras son el producto de la orden que los  maduros le imparten a los jóvenes de que hay que morir por la patria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A  este mandato, el filicidio, Gombrowicz opone la filiatría, un idea que  desarrolla en forma elocuente en “Transatlántico”. La novela comienza  cuando Gombrowicz manifiesta su necesidad de comunicarle a su familia  perdida en una Polonia destruida por la guerra, a sus parientes y a sus  amigos el comienzo de sus aventuras en la capital de la Argentina, unas  aventuras que ya duraban diez años.&lt;br /&gt;Llega a Buenos Aires el 21 de  agosto de 1939 y desde el primer día, a la salida de las recepciones,  les agredían los oídos con el grito obsesivo de “Polonia”, que se  escuchaba en las calles. Gombrowicz se daba cuenta que algo no andaba  bien, no había remedio, la guerra estallaría de hoy para mañana. El  barco recibe la orden de partir y Gombrowicz se despide de un amigo  embarcado con él deseándole un  buen viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pobre compatriota sólo atina a rogarle que se  presente rápidamente en la embajada. Cuando el barco se está alejando  Gombrowicz pronuncia una blasfemia terrible contra Polonia y se interna  en la ciudad. Estaba completamente desorientado y sin dinero, así que  visita a un compatriota que había sido vecino de uno de sus primos en  Polonia para pedirle opinión y consejo.&lt;br /&gt;Pero este hombre empieza a  decirle que aprobaba y que no aprobaba su decisión de quedarse, que  había hecho bien y tal vez mal, que él no estaba tan loco como para  opinar en estos tiempos o como para no opinar, que tenía que presentarse  enseguida en la embajada o no presentarse, que era igual si se  presentaba o si no se presentaba, que se podía exponer o no exponer a  graves riesgos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, en fin, que hiciera lo que le pareciera  oportuno o que no lo hiciera. Perdido entre la muchedumbre Gombrowicz  decidió no inmiscuirse en el asunto de la guerra, no  era un asunto de su incumbencia, si allá tenían que sucumbir, que  sucumbieran. Fue a la embajada, se echó a llorar y se puso a los pies  del embajador, le besó la mano, le ofreció sus servicios y su sangre.&lt;br /&gt;Le  rogó que en ese momento sagrado, según fuera su santa voluntad y  entender, dispusiera de su persona. El embajador le dijo que sólo podía  darle cincuenta pesos, que no tenía más, pero que si quería irse a Río  de Janeiro a importunar al embajador de allá, le pagaría el viaje y le  daría algo más, que no quería literatos por acá porque lo único que  sabían hacer era pedir plata y después ladrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz se dio  cuenta de que el embajador lo estaba despidiendo con moneda menuda,  entonces le dijo que él era una literato pero también era un Gombrowicz.  Y cuando el embajador le preguntó de cuáles Gombrowicz era Gombrowicz,  le respondió que de los Gombrowicz Gombrowicz, entonces el diplomático  le ofreció ochenta  pesos en vez de cincuenta, ni un peso más.&lt;br /&gt;Le recordó que estaban  en guerra y que había que marchar para vencer a los enemigos, matarlos,  destrozarlos y aplastarlos, y que no fuera ladrando por ahí que el  embajador no había marchado y hablado contra los enemigos delante de él.  Le pidió que escribiera artículos para celebrar la gloria de los genios  polacos, que por ese servicio le podía pagar setenta y cinco pesos  mensuales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era necesario ensalzar a la patria en momentos tan  difíciles, pero Gombrowicz le contestó que no podía hacerlo porque le  daba vergüenza, entonces el embajador lo empezó a tratar de comemierda, y  le recordó que la embajada le había rendido homenaje. Lo iba a  presentar a los extranjeros como el Gran Comemier… Genio Gombrowicz.&lt;br /&gt;La  primera consecuencia de su presentación en la embajada fue que lo  invitaron a una recepción. Se trataba de una reunión en la casa de un  pintor a la que iban a asistir los  escritores y artistas locales. Gombrowicz tenía una gran seguridad en  su maestría y sabía que como maestro lograría superar y dominar a todos  los demás. Cuando llegó sus compatriotas lo glorificaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  consejero Podsrocki lo presentaba y ensalzaba como el gran maestro y  genio polaco Gombrowicz. Como nadie le llevaba el apunte, el consejero  Podsrocki lo empezó a tratar de comemierda y le exigió que hiciera algo  para no avergonzarlos. Entró un hombre vestido de negro, se notaba que  era una persona muy importante, un gran escritor, un maestro.&lt;br /&gt;El  personaje llevaba en los bolsillos una cantidad inconcebible de papeles  que perdía y recuperaba a cada momento, y debajo del brazo algunos  libros, se volvía a cada rato inteligentemente inteligente. Los  compatriotas de Gombrowicz lo empezaron a azuzar para que mordiera al  hombre de negro, que si no lo hacía lo iban a tratar de comemierda y a  morder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Gombrowicz habló con  la persona más cercana en voz bastante alta. “No me gusta la  mantequilla demasiado mantecosa, ni los fideos demasiado fideosos, ni la  sémola demasiado semolosa, ni los cereales demasiado cerealientos”. El  hombre de negro le respondió que la idea era interesante pero no nueva,  que ya Sartorio la había expresado en sus “Eglogas”.&lt;br /&gt;Entonces  Gombrowicz le manifestó que no le importaba un comino lo que decía  Sartorio. Lo que le importaba era lo que decía él, el que hablaba; el  gran escritor sin pensarlo dos veces le contestó que la idea no era mala  pero que existía un problema, ya había dicho algo parecido Madame de  Lespinnase en sus “Cartas”. Gombrowicz perdió el aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel  canalla lo había dejado sin palabras, entonces empezó a caminar y a  caminar, y cada vez caminaba con más furia, sus compatriotas estaban  rojos de vergüenza y los demás de ira. Pero alguien comenzó a caminar  con él, era un hombre alto, moreno,  de rostro noble. Sin embargo, sus labios eran rojos, estaban pintados  de rojo. Huyó como si lo persiguiera el diablo.&lt;br /&gt;El moreno lo siguió,  era muy rico, vivía en un palacio, se levantaba al mediodía para tomar  café y luego salía a la calle y caminaba en busca de muchachos; aunque  vivía en una mansión simulaba ser su propio lacayo. Tenía miedo que los  muchachos le pegaran o que lo asesinaran para sacarle la plata. El  moreno estaba perdidamente enamorado de un joven rubio hijo de un  comandante polaco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a Gombrowicz, en la Plaza San Martín,  vio al joven rubio, lo siguieron hasta el Parque Japonés, y allí  encontraron a los tres socios de la empresa equino-canina donde  trabajaba Gombrowicz. Los socios empezaron a decirle a Gombrowicz que  entonces no era tan loco como pensaba la gente, que el moreno tenía  millones, insinuándole de esa manera una aventura con él.&lt;br /&gt;El joven  rubio estaba tomando cerveza con el padre, un hombre  bueno, decente, cortés y aterciopelado. Le comenta a Gombrowicz que va a  enrolar a su único hijo en el ejército polaco. Gombrowicz lo previene  contra el moreno y le sugiere que se vaya del lugar, el padre no accede.  El moreno brinda con el padre desde lejos, el comandante se lo prohibe  con un gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El moreno se irrita y le arroja el jarro de  cerveza, le parte la frente y brota la sangre. Primero la vergüenza en  la embajada, después en la casa del pintor, y ahora en el Parque  Japonés, mientras allá, del otro lado del océano, se derrama la sangre. A  la mañana siguiente apareció el padre en la pensión de Gombrowicz. Le  rogó que desafiara al moreno en su nombre.&lt;br /&gt;Vaca o no vaca el hecho  era que ese malvado llevaba pantalones y que lo había ofendido  públicamente. Cuando Gombrowicz se lo contó al moreno éste le recriminó  que se hubiera puesto de parte del viejo y no del joven, que tenía que  defender al joven de la tiranía del  padre, que de qué le servía a los polacos ser polacos, que si acaso  habían tenido hasta hora un buen destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si no estaban hasta la  coronilla de su polonidad, si no les bastaba ya el martirio, el eterno  suplicio y el martirologio, había llegado el momento de la filiatría.  Aceptaba el duelo bajo la condición de que las balas fueran de salva,  que las verdaderas se debían escamotear al momento de cargar la  pistolas. Para asegurar esta impostura Gombrowicz nombró a dos socios de  la empresa equino-canina  como padrinos del duelo.&lt;br /&gt;El moreno había  rematado su exhortación con la palabra filiatría, y esta palabra le  retumbaba en la cabeza a Gombrowicz junto a los gritos de “Polonia,  Polonia” que escuchaba en la calle mientras caminaba hacia la embajada.  ¡Viva nuestro heroísmo!, exclamaba el embajador, un coronel ya le había  contado lo del duelo entre el comandante y Gonzalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos  descontaban que el duelo  terminaría sin sangre convinieron  en agasajar al comandante con una  comida que se daría en la embajada; mientras el consejero Podsrocki  volcaba en el libro de actas la invitación que estaba haciendo el  embajador escribió también que iban a asistir al duelo, que tenían que  ver la valentía del polaco con la pistola en la mano atacando al  enemigo.&lt;br /&gt;Pero un duelo no es una partida de caza, tenían que asistir  con una excusa bien pensada,  bien podría ser una cacería con galgos a  la que invitarían a los extranjeros. Mientras tanto Gombrowicz le  preguntaba al embajador cómo era posible que marcharan sobre Berlín si  los combates se estaban librando en los suburbios de Varsovia. El  embajador le dijo que todo se había ido al diablo, que todo había  terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían perdido la guerra y había dejado de ser  embajador, pero la cabalgata se iba a realizar de todos modos. Al día  siguiente, el duelo, se dio la señal y los  adversarios entraron al terreno. Gombrowicz cargó las pistolas y metió  las balas en el forro de la manga. Vacío absoluto, eran disparos vacíos,  a lo lejos apareció la cabalgata; vacío porque no había balas y vacío  porque no había liebres.&lt;br /&gt;El duelo era una trampa que no tenía fin  porque se había convenido a primera sangre. De pronto se oyó un furioso  ladrido de perros y un grito espantoso. El hijo estaba siendo atacado  por los perros, el padre disparó contra los animales enfurecidos pero  con un revolver vacío, entonces, el moreno se arrojó sobre la jauría y  salvó la vida joven. El padre se conmovió y le ofreció su amistad eterna  que el moreno aceptó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cerrar todas las heridas Gonzalo lo  invito a su casa. No era el palacio de la ciudad, era otro distante a  tres leguas, el comandante tenía malos presentimientos pero igual fue.  Pinturas, esculturas, tapices, alfombras, cristales… se depreciaban muy  rápidamente por su  abundancia excesiva. La biblioteca estaba llena de libros y de  manuscritos amontonados en el suelo.&lt;br /&gt;Era una montaña que llegaba  hasta el techo sobre la que estaban sentados ocho lectores  flaquísimos  dedicados a leer todo. Obras preciosas escritas por los máximos genios,  se mordían y devaluaban porque había demasiadas y nadie podía leerlas  debido a su excesiva cantidad. Lo peor es que los libros se mordían como  si fuesen verdaderos perros rabiosos hasta darse muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  moreno regresó pero vestido con una falda y le dio indicaciones a un  muchacho para que se pusiera en el medio de la sala y luciera su figura,  que para eso le pagaba. Pero ese mequetrefe estaba allí, más que para  lucir su figura, para moverse en honor al hijo, pues cada vez que se  movía el hijo también se movía él. Al final fue un alivio que el dueño  de casa diera la señal de ir a dormir.&lt;br /&gt;Le confiesa al padre que lo  había traicionado con el moreno  realizando un duelo sin balas, Gombrowicz estaba conmovido y estalló en  llanto frente al padre que desesperado por la congoja le hace un  juramento sagrado. Iba a lavar su honra con sangre, pero no con la  sangre afeminada de ese miserable, sino con la sangre densa y terrible  de su propio hijo, era la ofrenda del hijo que le hacía a la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando  el moreno se entera de que el padre quiere matar al hijo le dice a  Gombrowicz que tiene un medio para convencer al hijo de que mate al  padre, y al convertirse en parricida necesitará su amparo, se ablandará y  caerá en sus manos afectuosas y protectoras. El moreno y el hijo juegan  en un frontón y golpean a la pelota con todas sus fuerzas, bam, bam,  bam, resonaban los golpes.&lt;br /&gt;Mientras tanto el mequetrefe golpeaba con  una madera unos palitos que estaban mal colocados, bum, bum, bum. Y en  medio de aquel bum-bam la pelota zumbaba y el hijo golpeaba más fuerte  porque sentía que tenía un  partidario. El padre comprendió que con el bumbam le estaban robando al  hijo… Gombrowicz había perdido la patria, se había asociado con el  moreno en una empresa ignominiosa para humillar al padre…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los  compañeros de Gombrowicz de la empresa equino-canina donde trabajaba  sintieron la necesidad de llevar a cabo un hecho más terrible aún que el  filicidio y el parricidio que estaban planeando el padre y Gonzalo, un  horror que los colmara de poder, se propusieron entonces torturar al  embajador junto a su mujer y sus hijos. Después los matarían a todos  arrancándoles los ojos.&lt;br /&gt;Todo les parecía poco, así que pensaron que  lo mejor sería matar al hijo del comandante, esa muerte aumentaría tanto  el horror que la naturaleza, el destino y el mundo entero iban a  cagarse en los pantalones. El moreno y el hijo jugaban a la pelota y el  mequetrefe se movía con el joven clavando palitos, bumbambeaban.  Mientras tanto el comandante se paseaba  comiendo ciruelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hijo estaba delante de Gombrowicz con su  vos fresca y alegre, su risa armoniosa, los movimientos de todo su  cuerpo ágiles y livianos. El padre observaba al moreno que llevaba el  ritmo del bumbam, y el bumbameo unía a los muchachos debajo de los  árboles. ¡A bailar!, un gentío increíble, la flor y nata de la colonia  polaca, mejor olvidar y no dejar transparentar nada.&lt;br /&gt;En la oscuridad  se escondían algunas siluetas monstruosas, unas siluetas que parecían  perros pero tenían cabezas humanas, se agrupaban en un montón y parecían  brincar, copular y morder. Los polacos de la empresa equino-canina se  preparaban para ser terribles matando al hijo. Las parejas bailaban y el  hijo bailaba con una hermosa polaquita lleno de brillo y gallardía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si  el joven saltaba, el mequetrefe saltaba, bailaban al ritmo del bumbam,  temblaban los cristales, la colonia polaca quería bailar la mazurca pero  era imposible, sólo  había bumbam. El padre tomó un gran cuchillo y lo guardó en un  bolsillo. Y, de pronto, bum, el criado contra una lámpara; y el hijo,  bam, a la lámpara; vuelve el mequetrefe, bum, a un jarrón; y el hijo,  bam, al jarrón.&lt;br /&gt;Bum, el criado contra el padre; el padre cae al  suelo y ya se apresuraba el hijo a bambearlo con su bam. En aquel pecado  general, mortal, en aquella debacle, en medio de esa enorme corrupción  no existía otra cosa que el llamado del bum-bam y el trueno del  asesinato. El hijo volaba hacia el padre, pero en vez de bambearlo con  su bam, lo bambeó con una risa que le estalló en la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  embajador también estalló de risa. Fue un bramido de risa general en  todo el salón. Junto a las paredes habían quienes se pedorreaban y  quienes se meaban de risa. Bambeabam. “Y, entonces, de risa en risa,  riendo, bum; riendo; bam, bum, bumbambeaban”&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-6129469158072626944?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/6129469158072626944/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/07/witold-gombrowicz-sienkiewicz-y-gonzalo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/6129469158072626944'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/6129469158072626944'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/07/witold-gombrowicz-sienkiewicz-y-gonzalo.html' title='WITOLD GOMBROWICZ, SIENKIEWICZ Y GONZALO'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-535994886285155256</id><published>2011-07-13T10:46:00.001-04:00</published><updated>2011-07-13T11:00:02.099-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ, LA VIRGINIDAD Y LA BASTARDÍA</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Oh9-SwJm8rg/Th2x5NxuxTI/AAAAAAAACPE/kSFW9KdIuG4/s1600/Witold%2BGombrowicz%2By%2BLucrecia%2BErcole%2B2.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 333px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-Oh9-SwJm8rg/Th2x5NxuxTI/AAAAAAAACPE/kSFW9KdIuG4/s400/Witold%2BGombrowicz%2By%2BLucrecia%2BErcole%2B2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5628850705791894834" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 8px; margin-right: 8px; margin-bottom: 8px; margin-left: 8px; background-image: initial; background-attachment: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-color: rgb(255, 255, 255); "&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;&lt;b&gt;WITOLD GOMBROWICZ, LA VIRGINIDAD Y LA BASTARDÍA&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;“La impresión que me da Gombrowicz es la de un hombre que construyó su edificio sobre las ruinas de su vida emocional”. Estas declaraciones dramáticas de Czeslaw Milosz contrastan con otras formuladas por algunos gombrowiczidas eminentes. “Gombrowicz, cuando se refiere a su vida personal e íntima, casi siempre recurre a fórmulas, anécdotas o generalidades poéticas, evitando los detalles (...)” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;“En sus cartas a los amigos cercanos, especialmente en los últimos años, se manifestaba más libremente y sin tantas restricciones, pero esta indecente confesión tardía sonó como una broma”. Otros gombrowiczidas en cambio sostienen que el erotismo de la juventud de Gombrowicz era normal en un sentido físico, pero anárquico y loco en un sentido mental.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;En la esfera erótica de Gombrowicz se manifestaba su pasividad, su naturalidad sumisa, su inmediatez y la facilidad del acceso, de la entrega total, un carácter ideal y místico. Necesitaba de una relación directa y espontánea con las personas. “Por supuesto no he cometido ningún acto de locura. En la superficie he sido razonable, pero en el fondo, muy dentro de mí mismo, he vivido una vida apoyada enteramente en la fantasía (...)”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;“Creo que soy un hombre normal, pero tengo una tendencia a la locura interna”. Gombrowicz tenía de sí mismo una opinión estándar. “En cuanto hijo de buena familia, educado, bastante sano, ni feo ni guapo, sólo pasable, haciéndole la corte a sus primas, alumno mediocre, un tanto enmadrado, delicado, inquieto, y al mismo tiempo burlón, parlanchín, provocador (...)” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;“A menudo insoportable en el colegio y golpeado por sus compañeros mayores, sociable, frívolo, audaz o tímido según las circunstancias”. Cuando murió su padre en el año 1933 ya había empezado a sentir la decadencia de su familia a la que le encontraba cierto parecido con “Los Buddenbrooks”, la novela de Thomas Mann. Era una familia que se extinguía. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Las perturbaciones mentales de algunos parientes de la parte de su madre pesaban sobre su cabeza como una amenaza de trastornos psíquicos futuros. Gombrowicz conoce a Krystyna Janowska en la juventud, sus familias eran amigas y ambas pertenecían al mismo círculo social de vecinos. Morena, de ojos grandes, alta delgada y esbelta. Era atlética, montaba a caballo, hacía esquí y jugaba al tenis. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Krystyna se refiere a Gombrowicz como un hombre joven y guapo, diferente, interesante y original que se burlaba de los terratenientes. Por tal razón las jóvenes no se sentían seguras con él y para ella misma no había sido una opción de casamiento. Krystyna, ya abuela, no recordaba ninguna de las reuniones nocturnas a las que se refiere Gombrowicz. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Cuatro años menor que él, nacida en Bartidziejw, era hija de terratenientes. Igual que la Zutka de “Ferdydurke” era atlética y normal, no tenía nada que ver con el arte o el intelecto. Gombrowicz sabía que no podía responder a las expectativas y a las necesidades de las jóvenes, tampoco de Krystyna. No podía representar el papel de admirador y de amante. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;“Ferdydurke” termina con una escena que dice mucho sobre la relación convencional entre un hombre y una mujer. Pepe, de conformidad con el canon estándar secuestra a su prima Isabel. La joven disfruta del rapto y él debe responder a sus expectativas. La escena muestra la incapacidad fundamental de Gombrowicz para representar el papel de novio y marido. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;La primera reunión de Krystyna con Gombrowicz  se produce en 1922 en el río Vístula, tenía catorce años y era una colegiala. “No estuvimos vinculados por nada serio, sólo nos gustaba estar juntos, por otra parte Witold nunca me habló de sus sentimientos ni mencionó el casamiento”. Krystyna tenía una gran cantidad de pretendientes, y Gombrowicz era irritante. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;No sabía bailar, lo que en aquel entonces era una verdadera desventaja para un soltero. Le tenía miedo a los caballos, no nadaba ni esquiaba, era excéntrico y tenía ideas raras. En “Aventuras” en “Yo y mi doble” y en el mismísimo “Diario” Gombrowicz se refiere a Krystyna de una manera romántica. En “Aventuras” se enamora de ella en un globo aerostático&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;“La pasajera que tenía a mi lado me proporcionaba además una alegría íntima mucho mayor que la que proporcionaba el globo mismo. Sobre los prados, los campos y los bosques, por primera vez en la vida, perdía el juicio, y lo perdía cada vez más, mientras ella me escuchaba con tal atención que habría podido besar mil veces su pequeña, perspicaz y comprensiva oreja (...)” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;“A pesar de que es bien sabido que las mujeres dicen amar lo novelesco, no le conté nada sobre el Negro ni sobre mis otras aventuras… Me lo impidió una incomprensible vergüenza que me advertía que no debía hablar demasiado. Llegó el día del cambio de anillos… Luego, empezó también a acercarse el de la boda”. En “Yo y mi doble” en cambio se enamora al borde de un río.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;“Precisamente bajo el signo de una constelación erótico sensual de este tipo, sombría y lúgubre, desperté el martes a las cinco de la mañana. Por uno de esos fenómenos de resurgimiento que deberían estarles prohibidos a la naturaleza, acababa de ver una cosa totalmente perdida para mí, mi juventud y mi primera bienamada, allá en la roca, junto al molino, al borde del río”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Los pasajes de su inmadurez a su madurez son obscuros e incompletos, es evidente que no tuvo esa transformación interna estándar que nos va volviendo maduros: del erotismo a la sexualidad, del estudio a la profesión, de la profesión al trabajo, del trabajo al dinero, de la sexualidad a la pareja, de la pareja a los hijos, y, en general, de una cosa a la otra, en este camino nos vamos transformando y nos volvemos maduros. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Sin embargo, siempre nos queda como en un sueño actual el recuerdo de la juventud, el deseo de volver a ser jóvenes. Esta estructura casi romántica que aparece aquí a la manera clásica le da una buena oportunidad a Gombrowicz de rebelarse literariamente contra el nacimiento de bebés, es decir, contra el acrecentamiento de la cantidad del género humano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Llega al extremo de hacer nacer bebés en medio de los cascos de mujeres piafantes, al infanticidio que cometen las madres campesinas que se libraban de sus bebés arrojándolos a un pozo, y a estimular la repugnancia hacia la carne de la mujer y liquidar de esa manera el problema del bebé. Para salirle al cruce del nacimiento del bebé utiliza un artificio ingenioso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Gombrowicz se propuso debilitar en sus escritos todas las construcciones de la moral premeditada con el fin de que nuestro reflejo moral espontáneo pudiera manifestarse libremente. La locura era un asunto que preocupaba realmente a Gombrowicz, la sangre enfermiza de los Kotkowski que había heredado de su madre pesaba sobre él como una amenaza de posibles perturbaciones psíquicas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Ese temor fue más intenso en los años en que su imaginación estaba desbocada y oscilaba entre la neurosis y la psicosis. La neurosis estaba radicada en la zona consciente de sus complejos a los que transformaba en un valor cultural escribiendo. La esfera de la psicosis le ocultaba, en cambio, sus trastornos psíquicos y el control era menor. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Debemos clasificar a “La virginidad” como perteneciendo a esta segunda clase de sus creaciones. Algunos detalles insignificantes y aparentemente incoherentes introducen a una pareja inocente en las más oscura entraña de la sexualidad. Es un relato donde el erotismo más refinado se entrevera y confunde con la obscenidad total. Las descripciones que hacen los jóvenes de algunas partes del cuerpo son artificiosas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;La boca es una cereza, los senos son botones de rosa. Alicia era hija de un mayor retirado y estaba educada por una madre que la adoraba. Como las demás jóvenes de vez en cuando se acariciaba el codo y enterraba los pies en la arena. La vida de una muchacha en flor es distinta a la de un abogado o una madre. Debe ser difícil proteger a una joven cuya razón de existir es seducir a los demás. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Pero Alicia estaba protegida por el canario Fifí, por el perrito Bibí y por la madre. Una tarde paseaba por los senderos del jardín y un vagabundo, acostado sobre el muro que rodeaba al jardín, le arrojó un ladrillo que le dio de pleno en la espalda, la muchacha trastabilló y estuvo a punto de caer. Sin embargo, sonrió con unos labios que le temblaban de dolor. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Mientras el vagabundo bajaba del muro y desaparecía Alicia se repetía a sí misma que había sonreído. Cuando llegó a la casa entró en un estado de ensoñación y medio distraída le preguntó a la madre mientras tomaban el té por qué los hombres usaban pantalones, tenían cabello corto y se afeitaban. La joven escondió en la manga la cucharita de plata con la que había tomado el té. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Salió al jardín, se dijo a sí misma que la había robado y la enterró al pie de un árbol. Volviendo a casa pensaba que si el vagabundo no le hubiera arrojado el ladrillo ella no hubiera robado la cucharita; el padre le dijo que el día siguiente su prometido regresaba de China, el compromiso se había realizado cuatro años atrás cuando Alicia cumplía los diecisiete años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;El día en que el novio le pidió la mano Alicia le respondió que sí, que deseaba ser su prometida pero no quería desprenderse de un miembro de su cuerpo. Pablo era un muchacho encantador que estaba enamoradísimo de su inocencia. La mayor virtud, según pensaba él, residía en la virginidad, este valor condicionaba su espíritu y en torno a él se situaban sus instintos superiores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;“Vemos, pues, que la virginidad asciende del ser más bajo en la escala biológica y llega al hombre, y del hombre salta a los ángeles y de los ángeles a Dios, para perderse en el infinito. Dios mismo es un gran solitario en el universo, es la eterna juventud del Cosmos. De una pequeña particularidad puramente corporal nace el inmenso mar del idealismo y de los milagros, en evidente contraste con nuestra triste realidad”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Pablo amaba a Alicia por su virginidad inocente y estaba convencido de que quien desee adorar dignamente a una virgen él mismo debía ser virgen e ignorante, de otra manera el idilio sería una trampa. Habían transcurrido cuatro años y nuevamente pasea con su prometida por los senderos del jardín. Pablo la recrimina porque ha cambiado mucho, pero ella, distraídamente, le dice que lo ama como siempre. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;El joven insiste, protesta otra vez porque en otra época no hubiera usado la frase impúdica de que lo amaba, que ahora la veía inquieta y excitada. Alicia, con toda la calma, le pide que le explique lo que era el amor y lo que era ella, pero con seriedad y sin reírse. Pablo le cuenta cómo los hombres habían perdido el Paraíso al probar del fruto del árbol del conocimiento tentados por Satanás. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Le suplicaron al Todopoderoso que les concediera un poco del candor y la inocencia perdidos, entonces Dios creó la virgen, el recipiente de la inocencia, la selló y la envió a vivir entre los hombres que sintieron de inmediato una nostálgica languidez.. Cuando Alicia le pregunta por las casadas le responde que son una patraña, una botella abierta y evaporada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Alicia no entiende por qué, siendo ella virgen, el vagabundo le había arrojado un ladrillo, y por qué, luego, ella había sonreído a pesar de que le había dolido mucho. De regreso a casa Pablo pensaba que la virginidad y el misterio son una y la misma cosa y que había que cuidarse de no desgarrar el sagrado velo de la virginidad para proteger ese misterio. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Al día siguiente la joven le dice que se extasiaba contemplando su codo, que tenía unos deseos realmente locos, y entonces Pablo le responde que adoraba su candor irracional. Alicia le pregunta si había robado alguna vez, y Pablo le contesta que no, que ella no podría amar a un hombre sin dignidad. La joven estaba confundida y le sigue haciendo preguntas a Pablo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Le pregunta si había engañado, mordido o golpeado a alguien alguna vez, si había caminado desnudo o comido inmundicias. Pablo le pregunta si acaso se había vuelto loca y le ruega que reflexione. Para entonces la joven había empezado a temer que las vírgenes eran educadas en la inocencia para que después todo les resultara más perturbador. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Regresaron a casa y ya en la cocina Alicia señala un hueso que, seguramente, había abandonado Bibí. En el momento que Pablo le dice que hay muchos olores de cocina y que es mejor irse de allí, ella le observa que Bibí no ha terminado de roerlo, ambos pronuncian unas palabras cariñosas, y entonces la joven le manifiesta que le gustaría mucho que royesen el hueso juntos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Al mismo tiempo que lo abraza le pide que no la mire de ese modo. Le implora que lo haga porque, de lo contrario, morirá joven. Pablo se había inmovilizado por el terror, qué importancia podía tener un hueso para ella, si por lo menos fuera un hueso limpio, un hueso de caldo, pero Alicia gritó con impaciencia que quería roerlo a escondidas de la cocinera. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Entonces se produce un altercado, él le reprocha que le esté pidiendo inmundicias y ella le replica que las inmundicias le producen apetito, e insiste en que lo roan y lo coman juntos sin que nadie los vea. Pablo le pregunta si era posible que el ladrillazo le hubiera despertado ese deseo malsano de roer un hueso, que ése no podía ser el instinto de una joven virgen, que no eran más que patrañas insensatas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Alicia le dice que todos roen los huesos, todos lo hacen salvo ellos, que eso es realmente el amor. Pablo, abrumado por tanta locura, empieza a pelearse con Alicia por el hueso. En un momento de la pelea se oyen detrás del muro un golpe y un lamento pronunciado. Alicia y Pablo se asoman encima de los rosales y ven a una joven descalza lamiéndose una rodilla. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Cuando se estaban preguntando qué cosa habría ocurrido, una piedra silba en el aire y golpea la espalda de la muchacha, a lo lejos alguien vocifera que era una ladrona. “¿Lo has visto?; –¿Qué sucedió?; –Apedrean a las muchachas, las apedrean para divertirse, sólo por placer; –¡No, no,… no es posible!; –Tú mismo lo has visto... Ven, que el hueso nos espera, volvamos a nuestro hueso, lo roeremos juntos ¡Quieres? ¡Juntos! (...)” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;“¡Yo contigo, tú conmigo! Mira, lo tengo ya en la boca. ¡Ahora te toca a ti! ¡Tómalo!”. Con esta manera ingeniosa de transmutar órganos genitales en huesos Gombrowicz llega invicto hasta el final del Diario, pero en sus últimas páginas confiesa una antigua bastardía. “Pienso y pienso... ya llevo tres semanas pensando... ¡y no entiendo nada! ¡No entiendo nada! (...)”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;“Finalmente ha venido L., la ha examinado detenidamente y dice lo mismo, ¡que al menos vale ciento cincuenta mil dólares! ¡Al menos! Situada en un pinar, seco, crujiente bajo las suelas de los zapatos, como sacado de Polonia, con un regio panorama de montañas, con una vista principescas a una sucesión de castillos. St. Paul, Cagnes, Villenueve, como surgidos de las luminosas aguas del mar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Un bello recibidor de roble en la planta baja y tres grandes habitaciones en fila. En la primera planta, otras dos habitaciones con un espacioso baño común. Unas terrazas sólidas y... ¿Por qué sólo quiere cuarenta y cinco mil (pero en efectivo)? ¿Se ha vuelto loco? Ese ricachón ignoto... ¿quién es? ¿Será un lector mío? ¿Será este precio únicamente para mí? (...)”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;“El abogado dice: éstas son las disposiciones que me han dado??? No puedo pensar nada más. En todo caso veinte mil también me irían bien... ¿Comprar? He comprado”.  Cuando Gombrowicz se enteró de que había ganado el Premio Internacional de Literatura lo primero que atinó a hacer fue a preparar una lista de sus enemigos literarios, regocijándose de antemano con la amargura que les iba a producir. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Ya con el premio en la mano escribe el diario del hijo ilegítimo para mortificar a sus enemigos polacos de Londres. En este diario relata cómo después de algunas dudas se había comprado una casa con los veinte mil dólares del Premio Formentor, y cómo la empieza a decorar con cuadros, tapices y muebles del gusto más refinado. Una carta que le llega de la Argentina le anuncia que Henryk quiere aparecer por la casa para darle una sorpresa. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Entonces se le despiertan unos recuerdos sombríos sobre una mulatona llamada Rosa, y la alegría que le había aparecido con la mudanza se le esfuma. La oscura mulatona era como las algas en el fondo del agua, una cosa negruzca que se distingue mal. En el lugar comienzan las habladurías, chismean que el señor Gombrowicz espera la llegada de alguien de la familia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Tener un hijo era una idea que no había tenido en toda su vida, pero le importaba poco que fuera legítimo o ilegítimo, su desarrollo espiritual y su evolución intelectual lo ponían fuera de la órbita de ese dilema. Sin embargo, el hecho de que un semimulato se le acercara con su tierno papi... ¿estará bien de salud? Tenía miedo de la visita porque Henryk podía chantajearlo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;Un hijo suyo concebido con una mulatona indefinida y oscura, en una noche de hotel que se abismó en las tinieblas del olvido. De una fealdad negra y ominosa le surge un hijo ilegítimo que quizás no esté bautizado ni tenga partida de nacimiento. Una negrura tenebrosa, tropical y hotelera desbordante de ilegitimidad se le anuncia amenazante desde la lejana Argentina. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Al comienzo de las páginas de este diario, en el que relata episodios completamente falsos, nos dice que la casa estaba tasada en ciento cincuenta mil dólares, pero que el dueño sólo le pedía cuarenta y cinco mil en la mano, posiblemente porque se trataba de un admirador ricachón. Y el final de este diario es una obra maestra con la que tortura sin piedad a sus enemigos polacos londinenses. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;“¡Un hijo ilegítimo que ronda/ la ilegitimidad redonda del hijo!/ ¡El despacho redondo de Rosa/ En que fue concebido el hijo! ¡Vendo! ¡Vendo! ¡Vendo! ¡Vendo muy barata una villa con sus habitaciones en fila, con terrazas sólidas y vistas panorámicas en un pinar y con un despacho redondo! Vendo al hijo y a Rosa con sus alcobas y redondeces. Urgente vendo una villa en muy buenas condiciones (...)” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;“He vendido por doscientos catorce mil dólares, con alcobas con vista panorámica, hijo y mulata. ¡Me he quedado sin nada!”. La idea de la bastardía rondaba en la cabeza de Gombrowicz, y no podía ser de otra manera, el bastardo tiene menos derechos en la familia, y esa era la sensación que tenía Gombrowicz respecto a sus hermanos. No se sentía reconocido por su padre como adulto y como adaptado a la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; "&gt;“Navegaba por el mundo en medio de opiniones incomprensibles y cada vez que tropezaba con un sentimiento misterioso, fuera la virtud o la familia, la fe o la patria, sentía la necesidad de cometer una villanía”. Con estas palabras extrañas Gombrowicz encuentra de manera cumplida una forma de definir la bastardía, no ya carnal sino espiritual, del protagonista de  “El diario de Stefan Czarniecki” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Este giro indigno de una conducta que degenera de su origen está presente en toda la obra de Gombrowicz, y es  también el que alienta la idea del hijo ilegítimo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-535994886285155256?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/535994886285155256/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/07/witold-gombrowicz-la-virginidad-y-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/535994886285155256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/535994886285155256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/07/witold-gombrowicz-la-virginidad-y-la.html' title='WITOLD GOMBROWICZ, LA VIRGINIDAD Y LA BASTARDÍA'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-Oh9-SwJm8rg/Th2x5NxuxTI/AAAAAAAACPE/kSFW9KdIuG4/s72-c/Witold%2BGombrowicz%2By%2BLucrecia%2BErcole%2B2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-8077517617666585093</id><published>2011-07-09T09:04:00.000-04:00</published><updated>2011-07-09T09:05:25.685-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y EL PROBLEMA DEL BEBÉg</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="browicz.jpg" src="http://www.cinosargo.cl/media/users/1/87598/images/public/9531/browicz.jpg?v=1310216680602" width="300" height="257" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y EL PROBLEMA DEL BEBÉ&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una  de las ordalías a la que fue sometido Gombrowicz desde su temprana  juventud fue el problema que le planteaba la cantidad, y  consecuentemente el bebé. El cretino que le hacía seis hijos a la  parienta, la vecina que se multiplicaba por doce, la dinámica creciente  de los órganos genitales era irresistible. La ciencia ordena el caos  reduciendo las grandes cantidades a pequeñas fórmulas.&lt;br /&gt;También la  filosofía ordena el caos reduciéndolo a pensamientos claros y distintos,  pero  la ciencia y la filosofía poco pueden hacer con el problema de la  cantidad de bebés. “Mi apartamento también está cargado de sueño; para  llegar a mi habitación tengo que pasar por delante de cinco puertas  detrás de las cuales  anida el sueño, primero la de Roberto, estudiante argentino, y la de  Herr Klug, comerciante (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Después la de Don Eugenio, que es  ruso y trabaja en el puerto, la de Basilio, que es un rumano, y la de  Arana, argentino y empleado. Duermen o no duermen. Hay que avanzar con  cuidado a través de esta densidad humana y respetar el descanso que yo  no conozco... Yo no conozco aquí nada ni a nadie, mis conversaciones con  ellos se limitan a ¿qué tal? y, tiempo loco (...)”&lt;br /&gt;“El viejecito  que hasta hace poco vivía en la habitación de Arana me abordó un día  para preguntarme si no quería comprarle su cama de cobre, y una semana  más tarde murió. Nuestra discreción es irreprochable, es impensable  llorarle las penas a otro, gritar o gemir, sólo de vez en cuando, por la  noche, se levanta el fantasma de un quejido que sobrevuela la labor de  las respiraciones (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Cada uno consume su vida como un bistec  en un plato  individual, una mesa individual. ¿Actúo a la ligera no cerrando la  puerta con llave por la noche? ¿Quién puede asegurar que de esa maraña  de destinos no surja un crimen? No. La repugnante discreción nacida del  convencimiento de que uno no es para el otro más que abominación,  aburrimiento y fastidio, me protege mejor que unos cerrojos ingleses  (...)”&lt;br /&gt;“Este pudor que obliga a evitar el acercamiento me permite  dormir tranquilo. No matarán. Les falta valor para acercarse”. Recién  llegado de su estada en Hurlingham, Gombrowicz entra a su casa de la  calle Venezuela y se siente amenazado por el sueño y la ajenidad de sus  vecinos. Se dispone a dormir y piensa en los preparativos de sus  próximas vacaciones en Piriapolis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piriapolis se convirtió para  Gombrowicz en un lugar de experimentaciones sobre la forma y la  cantidad, unos fantasmas que se le aparecían con frecuencia mientras  escribía “Cosmos”. Viajamos a Piriapolis en un  buque elegante que hizo el trayecto entre Buenos Aires y Montevideo en  una noche estrellada. A bordo de la nave no pasó nada excepcional.&lt;br /&gt;Algo  sobresalió la proposición que me hizo Gombrowicz de que nos contáramos  la vida y nos tratáramos de tú. Esta idea sorprendente me dejó de una  pieza, cuando recuperé mi compostura me negué con mucha cortesía pero no  sin cierta intranquilidad. Es una pena que no haya escrito yo también  mi propio diario, a estas horas podría recordar con más detalle lo que  realmente ocurrió en Piriapolis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz, en el suyo, le dio  rienda suelta a su imaginación, al punto que lo comienza narrando  nuestro viaje en avión, a pesar de que lo habíamos hecho en barco.  Cuenta que habíamos viajado a mil quinientos metros de altura unos  cincuenta pasajeros en total. Se le ocurre que los pasajeros hubieran  sido una cantidad diferente si estuvieran en tierra.&lt;br /&gt;Divisa desde el  avión una eczema de cinco  millones de individuos que se alejan de nosotros a quinientos  kilómetros por hora. Promediando el vuelo se puso a hacer cálculos. Si  bien el viaje de doscientos diez kilómetros lo íbamos a hacer en  veinticinco minutos, la duración total, con revisión de valijas y  verificación de papeles, sería de ciento ochenta minutos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegado  a este punto se imagina una igualdad. El número de kilómetros era igual  al número de pasajeros más ciento sesenta minutos, un cálculo que  somete a mi consideración y al que yo completo con reflexiones sobre el  fenómeno de la cantidad y la cantidad del fenómeno. Cuando salíamos de  la aduana a Gombrowicz se le ocurrió que yo hablaba demasiado, que había  hablado casi sin parar durante todo el vuelo.&lt;br /&gt;Sin embargo no estaba  del todo seguro de que esto fuera así porque las hélices hacían mucho  ruido. Antes de subir al ómnibus se puso a observar un bulto que llevaba  un pasajero del que goteaba  vodka; entre la altitud y la vodka que goteaba quedamos un poco  aturdidos, yo terminé saltando del ómnibus pues me había olvidado la  valija en tierra. Gombrowicz llegó solo a Piriapolis a las cuatro de la  tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la casa se topó con unos alambres en los que los  habitantes colgaban la ropa, una situación que presagiaba  un futuro  incierto. “Era una casa construida en un bosque de pinos, muda como un  pescado petrificado, en la perspectiva gótica de árboles y de ese  desierto donde las guirnaldas de telas y de lencería de hombre y mujer  representaban para mí, en ese momento, algo realmente extraño (...)”&lt;br /&gt;“Después  de mis recientes tribulaciones, dudo que esto resulte claro,  representaban una especie de atenuación de la cantidad humana, una  substitución, o una real decadencia... un espectro pálido de la locura,  algo lunar... mórbido...”. En la habitación se pone a mirar tres  botellas de vino, y hace unas  consideraciones acerca del alcohol que se le había subido a la cabeza  cuando vio la vodka que goteaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se pone en guardia pues tiene el  presentimiento de que lo que le va a ocurrir en Piriapolis va a ser tan  sólo una farsa. Una niña de ocho años se nos aparecía como la  representante del otro lado de la casa y nos servía el almuerzo. A  Gombrowicz le gustaba que los otros se le aparecieran de esa forma  atenuada y reducida. De nuestro lado, en el dominio del bosque, no hay  más que ropa tendida en los alambres.&lt;br /&gt;“Pero nuestro encuentro con la  farsa todavía no se ha engendrado, la cuestión es saber si todo esto es  farsa, si nosotros mismos figuramos dentro de esa farsa, si yo fuera de  color gris agregaría que es una farsa como esas camisas y esos  calzoncillos”. Gombrowicz sospechaba que yo tenía el hábito de hacer  farsas, que ese proceso se estaba elaborando en mí, por lo que se  alegraba de una propiedad genial de la literatura: la  libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa libertad fructuosa que le permite al escritor  construir tramas como si eligiera senderos en el bosque sin saber dónde  lo llevan y qué le espera. “Gómez lleva a su boca un vaso de curasao. Me  confía con una sonrisa que no encontró hasta el momento en toda  Piriapolis una sola persona que hable, nosotros somos los únicos...”. A  medida que hacemos excursiones el presentimiento de la farsa se le va  acrecentando.&lt;br /&gt;“Fuera de aquí, fuera a la farsa, No. No. ¡Fuera! ¿Pero  por qué se pega así a mí? La botella mea pero el calzoncillo seca.  Fuera de aquí. Fuera farsa. Por qué se pega a mí esta Farsa... por qué  me invade como un parásito... hija de perra... Farsa... Fuera”. Relata  nuestras conversaciones y discusiones interminables sobre los asuntos  más abstractos en los bosques y los cafés de Piriapolis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las  formas de la afirmación, los límites del hermetismo, el número pi, la  ingenuidad de la perversión,  la tragedia seca y viscosa, el sujeto del prefijo “ex”, el carácter  maníaco de la física, la cuádruple raíz del principio de razón  suficiente, el principio de corporalidad, la cantidad... Pero la farsa  lo empieza a golpear sin piedad. En medio de la oscuridad la farsa se le  dibuja en la ropa colgada que parece una bandera envenenada.&lt;br /&gt;Una  bandera de los que están del otro lado, a quienes reconoce bajo la forma  de calzoncillos y de camisas. La farsa le muestra los dientes. No  quiere discutir más conmigo, no quiere mezclarse con ninguna farsa, sabe  que si responde a la farsa con la farsa está perdido, debe cuidar la  seriedad de su existencia. Si tiene que ser cómico, que lo sea sólo  exteriormente, no en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él, en su centro, debe  quedarse imperturbable como Guillermo Tell, con la manzana de la  seriedad sobre su cabeza. “He aquí que todo termina. Dejé Piriapolis el  31 de enero y, vía Colonia, llegué a Buenos Aires  en el mismo día, a las once y media de la noche. Gómez se había ido  antes, lo habían llamado por telegrama desde la universidad. No sabré  pues jamás qué es lo que realmente pasó en Piriapolis”&lt;br /&gt;Recién llegado  de sus vacaciones en Piriápolis Gombrowicz entra su casa de la calle  Venezuela, y nuevamente, como después de su estada en Hurlingham, hace  reflexiones sobre el sueño de sus vecinos. “El apartamento estaba  cargado de sueño cuando, pasada la medianoche, con la cabeza todavía  insegura a consecuencia del balanceo del barco en el Río de la Plata, me  escurrí con la maleta en mi habitación (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Todos dormían:  Roberto, Herr Klug, don Eugenio, Basilio, Arana, y los fantasmas de sus  suspiros y de sus gemidos flotaban por encima del trabajo de sus  respiraciones. ¿Qué es la cantidad en el sueño? ¿Una cantidad dormida?  ¿Tú duermes, cantidad? ¿O es que, por el contrario, cantidad, tú nunca  duermes? No, nuestra  cantidad no duerme con nosotros; ¿cómo podría ceder al sueño una  criatura nacida de la acumulación...? (...)”&lt;br /&gt;“No, ella ronda  incansable... Me pregunté, sin embargo, ya en mi habitación, sentado en  la cama, si el hecho de que durmiesen cinco al mismo tiempo era un hecho  tranquilizador o inquietante. Si el sueño de un solo individuo es más  inquietante que el sueño de unos cuantos, de una decena o de un centenar  de individuos. La cantidad se comporta de una manera sorprendente, ya  que multiplica y divide al mismo tiempo (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Quién puede  dudar de que la acción de cinco hombres que tiran de una cuerda será  cinco veces más eficaz que la de uno solo? Pero con la muerte ocurre lo  contrario. Intentad matar a la vez a mil hombres y constataréis que la  muerte de cada uno de ellos es mil veces menos importante que si muriera  en soledad. De manera que era tranquilizador pensar que los cinco  dormían y soñaban (...)” &lt;br /&gt;“Yo podía apoyar tranquilamente la cabeza en la almohada e  incorporarme como número seis a su respiración pesada, ávida, errática.  ¿Qué amenaza podía surgir de la noche y del sueño mientras la bondadosa  cantidad velaba por mí disolviéndome en ella? Incluso, si hubiera aquí  indicios de disipación intelectual, la cantidad se encargaría de  diluirlos igual que diluye nuestro pecados y nuestras virtudes, amén”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  cantidad es una idea que ronda la cabeza de Gombrowicz en forma  permanente. Le resulta extraño no poder llegar al fondo de la especie  humana, nunca conseguirá conocer a todos los hombres. Aparece siempre  una nueva variante del hombre, y estas variantes no tienen límite, pues  no hay hombre que no sea posible. Esta infinitud y este abismo interior  de la imaginación, revocan todas las normas psicológicas y morales.&lt;br /&gt;“Se  tiene la impresión de estar sometidos a una explosión interior, y no  por el espíritu, sino  a causa del complot de los cuerpos que, copulando, crean una nueva  variante”. Esta copulación y la cantidad resultante son cuestiones que  analiza sistemáticamente. “Cuando abordo la crisis del arte, no es  porque, siendo yo mismo artista, lo sobrestime, sino porque creo que  ilustra la crisis de la forma humana en general (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Georges  Girreferést-Prést ha llegado procedente de París. Ayer estuve con él en  un café situado en la esquina de las calles San Martín y Lavalle...  Café. Coñac. Me explicó lo que le habían explicado..., anécdotas y  chismorreo recogidos por ahí, ya algo rancios, referentes a la inmediata  posguerra. Es difícil comprobarlo, sólo Dios sabe cómo fueron las cosas  realmente (...)”&lt;br /&gt;“No obstante, todo esto proyecta una luz extraña  sobre la historia del pensamiento sartreano”. Como si hubiera presentido  la invitación que poco después le haría la Fundación Ford, Gombrowicz  se prepara para  llegar a Francia. Un poco antes de abandonar la Argentina cuenta en los  diarios un encuentro con Georges Girreferèst-Prést recién llegado de  París.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hecho de que la falta de seriedad fuera, a juicio de  Gombrowicz, tan importante para el hombre como la mismísima seriedad  explica el porqué, a pesar de su conflicto tan agudo entre la vida y la  conciencia, no se refugió en ninguno de los existencialismos  contemporáneos. La autenticidad y la inautenticidad de la vida le  resultaban a Gombrowicz igualmente preciosas. &lt;br /&gt;Por eso la  insuficiencia y el subdesarrollo tenían para él la misma importancia que  las grandes categorías de la existencia humana. Georges  Girreferèst-Prést le cuenta a Gombrowicz en el café que Sartre, cuando  todavía era muy joven, acostumbraba a pasear por la avenue l’Opéra a las  siete de la tarde, la hora de más tráfico y de amontonamiento de gente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sartre le había dicho que la percepción del  hombre a una distancia tan corta actúa como una amenaza física. Debido a  la cantidad de hombres que también paseaban, el hombre le resultaba  enormemente próximo y terriblemente lejano. Esta apretujada masa no  humana de hombres condicionaba el pensamiento del joven Sartre, empieza a  buscar entonces un sistema solitario para la actividad de su  conciencia.&lt;br /&gt;Se refugia, le dice, en sí mismo, se aísla  herméticamente de los demás, cerrando la puerta del propio yo.  Paradójicamente, esta soledad había nacido de la multitud. Cuando la  idea de la soledad se instaló en él, advirtió que su soledad iba a  encontrar resonancia en miles de otras almas. La cantidad parecía seguir  formando parte de la idea que derivaba de ella: la soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero  la filosofía y la cantidad son siempre antinómicas, la conciencia y el  hombre concreto no pueden alimentarse con la cantidad, sin embargo, se  estaban alimentando con ella. El sistema filosófico de  Sartre en su fase inicial proclama sencillamente que yo soy yo de  manera impenetrable para los otros, como una lata de sardinas; los otros  en verdad no existen.&lt;br /&gt;El miedo que le produce esta idea no está  solo, lo ve multiplicado por la cantidad de aquellos a los que puede  haber convencido con la idea. No podía seguir adelante con este  pensamiento que se comía la cola. Debía pues volver a reconocer, mejor  dicho, debía volver a construir al otro, pero cuando termina de  construir al otro empieza a sentir sobre sí mismo la mirada de ese otro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ese otro, determinado y construido por Sartre, no tenía nada  que ver con el hombre concreto, ese otro al que tenía que reconocerle la  libertad, era al mismo tiempo un objeto. Sartre se encuentra cara a  cara con la cantidad en toda su plenitud, con todos los hombres  posibles, con el hombre en general, y él, que de joven se había asustado  de la multitud parisina, se las está viendo ahora con todos  los individuos.&lt;br /&gt;Estaba solo frente a todos. A pesar de este  panorama terrible no se asusta y se pone sobre los hombros la  responsabilidad por todos los hombres. Pero esta plenitud se le viene a  mezclar nuevamente a Sartre con una cantidad relacionada ahora con su  obra. La cantidad de ediciones, de ejemplares, de lectores, de  comentarios, de ideas derivadas de sus ideas, y variantes de estas  variantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Entonces, me dice Georges, lo vi a Sartre  acercándose a un cristal empañado y escribir con el dedo: Nec Hercules  contra plures”. La bancarrota era completa, Hercules no puede contra  todos, pero como esa bancarrota estaba dividida por millones a causa de  la cantidad, la bancarrota se empequeñecía justamente gracias a la  cantidad, en medio del caos y de la confusión donde nadie sabe nada.&lt;br /&gt;Nadie  entiende nada, donde se parlotea y se habla sin ton ni son, y donde  todo acaba en nada. “Sábado, en un café de la esquina de Maipú y  Lavalle, llueve. Debo confesar que el problema de la cantidad ha  llegado a hartarme”. Gombrowicz, sin embargo, se las arregla bastante  bien para darle al problema de la cantidad y del bebé un tratamiento  literario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Filimor y Filifor forrados de niño son dos relatos  cortos que Gombrowicz incluye en “Ferdydurke”. Escritos en 1934 son  presentados en el libro con sendos prefacios en los que da una  explicación más o menos extensa de sus ideas sobre la forma utilizando  un estilo sarcástico para burlarse de la crítica literaria. En el  prefacio de Filimor construye artificialmente una tabla de sufrimientos  para encontrar el dolor fundamental.&lt;br /&gt;Aunque escrita en forma irónica y  teatral ni uno solo de esos dolores de la tabla deja de ser humano. En  otra tabla en la que identifica sus rebeliones pone en entredicho a su  propia psique, a la herencia y a toda la cultura. “Filimor forrado de  niño” es un ejemplo de la maestría que tiene  Gombrowicz para manejar el comportamiento de conjuntos a los que le va  agregando elementos, hasta que finalmente algo explota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya  dijimos que en Gombrowicz conviven su clase social y una conciencia  penetrante que buscaba el estilo de los pensamientos fundamentales, la  independencia, la libertad y la sinceridad, en medio de los remolinos de  sus anormalidades. Buscaba la realidad y sabía que la podía encontrar  tanto en lo que es normal y sano como en la enfermedad y en la demencia. &lt;br /&gt;A fines del siglo dieciocho un campesino, nacido en París, tuvo un  hijo, y aquel hijo tuvo un hijo, y ese hijo tuvo a su vez un hijo y  luego hubo otro hijo… y el último hijo, campeón mundial de tenis, estaba  jugando un mach en la cancha del Racing Club parisiense. Un coronel de  zuavos, sentado en la tribuna lateral, empezó a envidiar el juego  impecable de ambos campeones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ansioso él también de exhibir sus  habilidades, sacó una pistola y disparó  contra la pelota. La pelota reventó, y los contendientes, privados  imprevistamente de aquello que estaban golpeando, golpeaban con la  raqueta en el vacío. Cuando cayeron en la cuenta de que sus movimientos  era absurdos, se agarraron a trompadas. Un trueno de aplausos estalló  entre los espectadores.&lt;br /&gt;Aunque ésta no había sido la intención del  coronel, la bala que había disparado siguió su trayectoria y le dio en  el cuello a un industrial armador que estaba en la tribuna de enfrente.  La esposa del herido, viendo borbotear la sangre de la arteria  atravesada, quiso echarse sobre el coronel para quitarle el arma, pero  como estaba inmovilizada por la muchedumbre le dio un cachetazo al  vecino de la derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abofeteado resultó ser epiléptico, y  bajo la conmoción producida por el golpe, estalló como un geiser en  convulsiones. La pobre mujer se encontró de pronto entre un hombre que  manaba sangre y otro que echaba espuma por la boca. El  publicó atronó el estadio con aplausos. Un caballero que estaba sentado  cerca de la desgraciada señora tuvo un acceso de pánico y saltó sobre  la cabeza de una dama sentada en las gradas de abajo.&lt;br /&gt;La mujer se  irguió y brincó hacia la cancha arrastrándolo en su carrera. El vecino  de la izquierda del caballero, un jubilado humilde y soñador, hacía  muchos años que soñaba con saltar sobre las personas ubicadas más abajo.  Estimulado por el ejemplo de lo que estaba viendo, sin la menor  tardanza saltó sobre una dama que tenía abajo recién llegada del  continente de África.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joven en forma inocente se imaginó que  justamente ésa era una costumbre del país y sin pensarlo ni por un  momento también brincó tratando de imitar las maniobras de la otra dama y  conservar la naturalidad de los movimientos. La parte más culta del  público se puso a aplaudir para disimular el escándalo delante de los  representantes de los países  extranjeros.&lt;br /&gt;La parte menos culta de la concurrencia tomó los  aplausos como una señal de aprobación y empezó a cabalgar a sus damas.  Como los extranjeros no salían de su asombro las personas más  distinguidas, también para disimular el escándalo, cabalgaron a sus  damas. Un tal marqués de Filimor, disgustado y ofendido por los  acontecimientos que se estaban desarrollando en la cancha de tenis, de  improviso se sintió gentleman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el medio de la cancha,  pálido y decidido, preguntó si alguien, y quién precisamente, quería  ofender a la marquesa de Filimor. Arrojó a la cara de la muchedumbre un  puñado de tarjetas con la inscripción de “Philippe de Filimor”. Un  silencio mortal reinó en el estadio. De repente, no menos de treinta y  seis caballeros se acercaron a la marquesa montados sobre mujeres de  pura raza para ofenderla.&lt;br /&gt;De esa manera se sintieron gentlemen. Pero  la marquesa, a raíz del asusto, abortó y parió un  niño que empezó a berrear bajo los cascos de las mujeres piafantes. “El  marqués, repentinamente, forrado de niño, dotado y complementado de  niño, mientras actuaba en forma particular y como un gentleman en sí, y  adulto, se avergonzó y se fue a su casa en tanto un trueno de aplausos  se oía entre los espectadores”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la aparición de  “Memorias del tiempo de la inmadurez” Gombrowicz alude en “El Pozo” al  infanticidio que cometían las madres campesinas que se libraban de sus  bebés arrojándolos a un pozo. Y para esa misma época en “El drama del  baron y la baronesa” trata de estimular la repugnancia hacia la mujer y  liquidar de esa manera el problema del bebé, como ya lo había hecho  Kierkegaard.&lt;br /&gt;“Es vuestra mujer, es vuestro cadáver”. Esta grotesca  historia en forma de cuento constituye un estudio del marido engañado,  pero, como siempre ocurre en Gombrowicz, presentado al revés de la  convención  melodramática de la época: aquí el esposo obliga a su mujer a  traicionarlo, contra la voluntad de su esposa, en nombre de una dudosa e  imaginaria moral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz interpreta este tema de los celos y  de la pasión conyugal, a la manera de los comienzos del siglo XX, en un  tono cáustico. Retoma las ideas convencionales sobre este tema,  destilando veneno: el amor no es sino la crueldad, la moral burguesa se  transforma en perversión, la pasión carnal se transforma en repugnancia  hacia la mujer, que resulta sacrificada.&lt;br /&gt;“¡Vamos! dice entonces el  barón. Eso no puede prolongarse. Hoy me enteré de que él intentó  suicidarse. ¿Puede usted comprender que empujar a alguien al suicidio es  peor que estrangularlo con las propias manos? Ese mequetrefe carente de  principios nos va a perder, junto con él. Mi decisión está tomada: no  podemos abrumar nuestra conciencia con una responsabilidad tan terrible  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Puesto que no hay  otra solución, tanto peor, os doy mi consentimiento, acepto. Y usted,  en nombre de esta necesidad superior, haga lo que debe hacer, es decir,  lo que le dicte su sucia femineidad; –¡Esposo mío!”&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt; "Las opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de  exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no  representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor",  medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-8077517617666585093?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/8077517617666585093/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/07/witold-gombrowicz-y-el-problema-del.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/8077517617666585093'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/8077517617666585093'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/07/witold-gombrowicz-y-el-problema-del.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y EL PROBLEMA DEL BEBÉg'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-2336227657245564779</id><published>2011-07-05T10:32:00.000-04:00</published><updated>2011-07-05T10:33:48.647-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ Y EL DIARIO DE SIMÓN</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="1309876369110-Gombrowicz_33.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/1309876369110-Gombrowicz_33.jpg?v=1309876388524" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ Y EL DIARIO DE SIMÓN&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Me  apasiona penetrar en una selva virgen o en un desierto salvaje, pero no  me gustan los sitios donde te sacuden, te cubren de polvo, te asan, te  hielan, te mojan y encima tienes problemas para lavarte los dientes. Me  defendía con tanta elocuencia que una conocida mía, testigo de la  discusión, me invitó a hacer una excursión al Tigre. Cerca de Buenos  Aires se juntan dos enormes ríos, el Paraná y el Uruguay (...)”&lt;br /&gt;Estos  ríos forman un coloso llamado Río de la Plata, de decenas de kilómetros  de ancho, a cuyas orillas está la capital argentina. Pero el Paraná,  antes de unirse al Uruguay, se ensancha creando un delta del tamaño de  varias provincias polacas lleno de canales e islotes. Hay cinco mil  islotes y el  mismo número de canales, repletos de árboles y de una vegetación  exuberante y húmeda semejante a una especie de gran ramo tropical”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La  excursión parte del puerto del Tigre en un día espléndido. Todo era  verde y azul, agradable y ameno. En una parada sube una muchacha que...  ¿cómo decirlo? La belleza tiene sus misterios. Hay muchas melodías  bellas, pero sólo algunas son como una mano que oprime la gargan-ta.  Esta belleza era tan magnetizadora que todos se sintieron extraños y  quizás, incluso, avergonzados (...)”&lt;br /&gt;“Nadie se atrevía a admitir que  la ob-servaba, aunque no había ni un par de ojos que no contemplara a  escon-didas aquella espléndida aparición. De repente, la muchacha, con  toda la tranquilidad del mundo, se puso a hurgarse la nariz”. No hay  cosa que esté más vinculada al tiempo que nuestra propia vida. La  belleza detiene el tiempo, el encantamiento que produce en el hombre  suspende la actividad de la  vida trivial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo si algún detalle de la vida trivial  llega a alcanzarla, la belleza desaparece. Gombrowicz, en unos  comentarios que hace en el “Diario” sobre Balzac, había escrito que es  más fácil llegar a odiar a alguien por hurgarse la nariz que llegar a  amarlo por haber compuesto una sinfonía. Mientras navegan observan una  gran variedad de embarcaciones de muchos colores.&lt;br /&gt;“Diré de pasada  que la Argentina maneja mejor los colores en la vida cotidiana que  Europa. Aquí los colores de la ropa o de los objetos son más limpios,  más vivos, más simpáticos y mucho más nobles que los de Francia, por  ejemplo”. A medida que la conversación a bordo de la embarcación se  hacía más intelectual y más pretenciosa Gombrowicz se empieza a irritar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le forma la impresión de que en la Argentina la cultura  funciona al revés. Unos días atrás había podido admirar la actitud audaz  ante la vida y el mundo de un  puñado de turistas argentinos sin educación que contemplaba el  Aconcagua, y ahora, al escuchar la discusión de sus colegas, se volvía a  sentir lo peor de la Argentina, ésa de la que se habla con una sonrisa  de desdén como algo secundario e insignificante.&lt;br /&gt;Lo que pierde al  arte argentino es el deseo de mostrarse a la altura del mundo. Los  argentinos caen inevitablemente en Borges, el mayor prosista de la  Argentina, un escritor que, aunque poco leído, es admirado en toda  Sudamérica. “Expreso mi opinión crítica., para mi gusto esa metafísica  fantástica es retorcida, estéril, aburrida y, en el fondo, poco original  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es posible, señor Gombrowicz, pero es el único escritor  nuestro de alto nivel. Ha tenido muy buena prensa en París, ¿ha leído  algo de ella? Sí, claro, es una lástima que no escriba de otra forma, yo  también preferiría verlo más vinculado a la vida y a la realidad, que  fuese más de carne y hueso.  Pero de todos modos es literatura”. Con cierta frecuencia Gombrowicz  compara el mundo literario polaco con el argentino.&lt;br /&gt;La falta de  originalidad que obliga a relacionarse con la realidad a través de una  autoridad y de una cultura ajena más madura, también la sentía en  Polonia, pero con menos fuerza. Sin embargo, los argentinos tienen una  ventaja sobre los polacos: una historia de menos años, es decir, con  menos pasado y, en consecuencia, con una literatura más joven y más  pobre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por tal razón tienen más sitio en la cabeza para  dedicarlo al pensamiento y al arte universales. Los polacos, en cambio,  están hasta la coronilla con sus tres poetas profetas cuyo estudio les  ocupa casi todo el tiempo. El argentino conoce pues más de la literatura  y de la historia del mundo. En cuanto a la filosofía y al pensamiento  contemporáneo reciente, Gombrowicz es desconfiado.&lt;br /&gt;Supone que tanto  los literatos polacos como los argentinos en  general no tienen ni la menor idea. La Argentina, en el sentido  intelectual y artístico, es casi una colonia francesa, lo reconocen los  mismos argentinos. “Los polacos los superan en temperamento, en poesía y  en un mayor sentido de la realidad. En temperamento, porque al  argentino no le gusta hacer locuras (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Posiblemente no le  guste siquiera vivir demasiado intensamente. En poesía, porque aquí  falta lo lírico. En el sentido de realidad porque el arte argentino  parece estar creado en la luna”. Pero el Tigre toma un aspecto  verdaderamente siniestro cuando a Gombrowicz se le ocurre escribir unas  páginas en los diarios sobre la hijita quemada de Simón.&lt;br /&gt;“Digan lo  que digan, existe en toda la extensión del Universo, a lo largo de todo  el espacio del Ser, un solo y único elemento horrible, espantoso e  inaceptable, una sola y única cosa que está verdadera y absolutamente en  contra de nosotros y es totalmente aniquiladora:  el dolor. Del dolor, y de ninguna otra cosa, depende la entera dinámica  de la existencia (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Eliminado el dolor, el mundo pasa a  ser un asunto absolutamente secundario”. Es un pasaje que Gombrowicz  escribe en los diarios de 1966. El año 1966 es el año de la nostalgia y  la melancolía por la Argentina, del infierno, de la muerte y el dolor en  las páginas que escribe sobre Dante. Un lustro antes había intentado  atrapar literariamente al dolor en algunas páginas del “Diario”.&lt;br /&gt;Es  un pasaje en el que Gombrowicz alcanza una de sus más grandes  aproximaciones con el sufrimiento. “¡Hola! ¿Qué haces aquí tan temprano  Simón? ¡Siéntate!; –¿Cómo estás?, Simón se sienta y los labios le  empiezan a temblar; –¿Qué pasa?; –Una tina de agua hirviendo cayó sobre  mi pequeña hija, hace horas que está en el hospital y todavía no  terminó, disculpa; –¡Pero no, no es nada! ¡Al contrario, es  natural...!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  quemadura de la niña empezó a quemar a Gombrowicz, hasta que hizo una  mueca de dolor: –¿Y si diéramos un paseo? Gombrowicz y Simón salieron a  la calle y empezaron a caminar. Mientras en ellos persistía esa cosa  mala quemada, las casas, las calles y el ruido los estaban llamando de  todos lados. Era una verdadera carrera contra el tiempo, pensaba  Gombrowicz.&lt;br /&gt;La hija no podía estar muriéndose eternamente, eso se  tenía que terminar de una u otra manera y Simón lo dejaría en paz.  Mientras caminaban vieron un vendedor de frutas: –Manzanas, por favor;  –¿Quiere un kilo?; –A este señor le ha pasado una desgracia, tiene una  hijita de cuatro años que se está muriendo; –¿Qué dice usted? ¡Qué  desgracia!. Gombrowicz estaba perturbado: –¡Quédese con sus manzanas, al  diablo con ellas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se echó a andar como poseído por el  demonio, Simón y su hijita iban detrás. Con el secreto traicionado  empezaron a marchar. Las calles,  las casas y los ruidos, y ellos caminaban, pero el grito dirigido al  vendedor de frutas que había hecho público el horror de la hijita  quemada, también caminaba con ellos. El ladrido de un perro se había  mezclado con ese grito, y el grito se había animalizado.&lt;br /&gt;Juntos  caminaban ahora con esa bestia al lado, calles, casas y ruidos,  caminaban por Florida hendiendo el gentío a empujones. Un señor se  acerca y les pregunta en forma cortés por la calle Corrientes. Ni Simón  ni Gombrowicz le contestan, es una negación bajo un sol claro, que  resulta oscura, negra y sorda. Y caminaban como poseídos por la furia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un  grito llegado de no se sabe donde se unió al grito de Gombrowicz,  resucitó el ladrido del perro, esa bestia daba otra vez unas señales de  vida para las que no tenían respuesta.&lt;br /&gt;Gombrowicz no sabía lo que le  pasaba por dentro a Simón, y Simón tampoco sabía lo que le pasaba a él.  Se terminó la calle Florida y apareció  la plaza San Martín como servida en una fuente.&lt;br /&gt;No podían  retroceder ni quedarse en la plaza pues caminaban como si se dirigieran a  algún destino, caminaron hasta que se agotó el caminar. Cuando se  detuvieron un papel crujió entre sus pies movido por el viento. Simón  retuvo el papel con la punta del zapato y la mirada clavada en el suelo;  el papel crujía. Ese crujido era como el de la bestia que ya conocían,  pero surgía de abajo, de lo más profundo, de un objeto inanimado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz  empezó a sentir miedo, no creía en el diablo y Simón era incapaz de  matar a una mosca, ... pero... Ese monstruo nacido de un grito humano,  del ladrido de un perro y del crujido de un papel se asociaban con la  pobre hijita de Simón. Gombrowicz sintió una profunda desconfianza y  pensó en escaparse. Calculó que si empezaba a caminar rápidamente podía  alejarse de Simón.&lt;br /&gt;Apareció un silencio igual al que había aparecido  con la pregunta por  la calle Corrientes, entonces, Gombrowicz se marchó. Caminaba hacia la  estación para perderse en ella, llega a la ventanilla: –¿A dónde va?; –A  Tigre. Pero detrás de él sintió la voz de Simón: –A Tigre. Gombrowicz  huía y Simón lo perseguía. Gombrowicz no se hubiera preocupado demasiado  si no hubiese sido por cierto detalle escabroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se preocupa por  la existencia de ese reptil que se oculta en el seno tenebroso de la  existencia: el dolor. Le importaría todo un comino si no doliera, pero  ya está informado del dolor de la pequeña niña de Simón. Esa niña  quemada y animalizada por el grito, el ladrido y el crujido de un papel.  Llegó el tren y se subieron. Avanzaban hacia Tigre, pero, ¿por qué  hacia Tigre?&lt;br /&gt;Iban a Tigre sin ninguna razón, raptados por el tren,  pero...¿el tigre no es un animal? Simón se movió en medio de la gente,  Gombrowicz intentó darse a la fuga pero se hundió en un cuerpo mullido.  Era un gordo, se  estaba bien en él, era un lugar silencioso a cien millas de aquel otro  problema que quemaba. De pronto un golpe terrible le fue asestado desde  abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que hubiera sido lo había agarrado descuidado hasta  casi morderlo. ¿Sería el animal?, con la cabeza escondida Gombrowicz  esperaba el salto. De pronto sintió unas cosquillas en la nuca. ¿Sería  el gordo, Simón, un marica? No se hacía ilusiones: “Sabía bien que la  falta de relación entre aquel cosquilleo y el Animal era precisamente la  garantía de su combinación infernal, de su complot, de su acuerdo  (...)”&lt;br /&gt;“Esperaba el momento en que el Cosquilleo se aliara  definitivamente con él, con el Animal, para clavarse, como un puñal, en  un grito desconocido, todavía inconcebible, hasta ahora no lanzado”.  Este aspecto siniestro que toma el dolor en el diario de Simón aparece  como un poco preparado por Gombrowicz. Por cuestiones parecidas le hace  un reproche severo a Milosz algo  propenso a estas exageraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“A ‘La otra Europa’ de Milosz le  falta lo que Aristóteles llama el quid. No llega al fondo de las cosas y  no responde a dos preguntas: de qué se está hablando, y en qué consiste  la cosa. Una mañana, al alba, navegaba por el río Paraná, no era ni de  día ni de noche, sólo había bruma y el movimiento del agua,  omnipresente. A veces aparecía sobre esos torbellinos un objeto, una  rama, pero nada resultaba de ello (...)”&lt;br /&gt;“También la rama estaba  inmersa en ese poderoso movimiento que hacía perder los sentidos.  Milosz, que como esa rama está sumergido en la vida y en la historia,  dirá que no hay mayor mentira que una definición, y que la única verdad  es aquella que no se puede abarcar. Cierto. Sólo que al leer a Milosz  aconsejo prudencia, ya que él está especialmente interesado en borrar  los contornos (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Para mí pertenece a esos autores cuya vida  personal le dicta la  obra. No siempre es así. Si mi vida se hubiera desarrollado de otra  manera, quién sabe si mis libros hubieran cambiado mucho. Milosz se ha  convertido en un informador casi oficial sobre el Este o, en todo caso,  sobre Polonia. Y de esta misión exagerada que se ha impuesto Milosz  resultan algunas consecuencias (...)”&lt;br /&gt;“Si Milosz cuida de su  prestigio, sus informaciones no pueden ser más superficiales que las  francesas o las inglesas, al contrario, tienen  que ser más profundas. Y  si Milosz cuida del rendimiento de su tema , no puede privarlo de  grandeza y de terror. Al admirar recientemente el espléndido trabajo de  dirección de Wadja en su película ‘Cenizas y diamantes’, pensé en Milosz  y en su patria polaca (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Milosz evita las fórmulas, no  quiere salirse de ese río para verlo desde la orilla, se sumerge en sus  aguas turbias, a cada momento se implica personalmente en su relato.  Murmullo. Río. Historia”. En  este pasaje del “Diario” Gombrowicz toma como prototipos de la falta de  definición al Este, a Milosz a “Cenizas y diamantes” y al río Paraná. Y  como prototipos de la definición al Oeste y al quid de la obra de  Aristóteles.&lt;br /&gt;El Este siempre se ha regido por el principio de que no  existe el término medio, de modo que sus hombres de letras o son de una  terrible profundidad o de una terrible superficialidad. Sin embargo,  siempre dentro del Este, a los polacos hay que añadirles una  especificación más. En efecto, por su situación geográfica intermedia  Polonia es una poco la caricatura tanto del Este como del Oeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  Este polaco es un Este que muere en contacto con Occidente, y  viceversa, así que aquí hay algo que empieza a fallar. El espíritu de  Gombrowicz se movía entre la templanza religiosa de Milosz y el  demonismo metafísico de Witkiewicz; de ambos fue amigo aunque en épocas  diferentes. Las familias de Gombrowicz y de  Milosz eran de origen lituano, pero la lengua, la tradición y la  cultura de ambos, eran polacas.&lt;br /&gt;Mientras Milosz se mantuvo muy unido  durante toda su vida a lo que él consideraba su territorio histórico,  el Gran Ducado de Lituania, Gombrowicz sólo se mantuvo unido y en forma  débil al Gotha de los blasones lituanos y a la Illustrissimae Familiae  Gombrovici. Ambos cursaron estudios de derecho y ambos fueron exiliados,  Milosz durante largos años y Gombrowicz definitivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Milosz  vivió en la Polonia ocupada por los alemanes y trabajó en el servicio  diplomático de la “Polonia Popular” desde 1945 hasta 1951, cuando se  exilia en Francia. Gombrowicz no estuvo en Polonia durante la guerra ni  mientras se consolidaba el comunismo, así que en “Transatlántico” trató  de ajustar cuentas con su ausencia y en “Pornografía” se preguntaba si  la Polonia de la ocupación era como él la imaginaba.&lt;br /&gt;“Mi carta a  Milosz sobre el  ‘Transatlántico’ habría sido mucho más sincera e íntegra si yo hubiera  expresado en ella cierta verdad. Después de todo, esas tesis, corrientes  y problemas no es que me importen demasiado; que se bien me ocupo de  ello, lo hago como quien no quiere la cosa; y que en el fondo soy ante  todo infantil... Y Milosz, ¿también es ante todo infantil?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni  Milosz ni Gombrowicz eran comunistas pero no lo eran de distinta manera,  tampoco tenían las mismas ideas sobre el Este y el Oeste. Milosz había  escrito que la diferencia entre el intelectual occidental y el del Este  es muy simple: al occidental no le han dado bien por el culo todavía.  Gombrowicz reflexiona sobre esta afirmación tan temeraria y paradójica.&lt;br /&gt;De  acuerdo a este aforismo la ventaja de los intelectuales del Este  consistiría en que son representantes de una cultura embrutecida y, por  tal razón, más cercana a la vida que la cultura del Oeste. “Pero Milosz  conoce  perfectamente los límites de esta verdad paradójica, y sería penoso que  nuestro prestigio se basara únicamente en la referida parte del cuerpo  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Porque dicha parte del cuerpo no es una parte del cuerpo  en estado normal, mientras que la filosofía, la literatura y el arte  tienen que estar al servicio de personas a quienes no han dejado sin  dientes, no han puesto los ojos en compota o no han desencajado las  mandíbulas. Y fijaos cómo Milosz, a pesar de todo, trata de adaptar su  embrutecimiento a las exigencias de la exagerada delicadeza occidental  (...)”&lt;br /&gt;“El espíritu y el cuerpo. A veces ocurre que las comodidades  corporales aumentan la agudeza del alma, y que detrás de unas cortinas  protectoras, en el sofocante cuarto de un burgués, nace una severidad  con la que no han soñado quienes atacaban los tanques con botellas de  gasolina. Así que nuestra cultura embrutecida podría servir, pero  solamente en el caso de que se  convirtiera en algo digerido (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Tendría que convertirse en  una nueva forma de auténtica cultura, en nuestra pensada y organizada  aportación al espíritu universal”. Gombrowicz terminó por ubicar a  Milosz, no como al guardián de es verdadero misterio del Este, sino como  a un borrachín más de la gran taberna polaca. Milosz estaba convencido  de que los diarios eran el mayor logro literario de Gombrowicz.&lt;br /&gt;A  diferencia de sus novelas y de su teatro que se repiten en la juventud,  abordan una amplia gama de temas, sin embargo, también en este género  más maduro le hacía críticas. Admiraba la prosa y la originalidad de  Gombrowicz, pero no digería el ateísmo y las blasfemias salvajes con las  que se despachaba de vez en cuando. “He terminado de leer ‘El  pensamiento cautivo’ de Milosz (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Una lectura tremendamente  instructiva y estimulante para todos nosotros; para los escritores  polacos es también  conmovedora. Cuando estoy solo casi nunca dejo de pensar en ello, y me  interesa cada vez menos el Milosz defensor de la civilización occidental  y cada vez más el Milosz adversario y rival de Occidente. Para mí lo  más importante en él son sus intentos de ser distinto de los escritores  occidentales (...)”&lt;br /&gt;“Percibo en él el mismo sentimiento que albergo  yo, es decir, una displicencia y menosprecio hacia ellos, unido a una  amarga impotencia. La comparación de Milosz con Valery, por ejemplo,  lleva a extrañas conclusiones. Podría parecer que el escritor polaco  posee una mayor dosis de realismo y es más moderno. Además,  espiritualmente más libre, más abierto a la realidad y más leal con ella  (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Luego da la sensación de que quizás sea más solitario; y  luego, que ha rechazado los restos de esas ilusiones a las que se  agarran todavía los genios occidentales como Valéry, puesto que Valéry,  aunque carece totalmente de  ilusiones, no ha dejado por ello de ser un hombre vinculado con cierto  ambiente y cierto orden social. Milosz en cambio está totalmente  desarraigado (...)”&lt;br /&gt;“De modo que podría pensarse que esa cultura  embrutecida de los polacos  aporta unas ventajas considerables. Y, sin  embargo, todo queda de algún modo inacabado, lleno de lagunas, por  consolidar; tal vez lo que más nos falta sea esa última toma de  conciencia que conferiría una diferenciación y una fuerza plena a  nuestra verdad.  Nos falta la clave de nuestro misterio (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Cuánto  enerva la ambigüedad de nuestra actitud ante Occidente! El polaco, al  confrontarse con el mundo del Este, es un polaco definido y conocido de  antemano, mientras que al volver la cara a Occidente, tiene el rostro  turbio, lleno de iras incompresibles, incredulidad y rencores  misteriosos”. La patria polaca de Milosz es la patria de “Cenizas y  diamantes”.&lt;br /&gt;Esta película de Wadja  es un estremecedor fresco sobre los últimos días de la ocupación nazi  en Polonia y la inmediata llegada del comunismo al poder. Esta novela de  Jerzy Andrzejewski tiene lugar durante los últimos tres días de la  guerra antes de la capitulación alemana. La Polonia nacionalista y la  socialista pugnan por ocupar el poder del nuevo Estado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  grandeza de Cenizas y diamantes reside, sobre todo, en la autenticidad  histórica que destila: la desorientación de los protagonistas, la  desmoralización unida a la esperanza, el pasado que se intenta borrar a  toda costa, la lucha cotidiana por sobrevivir, las camarillas de jóvenes  que se juntan para defender unos ideales, los oportunistas de todo  pelaje, la ausencia de cordura.&lt;br /&gt;Incluso el bien y el mal, el  idealismo y el cinismo, se reparten en partes casi iguales entre los  distintos bandos. Como trasfondo aparecen las cenizas en las calles  hecha de las ruinas de la guerra mundial, y los diamantes y  el lujo del Hotel Monopol, donde la decadente aristocracia polaca de  los terratenientes vive sus últimos días entre matones y facciones  políticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz tenía la costumbre de preguntarse cuál era  el quid de una obra, si la obra podía responder a las preguntas de qué  se está hablando y en qué consiste la cosa. Si no encontraba ese quid lo  asaltaban sensaciones parecidas a unas que había tenido navegando por  el río Paraná. El quid de las obras de algunos autores es su vida  personal, pero no siempre es así.&lt;br /&gt;El quid es para Aristóteles la  forma que determina a la materia por lo cual algo es lo que es. En una  mesa de madera la madera es la materia con la que está hecha la mesa y  el modelo que ha seguido el carpintero es su forma. La relación entre la  materia y la forma nos permite entender cómo están compuestas las  cosas. Existe una relación entre las nociones de Aristóteles y de  Gombrowicz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el lenguaje de  Gombrowicz la materia es la inmadurez y la forma a la que se refiere es  siempre la forma humana en su acepción de máscara que oculta algo y que  deforma el yo, un yo que sólo puede definirse por el dolor que le  produce una deformación que lo aproxima a lo que no es y nunca a lo que  es, es decir, nos las estamos viendo con un carpintero diabólico.&lt;br /&gt;La  forma es, por un lado, la representación de ideas, valores, ideologías y  creencias que le fueron impuestos durante siglos a la humanidad, y por  otro, la manera particular con la que cada hombre los actúa como  sustancias inmanejables que le vienen dadas desde el subconsciente,  desde la herencia y desde mecanismos de asociación que no están  presentes en su conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La gran bóveda de la pampa despide  estrellas, una tras otra, enjambres de ellas aparecen resaltadas gracias  a la noche, mientras que el mundo palpable de los árboles, de la  tierra, de las hojas, este único mundo amigable  y creíble, se ha diluido en una especie de invisibilidad, de  inexistencia..., se ha borrado. Pese a esto avanzo, me adentro cada vez  más (...)”&lt;br /&gt;“Pero ya no en el camino, sino en el cosmos, suspendido en  el inmenso espacio astronómico. ¿Acaso el globo terrestre, suspendido  él mismo, puede asegurar el terreno firme bajo los pies? Me he  encontrado en un abismo sin fondo, en el seno del universo y, lo que es  peor, no ha sido una ilusión, sino la más verdadera de las verdades. Sin  duda se podría enloquecer si uno no estuviera acostumbrado (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Escribo  en el tren que me lleva a Buenos Aires, hacia el norte. El Paraná es un  río inmenso por el que voy a navegar”. Se marcha de “La Cabaña”, la  estancia de su amigo Wladyslaw Jankowski, se despide de Dus y de sus  hijas rubias. Va sentado en el tren mirando tranquilamente por la  ventana, mientras observa a la mujer que está frente a él de manos  menudas y pecosas.&lt;br /&gt;“Y al  mismo tiempo estoy allí, en el seno del universo. Todas las  contradicciones se dan un rendez-vous en mí. La calma y la locura, la  sobriedad y la embriaguez, la verdad y la patraña, la grandeza y la  pequeñez. Pero siento que en mi cuello se posa de nuevo la mano de  hierro, que poco a poco, sí, de manera imperceptible..., se va cerrando”&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; "Las opiniones vertidas en los artículos y  comentarios son de  exclusiva responsabilidad de los redactores que las emiten y no  representan necesariamente a Revista Cinosargo y su equipo editor",  medio que actúa como espacio de expresión libre en el ámbito cultural.&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/978738070745868361-2336227657245564779?l=witoldgombrowicz.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/feeds/2336227657245564779/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/07/witold-gombrowicz-y-el-diario-de-simon.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/2336227657245564779'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/978738070745868361/posts/default/2336227657245564779'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://witoldgombrowicz.blogspot.com/2011/07/witold-gombrowicz-y-el-diario-de-simon.html' title='WITOLD GOMBROWICZ Y EL DIARIO DE SIMÓN'/><author><name>Daniel Rojas Pachas</name><uri>https://profiles.google.com/109956282674129887316</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh3.googleusercontent.com/-_VL-lArGOjg/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAAA/P16KlC38yHc/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-978738070745868361.post-2920132208581309685</id><published>2011-06-30T15:22:00.000-04:00</published><updated>2011-06-30T15:23:18.751-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='GOMBROWICZIDAS'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Juan Carlos Gómez'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículos sobre Gombrowicz'/><title type='text'>WITOLD GOMBROWICZ, LAS BOMBAS Y LOS HUEVOS</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img style="margin: 4px; border: 0pt none;" alt="Gombrowicz_8.jpg" src="http://cinosargo.bligoo.com/media/users/1/87598/images/public/9531/Gombrowicz_8.jpg?v=1309461636532" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS&lt;/b&gt;&lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt; &lt;b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;WITOLD GOMBROWICZ, LAS BOMBAS Y LOS HUEVOS&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Llegué  aquí ayer a las cinco de la tarde llevando en la maleta varias decenas  de páginas del bastante avanzado ‘Cosmos’. El viaje fue un desastre.  Últimamente no tengo suerte con los viajes. En el tren, que ya estaba  esperando en la estación Once, no hay asientos libres. Lo dejé partir y  esperé el siguiente, de pie, porque los bancos estaban todos ocupados  (...)”&lt;br /&gt;“Mientras esperaba iba observando con inquietud la cada vez  más densa afluencia de gente. Media hora más tarde llega el tren,  completamente vacío, como nuevo, la multitud se anima, empuja, se  introduce en los vagones; quedo atrapado en el medio del gentío, un  asiento, ni soñarlo, ni siquiera voy de pie, sino suspendido.  Arrancamos. Voy a la  casa de Alicia y de Silvio Giangrande (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Un tren hasta  Morón y desde allí un autobús hasta Hurlingham. ¿Por qué toda esa gente  no es capaz de percatarse del hecho fundamental: que mientras duran las  miradas y las discusiones sobre el imperialismo, la cantidad de gente no  para de aumentar? ¿Qué diablo cargado de mala intención les impide a  todos ellos darse cuenta de la existencia de la cantidad? (...)”&lt;br /&gt;“Decid,  ¿de qué os servirían unos sistemas políticos y económicos más justos y  un reparto de los recursos más equitativo si mientras tanto la vecina se  multiplica por doce? También el cretino le hace seis hijos a la  parienta, y en el primer piso dos se convierten en ocho. Sin contar los  negros, los asiáticos, los malayos, los árabes, los turcos y los chinos.  Y los indios (....)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Qué son todas las discusiones vuestras  sobre el imperialismo si no la palabrería de un idiota que ignora la  dinámica de  sus propios genitales? ¿Qué son si no el cacareo de una gallina sentada  sobre la más terrible de las bombas, sus huevos? El tren se adentra  poco a poco en la estación de Morón y, extraído de esa prensa humana, me  alejo en el espacio. Me dirijo a la plaza de Morón (...)”&lt;br /&gt;“Cada vez  que vuelvo aquí, voy en peregrinación a la plaza para echar una mirada a  mi remoto pasado del año mil novecientos cuarenta y dos. Pero ya no  existe la pizzería donde solía tener conversaciones con los  contertulios. Tampoco existe el café donde jugué una memorable partida  de ajedrez bailando boogie-woogie con el campeón de Morón (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los  dos bailábamos y bailando nos acercábamos al tablero de ajedrez para  cada nuevo movimiento. En la estación de autobuses me pongo en la cola.  ¡Qué abundancia! Me siento millonario otra vez, todo se me multiplica  por miles y por millones. El autobús se detiene. Es aquí donde tengo que  apearme. Me apeo.  Estoy en la carretera con mi pequeña maleta... ¿Quién no conoce esto?  (...)”&lt;br /&gt;“La carretera es larga, los coches pasan con un silbido, me  alejo por un camino de tierra, vientecillo, árboles, distancia,  silencio... El aburrimiento de la naturaleza que enseña los dientes  tontamente como un perro. La vaca de mi destino rumia. Los espacios  están escaqueados”. Este viaje Gombrowicz lo hace en el año 1961, una  época signada por la ciencia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su lectura del ‘Panorama de las  ideas contemporáneas’ de Gaëtan Picon, la diatriba contra los  científicos, el encuentro en el café la Fragata con Ernest Mach... Es  también el año en que Gombrowicz empieza a escribir “Cosmos”, una obra  nacida de sus relaciones especiales con la ciencia. La ciencia ordena el  caos reduciendo las grandes cantidades a pequeñas fórmulas.&lt;br /&gt;Gombrowicz  intenta ordenar el caos de otra manera, aunque también para él la  cantidad es la representante del caos.  Entre los recuerdos de sus miserias argentinas, incluidos los días que  pasó entre rejas, el que permanecía en Gombrowicz como un símbolo  misterioso era el de Morón. A Morón lo convirtió también en un enigma en  las noches del café Rex con una oración que recitaba en forma  maniática.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Existe un cura en Buenos Aires que nunca ha estado  en Morón”. Algunos pensaban que  era una extravagancia de Gombrowicz y  otros creían que esa frase encerraba un misterio. Gombrowicz fue a parar  a Morón cuando el dueño del hotel de la calle Tacuarí donde vivía lo  empezó a zamarrear para que le pagase los seis meses de alquiler que le  debía.&lt;br /&gt;Una noche, mientras su vecino de pensión le pasaba las  valijas por la ventana, se largó sigilosamente. Ya en un café, después  de la huida del hotel y con las valijas a cuestas, meditaba en su triste  destino: –¿Usted aquí? En forma providencial se le acercó Taworski, un  periodista polaco:  –Mire, ahora tengo unos socios capitalistas, y hemos alquilado un  chalet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un lindo chalet en los alrededores de Buenos Aires, en  Morón, para montar un taller de tejidos. Gombrowicz se fue entonces a  vivir a Morón. El chalet era grande y lindo pero estaba casi vacío,  Gombrowicz dormía en el suelo acostado sobre un montón de diarios,  además de estas penurias, todos los días de noche recibían la visita de  unos borrachos agresivos ex socios de Taworski con los que tenía algunas  deudas importantes.&lt;br /&gt;Los borrachos se robaban las pocas cosas que  quedaban en esa casa semivacía. “Y aquellas visitas nocturnas, crueles y  alcohólicas, así como nuestra impotencia para defendernos, tomaron para  mí, una vez más, el aspecto de un símbolo tan patético como  misterioso”. Gombrowicz pasaba miserias a lo grande, como si estuviera  de vacaciones en un balneario de moda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gombrowicz se presentaba  siempre por encima de las circunstancias y  poniéndole buena cara al mal tiempo. “En Morón gocé de gran  popularidad, tanto en la pizzería de la plaza como en el café, donde se  podía jugar al billar y al ajedrez. Me bebía un litro de leche diario y  me comía mi pan sentado en el suelo, sobre el pasto del chalet, mientras  contemplaba la calle (...)”&lt;br /&gt;“En la pizzería, un mozo al que le caía  simpático, me daba un sandwich por veinte centavos, pero con una feta  de jamón cuatro veces más gruesa de lo normal, casi como un bistec. Y,  en eso, he aquí que el suplemento literario de ‘La Nación’, un   periódico muy popular, aparece en primera plana un artículo mío. Desde  ese momento mi posición social en Morón quedó liquidada (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La  gente empezó a darme muestras de una gran consideración”. Gombrowicz  escribe en los diarios que era su propia catástrofe la que lo sostenía  en ese caos, así como la catástrofe de Polonia y la catástrofe de  Europa. Sin  embargo había algo más, él era capaz de reírse a pesar de todas las  desgracias, tirando de las barbas de Dios y tocándole la cola al diablo. &lt;br /&gt;Cuando al final de su vida le preguntan si la holgura europea no le  había llegado un poco tarde, Gombrowicz se acuerda de los polacos y de  nosotros. “Evidentemente, para mí es un poco triste porque no sólo la  edad, sino también la enfermedad, me impiden gozar de todas estas cosas.  Pero yo he tenido siempre la sensación de que el arte no puede dar  dividendos (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Un artista que se siente, ante todo, creador  de una forma profunda o personal, no puede pretender además unos  ingresos; por algo así más bien hay que pagar. Hay un arte por el cual  se es pagado, y otro arte por el cual hay que pagar. Y se paga con la  salud, con las comodidades, con la posición social. Naturalmente, no sé  si soy un artista importante o no, pero de todas formas, en ese sentido,  mi vida ha sido más bien  ascética”.&lt;br /&gt;Pasó seis meses en ese chalet que gradualmente era  desvalijado pues Taworski, con una sentencia de prisión en suspenso, no  se atrevía a protestar. Cuidaba a Gombrowicz como si fuera un hijo.  Vivían casi exclusivamente a base de carne ahumada y de choclo, una  comida que cocinaba Taworski una vez por semana. La vida de Gombrowicz  en ese época no era nada fácil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo al mismo tiempo que  en las fronteras de la miseria también actuaba en otro plano, en un  nivel más elevado. Yo pasé algunas tardes en la “Piedra amorosa”, así se  llamaba la casa que tenían los Giangrande en una quinta de Hurlingham.  Alicia y Silvio eran buenos, cordiales y lo querían a Gombrowicz. En esa  quinta en vez de disfrutar tuve que padecer el primer encuentro con los  Giangrande.&lt;br /&gt;Esto ocurrió gracias una broma que me gastó Gombrowicz.  Desde muy joven la admiración había constituido para Gombrowicz un  problema muy especial. No sé que  es lo que habrá hecho en Polonia pero por aquí entraba a las  exposiciones renqueando apoyado en alguno de nosotros. Si alguien le  preguntaba por qué renqueaba a veces respondía que lo hacía  para  compensar algún desbalance de la propia exposición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras veces  respondía que renqueaba porque le dolía mucho una pierna, y que era una  verdadera lástima que la belleza de la pintura calmara mucho menos que  una aspirina. Cuando Gombrowicz me presentó las esculturas metálicas de  Silvio, el esposo de Alicia, me tendió una celada. Hizo todo lo posible  para que yo no me pusiera en pose de admirador.&lt;br /&gt;Vea, son unos  pluviómetros muy especiales que se fabrican aquí para una empresa  agrícola. Yo no supe a qué atenerme pues las esculturas no se  diferenciaban gran cosa de esos artefactos, pero tenía mis sospechas. “A  veces venía a tomar el té con su amigo Gómez. Me acuerdo un día en el  que quiso oír unos discos.  “Escuchaba  religiosamente la música con Gómez (...)”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En un momento dado,  salí al jardín. Todavía era invierno y encontré una gran flor de  magnolia que acababa de abrirse. Entré para decirle que viniera a ver lo  bella que era. Witold me respondió sin moverse: –Le creo, Alicia. Y  siguió escuchando la música”. Antes del viaje que hice con Gombrowicz a  Piriápolis pasa unas vacaciones en la quinta de Alicia y Silvio  Giangrande.&lt;br /&gt;Llevaba en la valija varias decenas de páginas de  “Cosmos”. Los intentos que hizo Alicia para ayudar a Gombrowicz, igual  que tantos otros intentos, fueron vanos. A pesar de todos los  infortunios que había padecido no ponía ninguna voluntad por aceptarlos.  Lo zamarreaban en las pensiones cuando intentaba escaparse sin pagar, a  veces llegaba desfallecido a la casa de algún polaco para que le dieran  de comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormía sobre papeles de diario en una casa de Morón,  recorría los suburbios para que los  cadáveres le dieran de almorzar. El hambre, el frío y las chinches no  le faltaron en los primeros años de vida en la Argentina. Grandes  árboles, una casa blanca de una sola planta, y unos perros negros y  greñudos que demostraban su afecto saltando sobre los invitados. Silvio  había sido capitán de la marina de guerra italiana, y hablaba poco.&lt;br /&gt;“Uno  llega a un lugar, toma té, conversa, después abre la valija, dispone  las cosas en la habitación de los invitados... ¿No es uno de los temas  centrales de mi vida? Escuchar nuevos susurros, respirar aire extraño,  penetrar en un sistema desconocido de sonidos, olores, luces”.  Gombrowicz había ido a Hurlingham a descansar y a encontrarse consigo  mismo para seguir con “Cosmos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia era pintora y Silvio  escultor, se habían convertido poco a poco en una pareja de plásticos.  “Al hablar con ellos, su dedica
